Sancte Michael Archangele, defende nos in prælio...

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Oración a San Miguel

Sancte Michael Archangele, defende nos in prælio;
contra nequitiam et insidias diaboli esto præsidium.
Imperet illi Deus, supplices deprecamur:
tuque, Princeps militiæ cælestis,
Satanam aliosque spiritus malignos,
qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo,
divina virtute in infernum detrude.

Amen.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
¡Reprímale Dios!, pedimos suplicantes.
Y tú, príncipe de la milicia celestial,
arroja al infierno, con el Divino Poder,
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Estatua de San Miguel: Ponta Delgada, isla de San Miguel, Azores, Portugal.Estatua de San Miguel:
Ponta Delgada, isla de San Miguel, Azores, Portugal.

Hoy es la festividad de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. No viene nada mal rezarles un poco en su día. ¡Felicidades Migueles, Micaelas, Gabrieles, Gabrielas, Rafaeles, Faletes, Rafaelas…!

Qué mejor que encabezar el artículo con una imagen de la plaza del ayuntamiento de Ponta Delgada, capital de Azores (Portugal), en la isla de São Miguel, en la que se muestra a un San Miguel en ademán de exclamar el ¡Quién como Dios! que precipitó la caída de Satanás y sus legiones a la tierra (Ap. 12, 7-9), que es precisamente lo que significa su nombre: מִיכָאֵל (mi-ka-el) «¿Quién como Dios?».

Y qué mejor, también, que encabezar el artículo con la Oración a San Miguel compuesta por el papa León XIII y que se rezaba de rodillas al final de las misas hasta la reforma litúrgica. ¿Por qué se eliminó? Ni idea, aunque tengo mis sospechas. Lo que no sabía es que ya se intentó eliminar en 1928 y que se conservó gracias a la declaración de un cardenal anciano:

Con todo, recuerdo que don Francisco Brehm, consejero eclesiástico de la editorial litúrgica Fr. Pustetd (Ratisbona), recién vuelto de un viaje de Roma, nos contó, hacia el año 1928, que en una sesión para la Sagrada Congregación de Ritos en que se trataba de derogar estas oraciones, y a la que él asistió, cuando ya todos estaban de acuerdo para suprimirlas, un anciano cardenal, cuyo nombre no recuerdo, se levantó para contar que el mismo León XIII le había dicho que la invocación de San Miguel la había añadido contra la amenaza de la francmasonería, movido a ello por una revelación sobrenatural.

O sea, que las diferentes leyendas que circulan por Internet son esencialmente ciertas (salvo, quizá, en el detalle). No ha faltado quien las pusiera en duda: el mismo artículo de donde extraje la cita lo menciona. Les habría ido muy bien —como también les convendría a los partidarios de la Teología del recorta-y-pega, modernistas, marxistas y progres en general tipo Pagola y cía.— haber leído la obra satírica de Richard Whately: Historic Doubts Relative To Napoleon Buonaparte, que trata de cómo con sus métodos «historicistas» se puede justificar cualquier cosa.

La verdad es que en esa época la Masonería era la gangrena mayor de la cristiandad, y casi parece una broma en comparación con lo que sucedió —y sucede— después, ya en el XX: comunismo, nacional-socialismo… No tendría nada de raro que Castellani estuviera en lo cierto cuando identificó a estas ideologías —en particular: liberalismo, comunismo y modernismo— como las tres ranas del Apocalipsis. De hecho, esta parte del exorcismo de León XIII es hoy, principios del siglo XXI, más aplicable que nunca:

He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de ángel de la luz (II Cor. 11, 14) con la escolta de todos los espíritus malignos rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar, con el designio de borrar allí el nombre de Dios y de su Cristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades.

Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. ¡Oh, invencible adalid! Ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria.

El pobre San Miguel Arcángel en mi leonera.El pobre San Miguel Arcángel en mi leonera.

El sensu fidei parece que sigue funcionando, a pesar del clero progre, que parece empeñado en erradicar esas devociones «propias de otros tiempos felizmente ya superados» e impropias de una «fe adulta» (que es casi un oxímoron, sobre todo en su boca, porque parece que no se han leído ni meditado lo que se dice de los niños en Mt 18, 1-5; Mc 10, 13-16; Lc 18, 15-17; etc.), por lo que no falta quien lo sigue rezando por su cuenta, e incluso quien lo promueva. De hecho, gracias a esto de Internet, me enteré de la existencia de la Cofradía de la Legión de San Miguel, de la que puede formar parte cualquier persona bautizada y en comunión con la Iglesia católica, que promueve tres devociones básicas: la Coronilla de San Miguel, unas oraciones para después de Misa (entre ellas, la ya mostrada Oración de San Miguel) y la dedicación de la indulgencia ganada a un alma hermanada del Purgatorio.

Ya me apunté este verano, cuando supe de su existencia, porque, aunque muy pecador, soy devoto de este arcángel. Lo que quizás les parezca curioso es el origen de mi devoción, porque, aunque siempre me ha caído simpático y le he rezado en momentos de necesidad —sobre todo los relacionados con la justicia—, la que realmente era —y es— muy devota es mi madre. Se debe sobre todo a una anécdota que le acaeció con la figura de la derecha:

Ya tenía tanto en su casa de Las Palmas como en la de Barcelona sendos cuadros del arcángel, uno de ellos pintado por mi hermana, y fue a un anticuario de Barcelona, donde ya había encontrado una preciosa imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa, a ver si encontraba alguna imagen del Sagrado Corazón de Jesús, para regalárselo a mi sobrino —su nieto— por su Primera Comunión. Lo encontró, pero lo que no se esperaba es que, además, inopinadamente el anticuario le regalara precisamente la figura de San Miguel de la derecha. Estos arrebatos de generosidad no se dan así como así —y menos en Barcelona, añado yo—, así que nos dio que pensar que podría tratarse de un signo celestial. Y como es perfectamente posible —cosas más raras se han visto—, y como me cayó de rebote como regalo, me persuadí que también yo debería seguir la devoción.

Así que, ya ven, ahí lo tienen, en la foto de la derecha, en un puesto destacado en la mesa de la leonera de libros, revistas y aparatos electrónicos que es mi habitación de la casa de mis padres en Barcelona, esperando su ubicación definitiva en la mía de Las Palmas.