Tres cuartos de siglo con «El hobbit»

El Hobbit: un viaje de Oeste a Este por la Tierra MediaEl Hobbit: un viaje de Oeste a Este por la Tierra Media

Me entero por Elentir (hasta el alias indica que debe de ser un forofo) que hoy se cumple el 75.º aniversario de la primera edición de El hobbit, de J. R. R. Tolkien. Una gran efeméride. Lo que cuenta de su relación con la obra de Tolkien e incluso el orden de lectura de sus libros se podría aplicar casi punto por punto con la mía. Sin embargo, hay una diferencia fundamental, derivada en la diferencia de edad —calculo que soy aproximadamente un lustro mayor que él—: él no estuvo expuesto —o era demasiado pequeño para que le afectara— a la proyección en 1978 de la película El señor de los anillos de Ralph Bakshi.

El señor de los anillos (1978): Un auténtico coñazo.El señor de los anillos (1978): Un auténtico coñazo.

¿Tan horrible era? Supongo que no —me he propuesto volver a tragármela para verla ya con ojos “adultos”— puesto que fue una producción cara en el que se empleó con profusión la técnica de la rotoscopía y además realizada por el que llevó a la pantalla Fritz el gato —otro tostonazo sólo soportable por setenteros y hippies impenitentes—, pero recuerdo que, a pesar de que tenía ilusión por verla puesto que me gustaron los fotogramas que vi publicados en Newsweek con antelación al estreno —y no, no sabía inglés por aquellas fechas, ni falta que hacía—, en general se me hizo pesada y aburrida a más no poder. Me decepcionó muchísimo y, por desgracia, me previno contra Tolkien hasta que un amigo mío, ya bien entrado el BUP, me recomendó El Hobbit y me convenció de que no tenía nada que ver con aquel rollazo. Eso hizo que emprendiera la lectura de La comunidad del Anillo… y no pudiera dejar de devorar libro tras libro. ¿El director de la película no podría haber contratado como asesor a un hijo o sobrino suyo? Este fue el criterio de publicación del libro que, en vista del resultado, funciona; y, como comenté en su día, si se hubiera empleado este filtro en el caso de otra película, otro gallo le habría cantado a la productora.

El hobbit lo leí después de los tres de El señor de los anillos en la edición de Minotauro [1] y, a pesar de ser más cuento que novela, me encantó. Sin embargo, para que vean qué opinión me merece esta edición —y, que yo sepa, las ediciones posteriores son meras reimpresiones de las planchas originales con simples añadidos de láminas— les copio lo que dejé escrito tras una relectura no hace muchos años en una de las páginas de cortesía del libro:

[…] Aunque la traducción es buena e incluso se aprecia el esmero en los poemas de las canciones —conservan algo del ritmo y métrica de los originales—, el texto de esta versión española está muy, pero que muy cargado, puesto que la corrección de estilo brilla por su ausencia —algo por desgracia común después de la debacle editorial de los setenta—: desprecio absoluto por las normas tipográficas y de composición españolas, incluso de las de la RAE: párrafos mal compuestos, aplicación extraña e incorrecta de la raya de diálogo, ausencia de comillas de seguir… No sé cómo se atrevieron a venderlo. Quizá alguien dijo: “es para niñatos: se tragan cualquier cosa”, o algo por el estilo; desde luego, la calidad de las ediciones de muchas de las obras del género están en consonancia con esa idea.

Tanto me dañó los ojos esa edición que, cuando decidí regalarles el libro a mis sobrinos, les adjunté una versión privada corregida y ampliada con mapas —compuesta con LaTeX— que, aunque parezca inmodestia por mi parte, es muchísimo mejor, cosa por otro lado nada difícil.

En cualquier caso, vale la pena regalárselo a sus hijos, o leérselo a la hora de dormir —costumbre muy abandonada y que hay que resucitar— para que lo disfruten tanto como lo disfrutamos muchos de nosotros en nuestra infancia o juventud.


Referencias

  1. Tolkien, J. R. R., El hobbit, , 1.ª, Capellades (Barcelona), Minotauro, 1985.