hijas góticas

Muñecas góticaZ

Hacía tiempo que no me reía tanto como cuando me enviaron la chirigota de Cádiz «Las niñas de Zapatero». Claro que también por poco se me descoyunta la mandíbula cuando leí la serie de artículos del Blog del Padre Fortea titulados «Cómo ser gótico en n pasos» (partes I, II, III, IV, V, VI, VII y VIII: la numeración de sus artículos es un tanto confusa, y no se lo reprocho, porque así, a ojo, no se sabe cuándo va a acabar), que los publicó a partir del primero de noviembre de hace dos años para reírse —deduzco— del Halogüín (no en vano sabe de qué está hablando: es exorcista), y muestan —dosificado en varios días— el contenido del típico mensaje en cadena jocoso cuyos orígenes se pierden en la noche de la cybercronía y de cuyo autor se ignora hasta el nombre. Como la pinta de los vástagos del monstruo que tenemos como Gran Timonel es de persignación apresurada —y eso que era una foto protocolaria (¡asesores, al paro!) rápidamente censurada por los monclovitas: ¿por qué posaron?— , y como también se menciona que una gótica que se precie ha de poseer como parte del uniforme una Living Dead Doll (véase a la derecha el «encanto» de muñeca a lo Chucky anarka), me ha inspirado inmediatamente un artículo sobre muñecas góticas, tanto de las de plástico como las de carne y hueso.

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