Yo también soy Germinans Germinabit

¡La que se está armando a propósito de Germinans Germinabit! Y la verdad es que, si sus detractores (muchos, eclesiásticos) fueran coherentes consigo mismo y con sus actos, no tendrían motivos de reproche contra este blog, porque lo único que hace es ejercer el derecho de opinión. Claro está que no se trata de coherencia, sino de falta de costumbre de que se les critique y se les ventilen los trapos sucios. Hasta ahora gozaban ellos, los autodenominados «críticos» (por supuesto, con el Papa, con la jerarquía que no es de la cuerda «nacional-progresista», con muchos puntos de la doctrina católica...), de la más absoluta impunidad, amparados por Matrix (afortunada expresión que describe a la perfección la realidad virtual catalana) y sus instituciones y altavoces mediáticos, y se han topado en Germinans con la horma de su zapato, aunque con una gran diferencia: Germinans sólo esgrime, sólo puede esgrimir, la palabra —y con una gran pobreza de medios, por cierto— difundiendo a los cuatro vientos lo que pasa en la Iglesia catalana. Y eso es lo que no pueden soportar.

Lo primero que se les reprocha es que se amparan en el anonimato, lo que, estictamente hablando, no es cierto, puesto que siempre firman con el correspondiente pseudónimo. Si conocieran mejor la historia del periodismo —porque, al fin y al cabo, están ejerciendo esta función— sabrían que es una práctica aceptada (muchas plumas notables lo han hecho así), recomendable si se quiere centrar el debate en las ideas y no en la autoridad y, sobre todo, legítima si se esperan represalias (la condena al ostracismo o el destierro a una parroquia conflictiva o remota, a la que sólo acudan las lagartijas, es un recurso habitual). Y éste es el caso, puesto que se han ejercido prácticas maccarthistas grotescas, tal como denunció en Desde los últimos bancos en el artículo «Les traiciona el subconsciente» una de las plumas más incisivas y vitriólicas del blog: Oriolt.

Como, a pesar de todo, el amedrentamiento no sirvió para nada, se pasó a la descalificación pura y dura. Como cuenta Oriolt en «El argumento “ad hominem”», se les ha llamado de todo: «fachas», «integristas», «talibanes», «ultras»... Lo último: «lefebvristas», que es francamente injusto y calumnioso, puesto que en ningún momento han cuestionado la validez del Concilio Vaticano II y, de hecho, siempre se han adherido completamente a él y al Papa; no así a las interpretaciones torticeras posteriores. De lo que sí se queja Germinans —a veces corrosivamente, pero siempre con veracidad— es de los innumerables abusos litúrgicos, imposiciones ideológicas «nacional-progresistas», imposturas doctrinales u opúsculos calumniosos que aparecen o han aparecido en la diócesis de Barcelona y otros obispados de la Tarraconense, destacando, en cambio, los obispados y parroquias en los que se ve un renacer espiritual gracias a la labor pastoral —a contracorriente— de sus obispos y sacerdotes. Y aquí sí que puedo aportar mi granito de arena en esta polémica, porque algunas de las cosas denunciadas las he podido ver con mis propios ojos, puesto que nací en Barcelona, me formé en las Escuelas Pías de Balmes, y marché después de treinta años sin cortar nunca los vínculos con la Ciudad condal ni dejar de ir periódicamente. No creo que se los pille nunca en algún renuncio, porque se jactan de disponer de informadores privilegiados, y me lo creo: ya han intentado pillarlos por ahí, y no han podido. Ahí radica su fuerza.

Lo que parece increíble es el número de visitas que recibe esta modesta página, que trata un tema en cierto modo local y marginal (ya van por más de 200.000, con una o dos visitas diarias desde el propio Vaticano —y muchas de Italia—), el eco que tiene y las pasiones que despierta. Y aunque el apoyo y el alojamiento de una réplica en Religión en Libertad les puede haber ayudado (11-V-2009: se encuentra ahora en InfoCatólica), lo cierto es que su éxito arranca de lejos, de la época del blog De Bello Pallico de Prudentius de Barcino, allá por el 2006. ¿Cuál es el secreto de su popularidad allende sus fronteras naturales? Pues quizás estriba en que las denuncias reflejan también en mayor o menor medida, sobre todo en lo antirromano, algunas de las realidades eclesiales españolas y universales. En cualquier caso, el análisis publicado en el artículo «El síndrome Pujol-Carrera, también conocido como de la “botigueta”» (primera y segunda parte), en Agere Contra, ayuda mucho para conocer el origen y la historia de la idiosincrasia actual de la catalana (y, de paso, del progresismo y nacionalismo catalán). Les aseguro que, para un catalán como yo, es triste y doloroso, sobre todo porque veo que ha dado en el clavo.

Las última maniobra de la «oficialidad» eclesiástica catalana ya pasa a mayores: solicitar al episcopado catalán que se pronuncie expresamente sobre esa web, porque claramente el fenómeno Germinans les desborda, y no saben ya cómo atajarlo. En realidad lo que no saben es cómo censurar Internet (aunque Pipo Carbonell, el actual presidente del CAC y amiguete del cotarro, lo pretenda), porque, aunque han intentado usarla en su provecho —y me parece muy bien—, en muchos casos han fracasado clamorosamente, porque a nadie le importa lo que puedan decir. No es de extrañar dada su elevada media de edad —la mayoría superan la edad de jubilación— y su mentalidad anacrónica sesentera, mientras que los chicos de Germinans, por declaraciones suyas, deben de ser más o menos de mi edad: lo suficientemente jóvenes como para tener todavía el ímpetu e ilusión para denunciar e intentar cambiar un estado de las cosas que consideran aberrante —y saber explotar las nuevas tecnologías, por cierto—, y lo suficientemente maduros como para tener ya el «colmillo retorcido», como dicen en Canarias, para poder ir contracorriente y no dejarse achantar.

Para concluir, sólo añadiré unas palabras de apoyo a los chicos de Germinans Germinabit: aunque sé que os sabéis defender muy bien solos, sabed que yo también soy Germinans.