Pío XII

El catolicismo ante Hitler

Hace poco apareció un artículo sobre «La Rosa Blanca», un grupo de estudiantes universitarios cristianos alemanes que se opusieron al régimen y, sobre todo, a la ideología nacional-socialista hasta la ejecución final de sus miembros en 1943. Se ha hecho una película sobre el tema, e incluso se ha escrito un excelente libro monográfico, pero podría dar la impresión que sólo se trató de un caso muy meritorio pero aislado de resistencia contra el totalitarismo nazi. ¿Fue en realidad así? Convendría observar con detenimiento estos mapas de la Alemania de la República de Weimar:

Fig. 1: Mapa de distribución del voto en Alemania al NSDAP en 1932.Fig. 1: Mapa de distribución del voto en Alemania al NSDAP en 1932.Fig. 2: Mapa de distribución de la población católica en Alemania, según el censo de 1934.Fig. 2: Mapa de distribución de la población católica en Alemania, según el censo de 1934.

Tanto la figura 1, en donde cuanto más negro, más votos recibió el NSDAP (Partido Nacional-socialista de los Trabajadores Alemanes), como la figura  2, en donde cuanto más negro, más proporción de católicos, demuestran la relación inversa entre catolicismo y nazismo (fuente: Erik Maria Ritter von Kuehnelt-Leddihn: Liberty or Equality, vía el blog católico de un escocés: Laodicea, «una sucia charca de papismo»).

Un seminarista en las SS

Padre Gereon GoldmannPadre Gereon Goldmann

Estos días de la visita pastoral de S. S. el papa Benedicto XVI a Tierra Santa, están resurgiendo las tonterías de siempre, con las que nos aburre la prensa periódicamente, sobre la presunta —y falsa— pertenencia en su juventud a las Juventudes Hitlerianas. Es que hay muchos que le tienen ganas. Pregunta: ¿En el caso de que así hubiera sido, qué demostraría? Respuesta: absolutamente nada. Y la prueba de ello es la vida del P. franciscano Gereon Goldmann (1916–2003), que, además de seminarista, perteneció ni más ni menos que a las Waffen-SS. No se trata de un converso (la Iglesia tiene páginas gloriosas de personas que fueron hasta encarnizados perseguidores, empezando por uno de sus más grandes apóstoles: S. Pablo); se trata de un católico convencido que, a pesar de defender vehementemente su fe (como franciscano que era) y oponerse radical, pública y explícitamente al nacional-socialismo —aparte de la obediencia incondicional a Dios, consideraba que su defensa del catolicismo y la oposición a la cosmovisión (Weltanschauung) nazi era un asunto de patriotismo—, providencialmente (realmente Dios lo cubrió con su manto protector) se fue librando de procesos —por parte alemana y aliada—, condenas a muerte, masacres en el frente de batalla, conspiraciones y palizas en campos de prisioneros… No sólo eso, sino que confortó a muchos soldados católicos alemanes, en general carentes de sacerdotes, con la administración de la Eucaristía, participó como enlace en la famosa conjura contra Hitler del 20 de julio de 1944, consiguió que lo ordenaran sacerdote sin haber cursado los estudios preceptivos de Teología —por dispensa papal de puño y letra del propio Pío XII, con la condición de que los terminara al acabar la guerra—, se enfrentó y convirtió a muchos nazis recalcitrantes y hasta depravados en los campos de prisioneros inhumanos del sur de Marruecos (en particular, el de Ksar-es-Souk), y fue reconocido, respetado y ayudado por la comunidad católica del norte de África.

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