Marie-Louise Mignot

Federico II

Imagen de javcus


(Cap. primero § 3. del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

En este Federico II, á quien los sofistas llamaron el Salomon del Norte, habia dos hombres. Uno era aquel rey de Prusia, menos digno de admiracion por sus victorias y táctica militar en el campo de Marte, que por sus desvelos consagrados en dar á sus pueblos, á la agricultura, al comercio y á las artes una nueva vida; aunque con estos desvelos de la sabiduría y beneficencia, de la administracion del interior de sus estados, no parece compensó lo bastante las quiebras y daños que causaron sus triunfos mas brillantes que justos. El otro era un personage el que menos podia enlazarse con la sabiduría y dignidad de un monarca. Él era el filósofo pedante, el aliado de los sofistas, el escritor impío, el incrédulo conspirador, el verdadero Juliano del siglo XVIII, menos cruel y mas astuto, pero igual en el odio; menos entusiasta, pero mas pérfido que Juliano, tan famoso con el nombre de apóstata. No es fácil que la historia revele todos los misterios de iniquidad de este impío coronado; pero es preciso que, especialmente en esta parte, diga la verdad, para que los reyes sepan la parte que este su colega tuvo en la conjuracion contra los altares, y descubran el orígen de la conspiracion contra sus tronos.

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