Elecciones Generales 2011 y el mal menor

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Hoy es el último día de campaña electoral, y mañana el día de reflexión —si no lo revientan, que ya empieza a haber costumbre— previo a las votaciones al Parlamento de España, y en estas elecciones están en juego asuntos tan importantes como salir del caos económico y revertir la ingeniería social subversiva y deletérea en los que nos ha metido el lunático de Zapatero y sus secuaces. Como el régimen de España es democrático —bueno, eso dicen— e implica que, aunque esporádicamente, nos convertimos periódicamente durante un día en políticos, conviene recordar los tres principios innegociables del político cristiano:

  • la defensa de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural,
  • la familia formado por hombre y mujer y abierta a los hijos y
  • la libertad de educación para los padres,

que S. S. Benedicto XVI aclaró en unas jornadas organizadas por el Partido Popular Europeo.

En teoría el asunto está claro, pero en la práctica, no, porque la realidad es que ningún partido con representación parlamentaria cumple los requisitos de defensa de estos principios —en la práctica hasta actúan en contra, incluso los presuntamente “de derechas”; recuerden la aprobación de la PDD y la donación de embriones para investigación por parte del PP, la celebración de Gallardón de la primera boda gay en Madrid, la subvención a abortorios por parte de CiU mientras se recorta el presupuesto de Sanidad en Cataluña, y un largo etcétera— y aquí es donde entra la cuestión del mal menor, del que tenemos —o teníamos— en general una idea equivocada.

Para la reflexión sobre la distinción entre mal menor y mal mayor recomiendo la excelente serie de artículos Católicos y política, del blog Reforma o apostasía del P. Iraburu, en donde se recuerda entre otras cosas la historia de la Democracia Cristiana Italiana y lo inútil que fue para oponerse al mundo. Y como en el fondo el problema del mundo actual, aparte de su impiedad, se puede resumir en el predominio filosófico del pelagianismo y del nominalismo (cuyos hijos son el idealismo y el relativismo), recomiendo también la serie del mismo blog Gracia y libertad, donde se repasan doctrinas católicas muy olvidadas pero fundamentales, y otro blog monográfico sobre realismo y nominalismo, de reciente aparición.

Como además ya estoy harto de que haya tanto tonto útil que todavía no se ha caído del guindo, y como los obispos parece que se hacen los locos en denunciar explícitamente el estado de cosas que entran en su competencia por eso de “no entrar en política”, cuando es la política la que se está metiendo en la moral, quizá lo mejor que puedo decir para orientar al despistado es lo que comenté a raíz de las declaraciones de Ana Pastor sobre la derogación de la ley del aborto:

Lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de hacer caso a las declaraciones de Ana Pastor es que esta tía está quemada como interlocutora: fue precisamente ella quien votó a favor de la admisión a trámite de una moción de reprobación al Papa —junto con la Villalobos— por el discurso en Uganda, y fue precisamente ella la que autorizó la donación para investigación de embriones congelados y la autorización de la PDD cuando era ministra de Sanidad.

¿Por qué provincia se presenta? Las listas del PP por esa provincia, de cara al católico, están invalidadas para el voto.

Hay que recordar que se vota por provincias. Al menos los asturianos lo tienen más fácil: votar a Foro es como votar al PP y sin los lastres del partido del que se escindieron (se quitaron de encima a los “maricomplejines” y sólo por ello ya tienen el beneficio de la duda). Apoyarán al PP en lo importante, y en otros asuntos les pueden parar los pies.

El PP actual de Mariasno, aunque no es tan malo como el PSOE, ya se está convirtiendo en parte del problema de España: las dos últimas leyes express que han sacado (aumento del número de firmas mínimas para poderse presentar un partido a las elecciones —lo siento, partidos pequeños, os lo han puesto crudo— y la autorización de los ministros para que vuelvan a la judicatura inmediatamente) demuestran su complicidad en la consolidación de la “casta”.

Y nada de excusas: aunque prohibieran el aborto, la gente les seguiría votando en masa porque ya empieza a estar desesperada.