El catolicismo ante Hitler

Hace poco apareció un artículo sobre «La Rosa Blanca», un grupo de estudiantes universitarios cristianos alemanes que se opusieron al régimen y, sobre todo, a la ideología nacional-socialista hasta la ejecución final de sus miembros en 1943. Se ha hecho una película sobre el tema, e incluso se ha escrito un excelente libro monográfico, pero podría dar la impresión que sólo se trató de un caso muy meritorio pero aislado de resistencia contra el totalitarismo nazi. ¿Fue en realidad así? Convendría observar con detenimiento estos mapas de la Alemania de la República de Weimar:

Fig. 1: Mapa de distribución del voto en Alemania al NSDAP en 1932.Fig. 1: Mapa de distribución del voto en Alemania al NSDAP en 1932.Fig. 2: Mapa de distribución de la población católica en Alemania, según el censo de 1934.Fig. 2: Mapa de distribución de la población católica en Alemania, según el censo de 1934.

Tanto la figura 1, en donde cuanto más negro, más votos recibió el NSDAP (Partido Nacional-socialista de los Trabajadores Alemanes), como la figura  2, en donde cuanto más negro, más proporción de católicos, demuestran la relación inversa entre catolicismo y nazismo (fuente: Erik Maria Ritter von Kuehnelt-Leddihn: Liberty or Equality, vía el blog católico de un escocés: Laodicea, «una sucia charca de papismo»).

Ya estos mapas son de por sí muy esclarecedores, pero lo que la gente también suele desconocer es que de hecho la iglesia se opuso formalmente desde el principio y con excomunión al nacional-socialismo, que el concordato que se firmó posteriormente fue amplia y reiteradamente incumplido por el régimen (y a los católicos le complicaron mucho la vida; véase, p. ej., las memorias del P. Gereon Goldmann), y que ello llevó a Pío XI publicar en 1937 y ordenar que se leyera en todos los templos la encíclica «Mit brennender Sorge», que tuvo un amplio impacto entre la población católica (se puede leer: «Todo el que tome la raza, o el pueblo, o el Estado, o una forma determinada del Estado, o los representantes del poder estatal u otros elementos fundamentales de la sociedad humana […] y los divinice con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios»); el régimen nazi, aunque replicó por primera y única vez esta encíclica en el Völkischer Beobachter, hábilmente extendió un manto de silencio informativo para evitar su difusión y conocimiento (¿les suena de algo?). En cambio, lo que el común cree saber de Pío XII en relación con su hipotético filonazismo y ocultación de la Shoah es una calumnia muy hábilmente urdida por los servicios secretos soviéticos, un excelente ejemplo de desinformación y agit-prop; y que es una mentira lo demuestran la reunión que tuvo con los cardenales de habla alemana, sus confidencias, el hecho de que consideraba a Hitler un endemoniado, y otras muchas declaraciones, como por ejemplo las de líderes judíos que atestiguan lo contrario, el testimonio de un judío que dejó de serlo por su ayuda y ejemplo, y las del caza-nazis Serge Klarsfeld. La Iglesia, además, pagó su ayuda con la deportación a campos de concentración de más de 5.500 religiosos. En resumen: una oposición firme en la paz, y discreta pero eficaz durante la guerra, cuando el monstruo se desenmascaró. ¿Sabían que al principio se presentaba el partido nacional-socialista como pacifista? Y se preguntarán: ¿cómo pudo llegar Hitler al poder? Eso será tema de otro artículo, que tratará del libro de Sebastian Haffner titulado Memorias de un alemán (1914-1933), en muchos aspectos de rabiosa actualidad, porque muestra cómo se puede conseguir alcanzar el poder a través del relativismo y la corrupción de las instituciones, una de ellas, muy importante, la judicial.

¿Está muerto el nacional-socialismo? Posiblemente sí: aunque aireado machaconamente por la izquierda sociológica, todo lo que sobrevive en realidad es más una manifestación residual antisistema que un movimiento organizado en sí; el desprestigio que ha ganado es enorme, aunque en realidad en sus manifestaciones externas (uniformes, parafernalia, etc.) y en el racismo supremacista (que actualmente aparece invertido: las razas y culturas superiores son todas las demás). En los aspectos más profundos, como ideología hija del darwinismo social, no está tan claro, y posiblemente permanecen dentro de quienen menos se lo espera, aunque mutadas: las ideologías hermanas socialistas, comunistas y ecologistas. De hecho, por ejemplo, muchos nazis exiliados en Sudamérica vieron en el peronismo una forma de nacional-socialismo a lo argentino, y es muy curioso e ilustrativo las causas por las que Hitler se arrepintiera de haber ayudado a Franco en lugar de a los socialistas españoles en la Guerra Civil Española; es bien sabido que tanto a los fascistas italianos (en el fondo, un neo-paganismo de opereta) y a los nacional-socialistas sobre todo, el régimen de Franco les apestaba a sacristía. Y dos datos muy significativos que airea Albert Speer en sus Memorias: las simpatías, sobre todo del sector revolucionario del partido, por los comunistas y Stalin en particular, hasta el punto de proponerlo como responsable de los territorios soviéticos conquistados «porque lo hacía muy bien» (en su brutalidad, se entiende); y la dedicación de los últimos esfuerzos industriales bélicos hacia el frente occidental en lo que fue la última ofensiva de importancia alemana, la Batalla de las Ardenas, para contener a los aliados, en contra de las preferencias de los militares de contención de los soviéticos para favorecer la caída en manos aliadas.

Si en algo se diferencia el programa eugenésico y eutanásico de los progres actuales y el de los nazis, es en la tecnología y en los objetivos: a diferencia de entonces, lo que primaba en la política de Hitler era precisamente la expansión demográfica (por motivos expansionistas y bélicos), justamente lo contrario de la de la progresía; y que no permitía el aborto, pero sí la eugenesia: el motivo real es que las técnicas de diagnóstico prenatal estaban en pañales en la década de los cuarenta. Pero en lo que se parece es en prácticamente todo lo demás: nudismo, fomento de la promiscuidad (el sexo como instrumento de aborregamiento, homosexualidad (hasta que por razones de Estado ya no es conveniente), eugenesia, eutanasia, relativismo, adoctrinamiento de los menores y alienación familiar, positivismo jurídico extremo… El tema da para mucho y se irá desarrollando en próximos artículos. Y para concluir, dice el mencionado blog Laodicea en el artículo «Eugenesia y la BBC», que viene muy a propósito del tema:

El nazismo no estaba equivocado a causa de una antropología tramposa o porque postulaba un sistema político increíblemente estúpido: estaba equivocado porque negaba la dignidad inviolable y la igualdad esencial de la humanidad. Sustituyó el Decálogo por un programa de cría. Este error esencial es tan compatible con el mercado libre, el capitalismo y la democracia como lo es con el corporativismo y la dictadura. Esto es para lo que se nos está preparando mediante la ley del aborto, la Autoridad para la fertilización humana y embriología, la implacable campaña de la eutanasia y el suicidio asistido, la promoción de la anticoncepción y la educación sexual promiscua, y el asalto sobre el matrimonio. Estas fuerzas son muy poderosas: la derrota de Hitler sólo les hizo retroceder unas tres décadas. A menos que la gente despierte muy pronto, en ausencia de una cristiandad fuerte y ortodoxa, el encanto del evolucionismo labrará su triunfo.

En abril de 1938 Pío XI enumeró la siguiente lista de errores que se han de combatir en todas las instituciones educativas católicas. Deberíamos recordarlas bien:

  1. Las razas humanas, por sus características naturales e inmutables, son tan diferentes unas de otras que la más humilde de ellas está tan alejada de la superior como de la especie animal más superior.
  2. Debemos, por todos los medios, preservar y cultivar la raza fuerte y la pureza de la sangre, por lo que todo lo que conduce a este resultado es por lo tanto legítimo y permitido.
  3. Es la sangre, asiento de las características de la raza, todo de lo que deriva las cualidades intelectuales y morales como fuente principal.
  4. El propósito básico de la educación es desarrollar las características de la raza e inflamar las mentes del amor ardiente de la propia raza como el bien supremo.
  5. La religión es sujeto de la ley de la raza y se debe adaptar a ella.
  6. La fuente primera y la regla suprema de ley y orden es el instinto racial.
  7. Sólo existe el Cosmos o universo viviente; todas las cosas, humanos inclusive, son sólo diversas formas que crecen a lo largo de las eras de la vida universal.
  8. Todo hombre existe sólo por el Estado y para el Estado. Todo lo que posee legítimamente deriva exclusivamente de una concesión del Estado.

Como se puede observar, hay varios puntos que siguen muy presentes en la ideología progre actual; ahora bien, interpreten en donde se dice «sangre» por «ADN», y «propia raza» por «otras culturas» y verán que aparecen otros más.

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