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«Kingsman», o cómo un supervillano lo es precisamente por su filantropía

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Una película que vale la pena no perdérselaUna película que vale la pena no perdérsela

Ésta es la sinopsis argumental que se ofrece en la página oficial:

Basada en el aclamado libro de cómics y dirigida por Matthew Vaughn (Kick Ass, X-Men Primera Generación), Kingsman: Servicio Secreto cuenta la historia de una organización de espías ultra secreta que recluta a un chico de la calle, poco refinado pero muy prometedor, para uno de sus programas de entrenamiento justo cuando un peculiar y muy peligroso genio de la tecnología pone en peligro la seguridad mundial.

Expuesto así el argumento, la verdad es que no parece muy prometedora (una especie de Superagente Cody Banks a la inglesa), pero en realidad se trata de una película trepidante, ingeniosa, divertida, gamberra y con bastante mala leche muy británica al estilo de James Bond 007 pero ya no al servicio de Su Majestad, sino de un bien superior. Como organización, Kingsman en su origen fue una sastrería selecta en Savile Row y en la actualidad es la tapadera de la organización secreta.

Lo más original del guion frente a otras películas similares es que en ésta los “buenos” son en realidad “malos”, y lo son precisamente por llevar al extremo ideas que actualmente pasan por ser “buenas”, sobre todo entre los miembros de la nueva iglesia del Cambio Climático, ecologistas extremistas y subvencionados, y de la progresía internacional en general.

Marte no necesita crítica «políticamente correcta»

Cartel de «Mars Needs Moms»: Una película injustamente vituperada y no estrenada.Cartel de «Mars Needs Moms»: Una película injustamente vituperada y no estrenada.

Hace nada que cayó en mis manos una película cuya existencia desconocía por completo —no estoy muy al tanto de las producciones de Disney— y titulada Marte necesita madres (en Hispanoamérica, Marte necesita mamás). Al echarle un vistazo para ver de qué iba, suponiendo de antemano que se trataba del típico largometraje de animación “de relleno” para la distribución directa en formato DVD en grandes superficies y supermercados puesto que no tenía noticia de ella, cuán grande fue mi sorpresa al ver que, al menos en gráficos 3D y animación, se trataba de una película de una calidad excelente: movimientos naturales y convincentes, texturas muy trabajadas y simulación de expresión facial, cuerpos blandos y tejidos muy elaborada, y paisajes y decorados espectaculares que vistos en 3D tendrían que ser impresionantes. «Aquí se ha gastado mucha CPU y mucha GPU», pensé inmediatamente.

Además da la casualidad de que, a la hora de llevar al cine a mis sobrinos, soy de los que filtran y seleccionan la cartelera infantil de antemano —los rollos, para los papis, que para eso los han parido— para no verme en la tesitura de tener que tragarme íntegra la típica historia descerebrada de princesitas y ranas encantadas que, para colmo, suele estar “adaptada” a los cánones “políticamente correctos” actuales; como aparentemente ésta iba de marcianos malvados, cohetes y láseres, no podía entender cómo se me había podido escapar. La sorpresa mayor es que, al indagar un poco, me enteré que fue un completo fiasco en su estreno en EE.UU. hasta el punto que se suspendió el estreno en España.

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