crítica

«Ágora»: una película hypática más bien hepática

Raquelita, chata, ¿quién te manda meterte en estos berenjenales?Raquelita, chata, ¿quién te manda meterte en estos berenjenales?

Y es que el director Alejandro Amenábar y el co-guionista Mateo Gil han vomitado toda la bilis de su fobia anticristiana en el guion que, como impostura histórica, tiene visos de verosimilitud al contar semiverdades, que son las peores de las mentiras; de hecho, ésa parece que era la intención, como se jacta en la Cuatro. Lo peor de todo: ha mezclado en este enredo a una de mis actrices favoritas, y esto no se lo perdono.

La crítica no se ha mostrado muy complaciente con la película; incluso alguna destaca que lo que evita que uno se levante del sillón a mitad de película es el buen hacer de la actriz británica Rachel Weisz. Hasta alguno agnóstico y descreído se ha dado cuenta que el producto no funciona. Al menos podrías, ¿eh, majete?, haber hecho que vistieran las actrices túnicas diáfanas de tejidos sutiles, algún cameo… pero no, ni eso, ni siquiera sirve para relajar la vista. Ya veremos si acabáis de cubrir gastos, pero el hecho de que en cada exhibición le recortéis el metraje y que empieces a aplicarte la venda antes de la herida no es buena señal, que digamos. A los cejateros, como viven aislados por los altos muros de la subvención y la exacción —es más cómodo y rentable plegarse al agit-prop, sobre todo si falta talento, que desfilar por el INEM— puede que les parezca muy chic y «progresista» la propaganda anticristiana, pero me temo que vas a descubrir que hará que tus bolsillos críen telarañas.

Un cuento sin ‘E’

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Caricatura de Enrique Jardiel PoncelaCaricatura de Enrique Jardiel Poncela

¿Serían capaces de escribir un cuento sin que aparezca la letra ‘E’, una de las vocales más abundantes de la lengua castellana? ¿Se atreverían siquiera? Enrique Jardiel Poncela lo consiguió, y también escribió otro sin la ‘A’ —otra que tal—. Si no han oído hablar de este autor, ya les adelanto que es uno de mis dramaturgos contemporáneos favoritos, aunque sí es muy posible que hayan visto la divertida película Eloísa está debajo de un almendro, de título homónimo a uno de sus más celebrados «dramas cómicos».

Este autor, máximo exponente de lo que se dio en llamar «teatro del absurdo», parece que vuelve poco a poco a estar en alza; y no es de extrañar, porque es uno de los dramaturgos más vidertidos, populares (salvo para la crítica, que se cebó con él) y vanguardistas (se nota la influencia de Ramón Gómez de la Serna) que dio su época. Sus personajes, algo snobs, algo desenfadados, algo pijos, de verbo fácil, estrambóticos y siempre hilarantes, reflejan (aunque bajo la óptica de su lente deformante, que hace que lo extraño sea normal, y lo cotidiano, anormal) lo que fue el ambiente cultural madrileño de la clase media/media-alta de la generación de mi abuelo. En el fondo es un costumbrista ácido y burlón —nunca satírico— por el pesimismo de su carácter, y aquí me permito preguntar: ¿acaso ha habido algún buen humorista que no lo haya sido?

Por qué soy medianamente democrático

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Éste es el título con el que Vladimir Volkoff (1932-2005), escritor francés de origen ruso, tituló un breve ensayo, que causó gran revuelo en Francia en 2002 por atacar claramente los dogmas del pensamiento único imperante. Frecuentemente tildado de reaccionario, este diplomado en filología clásica, doctor en filosofía, novelista, ensayista, ha sido el autor de muchas obras caracterizadas por los temas de la Guerra Fría, Inteligencia, manipulación, y también de metafísica y espiritualidad. Su obra genera polémica, pasiones, adhesiones, rechazos... pero siempre es incisiva, brillante e interante.

El índice, que se muestra a continuación como hiperenlaces al texto original, es ya de por sí una provocación a la “corrección política” y un perfecto resumen de las tesis expuestas. En particular, mete el dedo en la llaga en asuntos relacionados con la Revolución Francesa (Francia acababa de celebrar los fastos del bicentenario de su revolución —a mi juicio, criminal y fuente de todos los totalitarismos modernos—) y la legitimidad del ataque de la OTAN a Serbia.

Narrativa infantil/juvenil

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Se anuncia la apertura de una sección de Narrativa infantil/juvenil, que muy pronto contará con entradas.

Se me puede preguntar: «¿No estás ya un poco mayorcito para leer y comentar a Julio Verne, Salgari, Dickens...? ¿Padeces alguna crisis emocional, regresión de personalidad o... (¡Dios mío!) enfermedad cerebral?». Por supuesto, lo primero que contestaría sería: «Yo leo lo que me da la gana». También podría espetarles: «¿Y por qué precisamente esos autores? ¡No soy tan viejo!». Pero, para llevar la contraria a la EpC (puede ver un texto escolar amenizado con Batman aquí), podría ser más educado y contestar también —y es uno de los motivos principales, aparte del placer de lectura (sí, me gusta leerme alguno de vez en cuando; ¿qué pasa?)— que en los cuentos, aunque es perfectamente posible, aceptable e incluso edificante —y siempre muy entretenido— que aparezcan ogros, monstruos, malvados y situaciones horripilantes (¡y hasta cultivadores y fumadores de tabaco, como los Hobbits!), siempre quedan claros o no transgreden los conceptos del Bien y el Mal.

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