GULAG

Los horrores del Archipiélago GULAG

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Aleksandr SolzhenitsynAleksandr Solzhenitsyn

Hace poco más de dos años —3 de agosto de 2008— que falleció el escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn (Александр Солженицын). Este escritor nos legó su obra magna Archipiélago GULAG, un retrato brutal del totalitarismo soviético, narrado sin concesiones aunque también con ironía, sorna y hasta a veces compasión —rezuma un humor negro que hace legibles las atrocidades descritas—, basado en sus propios recuerdos y multitud de entrevistas personales a 227 supervivientes del sistema juicial y penal soviético cuyas identidades en muchos casos permanecieron celosamente guardadas, por temor a represalias.

El título hace alusión al GULAG —acrónimo de la Dirección General de Campos de Trabajo, o GULag, si se quiere ser purista (ГУЛаг: Главное управление исправительно-трудовых лагерей и колоний)—, la rama de la NKVD que dirigía el sistema penal de campos de trabajos forzados y otras muchas funciones de policía en la extinta Unión Soviética y, por extensión, al sistema soviético de trabajos forzados en sí mismo, en todas sus formas y variedades: campos de trabajo, de castigo, de criminales y políticos, de mujeres, de niños o de tránsito. O incluso más, los prisioneros en alguna ocasión lo llamaron triturador de carne: las detenciones, los interrogatorios, el transporte en vehículos de ganado, el trabajo forzoso, la destrucción de familias, los años perdidos en el exilio, las muertes prematuras e innecesarias.

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