Voltaire

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(Cap. primero § 1. del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

El primero de estos conspiradores, que antes se llamaba Maria Francisco Arouet, nació en Paris á 20 de Febrero de 1694, hijo de un antiguo notario de un tribunal y carcel de Paris llamado Châtelet; pero su vanidad hizo que se mudase el apellido de Arouet en el de Voltaire, que le pareció mas noble, mas sonoro y mas á propósito para sostener la gloria á que aspiraba. Ningun hombre habia visto el mundo con tanto talento y tanta ambicion para mandar en la república literaria. Pero la naturaleza no le habia dotado de gravedad de costumbres, de espíritu de meditacion, ni de ingenio para las discusiones é investigaciones profundas; y aun por desgracia halló en su mismo corazon las semillas de aquellas pasiones que hacen nocivos los talentos. Por el uso que de estos hizo desde su juventud, manifestó que se valdria de ellos para conspirar contra la religion. Aun era simple estudiante de retórica en el colegio de Luis el Grande, cuando ya mereció oir de la boca de su maestro el jesuita Le Jay: Infeliz! tu serás el portaestandarte de la impiedad (1). Ningún oráculo se ha cumplido con mayor exactitud. Desde que salió del colegio no trató ni amó á otros hombres que á los que podian fortalecer sus inclinaciones á la impiedad por la corrupcion de las costumbres. Se acompañó con Chanlieu, el Anacreonte del tiempo, y poeta de los voluptuosos. Se asoció con algunos epicureos que tenian sus sesiones en el palacio de Vendome. Sus primeros ensayos fueron unas sátiras que merecieron la desaprobacion del gobierno, y algunas tragedias que no hubieran anunciado sino al émulo de Corneille, de Racine y Crebillon, si desde entonces no se hubiera ya dado á conocer por el imitador de Celso y Porfirio, y de todos los enemigos de la religion. 3

Como Voltaire en aquellos tiempos no estaba seguro en Francia, en donde la libertad de hablar en materias religiosas hallaba muchos embarazos, como lo habia esperimentado con sus sátiras, se resolvió pasar á Inglaterra, en donde se enlazó con ciertos literatos que estaban preocupados de las máximas del deismo por los escritos de Shaftsbury, comentados por Bolingbroke. Voltaire los tuvo por filósofos, y aun se persuadió que los Ingleses ni conocian, ni amaban sino á esta raza de filósofos; pero si no se engañó en aquella época, lo cierto es que los Ingleses en el dia no son lo que eran. Los sofistas que celebra Voltaire como formando la gloria de Inglaterra, son mas olvidados y despreciados en estos tiempos que leidos y seguidos. Los Collins y Hobbes estan en Londres al lado de Tomas Payne, si es que se acuerdan de su nombre. El carácter inglés no es muy á propósito para aborrecer la religion y hacer gala de la impiedad; porque estan satisfechos con su tolerancia y prodigiosa multitud de sectas, y nada les parece menos digno de un filósofo, que la afectacion de los sofistas, el odio al cristianismo y las conspiraciones para destruirle.

Se dice que el filosofismo nació en Inglaterra; pero yo no puedo ser de este parecer. El filosofismo, hablando generalmente, es el error de aquellos hombres que, en materia de religion, toda autoridad, ateniéndose á sus luces naturales. Este error es de todos los que no creen los misterios, porque la razon no los puede comprender; de los que con el pretexto de conservar su libertad, los derechos de la razon y la igualdad entre todos los hombres, desechan la revelacion y se oponen á la religion cristiana, que es revelada. Este error puede formar secta, y la historia de los antiguos jacobinos manifiesta que esta secta ya ha mucho tiempo que existe; pero habíase escondido en los clubs 4 subterráneos á la época en que aparecio Voltaire.

(*) El célebre Bergier en su introduccion al tratado de la verdadera religion, teje la genealogía de la impiedad en esta forma: «Los protestantes dijeron: no debemos creer sino lo que está expresamente revelado en la escritura, y solo pertenece á la razon determinar su verdadero sentido. Replicaron los Socinianos: luego no debemos creer revelado, sino lo que es conforme á la razon. De aqui infirieron los Deistas: luego la razon basta para conocer la verdad sin la revelacion; y de aqui dedujeron que toda revelacion es inútil, y por lo mismo falsa. Prosiguieron los Ateos: lo que se dice de Dios y los espíritus es contrario á la razon, luego no se ha de admitir sino materia. Vinieron al fin los Pirrónicos á cerrar el escuadron, diciendo: el materialismo contiene mas absurdos y contradicciones que todos los sistemas, luego no se ha de admitir alguno de ellos. De este modo, despreciando la infalible autoridad de la iglesia, se llega al desesperado escepticismo. Puede este ser el error de algunos particulares, de los que se han visto muchos en los dos últimos siglos. De las heregías de Lutero y Calvino, nació un prodigioso número de sectas que negaron muchos dogmas del cristianismo; y al fin hubo hombres que se opusieron á todos, no queriendo creer cosa alguna (*). A estos se les dió el nombre de libertinos, que es el que mas les corresponde.

Voltaire en cualquier parte podria hallar algunos de estos, y principalmente en Paris, en tiempo de la regencia del duque de Orleans, que fue un monstruoso libertino; aunque, conociendo que el estado necesita de una religion, no permitia que se atacase impunemente el cristianismo en los escritos públicos. Es verdad que los libertinos, en Inglaterra, por sus Collins y sus Hobbes, afectaron cierto aire filosófico, y tenerse por entes pensadores, lo que debieron á ciertas producciones impías, que en el resto de la cristiandad no se habrian publicado impunemente; pero tambien es verdad que Voltaire en cualquiera parte habria sido lo mismo que en Inglaterra, á lo menos en aquellos paises en donde las leyes no hubiesen reprimido 5 la inclinacion que tenia á empuñar todos los cetros de la opinion y de la gloria, en el imperio de las ciencias y de las letras. no podia aspirar á la admiracion y respeto que tanto se merecieron los franceses Bossuet y Pascal, y otros apologistas de la religion; Voltaire aborrecia la causa que estos sostuvieron; pero émulo de su gloria, emprendió para conseguirla un camino del todo contrario. Se resolvió á destruir la religion, y cual otro Lucifer, asaltar el trono de la misma Divinidad, que le era tan odiosa. Resuelto á declarar la guerra á todo culto, aspiró á ser el patriarca de los filósofos, y lo consiguió; pero para merecer y obtener esta dignidad, fue preciso desnaturalizar la idea de la filosofía, y confundirla con la impiedad. He aqui pues lo que inspiró á Voltaire el proyecto de destruir la religion; y le pareció que el pais mas a propósito para la ejecucion de su plan era la Inglaterra. Condorcet que se inició en los misterios de su impiedad, que se hizo su confidente, historiador y panegirista, asegura que Voltaire en Inglaterra juró consagrar su vida al proyecto de destruir la religion, y que cumplió su palabra (2).

De vuelta á Paris cerca del año 1730, ya Voltaire ocultaba tan poco sus intentos, habia ya publicado tantos escritos contra la religion cristiana, y se lisonjeaba tanto de poderla aniquilar, que M. Herault dándole en rostro un dia con su impiedad, y añadiendo: mucho os queda que hacer, y por mucho que escribais no llegaréis al cabo de destruir la religion cristiana, Voltaire sin pararse respondió: esto lo veremos (3). Esta resolucion de destruir la religion se fortificaba en Voltaire por los mismos obstáculos, y siempre se obstinó mas en el proyecto, creyendo que si lo lograba, le seria de tanta gloria, que con ninguno la habria querido repartir. Estoy cansado, decia, 6 de oir decir que doce hombres han bastado para establecer el cristianismo; pero estoy resuelto á probar que no es necesario mas que uno solo para destruirle (4). Cuando Voltaire decia esto, que Condorcet repite con tanta satisfaccion y complacencia, el odio le tenia tan ciego, que no le permitia ver que el genio del mono destructor, ó del malvado envidioso, aunque destruya las obras grandes, los monumentos del arte, no tiene comparacion con la gloria de haberlos hecho; que el sofista, aunque levante tanto polvo, que parezca un nublado y oculte el sol, no puede compararse con el criador de la luz; y que para alucinar y seducir á los hombres no se necesita de la sabiduria, milagros y virtudes de los apóstoles que propagaron la religion é iluminaron y santificaron á los mortales.

Aunque Voltaire se habia propuesto destruir por sí solo la religion cristiana, para reservarse toda la gloria, no obstante creyó despues que para esponerse menos, y lograr con mayor brevedad y estension sus intentos, le convenia tener cooperadores. La multitud de discípulos y admiradores que sus escritos inmorales é impíos le habian hecho; el embeleso con que los de corazon corrompido leian las lecciones del patriarca; el nombre de filósofos con que eran celebrados por su odio á la religion, le proporcionaron elegir á los mas sobresalientes para la ejecucion del proyecto; pero dando una mirada al rededor de su escuela distinguió á d’Alembert, que fue su primer confidente, y á quien descubrió todo el plan de guerra que se habia de seguir contra Jesucristo. 7


1 Vida de Voltaire, edicion de Kell, y Dicc. histór. de Feller

2 Vida de Voltaire, edicion de Kell.

3 Allí mismo.

4 Allí mismo.