Heinrich Himmler

Instrumentum regni

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¿Les sorprende ver el retrato de Hitler como califa islámico? Supongo que no hace falta decir que se trata de un montaje, realizado con un gracioso enturbantizador web y algunos retoques. Lo que sí puede que les asombre es su pensamiento sobre la religión, la Iglesia y la filosofía de partido, tal como cuenta Albert Speer en el capítulo «Obersalzberg» de sus Memorias. Y es que según se desprende de los diálogos de Hitler, era contrario a la espiritualidad pagana de las SS de Himmler y a la imposición de una religión de partido en sustitución del cristianismo, aunque no por motivos religiosos, sino políticos. Uno de los motivos de su desaprobación era el «misticismo» de la nueva religión, algo que consideraba que ya estaba felizmente superado y que no debía reaparecer; no es de extrañar esta aversión, puesto que para Hitler la utilidad de la religión era puramente instrumental, un mero instrumentum regni, un elemento de gobierno necesario para dar cohesión a un pueblo: en esto coincide con Rousseau y otros filósofos.

Un seminarista en las SS

Padre Gereon GoldmannPadre Gereon Goldmann

Estos días de la visita pastoral de S. S. el papa Benedicto XVI a Tierra Santa, están resurgiendo las tonterías de siempre, con las que nos aburre la prensa periódicamente, sobre la presunta —y falsa— pertenencia en su juventud a las Juventudes Hitlerianas. Es que hay muchos que le tienen ganas. Pregunta: ¿En el caso de que así hubiera sido, qué demostraría? Respuesta: absolutamente nada. Y la prueba de ello es la vida del P. franciscano Gereon Goldmann (1916–2003), que, además de seminarista, perteneció ni más ni menos que a las Waffen-SS. No se trata de un converso (la Iglesia tiene páginas gloriosas de personas que fueron hasta encarnizados perseguidores, empezando por uno de sus más grandes apóstoles: S. Pablo); se trata de un católico convencido que, a pesar de defender vehementemente su fe (como franciscano que era) y oponerse radical, pública y explícitamente al nacional-socialismo —aparte de la obediencia incondicional a Dios, consideraba que su defensa del catolicismo y la oposición a la cosmovisión (Weltanschauung) nazi era un asunto de patriotismo—, providencialmente (realmente Dios lo cubrió con su manto protector) se fue librando de procesos —por parte alemana y aliada—, condenas a muerte, masacres en el frente de batalla, conspiraciones y palizas en campos de prisioneros… No sólo eso, sino que confortó a muchos soldados católicos alemanes, en general carentes de sacerdotes, con la administración de la Eucaristía, participó como enlace en la famosa conjura contra Hitler del 20 de julio de 1944, consiguió que lo ordenaran sacerdote sin haber cursado los estudios preceptivos de Teología —por dispensa papal de puño y letra del propio Pío XII, con la condición de que los terminara al acabar la guerra—, se enfrentó y convirtió a muchos nazis recalcitrantes y hasta depravados en los campos de prisioneros inhumanos del sur de Marruecos (en particular, el de Ksar-es-Souk), y fue reconocido, respetado y ayudado por la comunidad católica del norte de África.

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