Cuarto medio de los conjurados, Colonia de Voltaire

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(Capítulo séptimo del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

Objeto de esta colonia. — Federico favorece el proyecto. — Indiferencia de los conjurados hácia esta colonia. — Sentimiento y quejas de Voltaire sobre su Colonia.

Objeto de esta colonia.

Cléveris en 1895: La colonia de los filósofos de Voltaire (Cléves en el texto) fue un proyecto semifracasado. (Fuente: Wikipedia).Cléveris en 1895: La colonia de los filósofos de Voltaire (Cléves en el texto) fue un proyecto semifracasado. (Fuente: Wikipedia).

Mientras que los conjurados se ocupaban tanto en la destruccion de los Jesuitas y de las demas órdenes religiosas, Voltaire meditaba un proyecto que habia de dar á la impiedad sus apóstoles y propagandistas. Parece que fué en los años de 1760 y 1761, cuando concibió las primeras ideas de este nuevo medio para extirpar el cristianismo. «¡seria posible, (escribió en esta ocasion á d’Alembert) que cinco ó seis hombres de mérito que se entendiesen, no consiguiesen lo que se pretende, teniendo el ejemplar de doce bribones que lo consiguieron (1)!» El objeto de esta reunion se explica y desenvuelve en otra carta que ya he citado, en donde dice: «Hagan los filósofos verdaderos una cofradía, y yo me expondré al fuego por ellos. Esta academia secreta valdrá mas que la de Atenas y que todas las de Paris. Pero la lástima está en que cada cual atiende solo á sus particulares conveniencias y se olvidan de la primera obligacion, que es destrozar el infame. (2

Federico favorece el proyecto.

No habian los conjurados olvidado esta que era su primera obligacion; pero hallaban muchos obstáculos. 110 La religion tenia aun en Francia defensores zelosos, y no parecia que París fuese entonces un asilo seguro para semejante asociacion; parece que hasta el mismo Voltaire, á lo menos por algun tiempo, lo creyó inasequible; sin embargo algunos años despues volvió á emprender su proyecto, y para ejecutarle acudió á Federico, proponiéndole lo que refiere el mismo editor de su correspondencia: Establecer en Cléves una pequeña colonia de filósofos franceses, desde donde podrian decir libremente la verdad, sin temor de ministros, de clérigos, ni de parlamentos. A esta proposicion contextó Federico con todo aquel zelo que el fundador de la Colonia podia esperar del sofista coronado. «Veo, le escribió, que habeis tomado á pecho el establecimiento de la pequeña colonia, de que me habeis hablado… Creo que el mejor medio es que estas gentes (ó bien vuestros socios) envien á Cléves á ver lo que les conviene, y de que puedo disponer en su favor (3).»

Es muy sensible que muchas cartas de Voltaire que tratan de este establecimiento se hayan suprimido en su correspondencia: pero bastan las de Federico para manifestar la constancia de Voltaire, insistiendo con tal teson en lo mismo, como lo manifiesta esta respuesta: «Me hablais de una colonia de filósofos, que se proponen establecerse en Cléves. No me opongo, y todo se lo puedo proporcionar… pero con la condicion de que respeten á los que se deben respetar, y de que en el caso de imprimir, sean decentes sus escritos (4)». Cuando descubramos la conspiracion antimonárquica, veremos quienes son los que Federico quiere que se respeten. En cuanto á la decencia en los escritos, debia esta ser un medio mas para lograr el grande objeto que 111 se proponian la colonia, pues no acomodaban á Federico aquellos arrebatos, que podian alarmar los pueblos, exponer los conjurados, y llamar la atencion del gobierno con su atrevimiento é imprudencia.

Mientras que Voltaire solicitaba los socorros y proteccion del rey de Prusia, para que sus apóstoles pudiesen con toda seguridad hacer la guerra á la religion, ya se ocupaba en entresacar de sus discípulos á los mas sobresalientes paraque se encargasen de esta mision, y él mismo ya estaba pronto á sacrificar todas las delicias de Ferney para ponerse al frente de estas tropas. «Vuestro amigo (escribió á Damilaville) persiste en su idea. Es verdad lo que habeis dicho, que será necesario separarle de muchos objetos en que tiene su consuelo, y en cuya despedida tendrá mucho que sentir; pero vale mas dejarlo todo por la filosofia, que por la muerte. Lo que le causa admiracion es que muchos no hayan convenido en esta resolucion. ¿Porque un cierto baron filósofo no se agrega al trabajo del establecimiento de esta colonia? ¿Y porque tantos otros no aprovechan una ocasion tan favorable?» Vemos en esta carta, que no era Federico el solo príncipe que Voltaire habia iniciado en sus misterios, pues añade: «Vuestro amigo, poco ha que ha tenido visita de dos príncipes soberanos que en todo piensan como vos. Uno de ellos ofreceria una ciudad (para colonia) si la ya ofrecida no fuese á propósito á la grande empresa (5).» Voltaire escribió esta carta al mismo tiempo en que el Land-grave de Hesse-Cassel fué á rendir homenage al ídolo de Ferney. La data del viage y la conformidad de sentimientos no permiten se dude que fué este el príncipe que ofreció una ciudad á la colonia anticristiana, en caso que Cléves no fuese á propósito (6). 112

Indiferencia de los conjurados hácia esta colonia.

Sin embargo, los apóstoles de este pseudo-mesias, á pesar de su zelo por la grande obra, no estaban igualmente dispuestos á hacer los mismos sacrificios. D’Alembert, que entre los filósofos de Paris hacia el principal papel, sabia que junto á Voltaire seria una deidad subalterna. Damilaville, amigo de ambos, á quien celebra Voltaire por su odio á Dios, era un personage muy interesante en Paris, para el secreto de la correspondencia. Diderot, y aquel cierto baron filósofo y demas iniciados tenian en Francia ciertos placeres atrayentes, que no era fácil hallar en Alemania. Esta lentitud de los iniciados ponia de muy mal humor al fervoroso Voltaire, quien para reanimar el zelo de los conjurados apeló al punto de honra. «Seis ó siete cientos mil hugonotes (escribia) abandonaron su patria por las necedades de Juan Chauvin (así llamaba á Calvino por desprecio), ¡y no se hallarán doce sabios que hagan el menor sacrificio en obsequio de la razon universal ultrajada (7)!» No satisfecho con esto, les representó que solo faltaba su consentimiento. «Cuanto en el dia os puedo decir, pues lo sé por conducto seguro, es que todo está á punto para el establecimiento de la manufactura. Mas de un príncipe se disputaria este honor; y desde las orillas del Rin hasta las del Oby, Tomplat (es el Platon Diderot) hallará seguridad, estímulo y honor.» Temeroso de que esta esperanza aun no bastara paraque se decidiesen los conjurados, Voltaire les recuerda el grande objeto de la conjuracion. En esta ocasion fue cuando hubiese querido transfundir á los corazones de sus secuaces todo el odio que tenia 113 el suyo á Jesucristo. Gritaba, se desgañitaba y repetia; destrozad el infame, aniquilad el infame, aplastad el infame (8). ¡O santo Dios! ¡que odio tan desesperado y rabioso!

Sentimiento y quejas de Voltaire sobre su Colonia.

A pesar de tantas solicitaciones, de instancias tan vivas y eficaces, Voltaire no pudo lograr que sus sectarios dejasen Paris por su colonia de Cléves. El motivo mismo que precisaba á Voltaire á sacrificarlo todo, hasta las delicias de Ferney, para trasladarse á Alemania y consagrar sus escritos y sus dias á la extincion del cristianismo, dictaba á los iniciados la conveniencia de unir su zelo á los placeres que el mundo, y particularmente Paris, les ofrecian. La razon dictaba á Voltaire anteponer su zelo á los placeres, y la razon dictaba á sus prosélitos combinar el zelo con los placeres. Esta divergencia de la razon de los filósofos obligó á su patriarca á desesperar del éxito de expatriar á sus apóstoles; ¡pero cuan sensible le fué! Para comprenderlo de algun modo, es preciso oir como se desahoga con Federico tres ó cuatro años despues. «No puedo negar, decia, que he sentido y me he corrido tanto del mal éxito de la transmigracion de Cléves, que no he tenido valor desde entonces acá para presentar á V. Magestad alguna de mis ideas. Cuando considero que un loco é imbécil, como lo fué S. Ignacio, halló doce prosélitos que le siguieron, y que yo no he podido hallar tres filósofos, he llegado á pensar que la razon no valia para nada (9).» «Ya no hay consuelo para mí desde que no he podido egecutar este designio. ¡Alli 114 debia yo acabar mi vejez!» (10) Veremos en el discurso de estas memorias, que cuando Voltaire se quejaba tan amargamente de la tibieza de los conjurados, estos no merecian sus reconvenciones. En particular d’Alembert tenia otros muchos proyectos que ejecutar. En lugar de expatriarse con sus cómplices y de exponerse á perder su dictadura, se complacia proporcionándoles en Paris los honores del Paladion (de la academia francesa), de los cuales se habia hecho el monopolista. Ya le veremos suplir con los mas escogidos de sus iniciados este proyecto. El modo como se portó d’Alembert para hacer del liceo francés una verdadera Colonia de conjurados, debia bastar para consolar al pobre viejo Voltaire.


1 Carta 69 del año 1760.

2 Carta 85 á d’Alembert, de 1761.

3 Carta del 24 Octubre de 1765.

4 Carta 146 del año 1766.

5 Carta del 6 Agosto de 1766.

6 Carta del Land-grave del 9 Setiembre de 1766.

7 Carta á Damilaville del 18 Agosto de 1766.

8 Carta á Damilaville del 25 Agosto de 1766.

9 Carta de Noviembre de 1769.

10 Carta del 12 Octubre de 1770.