1. El arresto (Арест)

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«Archipiélago GULAG» de Aleksandr Solzhenitsyn, edición bilingüe.«Archipiélago GULAG» de Aleksandr Solzhenitsyn, edición bilingüe.

Capítulo 1. El arresto

¿Cómo se llega a ese misterioso Archipiélago? Hora tras hora vuelan aviones, navegan barcos y retumban trenes en esa dirección, pero no llevan un solo letrero que indique el lugar de destino. Tanto los taquilleras como los agentes de Sovturist y de Inturist se quedarían atónitos si les pidieran un billete para semejante lugar. No saben nada ni han oído nada del Archipiélago en su conjunto, y tampoco de ninguno de sus innumerables islotes.

Los que van a ocupar puestos de mando en el Archipiélago proceden de la Academia del MVD.

Los que van de vigilantes al Archipiélago son convocados a través de la Comandancia Militar.

Y los que van allí a morir, como usted y yo, mi querido lector, deben pasar forzosa y exclusivamente por el arresto.

I. La industria penitenciaria (Тюремная промышленность)

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«Archipiélago GULAG» de Aleksandr Solzhenitsyn, edición bilingüe.«Archipiélago GULAG» de Aleksandr Solzhenitsyn, edición bilingüe.

Primera parte.
La industria penitenciaria

En una época de dictadura,
de enemigos por todas partes,
a veces dimos muestra de una delicadeza
y compasión innecesarias.

(Krylenko, discurso en el proceso
contra el Partido Industrial)

Archipiélago GULAG (Архипелаг ГУЛаг)

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«Archipiélago GULAG» de Aleksandr Solzhenitsyn, edición bilingüe.«Archipiélago GULAG» de Aleksandr Solzhenitsyn, edición bilingüe.

Archipiélago GULAG 1918-1956

A todos los que no vivieron lo bastante
para contar estas cosas.
Y que me perdonen
si no supe verlo todo,
ni recordarlo todo,
ni capaz de intuirlo todo.

En el año de mil novecientos cuarenta y nueve, unos amigos y yo dimos con una nota curiosa en la revista Priroda de la Academia de Ciencias. Decía en letra menuda que durante unas excavaciones en el río Kolymá se había descubierto, no se sabe cómo, una capa de hielo subterránea. Esa capa había conservado congelados desde hacía decenas de miles de años especímenes de la misma fauna cuyos restos se habían encontrado en la excavación.

Fueran peces o tritones, lo cierto es que se conservaban tan frescos —atestiguaba el reportero científico— que, tras desprenderles el hielo, los integrantes de la expedición se los habían comido ahí mismo con sumo placer.

Los horrores del Archipiélago GULAG

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Aleksandr SolzhenitsynAleksandr Solzhenitsyn

Hace poco más de dos años —3 de agosto de 2008— que falleció el escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn (Александр Солженицын). Este escritor nos legó su obra magna Archipiélago GULAG, un retrato brutal del totalitarismo soviético, narrado sin concesiones aunque también con ironía, sorna y hasta a veces compasión —rezuma un humor negro que hace legibles las atrocidades descritas—, basado en sus propios recuerdos y multitud de entrevistas personales a 227 supervivientes del sistema juicial y penal soviético cuyas identidades en muchos casos permanecieron celosamente guardadas, por temor a represalias.

El título hace alusión al GULAG —acrónimo de la Dirección General de Campos de Trabajo, o GULag, si se quiere ser purista (ГУЛаг: Главное управление исправительно-трудовых лагерей и колоний)—, la rama de la NKVD que dirigía el sistema penal de campos de trabajos forzados y otras muchas funciones de policía en la extinta Unión Soviética y, por extensión, al sistema soviético de trabajos forzados en sí mismo, en todas sus formas y variedades: campos de trabajo, de castigo, de criminales y políticos, de mujeres, de niños o de tránsito. O incluso más, los prisioneros en alguna ocasión lo llamaron triturador de carne: las detenciones, los interrogatorios, el transporte en vehículos de ganado, el trabajo forzoso, la destrucción de familias, los años perdidos en el exilio, las muertes prematuras e innecesarias.

Alemania acaba de pagar la deuda... ¡de la Gran Guerra!

Reichwehr y Bundeswehr: casi un siglo de Historia separa estas fotos.Reichwehr y Bundeswehr: casi un siglo de Historia separa estas fotos.

Informa Libertad Digital que Alemania da por concluida la Primera Guerra Mundial tras pagar su última deuda. Pues ya tocaba, digo yo, aunque nunca es tarde si la dicha es buena. Encabeza la noticia:

Alemania celebra hoy el 20 aniversario de la unificación nacional, pero también el fin de la Primera Guerra Mundial al abonar los últimos pagos de deuda por las llamadas reparaciones de la Primera Guerra Mundial, 92 años después del conflicto bélico.

Se trata de un pago de 69,9 millones de euros que se encuentran reflejados en el punto 2.1.1.6 de los presupuestos del Estado para 2010 para cumplir con el Tratado de Londres de 1953 y que no podían abonarse antes de que el país recuperara su unidad y soberanía.

Ecobolcheviques

Su Goridad el mesías de Gaia.Su Goridad el mesías de Gaia.

Se ha puesto de moda llamar a los ecologistas «ecofascistas». Pues prefiero llamarlos «ecobolcheviques», porque al fin y al cabo fueron —al menos Greenpeace— creados y financiados por la URSS para desestabilizar Occidente; si no, vean que alrededor de ellos siempre han orbitado estrechamente las tendencias políticas más estrafalarias: feministas radicales, «gaystapos» varias, movimientos okupas… El problema es que nadie se acuerda de esto, ni del pollo que montaron con el accidente en la central de Three Mile Island... ni tampoco del mutismo de semanas en que cayeron con el muchísimo más grave de Chernobyl. Todavía me río de aquello, y es cuando se vio que, más que «verdes», son sandías.

Muchos de estos tipos son vividores a costa del miedo del público, sólo que, al estar actualmente prestigiados socialmente, se han diversificado y no se circunscriben al lumpen social: se ha establecido un «up» (su Goridad, los asesores gubernamentales), que son los que se forran, y un «down» de tontos útiles, que conforman las fuerzas de choque. La cuestión es que, como informa Libertad Digital, los ecologistas, en particular los promotores de la campaña 10:10, no sé si por torpeza o bien porque ya se sienten lo suficientemente fuertes y apoyados social o gubernamentalmente como para no andarse con disimulos, se han excedido al emitir un spot publicitario que sería digno de incluirse entre los sketches más sangrientos y desagradables de «El sentido de la vida» de los Monty Python por su presunto humor negro. En éstos se podría tomar como una sátira —muy típico de ellos—, y en este caso muy fiel del mundillo ecologista radical, pero el problema es que, siendo quienes son los impulsores, sólo se puede interpretar como un programa político intimidatorio… y maldita la gracia.

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