Las reinas de Alexia Sinclair

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Isabel la Católica, por Alexia Sinclair (de su colección The Regal Twelve).Isabel la Católica, por Alexia Sinclair
(de su colección The Regal Twelve).

Estaba buscando estos días imágenes de los personajes que aparecen en el libro del Abate Barruel sobre Voltaire, sus secuaces y la conspiración que condujo a la Revolución Francesa (y, por consiguiente, a la civilización homicida, aborregada y crédula de gilipolleces de hoy en día) para que quede más ameno —que se está publicando por capítulos en estas páginas desde hace un tiempo y al que sólo le falta el último cuarto; se le añadirán también hiperenlaces a otra información, como mapas, biografías, etc., pero tiempo al tiempo, que transcribir la obra a mano da mucho trabajo— cuando, buscando una de Catalina II de Rusia, encuentro una muy rara que a primera vista me pareció que debía ser de algún fotograma de alguna película moderna. Pues no: es obra de una artista australiana llamada Alexia Sinclair, y pertenece a una colección de doce conocida como The Regal Twelve («Las doce regias»), una interpretación muy, pero que muy personal de las doce mujeres con más poder o más impacto en la Historia universal. Y comparando las doce, la que considero mejor y más inspirada, y con diferencia, es la que corresponde precisamente a la reina española por antonomasia: Isabel la Católica [1].

Foto de detalle de la chavala y licencias artísticas empleadas.Foto de detalle de la chavala y licencias artísticas empleadas.

Las razones por las que encuentro que ésta es la mejor de toda la serie son más o menos las que explica la propia autora, aunque se ve que se expresa en jerga Volteriana, o sea: entiéndase «superstición» como religión, «fanatismo» como piedad, etc. Por supuesto ¡como no! para ella la Inquisición fue mala malísima por su persecución a las minorías: parece que nadie le ha explicado el grave problema de seguridad del reino que representaban los moriscos, que no se solucionó hasta el reinado de Felipe II, ni que las expulsiones de judíos se habían puesto de moda mucho antes en gran parte de Europa (en varias ocasiones) y sin la protección consular que sí le dio Isabel de Castilla y que permitió que, cuatrocientos años después, se salvaran un montón de ellos del exterminio nazi en Hungría. En fin, todo muy progre, ya que la zeja anglosajona lo es tanto o más que la española.

En cualquier caso, la fotógrafa ha escogido acertadamente una modelo rubia con ojos azules o verdosos, que es como describen los cronistas de la época el aspecto de la reina, y después de leer su explicación del simbolismo de la fotografía, parece razonable pensar que los otros que le he encontrado, y muy importantes por cierto, relacionados con la composición general, o han surgido o por casualidad o quizás por inspiración no consciente. Y es que, a pesar de que la reina y los objetos circundantes ocupan un lugar central en la imagen, el punto de fuga de las líneas de la reja y de la bóveda desvían la mirada hacia el fondo, hacia el retablo con la Virgen y los Reyes Católicos (añadido por la artista); además, la alineación carabela-reina apunta directamente a la propia Virgen, que hace que ésta ocupe, aunque aparentemente entre bastidores, el papel central, como sucede con todo lo que tiene que ver con la Providencia. De hecho, sugiere el papel subordinado de la reina y el descubrimiento de América (desde la Santa María, la nave capitana), financiado personalmente por ella, como instrumento divino con la intercesión de la propia Virgen María, puesto que el descubrimiento fue el impulso inicial para que con el tiempo se liberaran dos imperios indígenas: el azteca, de su religión sanguinaria —es muy sugerente el significado del más que probable nombre nahuátl de la primera aparición mariana en tierras americanas, la Virgen de Guadalupe: Coatlalopeuh, «la que aplasta a la serpiente»—, y el inca, de la opresión totalitaria, mediante la predicación del Evangelio (la dirección del apilamiento de Biblias que apunta hacia la carabela sugiere fuertemente esta interpretación) y de las leyes protectoras que se preocupó de promulgar esta reina contra los abusos a los indígenas (una interpretación alternativa que le doy a la pluma) en una época en que a los otros monarcas estos asuntos les importaban un bledo. Por último, al compararla con las otras de la serie, destaca su luminosidad y sobriedad; compárese sobre todo con la de la otra Isabel, la de Inglaterra, que muestra a la reina virgen como la dama de una partida de ajedrez tenebroso manejado por no se sabe qué manos: es prácticamente la antítesis; hasta el sobrenombre de Isabel I de Inglaterra aparece como un remedo burlón e impío.

Detalle del retrato de Isabel la Católica, por Luis de MadrazoDetalle del retrato de Isabel la Católica, por Luis de Madrazo

En resumen: a pesar de la leyenda negra que se ha edificado sobre esta egregia monarca, primero por los protestantes y después por los liberales, masones, ateos y demás y proliferante fauna, como demuestra en el libro Isabel la Católica: el enigma de una reina [2] el sacerdote José María Javierre, un cura progre de toda la vida que ha quedado cautivado por la vida ejemplar de esta —para mí— santa reina, fue una mujer cristianísima, caritativa, compasiva, devota y sufrida, y con virtudes en grado heroico. Es más: por dos milagros atribuidos a su intercesión, se pudo iniciar el proceso de beatificación, aunque actualmente está detenido por manejos del anterior arzobispo de París, el cardenal Jean-Marie Lustiger, dicen que por ser hebreo, pero también puede que por francés, o quizás el motivo puede que sea más profundo, dados los indicios de sus afinidades ideológicas: Mahoney (Los Ángeles), Daneels (Malinas-Bruselas), Martini (Milán), Kasper (Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana). En fin, que a pesar de su biografía ejemplar (que en alguien que se dedique al gobierno y la política tiene un mérito supino, y más si tiene un reinado agitado y complicado), le está pasando lo mismo que le ha pasado a la causa de beatificación de otra que también cuenta con todas mis simpatías: la de la venerable sor María de Jesús de Ágreda, la «Dama de Azul», evangelizadora de las actuales Texas, Arizona y Nuevo México (a pesar de no haber salido nunca físicamente de su convento de clausura en Ágreda, Castilla), consejera del rey Felipe IV y autora de, entre otras, la Mística Ciudad de Dios, que ha contado sucesivamente con la oposición de maculistas, jansenistas, modernistas y herejes de toda ralea, o sea, de todos a quienes no hay que hacer ni maldito caso.

Para concluir, y dirigida sobre todo para todos aquellos que, como yo, con la crisis no tienen un duro para mantener viva económicamente la causa de canonización de esta reina sin par en la Historia universal, les adjunto una oración para uso privado que puede ayudar:

Oración
(Para uso privado)

Dios, señor y padre nuestro, que nos has manifestado tu providencia en la elección de tu sierva Isabel como instrumento de tu gloria en la significación cristiana del hombre, en la exaltación de la fe y su extensión al Nuevo Mundo.

Te damos gracias por este don sobrenatural de sus virtudes y de su ejemplo permanente desde las cimas del gobierno de los pueblos para la redención y la salvación de todos.

Te rogamos te dignes perpetuar su intercesión en el cielo para continuar su obra comenzada en la tierra; y para obtener ahora las gracias especiales y favores que por su medio te pedimos, en unión con Cristo nuestro Señor y Mediador, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

P. S.: En Isabel la Católica, ¿santa? se puede leer que muchos obispos americanos, incluso de EE. UU., también son favorables a la canonización: «[…] y muchos obispos y cardenales americanos, tanto del Norte como del Sur. Desde el cardenal de Santo Domingo, López Rodríguez, al venezolano Castillo Lara, pasando por los curiales colombianos, López Trujillo y Castrillón Hoyos, amén de nobles, empresarios y políticos. De hecho, en numerosos Estados norteamericanos, como el de California, Illinois, Colorado, Virginia, Connecticut, Florida, Arkansas o Arizona, el 22 de abril, día del nacimiento de Isabel de Castilla en Madrigal de las Altas Torres (Valladolid), está declarado Queen Isabel Day


1 Afirma este sacerdote: «En mi juventud también a mí me llenaron la sesera con acusaciones contra la Reina Isabel, porque fue franquista, beata, maloliente, tirana, de todo me dijeron; y había que creérselo si querías ser progre, estar al día, y naturalmente me lo creí. Ahora, de viejo, he gastado tres años en echarme los documentos a la cara, y soy un converso. Un converso de doña Isabel».


Referencias