ecologismo

«Kingsman», o cómo un supervillano lo es precisamente por su filantropía

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Una película que vale la pena no perdérselaUna película que vale la pena no perdérsela

Ésta es la sinopsis argumental que se ofrece en la página oficial:

Basada en el aclamado libro de cómics y dirigida por Matthew Vaughn (Kick Ass, X-Men Primera Generación), Kingsman: Servicio Secreto cuenta la historia de una organización de espías ultra secreta que recluta a un chico de la calle, poco refinado pero muy prometedor, para uno de sus programas de entrenamiento justo cuando un peculiar y muy peligroso genio de la tecnología pone en peligro la seguridad mundial.

Expuesto así el argumento, la verdad es que no parece muy prometedora (una especie de Superagente Cody Banks a la inglesa), pero en realidad se trata de una película trepidante, ingeniosa, divertida, gamberra y con bastante mala leche muy británica al estilo de James Bond 007 pero ya no al servicio de Su Majestad, sino de un bien superior. Como organización, Kingsman en su origen fue una sastrería selecta en Savile Row y en la actualidad es la tapadera de la organización secreta.

Lo más original del guion frente a otras películas similares es que en ésta los “buenos” son en realidad “malos”, y lo son precisamente por llevar al extremo ideas que actualmente pasan por ser “buenas”, sobre todo entre los miembros de la nueva iglesia del Cambio Climático, ecologistas extremistas y subvencionados, y de la progresía internacional en general.

Ecobolcheviques

Su Goridad el mesías de Gaia.Su Goridad el mesías de Gaia.

Se ha puesto de moda llamar a los ecologistas «ecofascistas». Pues prefiero llamarlos «ecobolcheviques», porque al fin y al cabo fueron —al menos Greenpeace— creados y financiados por la URSS para desestabilizar Occidente; si no, vean que alrededor de ellos siempre han orbitado estrechamente las tendencias políticas más estrafalarias: feministas radicales, «gaystapos» varias, movimientos okupas… El problema es que nadie se acuerda de esto, ni del pollo que montaron con el accidente en la central de Three Mile Island... ni tampoco del mutismo de semanas en que cayeron con el muchísimo más grave de Chernobyl. Todavía me río de aquello, y es cuando se vio que, más que «verdes», son sandías.

Muchos de estos tipos son vividores a costa del miedo del público, sólo que, al estar actualmente prestigiados socialmente, se han diversificado y no se circunscriben al lumpen social: se ha establecido un «up» (su Goridad, los asesores gubernamentales), que son los que se forran, y un «down» de tontos útiles, que conforman las fuerzas de choque. La cuestión es que, como informa Libertad Digital, los ecologistas, en particular los promotores de la campaña 10:10, no sé si por torpeza o bien porque ya se sienten lo suficientemente fuertes y apoyados social o gubernamentalmente como para no andarse con disimulos, se han excedido al emitir un spot publicitario que sería digno de incluirse entre los sketches más sangrientos y desagradables de «El sentido de la vida» de los Monty Python por su presunto humor negro. En éstos se podría tomar como una sátira —muy típico de ellos—, y en este caso muy fiel del mundillo ecologista radical, pero el problema es que, siendo quienes son los impulsores, sólo se puede interpretar como un programa político intimidatorio… y maldita la gracia.

Los calentólogos de la CRU, desenmascarados

Si no han leído últimamente la sección de Ciencia de Libertad Digital, les recomiendo que se lean detenidamente el último bombazo en el que se denuncian las actividades sectarias de la CRU de la Universidad de East Anglia, una de las puntas de lanza de la calentología global que nos azota, muy influyente en el IPPC, y las reacciones suscitadas. Se sospechaban maniobras «raras» por parte de ellos en la ocultación o manipulación («cocina») de las series históricas climáticas, pero el archivo FOI2009.zip, que es fácilmente obtenible en las redes P2P, ocupa 157 MB descomprimido y parece auténtico (algunos afectados admiten la autoría), las confirman.

Lo más escandaloso es el contenido de los mensajes de correo electrónico, que se comentan en el blog Power Line y de los que se han hecho buscadores para su análisis, y es lo que tiene más interés en el aspecto periodístico. Se está discutiendo mucho la legalidad de este archivo (no se sabe si la publicidad se debe a un hacker o a un «Garganta Profunda»), pero no creo que se pueda recriminar nada puesto que, por ley en Gran Bretaña, los archivos de investigaciones pagadas con dinero público deben ser públicos, y las de la CRU lo son.

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