Secreto y union de los conjurados

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(Capítulo tercero del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

Nombre de guerra de los conjurados. — Lenguage enigmático de los conjurados. — Sus instrucciones sobre el arte de ocultarse. — Union de los conjurados. — Fervor y constancia en su maquinacion. — Declaracion formal de Voltaire. — Época de la conjuracion. — Referencia de los conjurados sofistas á los conjurados jacobinos.

Nombre de guerra de los conjurados.

No se contentan ordinariamente los autores de una conspiracion, con ocultar el objeto general de su plan, bajo fórmulas y contraseñas que solo ellos entienden y sobre las cuales están convenidos; tienen ademas su modo especial de designarse unos á otros bajo nombres diferentes de aquellos bajo los cuales pudiera conocerles el público. Tienen gran cuidado en ocultar su correspondencia, y cuando temen que sea interceptada, usan de la precaucion de nombres fingidos ó supuestos, para no comprometer los conjurados y hacer abortar la conspiracion. Voltaire y d’Alembert no despreciaron alguno de estos medios. En su correspondencia, Duluc es muchas veces el nombre de guerra de Federico Rey de Prusia (1). D’Alembert está señalado con el nombre de Protágoras (2); pero muchas veces el mismo cambia este nombre por el de Bertrand (3). Ambos le convenian muy bien, aquel para señalar un impío, este para describir los medios de su impiedad, y las astucias de Bertrand en la fabula de la mona y del gato. Cuando d’Alembert es Bertrand, Voltaire se llama Raton (4). Diderot se llama algunas veces Platon, y otras Tomplat (5). El nombre general de los conjurados es Cacouac; es un buen cacouac, significa entre ellos, es uno de nuestros fieles (6). Pero con mas frecuencia, Voltaire en particular los llama hermanos, como lo hacen entre sí los Masones. En su idioma enigmático hay tambien frases enteras que tienen un sentido particular en la secta; por ejemplo, la viña de la verdad está bien cultivada, significa: Hacemos grandes progresos contra la religion (7).

Lenguage enigmático de los conjurados.

Los conjurados se valian de este idioma secreto cuando temian que se interceptasen sus cartas. D’Alembert y Voltaire tuvieron algunos malos ratos por este motivo. Esta fué la causa porque muchas veces se escribian bajo sobrescritos fingidos, ya á un negociante, ya á un comisionado ó secretario de oficina que era depositario del secreto. No sé que en alguna ocasion se valiesen de cifras ó guarismos en lugar de los caractéres ordinarios. Este método habria sido demasiado prolijo para Voltaire, á causa de la multitud de cartas que recibia y á que contestaba. Era método reservado á conjurados que, aunque no menos malignos, eran mas encubiertos. Generalmente hablando, Voltaire y d’Alembert, bien seguros con la precaucion de los sobrescritos fingidos y de no firmar sus cartas, se hablaban con muy poca reserva. Si hay alguna carta enigmática, se hace fácil su inteligencia con las precedentes ó siguientes. Sus astucias por frecuentes no piden mucho estudio para penetrarlas; y pocas veces se corresponden de un modo tan misterioso, que no se revele el secreto.

Sin embargo hay algunas cartas que no son fáciles de descifrar; tal es la que escribió Voltaire á d’Alembert (30 Enero de 1764), que dice así: «Mi ilustre filósofo me ha enviado la carta de Hippias B. Esta carta de B. prueba que hay T, y que la pobre literatura volverá á verse entre las cadenas de las que la libró Malesherbes. Este semisabio y semiciudadano d’Aguesseau era un T. Queria impedir que la nacion pensase. Yo quisiera que hubieseis visto un animal llamado Maboul. Este era un tonto encargado de la aduana de los pensamientos bajo el T. d’Aguesseau. Se siguen despues los T. subalternos, que son media docena de ruines, cuyo empleo es quitar cuanto bueno hay en los libros, por el salario de cuatro cientos francos al año.» Ya se ve que las letras T significan tiranos, y que de estos pretensos tiranos, el principal es el canciller d’Aguesseau, el segundo es Maboul, intendente de imprenta, y los seis subalternos ó sotatiranos son los censores públicos, cuya pension era realmente de cuatrocientos francos. Pero no es fácil adivinar quien sea aquel Hippias B. Hay motivo para pensar que seria algun otro tirano, que no queria permitir la impresion y venta de aquellos libros cuyo veneno inficionaba y preparaba los pueblos para destruir los altares y los tronos. ¡Y hay quien pueda contener la justa indignacion contra estos malvados que tienen descaro para tratar de tirano, de semiciudadano y de semisabio al canciller d’Aguesseau, honor de la magistratura! Aun es de admirar que Voltaire no le ultrajase mas; pues es necesario contar que, en esta correspondencia, ni él ni d’Alembert economizan por cierto los títulos de Galopo, Canalla, Pillo, y otras injurias con que condecoran á cuantos no piensan como ellos, por sobresaliente que sea su mérito, y principalmente si escriben y defienden la religion.

Aunque estos conjurados se correspondiesen ordinariamente con bastante claridad sobre el objeto de sus conspiraciones, sin embargo, por lo relativo al público, era el secreto reservado é inviolable. Voltaire, en particular, lo encomendaba á los iniciados, como asunto de la mayor importancia. «Los misterios de Mitra (decia por boca de d’Alembert) no se deben publicar… Es necesario que haya cien manos invisibles que traspasen al monstruo (la religion), y que caiga bajo mil golpes redoblados (8).» Sin embargo este secreto no debia observarse tanto por lo relativo á los agentes y medios que se tomaban para echar por tierra los altares; pues era tal el odio de Voltaire á estos, que era imposible ocultarle; pero tenia que tener, por una parte, la oposicion de las leyes, y por otra, el desprecio y afrenta con que él y sus secuaces iban á cubrirse, si se ponia en descubierto su desvergüenza, y si daban lugar á que se procediese contra ellos por sus embustes, sus calumnías y sus intrigas. La historia no tiene culpa si se ve precisada, para decir la verdad, á manifestar el carácter del patriarca y gefe de los conjurados. Si Voltaire ha sido á un mismo tiempo, el malvado mas astuto y mas obstinado en el odio á Jesucristo, y el mas cobarde en ocultar sus ataques contra la religion, ¿qué culpa tiene la historia? ¿Qué acaso esta, para complacer á los impíos, sectarios de aquel perverso, debe pasar en silencio su malicia con evidente perjuicio de la religion y de los pueblos que la profesan? Voltaire, conspirando en secreto y ocultando sus medios no es persona distinta de Voltaire profanador sacrílego y sedicioso. Es el mismo sofista que se ha declarado abiertamente enemigo del culto de Jesucristo, y que en secreto y á la sordina socaba los templos y altares del Hombre Dios Poseido de rabia, manifiesta en sus arrebatos el mal espíritu que le agita; pero como conjurado clandestino hace mas daño á las naciones, á la religion y al culto, que con sus publicidades. Esta conspiracion secreta y subterránea es la que principalmente intento manifestar en estas Memorias.

Sus instrucciones sobre el arte de ocultarse.

En esta calidad de conjurado clandestino, los misterios de Mitra y todos los artificios de los conjurados llamaban toda su atencion. He aquí las instrucciones secretas que daba en calidad de conjurado clandestino: «Confundid al infame lo mas que podais. Decid con intrepidez cuanto os dicte el corazon. Pegad, pero ocultad la mano. Os conocerán, porque hay hombres de penetracion y de olfato fino; pero no os podrán convencer (9). El rio Nilo, segun se dice, oculta su orígen, pero derrama sus aguas bienechoras. Haced otro tanto, y gozaréis en secreto del placer de vuestro triunfo. Os recomiendo el infame (10). Abrazo á nuestro digno caballero y le exhorto á que esconda la mano á los enemigos (11).»

Ningun precepto inculcó tanto Voltaire como el de dar el golpe y ocultar la mano. ¡Vilísimo cobarde! Si alguna vez sucedió que algunos iniciados imprudentes le diesen á conocer se quejaba amargamente de ver descubiertas sus maniobras; pero entonces desmentia con el mayor descaro los escritos que indudablemente eran suyos. «No sé. decia, por que furor se obstinan en creer que soy el autor del Diccionario filosófico. El mayor servicio que me podais hacer es asegurar, sobre la parte de paraiso que os toca, que ninguna parte tengo en esta obra infernal. Hay tres ó cuatro personas que han publicado que yo he sostenido la buena causa, y que combatiré hasta la muerte con las bestias feroces. Pero alabar á sus hermanos en tales circunstancias es hacerles traicion. Estas buenas almas me bendicen, pero me pierden. Dicen que es su estilo y su modo de producirse. ¡Ah hermanos, que discursos tan funestos! Al contrario lo habeis de hacer, habeis de gritar en las no es él. Ha de haber cien manos invisibles que traspasen el monstruo, para que caiga bajo de mil golpes redoblados.» (12) D’Alembert era excelente en el arte del secreto y de ocultar su marcha; por lo mismo Voltaire le recomendaba á los hermanos, le proponia por ejemplo á su imitacion y como la esperanza de la grey. «Es atrevido, decia, pero no es temerario; es capaz de hacer temblar á los hipócritas (las personas religiosas), sin dar motivo á que le vituperen.» (13) Federico no solo aprobaba este secreto y estas astucias (14), sino que le veremos aplicar todos los artificios de su tenebrosa política, como otros tantos medios para el buen éxito de la conjuracion.

Union de los conjurados.

Como en toda conspiracion la union de los conjurados sea tan esencial como el secreto, no cesaba Voltaire de encargarla con mucha eficacia. Léanse entre otras estas instrucciones: «¡O mis queridos filósofos! es necesario marchar apiñados como la falange macedoniana, que no fue vencida hasta despues de dispersada. Hagan los filósofos verdaderos una cofradia como los francmasones; que se junten, que se sostengan y que sean fieles á la cofradía; esta academia valdrá mas que la de Atenas, y que todas las de París.» (15) Si sobrevenia alguna division entre los conjurados, luego Voltaire les escribia para apaciguarlos y reunirlos. «¡Ah pobres hermanos (esclamaba)! los primeros fieles se portaron mejor que nosotros. Paciencia, que no por eso nos hemos de desanimar. Dios nos asistirá, si perseveramos juntos y unidos.» Para manifestar con mas claridad á los iniciados la importancia y objeto de esta union, les recordaba la respuesta que dió á Mr. Herault: Veremos si es verdad que no se puede destruir la religion cristiana (16). La mayor parte de las desavenencias que hubo entre los conjurados, se originaba de la variedad de opiniones; pues como se convenian poco en los sofismas contra el cristianismo, se contrariaban y lastimaban los unos á los otros. Voltaire advirtió las ventajas que de aquellas contradicciones sacarian los apologistas de la religion, y por eso dió á d’Alembert el encargo de reconciliar y reunir los partidos de ateos, espinosistas y deistas. «Es preciso, le dice, que los partidos se reunan. Quisiera que os encargaseis de esta reconciliacion, y que les dijeseis: Hacedme gracia por el emético, y yo os la haré por la sangría (17).»

Fervor y constancia en su maquinacion.

El gefe de los conjurados no permitia que se entibiase su zelo, y, para reanimarle, escribia á los principales: «Temo que no seais bastante zelosos: enterrais vuestros talentos, os contentais con despreciar á un monstruo que es preciso aborrecer y destruir. ¿Que os costaria destrozarle con cuatro páginas, teniendo la modestia de dejarle ignorar que vuestra mano le da la muerte? Está reservado á Meleagro matar el javalí: arrojad la flecha y esconded la mano. Dadme este consuelo en mi vejez.» (18) Ocasion hubo en que para animar á algun iniciado novicio, le hizo decir: Animo, y que no se acobarde. (19) Y ocasion hubo, en fin, en que para obligar mas á sus secuaces les proponia el interés del honor, diciéndoles por d’Alembert: «Es tal nuestra situacion, que si no logramos tener de nuestra parte á las personas de honor, seremos la execracion del género humano. Es preciso pues ganarlas á todo precio. Cultivad pues la viña. Aniquilad el infame, aniquilad el infame (20).»

Declaracion formal de Voltaire.

De este modo, cuanto tienen característico los conjurados, idioma enigmático, intencion comun y secreta, union, fervor y constancia, debia reunirse en los autores de esta guerra contra Cristo. Y así todo da derecho al historiador para presentar esta coalicion de sofistas como una verdadera conspiracion contra el altar. Voltaire no lo ocultaba, y queria que sus secuaces supiesen que la guerra que emprendia y de la que se hacia gefe, era una verdadera conspiracion, en la que cada uno habia de obrar segun sus talentos y fuerzas. Cuando algun exceso de fervor esponia el secreto, Voltaire se cuidaba de hacerles decir por d’Alembert: «Que en la guerra que habian emprendido, era preciso obrar en calidad de conjurados, pero no de zelosos (21).» Despues que el mismo patriarca de los impíos ha declarado con tanta formalidad, y ha dado órdenes tan precisas y claras para obrar en calidad de conjurados, no parece se puedan pedir otras pruebas para demostrar la conjuracion. Tal vez ya las he muliplicado tanto, que he cansado al lector; pero sobre un asunto tan importante, debia yo suponerle tan severo como debia yo serlo en la demostracion. Ya nos hallamos en el caso en que, sin resistir á la misma evidencia, no se puede negar la coalicion de los sofistas de la impiedad, ni nada de lo que la constituye una verdadera conjuracion contra Jesucristo y su religion; pero no concluiré este capítulo sin decir alguna cosa para fijar el origen y época de estas maquinaciones.

Época de la conjuracion.

Si el momento en que Voltaire juró de consagrar su vida á la destruccion del cristianismo, puede mirarse como la época primera de la conjuracion, será preciso subir hasta el año de 1728 para descubrir su orígen; pues en este mismo año volvió de Londres á Francia, y sus mas fieles discípulos aseguran que su patriarca aún se hallaba en Inglaterra cuando hizo aquel juramento (22). Pero lo cierto es que Voltaire pasó muchos años solo, ó casi solo, embriagado de odio contra Jesucristo. Es verdad que ya en esta soledad era el principal campeon, y que se declaró protector de todos los escritos impíos que se dirigian a su objeto; pero estos escritos no eran mas que producciones de algunos sofistas aislados, que escribian sin concierto, sin mutuas inteligencias, y sin aquel conjunto que exige una verdadera conjuracion. Necesitó tiempo para hacer prosélitos é inspirarles su mismo encono. Ya se habian multiplicado sus discípulos, cuando sus desgracias le hicieron salir de Francia, año de 1750, y pasar á Berlin, como lo deseaba Federico. Los mas sobresalientes y zelosos de cuantos sectarios dejó en Paris fueron d’Alembert y Diderot, y á estos dos debe con preferencia el filosofismo su coalicion contra Jesucristo. Aunque esta tuviese pocas fuerzas, ya mereció el nombre de conspiracion, cuando se formó el proyecto de la Enciclopedia, que fue en el mismo año en que Voltaire salió de Paris para Berlin. Es verdad que Voltaire habia formado todos sus discípulos; pero, estando dispersos, d’Alembert y Diderot los reunieron para trabajar en la enorme compilacion á la que se dió el título de Enciclopedia, siendo en la realidad el receptáculo universal, y en su modo el arsenal de todos los sofismas y de todas las armas de la impiedad contra la religion cristiana.

Voltaire, que solo valia por un ejército de impíos, ocupado por su parte en la guerra contra Cristo, dejó por algun tiempo que los enciclopedistas obrasen por sí solos segun sus luces; pero si estos tuvieron valor para emprender la coalicion, no lo tuvieron para sostenerla. Se multiplicaron los obstáculos, y los emprendedores conocieron que necesitaban de un espíritu fuerte que los sostuviese y arrostrase los embarazos. No tuvieron mucho que deliberar sobre la eleccion, ó para decirlo mejor, con el historiador de la vida de Voltaire (23), este se halló naturalmente el gefe de los enciclopedistas por su edad, fama é ingenio. A su vuelta de Prusia, al fin del año 1752, ya estaba completa la conjuracion. Su único y principal objeto era aniquilar á Jesucristo y su religion. El gefe principal de esta conspiracion fue el que habia sido el primero en hacer el juramento de derribar los altares de Cristo. Sus gefes subalternos fueron d’Alembert, Diderot y Federico, quien á pesar de las desavenencias con Voltaire, siempre se avino con él en cuanto al objeto de la maquinacion. Y los iniciados fueron todos los que Voltaire ya contaba por discípulos. Desde el dia en que se formó el partido entre el gefe principal, los gefes subalternos y los iniciados actores y protectores; desde el momento en que se decretó que el grande objeto de esta coalicion fuese aniquilar el cristianismo, y, con el nombre de infame, á Jesucristo, su culto, sus altares y sus ministros, hasta la hora en que los decretos, las proscripciones y los asesinatos de los Jacobinos debian consumar en Francia aquella grande obra, debian pasar muchos años. Los filósofos corruptores no necesitaron menos de cuarenta años para armar los brazos de los filósofos asesinos. No es posible llegar al fin de este largo período, sin ver la secta que se llama filosófica, y que ha jurado destruir la religion, unirse á la que destroza y asesina con el nombre de Jacobinos.

Referencia de los conjurados sofistas á los conjurados jacobinos.

En esta conjuracion de la que se llama filosofia de Voltaire y de d’Alembert, en que descubrimos el propósito, juramento y sistema de la impiedad, vemos con anticipacion lo que la revolucion francesa debia consumar algun dia. El Dios del cristianismo y aquella religion que Voltaire, d’Alembert, Federico y demas iniciados, con el nombre de filósofos, han jurado aniquilar, no son un Dios ni una religion distintos de los de que los sofistas jacobinos han incendiado los templos, destruido los altares y asesinado los sacerdotes. Es el mismo Dios y la misma religion la que aquellos juraron destruir y estos destruyeron. Aquellos fueron los mandones, y estos los verdugos. El propósito, juramento y sistema de Voltaire, si habia de tener ejecutores, habian de ser los Jacobinos. Antes que estos se dejasen ver, y antes de la revolucion francesa, los que eran depositarios del secreto de la conjuracion contra Jesucristo debian prever cuanto ha sucedido; pues los Jacobinos nada han inventado, solo han sido unos fieles ejecutores de los planes que delinearon los iniciados del filosofismo. En efecto, antes de la aparicion del jacobinismo se podia pronosticar, que una secta enarbolaria bandera diciendo: todos los hombres son libres, todos los hombres son iguales; que de esta libertad é igualdad concluirian que los hombres solo deben atenerse á las luces de la razon; que toda religion que sujeta la razon á misterios, ó á la autoridad de una revelacion que habla en nombre de Dios, no es mas que una religion de esclavos; que por lo mismo habia de llegar el tiempo en que se resolverian á destruirla para establecer la libertad é igualdad de derechos, y á creer ó no creer lo que la razon de cada uno aprueba (*); (*) El grande axioma de estos filósofos que se han levantado contra la religión, consiste en que nada se debe admitir sino lo que comprende la razon. Este ha sido siempre el argumento de los que han impugnado los dogmas del cristianismo. Los Arrianos negaron la divinidad de Jesucristo, los Socinianos la Trinidad, los Sacramentarios la real presencia de Jesucristo en la Eucaristia, etc.; porque aquellos no podian comprender un Dios-hombre, los otros una esencia con tres personas realmente distintas, y estos un mismo cuerpo en distintos lugares á un mismo tiempo. Si fuese de algun valor el argumento, nada de cuanto existe se deberia admitir. ¿La materia es ó no es siempre divisible? ¿el espacio es ó no es criado? ¿en que consiste que un movimiento sea mas ó menos veloz? ¿Cual es la causa de la gravedad y de la atraccion, etc.? Sin embargo no pueden negar que hay materia, espacio, movimiento, gravedad, atraccion, etc. ¿Y porque, á título de razon, y de que no se pueden comprender, niegan los dogmas de la religion? que este se llamaria el reino de la libertad é igualdad, el imperio de la razon y de la filosofía. ¿Quien, teniendo conocimiento de los misterios del filosofismo, podia dejar de hacer este vaticinio? La libertad é igualdad de los Jacobinos son las mismas que proclama Voltaire en su guerra contra Cristo. En esta guerra los gefes é iniciados no tenian otro objeto que el establecimiento del imperio de su pretendida filosofia y razon sobre la libertad é igualdad eversivas de la revelacion y sus misterios, y que están en contradiccion con los derechos de Cristo y de su iglesia.

Si Voltaire detesta la iglesia y sus ministros, es porque nada le parece tan contrario á los derechos de igualdad, como no creer lo que parece ser verdadero; es tambien porque nada descubre tan pobre y miserable, como el que un hombre se sujete á otro, paraque este dirija su fe, y saber de él lo que ha de creer (24). Razon, libertad y filosofía, son las sublimes expresiones que sin cesar salian de los labios de Voltaire y d’Alembert: asi como en los dias de la revolucion salian de la boca de los Jacobinos para perseguir y destruir el Evangelio, la religion y revelacion. No hay mas que leer su correspondencia. Cuando los iniciados celebran y pretenden exaltar hasta las nubes á sus maestros, nos los representan como unos héroes que jamas cesan de reclamar la independencia de la razon, y que ansian con el mayor ahinco los dias en que el sol no iluminará sino á hombres libres, y que no reconocerán otros maestros, sino su razon (25). De estos principios se sigue con la mayor evidencia, que cuando los Jacobinos colocaron sobre las ruinas de los templos y los altares de Jesucrfisto, el ídolo de su razon, (**) (**) Despues que los sofistas revolucionarios hubieron proscripto la religion cristiana y sus ministros, despues de haber saqueado todos los templos, incendiado y demolido sus altares, dedicaron cincuenta mil templos á la razon. Esta dedicacion demuestra ya el frenesí, ya la estupidez de los que á título de filósofos razonadores, se habian conjurado contra el cristianismo. Estabna reservada para los filósofos, una idolatría que no habia tenido igual en el mundo. Los idólatras mas bárbaros, a través de sus ídolos, siempre han adorado unos seres que creian tenian poder para hacer bien ó mal. Pero los fundadores de los templos de la razon ¿cuando han manifestado que adorasen algun ser, bajo el símbolo de la razon? En las fiestas de la misma razon ¿se trató acaso de algun Dios verdadero ó fingido? en estas fiestas se expuso el busto de Marat á la pública adoracion. En las mismas, una infame meretriz, teniendo un crucifijo debajo sus pies, representaba la diosa de la razon. En una fiesta que se celebró en la iglesia de San Roque de Paris, un histrion sobre el púlpito, despues de las mas furiosas maldiciones contra Dios, negó, con aplausos, su existencia. Pues, ¿y que adoraban bajo el nombre de razon?… ¡Infeliz filosofía! — La Harpe, du Fanatisme. § 14. de su filosofía y de su libertad é igualdad, no hicieron mas que cumplir los deseos de Voltaire y de sus iniciados, en su guerra para aniquilar el infame. Cuando las segures de los jacobinos destrozaron igualmente los altares de los protestantes que de los católicos y de todos los que reconocian al Dios de los cristianos, no se extendió mas la conjuracion que los deseos de Voltaire, que igualmente maldecia los altares de Londres y Ginebra que los de Roma. Cuando fueron admitidos y llenaron el gran Club de la revolucion francesa, los atéos, los deistas, los escépticos, y los impíos de toda denominacion, y toda esta canalla se alió para hacer la guerra á Cristo, no vimos otras legiones, que las que Voltaire, exhortando á d’Alembert, queria para componer sus ejércitos contra el Dios del Evangelio.

En fin, cuando las legiones del gran Club, ó de todas las sectas de la impiedad, reunidas con el nombre de Jacobinos, llevaron en triunfo al Panteon las cenizas de Voltaire por las calles de Paris, se consumó la revolucion anticristiana; pero ella no fue otra cosa que la revolucion premeditada y ansiada por Voltaire. Puede haber habido alguna variedad en los medios; pero el objeto, los pretextos y la extension que intentaron dar á la conjuracion, son los mismos. Descubriremos en esta Memorias, que los medios de que se ha valido la revolucion, derribando los altares, proscribiendo y asesinando con la segur jacobina á los ministros del culto, en todo se avienen con los deseos y propósitos de los filósofos conjurados y sus principales sectarios. Toda la diferencia entre los filósofos conspiradores y los Jacobinos revolucionarios está, en que aquellos querian destruir, y estos destruyeron. Los medios de que valieron unos y otros fueron tan eficaces y ejecutivos como lo permitian las épocas de la conjuracion. Vamos á descubrir de que medios se valieron los filósofos para disponer los ánimos á la revolucion que debia acabar con la religion de Jesucristo.


1 Carta 77 de d’Alembert.

2 Carta de Voltaire á Thiriot del 26 Enero de 1762.

3 Carta 90.

4 Carta del 22 de Marzo de 1774.

5 Carta de Voltaire á Damilaville del 25 Agosto de 1766.

6 Carta 76 de d’Alembert.

7 Carta 35 á d’Alembert.

8 Carta á d’Alembert del 27 Abril de 1767.

9 Carta á d’Alembert, Mayo de 1761.

10 Carta á Helvecio del 11 Mayo de 1761.

11 Carta á M. de Villevieille del 26 Abril de 1767.

12 Cartas 152 y 219 á d’Alembert.

13 Carta de Voltaire á Thiriot del 19 Noviembre 1760.

14 Carta á Voltaire del 16 Mayo de 1771.

15 Carta 85 de Voltaire á d’Alembert año de 1761, y carta 2 del año 1769.

16 Carta 66 á d’Alembert.

17 Carta 37 á d’Alembert año 1770.

18 Carta á d’Alembert del 28 de Setiembre de 1763.

19 Carta á Damilaville.

20 Carta del 13 Febrero de 1764.

21 Carta 142 de Voltaire á d’Alembert.

22 Vida de Voltaire, edicion de Kell.

23 Allí mismo.

24 Carta al Duque de usez del 19 Noviembre de 1769.

25 Condorcet, Esquisse d’un tableau des prog. époc. 9.