Expoliaciones, violencias proyectadas por los conjurados y encubiertas con el nombre de Tolerancia

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(Capítulo décimo del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

Lo que era la Tolerancia para los conjurados. — Expoliaciones meditadas por Voltaire. — Estos proyectos ya desechados ya admitidos por Federico. — Consejos de d’Alembert. — Votos de Voltaire por los medios violentos. — Votos de Federico por la fuerza mayor. — Voto frenético de d’Alembert.

Lo que era la Tolerancia para los conjurados.

De cuantos medios adoptaron los gefes de la conjuracion anticristiana, apenas hay alguno que les saliese mejor que el de su afectacion en repetir incesantemente en sus escritos las palabras: tolerancia, razon, humanidad, que fueron, segun Condorcet, su nombre de guerra (1). En efecto, era muy natural escuchar á unos hombres que parecia estaban penetrados de los sentimientos que expresan aquellas palabras. Pero ¿y eran reales estos sentimientos? ¿Los sofistas conjurados se contentarian siempre con la verdadera tolerancia? Pidiéndola para sí y su partido ¿estaban en ánimo de ser tolerantes con los otros, si lograban ellos ser mas fuertes? El que quiera resolver estas cuestiones no debe atender á las palabras tolerancia, humanidad, razon, con que pretendian alucinar el público; debe entrar en el secreto de su correspondencia, y atender á la contraseña, destrozad el infame, destruid la Religion de Jesucristo. (*) ¡O blasfemia ridícula! Condecoran este sistema de opresion con el dictado de república; al mismo tiempo que la nacion está encadenada, entonan cánticos de libertad; el asesino pronuncia con su boca ensangrentada la salutacion fraternal; y el grato nombre de igualdad se lee en la fachada del palacio de los déspotas de la Francia.—Coment. de la Magdalena, tomo 3, noche undécima. En esta correspondencia verá que no hay diferencia alguna entre los gefes de la conjuracion y los verdugos sus sucesores Pethin, Condorcet, Robespierre y sus cómplices, que hablaron mucho de tolerancia y humanidad, inundando de sangre la Francia. Voltaire y 141 demas capataces de la conjuracion clamaban tolerancia, y en secreto se decian, destrozad. Los Jacobinos tambien clamaban tolerancia, y las linternas, los puñales y las segures revolucionarias son los testimonios que dieron de ella (*).

Expoliaciones meditadas por Voltaire.

En efecto, las expoliaciones, las violencias mas atroces y la misma muerte fueron la tolerancia de los revolucionarios. Ninguno de estos medios debe mirarse como extraño, si se atiende á los deseos y resolucion de los primeros conjurados, cuyo lenguage adoptaron. En cuanto á las expoliaciones, ya he manifestado las que combinaba Voltaire con el rey de Prusia en el año de 1743, para privar de sus posesiones á los príncipes eclesiásticos é institutos religiosos. Hemos visto que este plan de expoliacion se extendió en el año de 1764 á los diezmos, y que Voltaire envió al duque de Praslin una memoria para su abolicion, á fin de privar al clero de su subsistencia (2). En 1770, no habia perdido de vista estas expoliaciones, y manifestó á Federico sus ardientes deseos de verlas ejecutadas. «¡Plugiese á Dios, decía, que Ganganeli tuviese algun buen dominio en vuestra vecindad, y que no estuvieseis tan distante de Loreto! ¡Y cuanto me gusta que les den un buen chasco á estos arlequines fabricantes de bulas! Me acomoda mucho ridiculizarlos; pero estimaria mas despojarlos (3).» (**) Ya se ve que cuando el emperador de los Jacobinos, Napoleon, invadió los estados del Sumo Pontífice, no hizo mas que dar cumplimiento á los deseos de Voltaire. Estas cartas nos instruyen sobre el modo 142 con que el gefe de los conjurados preparaba los decretos despojadores de los jacobinos, y dirigia las invasiones que los egércitos revolucionarios debían hacer en Loreto (**).

Estos proyectos ya desechados ya admitidos por Federico.

Federico, contemplándose rey, manifestó que no le acomodaban estas expoliaciones; y aun parece que se habia olvidado de que habia sido el primero en solicitarlas, pues contestó á Voltaire: «Si Loreto estuviese al lado de mi viña, nada le tocaria. Sus tesoros podrán seducir á los Mandrin, Conflans, Turpin, Rich… y sus semejantes. No es porque yo respete los donativos que ha consagrado el embrutecimiento, sino porque se debe respetar lo que venera el público, y no se ha de dar escándalo. Y suponiendo que uno se crea mas sabio que los otros, debe por compasion y conmiseracion de sus debilidades no contrariar sus preocupaciones. Seria de desear que los pretensos filósofos de nuestros dias pensasen de este modo (4).» Pero olvidándose Federico de que era rey y acordándose de que era sofista, no le pareció que debia estar reservado solamente á los Mandrin, Conflans, Turpin, y Rich… despojar la iglesia. En el siguiente año, conformándose con el parecer de Voltaire, le escribió: «Si el nuevo ministro de Francia es hombre de espíritu, no tendrá la debilidad ni imbecilidad de restituir Aviñon al Papa (5).» Y acordándose de minar á la sordina el 143 edificio, tuvo presente lo de despojar á los religiosos, para despojar despues á los Obispos (6).

Consejos de d’Alembert.

D’Alembert, antes de despojar al clero, habria querido que se diese principio por quitarle la representacion de que gozaba en el estado. Haciendo decir á Voltaire lo que él no se atrevia, le escribió: «Es preciso no descuidarse, mientras se pueda hacer con finura, de unir á la primera parte un pequeño apéndice, ó sea postdata, muy interesante, que consista en manifestar el peligro que amenaza á los estados y á los reyes, tolerando que los eclesiásticos formen en el estado un cuerpo distinguido, y que tengan el privilegio de congregarse regularmente (7).» Ni los reyes ni el estado habian reparado en tal peligro, pues habian permitido que el clero formase en la nacion un cuerpo distinguido, como el de los nobles y el del pueblo; pero ello es, que de este modo los conjurados con sus consejos iban disponiendo á los jacobinos, para que diesen á su tiempo los decretos exploliadores.

Votos de Voltaire por los medios violentos.

En cuanto á los decretos de destierro, violencia, sangre y muerte, que tanto han distinguido el imperio del jacobinismo, descubriremos que han sido el cumplimiento de los deseos y consejos de los principales gefes de la conspiracion anticristiana. A pesar de la afectacion con que Voltaire repetia las palabras tolerancia, humanidad, razon, no debe el lector ser tan sencillo, que crea que el patriarca de los impíos no queria 144 valerse de otras armas para aniquilar el cristianismo. Basta atender á las siguientes expresiones. Escribiendo al conde d’Argental, dijo: Si yo tuviese á mi disposicion cien mil hombres, sé muy bien lo que haria (8). Aun se descubre mas escribiendo á Federico: Hércules combatió con los bandidos, y Belerofonte con las quimeras. No sentiria yo ver otros Hércules y Belerofontes que librasen la tierra de las quimeras católicas. (9) Ya se ve que no era la tolerancia la que le inspiraba estos deseos, y nos vemos precisados á creer, que solo le faltó proporcion para capitanear la matanza de sacerdotes que hicieron los Hércules y Belerofontes de Setiembre (***). (***) En los primeros dias de Setiembre del año 1792 fueron mas de 300 los sacerdotes asesinados en Paris. Bien manifiesta las intenciones de su tolerancia, cuando desea ver precipitados á los Jesuitas en el fondo del mar con un Jansenista al cuello, ó cuando para vengar á Helvecio y al filosofismo, no se avergonzó de hacer esta pregunta: ¿Que la propuesta decente y modesta de ahorcar el último Jesuita con los intestinos del último Jansenista, no podria llevar las cosas á alguna reconciliacion? Cuando el lector ve el modo con que Voltaire expresa los sentimientos de su tolerancia y humanidad, facilmente creerá, que no habria padecido mucho su compasion y clemencia al ver los sacerdotes católicos hacinados en aquellos barcos que Lebon hizo taladrar para sumergirlos en el fondo del Océano (****). (****) Véase la Harpe. Du Fanatisme. §. 7.

Votos de Federico por la fuerza mayor.

Parece que cuando Federico escribió: No está reservado á las armas destruir el infame, ó la religion 145 cristiana, él perecerá por el brazo de la verdad (10), se acercaba mas que Voltaire á la tolerancia. Sin embargo, creyó que el último golpe que ha de acabar con la religion, estaba reservado á la fuerza mayor, y no solo parece que le acomodaba, sino que si la ocasion le hubiese sido favorable, se habria valido de ella. Asi lo escribió a Voltaire: «Á Bayle vuestro precursor, y á Vos se debe, sin duda, atribuir la gloria de esta revolucion que se hace en los espíritus. Pero digamos la verdad: esta revolucion no es completa; los devotos tienen su partido, y no se acabará con él sino con una fuerza mayor; es el gobierno que debe pronunciar la sentencia que destrozará al infame. Mucho podrán contribuir los ministros ilustrados; pero es preciso que se les una la voluntad del soberano. Esto sin duda se logrará con el tiempo; pero ni vos ni yo serémos espectadores de este momento tan deseado (11).» No se puede dudar que este momento tan deseado por el rey sofista, es aquel en que la impiedad sentada en el trono se quitara la mascarilla de la tolerancia con que antes se encubria. Si este momento tan deseado hubiese llegado en los dias de Federico, este, á imitacion de Juliano apóstata, habria unido á la fuerza mayor; habria pronunciado la sentencia de aniquilar la religion de Jesucristo; habria unido á los sofismas de los iniciados la voluntad de soberano; habria fallado como señor absoluto, y entonces, bajo el imperio de Federico, como bajo el de Juliano ó Domiciano, no habrian tenido los cristianos mas libertad que escoger entre la apostasía, la muerte ó el destierro. A lo menos no es fácil combinar aquella fuerza mayor y aquella sentencia del gobierno que aplasta, 146 con el juicio que d’Alembert forma del rey sofista, cuando escribió á Voltaire: «Le veo en el mayor apuro, y esto me causa mucha lástima. No es fácil que la filosofía halle un príncipe tan tolerante como él por indiferencia, lo que es un buen modo de serlo, y tan enemigo de la supersticion y del fanatismo (12).»

Voto frenético de d’Alembert.

Pero, segun d’Alembert, este modo de ser tolerante por indiferencia no excluye las persecuciones encubiertas, y aun puede combinarse con los deseos rabiosos y frenéticos que con tanta claridad manifiesta á Voltaire en sus cartas, de ver perecer una nacion entera por su adhesion al cristianismo. El tolerante por indiferencia no puede escribir estas palabras: «Hablando de este rey de Prusia, hé allí que vuelve á levantar cabeza, y creo como vos, en calidad de frances y de ser pensador, que esta es una gran dicha para la Francia y para la filosofía. Estos Austriacos son unos capuchinos insolentes que nos aborrecen y desprecian, y que yo quisiera ver aniquilados con la supersticion que protegen (13).» Se debe observar que estos Austriacos que d’Alembert desea ver aniquilados, eran aliados de la Francia, que estaba en guerra con el rey de Prusia, cuyas victorias celebra. Estas circunstancias manifiestan que los conjurados preferian el filosofismo al amor de la patria, y que la tolerancia no les habria impedido ser traidores al rey y á la nacion, si la traicion les hubiese podido servir para destrozar el infame (*****). (*****) Creo que á unas causas muy análogas se puede atribuir la mayor parte de las traiciones que hemos visto en España desde el momento de nuestra insurreccion. No obstante, estos deseos inhumanos mas eran 147 desahogos de los corazones de los conjurados, que objetos de su correspondencia y deliberaciones. Ellos preparaban los caminos á los sediciosos y á las almas feroces que debian ser los ejecutores de lo que los sofistas meditaban y proyectaban. Aun no habia llegado el tiempo para las sediciones y atrocidades; y aunque los deseos eran los mismos, las circunstancias no permitian representar el mismo papel. Debo manifestar ahora la variedad de los que representaron los capataces de la conjuracion, y los varios servicios con que se distinguieron y mostraron su zelo en la revolucion anticristiana, preparando el reino de los nuevos iniciados.


1 Esquisse du Tableau Historique, époque 9.

2 Carta de Voltaire al Conde d’Argental año de 1764.

3 Carta del 5 Junio de 1770.

4 Carta del 7 julio de 1770.

5 Carta del 28 Julio de 1771.

6 Carta del 13 Agosto de 1775.

7 Carta 95 del año 1773.

8 Carta del 16 Febrero de 1761.

9 Carta del 3 Marzo de 1764.

10 Carta del 24 Marzo de 1767.

11 Carta 95 del año 1775.

12 Carta 165 del año 1762.

13 Carta de d’Alembert á Voltaire del 12 Enero de 1763.

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