vómito artístico

«Ágora»: una película hypática más bien hepática

Raquelita, chata, ¿quién te manda meterte en estos berenjenales?Raquelita, chata, ¿quién te manda meterte en estos berenjenales?

Y es que el director Alejandro Amenábar y el co-guionista Mateo Gil han vomitado toda la bilis de su fobia anticristiana en el guion que, como impostura histórica, tiene visos de verosimilitud al contar semiverdades, que son las peores de las mentiras; de hecho, ésa parece que era la intención, como se jacta en la Cuatro. Lo peor de todo: ha mezclado en este enredo a una de mis actrices favoritas, y esto no se lo perdono.

La crítica no se ha mostrado muy complaciente con la película; incluso alguna destaca que lo que evita que uno se levante del sillón a mitad de película es el buen hacer de la actriz británica Rachel Weisz. Hasta alguno agnóstico y descreído se ha dado cuenta que el producto no funciona. Al menos podrías, ¿eh, majete?, haber hecho que vistieran las actrices túnicas diáfanas de tejidos sutiles, algún cameo… pero no, ni eso, ni siquiera sirve para relajar la vista. Ya veremos si acabáis de cubrir gastos, pero el hecho de que en cada exhibición le recortéis el metraje y que empieces a aplicarte la venda antes de la herida no es buena señal, que digamos. A los cejateros, como viven aislados por los altos muros de la subvención y la exacción —es más cómodo y rentable plegarse al agit-prop, sobre todo si falta talento, que desfilar por el INEM— puede que les parezca muy chic y «progresista» la propaganda anticristiana, pero me temo que vas a descubrir que hará que tus bolsillos críen telarañas.

Un Tannhäuser cabreante

Pues sí: «cabreante» es la palabra adecuada, porque por desgracia nunca he visto un contraste tan grande entre la gran calidad de los intérpretes y la birriosa puesta en escena. Así se le habría quedado la cara a Wagner de haber visto este esperpento: para este resultado, más habría valido haberla ofrecido en versión sinfónica. Y se habría ahorrado el teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria unos cuantos durillos (para ser exactos, 150.000€ en decorados y 60.000 en vestuario), algunas asperezas y un seguro bochorno. No se lo merecen.

¡Vaya con nuestra «amiga» Katharina Wagner! ¿Así que iba a ser un Wagner sin polémicas? ¿Conque sólo iba a suscitar «alguna crítica» entre los aficionados más clásicos y conservadores? ¡Qué pena que, con unos intérpretes tan buenos, hayamos tenido que aguantar el bodrio de su puesta en escena! Y no me extraña que se haya asegurado: «“No, no habrá mucho sexo”, confirmó la bisnieta del autor alemán en relación con la representación de una de las escenas más conocidas de la obra, la famosa bacanal sobre las aventuras eróticas del personaje central», porque el Tannhäuser representado es el de la versión de Dresde (al menos el primer acto), no la de París, que es la que se representaba últimamente y que contiene la famosa y polémica bacanal en el Monte de Venus; este detalle al menos lo agradezco.

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