EE. UU.

Segunda conferencia: «Las Profecías mayores»

En esta segunda entrega, el P. Leonardo Castellani se centra en las profecías mayores acerca del fin del tiempo, o sea, las del Nuevo Testamento: Jesucristo, san Pedro, san Pablo y san Juan Evangelista, que escribió el Apocalipsis, que significa justamente «revelación» o «profecía»; este último lo deja para otra conferencia posterior, porque por su importancia y extensión lo merece. Destaca Castellani sobre todo el carácter esperanzador que tiene el mensaje para los cristianos, al contrario de los que normalmente se piensa, y repasa algunas opiniones en la literatura, en sectas protestantes como los Testigos de Jehová (grupo que curiosamente le cae simpático, por cierto) y exégesis heréticas modernas.


La profecía y el Fin de los Tiempos
Segunda conferencia: «Las Profecías mayores»

impartida por el P. Leonardo Castellani (13 de junio de 1969)
Audio disponible en Página Católica.


Jesucristo — San Pedro y San Pablo — San Juan Apokaleta — Carácter de las predicciones — El alegorismo — Predicciones que parecen cumplirse ahora — La apostasía

Radiografía de una revolución (4.ª parte)

Sigue y concluye la transcripción del interrogatorio a Rakovski en esta cuarta entrega. Esta parte se centra en los detalles y oportunidad de un pacto entre Hitler y Stalin, justificándolo con la historia cercana y nombres personales y de instituciones, muchas de ellas, estadounidenses. Concluye con una justificación filosófica que enlaza el idealismo hegeliano con el naturalismo de Spinoza, filosofía que, según Rakovski, es la de los personajes que están tras la Finanza («Ellos»), y que lo que buscan es la síntesis entre la tesis comunista y la antítesis capitalista en lo que devendría un capitalismo-comunista detentado por ellos.

Radiografía de una revolución (2.ª parte)

En esta segunda parte, el diálogo se centra en el papel de la Finanza internacional en las crisis occidentales y, en particular, en las rusas, destacando su papel en la desestabilización de Rusia y financiación de la Revolución rusa, y del aupamiento de Trotsky como agente suyo en la revolución. De paso, se narra el papel de éste en los sucesos de Sarajevo detonantes de la Primera guerra mundial. También se narra la intencionalidad «proletarizante» del Tratado de Versalles, para facilitar la revolución comunista en la República de Weimar, y el ablandamiento de su implantación y el ascenso de Hitler, financiado también por ellos, a partir de la caída en desgracia de Trotsky con Stalin, para dirigirlo contra éste y poder practicar una política derrotista en la URSS, como hicieron con los zares, que lo derroque. También se afirma el papel destacado, pero subordinado, de la masonería en todas las revoluciones contemporáneas, siendo los «cerebros» miembros de la Finanza. Por último, se indica que, a causa de la efectividad de las purgas stalinianas contra los trotskistas, interesa postponer el ataque de Hitler y se empieza a esbozar un cambio de planes para que ataque a las naciones occidentales.

La SS o Seguridad Social progresante, o cómo darle «matarile» con talante

Imagen de javcus


«Vamos, progres... ¡Alegradme el día!»«Vamos, progres... ¡Alegradme el día!»

La imagen de la derecha es un motivo para una camiseta, de la época de las últimas elecciones presidenciales de EE. UU. Parece algo exageradillo y violentillo, ¿no? Pues al paso que va el mundo, y quiénes lo dirigen, me temo que pronto va a ser que no, porque parecen empeñados en liquidarnos a unos cuantos, aunque eso sí: siempre por nuestro bien y el de la sociedad. Comentaba con sorna y acierto un blogger en «Hay prisa por matar»:

«Qué progresista y adelantado a su época fue ese gran filántropo de la humanidad llamado Adolf Hitler, y su doctor Brandt, promotor del plan de eutanasia terapéutica.

»Qué visionarios los nazis, que a pesar de haber utilizado después sus métodos de exterminio con una minoría racial (en una lamentable desviación de su programa original), al principio los usaron con quienes corresponde: minusválidos, personas con síndrome de Down, ancianos.

»Un lema sublime para estos gobiernos progresistas: “Una vida que no merece ser vivida”. Lo inventó ese otro gran filántropo, Joseph Goebbels».

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