Narrativa infantil/juvenil

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Se anuncia la apertura de una sección de Narrativa infantil/juvenil, que muy pronto contará con entradas.

Se me puede preguntar: «¿No estás ya un poco mayorcito para leer y comentar a Julio Verne, Salgari, Dickens...? ¿Padeces alguna crisis emocional, regresión de personalidad o... (¡Dios mío!) enfermedad cerebral?». Por supuesto, lo primero que contestaría sería: «Yo leo lo que me da la gana». También podría espetarles: «¿Y por qué precisamente esos autores? ¡No soy tan viejo!». Pero, para llevar la contraria a la EpC (puede ver un texto escolar amenizado con Batman aquí), podría ser más educado y contestar también —y es uno de los motivos principales, aparte del placer de lectura (sí, me gusta leerme alguno de vez en cuando; ¿qué pasa?)— que en los cuentos, aunque es perfectamente posible, aceptable e incluso edificante —y siempre muy entretenido— que aparezcan ogros, monstruos, malvados y situaciones horripilantes (¡y hasta cultivadores y fumadores de tabaco, como los Hobbits!), siempre quedan claros o no transgreden los conceptos del Bien y el Mal.

El problema aparece cuando se desdibujan o se suplantan por otros, y esto es lo que está pasando con algunos libros aparecidos e incluso premiados últimamente, con gran aparato promocional (publicidad, cine...). Y como no tengo ningunas ganas de que pueda caer en manos de mis sobrinos ningún cuento en el que dos patitos tengan muchas aventuras para decidir su «identidad de género» y se hagan felaciones mutuamente para consolidar su relación y formar pareja de hecho y ser felices y comer alimentos macrobióticos, me he autoimpuesto ser el censor oficial de mi familia y compartir en este blog mis opiniones, por si pueden servir de orientación.