Los horrores del Archipiélago GULAG

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Aleksandr SolzhenitsynAleksandr Solzhenitsyn

Hace poco más de dos años —3 de agosto de 2008— que falleció el escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn (Александр Солженицын). Este escritor nos legó su obra magna Archipiélago GULAG, un retrato brutal del totalitarismo soviético, narrado sin concesiones aunque también con ironía, sorna y hasta a veces compasión —rezuma un humor negro que hace legibles las atrocidades descritas—, basado en sus propios recuerdos y multitud de entrevistas personales a 227 supervivientes del sistema juicial y penal soviético cuyas identidades en muchos casos permanecieron celosamente guardadas, por temor a represalias.

El título hace alusión al GULAG —acrónimo de la Dirección General de Campos de Trabajo, o GULag, si se quiere ser purista (ГУЛаг: Главное управление исправительно-трудовых лагерей и колоний)—, la rama de la NKVD que dirigía el sistema penal de campos de trabajos forzados y otras muchas funciones de policía en la extinta Unión Soviética y, por extensión, al sistema soviético de trabajos forzados en sí mismo, en todas sus formas y variedades: campos de trabajo, de castigo, de criminales y políticos, de mujeres, de niños o de tránsito. O incluso más, los prisioneros en alguna ocasión lo llamaron triturador de carne: las detenciones, los interrogatorios, el transporte en vehículos de ganado, el trabajo forzoso, la destrucción de familias, los años perdidos en el exilio, las muertes prematuras e innecesarias.

Controversia

La tesis del libro —por el que recibió el Nobel de Literatura en 1970— es que Stalin no había deformado el comunismo, sino que había seguido sus pautas lógicas desde Marx, y que Trotsky y Lenin fueron tan criminales como él, como lo fue Gorki. Su reencuentro con la Fe, aun en el cisma, y sus trabajos políticos nos harían parecer que estamos ante un «corporativista ortodoxo». Esta denuncia letal, documentada y coherente, supuso un punto de inflexión ante la tiranía socialista. Su desengaño, tras llegar a ser capitán de una batería soviética, fue totalmente constructivo y fue creciendo en él, por la Tradición y la Fe rusa. Y no se le cayeron los anillos al reconocer su propia culpabilidad, al aceptar cuasi religiosamente lo que fue el comunismo en su juventud. Él se dio cuenta y trató por todos los medios de advertir sobre este crimen cósmico, que él padeció en el campo de concentración (que los comunistas emplearon, en todas sus versiones políticas y países donde triunfaron, más que los nazis —nótese que «nazi» es contracción de «nacional-socialista»—, y que siguen empleando las potencias liberales), como él lo llamó, y ahí queda su noble y laboriosa experiencia, desde el sincero arrepentimiento y el trabajo hacia el futuro, reconociendo la oscuridad del presente.

Por decir esto, se granjeó el odio acérrimo de la progresía y la izquierda de entonces, y en España sobre todo por la entrevista que le hizo José M.ª Iñigo en Directísimo, como recuerda Pío Moa y lo desarrolla. Y no es que fuera un admirador de Occidente precisamente… De hecho, denunció la bancarrota moral de Occidente en el discurso de graduación de la Universidad de Harvard Un mundo dividido (traducido al español y con audio original disponible). En definitiva: a poca gente le hizo gracia que se erigiera en una especie de encarnación de la conciencia rusa.

La edición bilingüe

Yo también creo que todo esto es la venganza de ZP por reírnos de sus hijas.Yo también creo que todo esto es la venganza de ZP por reírnos de sus hijas.

Con la poca actividad económica que hay actualmente, gracias a nuestro insigne y circunflejo Gran Timonel, ése de la derecha, que nos encamina diligente y tozudamente a la realización del paraíso igualitario socialista —en la miseria, claro— en el actual reino de taifas que es España, me propuse reemprender y mejorar mis oxidadísimos conocimientos del idioma ruso, por lo que busqué por Internet alguna versión en ruso de Archipiélago GULAG, y la encontré, en formato .txt, aunque sólo del primer tomo, que son… ¡trescientas y pico páginas!, que contienen las dos primeras partes. Empecé a cotejarla con la versión española y, aunque he observado que la traducción es bastante fiel, me encontré con la desagradable sorpresa de que, en la española, se habían añadido al cuerpo del texto lo que en el original ruso eran notas al pie del propio Solzhenitsyn. Ya voy por el segundo capítulo, y ahora ya me explico el extraño cambio de ritmo que se apreciaba en la narración, al alternarse los recuerdos y anécdotas con detalles históricos. Muy buen trabajo de los traductores… y una faena de la editorial al autor, porque desmerece innecesariamente y en ocasiones vuelve tediosa lo que es en sí una obra maestra.

Como de paso me sirve, a mí y a cualquier estudiante de esa hermosa y expresiva lengua, para aprender el idioma de la mano de un maestro, voy a ir colgando el primer tomo de la obra por capítulos (quedan dos más, pero ya no dispongo de los originales en ruso) y en textos paralelos, parecido a como se hace en otras páginas.

En la medida de lo posible se procurará que el texto reformado español sea lo más fiel al ruso; si se observa que algún párrafo es en realidad una nota al pie en el original —anotados con un número arábigo voladito, así: (²)—, se dispondrá también como nota; y se mostrará en gris la porción de texto que falte en el original, o que falte en la traducción (que traduciré yo mismo… ¡y que Dios nos coja confesados!). Las notas en romanos —así: (vii)— corresponden a las notas de los traductores del original en español y, como no pertenecen al texto ruso pero sí tienen interés, ya no se dispondrán en la columna correspondiente, sino a página completa. También observarán que la porción de la página del texto será más ancha de lo que suele ser en Infokratia.

En fin, espero que sea de utilidad, y serán bienvenidos los comentarios y notas de fe de erratas. Probablemente no se publicarán en la versión definitiva, pero siempre serán apreciados y contestados, que es de bien nacido ser agradecido.