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Un cuento sin ‘E’

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Caricatura de Enrique Jardiel PoncelaCaricatura de Enrique Jardiel Poncela

¿Serían capaces de escribir un cuento sin que aparezca la letra ‘E’, una de las vocales más abundantes de la lengua castellana? ¿Se atreverían siquiera? Enrique Jardiel Poncela lo consiguió, y también escribió otro sin la ‘A’ —otra que tal—. Si no han oído hablar de este autor, ya les adelanto que es uno de mis dramaturgos contemporáneos favoritos, aunque sí es muy posible que hayan visto la divertida película Eloísa está debajo de un almendro, de título homónimo a uno de sus más celebrados «dramas cómicos».

Este autor, máximo exponente de lo que se dio en llamar «teatro del absurdo», parece que vuelve poco a poco a estar en alza; y no es de extrañar, porque es uno de los dramaturgos más vidertidos, populares (salvo para la crítica, que se cebó con él) y vanguardistas (se nota la influencia de Ramón Gómez de la Serna) que dio su época. Sus personajes, algo snobs, algo desenfadados, algo pijos, de verbo fácil, estrambóticos y siempre hilarantes, reflejan (aunque bajo la óptica de su lente deformante, que hace que lo extraño sea normal, y lo cotidiano, anormal) lo que fue el ambiente cultural madrileño de la clase media/media-alta de la generación de mi abuelo. En el fondo es un costumbrista ácido y burlón —nunca satírico— por el pesimismo de su carácter, y aquí me permito preguntar: ¿acaso ha habido algún buen humorista que no lo haya sido?

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