novela

El hobbit

Tolkien, J. R. R., El hobbit, , 1.ª, Capellades (Barcelona), Minotauro, 1985.

Tres cuartos de siglo con «El hobbit»

El Hobbit: un viaje de Oeste a Este por la Tierra MediaEl Hobbit: un viaje de Oeste a Este por la Tierra Media

Me entero por Elentir (hasta el alias indica que debe de ser un forofo) que hoy se cumple el 75.º aniversario de la primera edición de El hobbit, de J. R. R. Tolkien. Una gran efeméride. Lo que cuenta de su relación con la obra de Tolkien e incluso el orden de lectura de sus libros se podría aplicar casi punto por punto con la mía. Sin embargo, hay una diferencia fundamental, derivada en la diferencia de edad —calculo que soy aproximadamente un lustro mayor que él—: él no estuvo expuesto —o era demasiado pequeño para que le afectara— a la proyección en 1978 de la película El señor de los anillos de Ralph Bakshi.

Los peligros del espiritismo

Imagen de javcus


Portada de Los espiritistas.Portada de Los espiritistas.

Benson, R. H., Los espiritistas, , 1.ª, Madrid, Homo Legens, 2010.

De vez en cuando le echo un vistazo al catálogo editorial de Homo Legens, y me he llevado la agradable sorpresa de que recién acaba de salir de imprenta el libro de Robert Hugh Benson Los espiritistas (The Necromancers), una novela escrita en 1909 que alerta contra los peligros del espiritismo. Aunque es propiamente un estudio psicológico introspectivo de los efectos de la pena por la pérdida de un ser querido y los problemas que acaecen cuando no se tratan de manera humana, suele ser considerada como un clásico del terror, aunque más bien de tipo psicológico. No encontrarán en él terrores cósmicos de criaturas protoplasmáticas reliquias de eras perdidas y oscuras, al estilo de Lovecraft, ni tampoco terrores macabros, pesadillas del delirium tremens, como gustaba a Poe, sino que encontrarán un relato sobre lo que ha estado muy de moda a partir de la segunda mitad del siglo XIX en sectores —paradójicamente— autodenominados «racionalistas» e incluso materialistas: el espiritismo, y su mensaje es muy claro: normalmente son fraudes… salvo cuando no lo son, y entonces es cuando la actitud que debe adoptar ante este fenómeno es la de tomar las de Villadiego, porque la tesis que sostiene uno de los personajes de la novela, que por cierto es la de la Iglesia Católica, es que no se pueden evocar (que no es lo mismo que invocar) a los difuntos para comunicarse con ellos, porque a quien se evoca y quien se muestra es, en realidad… otro ente, poderoso y embaucador (pista: ¿a quién se le conoce como «padre de las mentiras»? Pues eso).

La caída del Dragón: un resumen del Transhumanismo

Hamilton, P. F., "La Caída del Dragón", Solaris Ficción, vol. 68: La Factoría de Ideas, pp. 576, 2005.

Hace poco apareció una introducción al Transhumanismo en Zenit, muy interesante, que comentaba el ideario y objetivos de una organización, la World Transhumanist Association (WTA), rebautizada hace poco como Humanity+ por razones de imagen, en cuyo primer punto de su declaración de principios (versión de 2002) se deja ya poco sitio a la ambigüedad:

«La humanidad será cambiada radicalmente por la tecnología en el futuro. Prevemos la viabilidad del rediseño de la condición humana, incluyendo parámetros tales como la inevitabilidad de la vejez, las limitaciones de la capacidad intelectual humana y artificial, la psicología no escogida, el padecimiento y nuestro confinamiento en el planeta Tierra.»

¡Toma ya! ¡Casi nada! El tres-en-uno de la impiedad: el «Árbol de la Vida», el «Seréis como dioses» y el Edén, aunque no terrenal (no hay que conformarse con esa nimiedad), sino ya sideral.

Aunque es importante estar en guardia contra esta ideología, pues es en realidad profundamente distópica —y bastante arraigada en las elites intelectuales—, como puede sentar como una patada en el estómago tragarse las mamarrachadas de esos lunáticos eugenetistas extremados (ya comentaré algo más en algún artículo monográfico, pues, aunque con distinto ropaje, viene de lejos, del s. XIX), para abrir boca pueden ver, p. ej., la ya comentada «Los sustitutos (Surrogates)» o, mejor aún, leer una buena y entretenida novela de ciencia-ficción, La caída del Dragón de Peter F. Hamilton, que recorre todos los tópicos del Transhumanismo.

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