Sucesos previos al milagro

Vázquez, A., "Libro noveno. De las guerras civiles y rebelión de Flandes, en que se contienen los sucesos del año 1585", Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, vol. LXIII, no. Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese, por el Cap. Al. Váz., Sgto. mayor de Jaén y su distrito,..., Madrid, Imprenta de Manuel Ginesta, Calle de Campomanes núm. 8, 1879.

Los días anteriores al milagro pintan bastos para los tercios españoles. Bobadilla ha entrado en Bommel, pero el hostigamiento de los rebeldes es muy fuerte, están aislados, desamparados y padeciendo muchas penurias, y los intentos del conde de Mansfelt por librarlos del peligro son completamente infructuosos.

Es de destacar el episodio del capitán Melchor Martínez, que después de una persecución encarnizada cae herido y, capturado, los rebeldes intentan curarlo: definitivamente eran otros tiempos.


Órden que da D. Francisco de Bobadilla á los Sargentos mayores.Don Francisco de Bobadilla hace reconocer un desguazo.El capitan Melchor Martinez va con embajada al conde Cárlos.Los rebeldes dan caza con una galeota al capitan Melchor Martinez.Los rebeldes siguen al capitan Melchor Martinez y le hieren de un mosquetazo.Por órden de D. Francisco de Bobadilla ganan los españoles una isla.Los españoles del tercio de D. Juan del Aguila baten la armada rebelde y le hacen daño.Fuertes que hacen los rebeldes en las islas para apretar el sitio á los españoles.Trabajos de los españoles en la isla de Bomel.Órden del conde Cárlos á D. Francisco de Bobadilla para librar los españoles del peligro de Bomel.El conde Cárlos bate los fuertes de los rebeldes.Los rebeldes queman las barcas que iban á socorrer los españoles sitiados en Bomel.

Órden que da D. Francisco de Bobadilla á los Sargentos mayores. Otro dia, jueves, 5 de Diciembre, por la mañana, llamó el Maestre de Campo D. Francisco de Bobadilla á los Sargentos mayores de los tres tercios de españoles, y les dió órden que en las nueve pleytas (tres para cada tercio) embarcasen en cada una diez picas, diez mosqueteros y quince arcabuceros, y dos Capitanes escogidos en cada una, y que estuviesen apercibidos para cerrar con el armada holandesa, cuyo General era el conde Holac; en tanto que llegaba el conde Cárlos con los navíos que habia ofrecido para embestir con los de los rebeldes, los Capitanes y soldados que los Sargentos mayores ya habian señalado para este efecto se confesaron y comulgaron, como siempre que han de pelear lo acostumbra la nacion española, y conformados todos de morir ó salir con tan honrada empresa, estuvieron esperando el órden y hora en que habian de hacer el efecto. Este mismo dia pasó D. Francisco al castillejo de los italianos, llevando consigo á los capitanes Manuel de Vega y Juan de Castilla, ambos valerosos y de muy gran consejo, y á otros de los más viejos y experimentados que habia en los tercios españoles, 109 con los cuales de aconsejaba y consultaba cuanto se le ofrecia por coger fruto en ocasion tan peligrosa de su mucha experiencia. Don Francisco de Bobadilla hace reconocer un desguazo. También llevó consigo al Capitan flamenco ya nombrado que gobernaba el fuerte para ver y reconocer un desguazo que le dijeron y aseguraron que habia para poder salir del país anegado y que los navíos de los rebeldes no podian navegar por él sino por un canal, y pareció tener esto indicio de verdad porque el armada de los rebeldes estaba dando fondo, puesta en alas sin salir de un puesto ni desmandarse á una ni á otra parte, si bien se vió presto el desengaño; El capitan Melchor Martinez va con embajada al conde Cárlos. y siendo necesario dar desto y de otras cosas aviso al conde Cárlos de Mansfelt con persona de confianza y que supiese decir á boca en el peligro tan grande que se veian aquellas banderas, se ofreció Melchor Martinez, Capitan de infantería española, del tercio del coronel Cristóbal de Mondragon. Era soldado de mucho valor y plático en las cosas de la navegacion, y dijo á D. Francisco que él iria de muy buena gana á hacer aquel servicio, y que se le diese una barquilla que él daria una vuelta con ella á toda el armada rebelde, y los reconoceria, y los puestos adonde estaba, é hizo en esto tanta instancia que se lo concedió, y le dió el órden que habia de guardar y cartas de crédito para el Conde. Embarcóse con tres soldados españoles de su compañía, hombres animosos y de quien tenia gran satisfaccion, y no quiso llevar un soldado plático, flamenco, de los del fuerte que le daba D. Francisco para lo que se le podia ofrecer, que le fuera de harta importancia. Los rebeldes dan caza con una galeota al capitan Melchor Martinez. Atravesó con su barquilla desde el castillejo por todo el país anegado, enfrente del dique Rosman, y como los rebeldes le descubrieron le enviaron á dar caza con dos navíos ligeros y con la galeota Capitana que tenian, que lo era mucho, y fué atravesando por todo el país anegado para ganalle el dique al capitan Melchor Martinez ántes que llegase á él. Esto fué causa de ver el desengaño que se esperaba, porque D. Francisco y sus Capitanes tuvieron siempre por muy cierto que no podia el armada rebelde navegar por el país anegado, sino por un canal sólo, que era lo que juzgaron desde léjos y muchos lo aseguraban. El capitan Melchor Martinez se habia alargado 110 tanto con su barquilla que llegó al dique mucho ántes que los rebeldes, llevándoles de ventaja más de un tiro de mosquete; y si saltara en tierra con los tres soldados españoles que llevaba, no le sucediera el perder la vida como la perdió, porque no sabia si estaba aquel país por los rebeldes ó por el Rey, nuestro señor. Hizo un gran yerro en no haber querido llevar el soldado flamenco que le daba D. Francisco, que, como ya escribí, era muy plático, y le dejó por llevar tres soldados españoles; Los rebeldes siguen al capitan Melchor Martinez y le hieren de un mosquetazo. y como no se determinó á saltar en tierra cuando llegó al dique, se resolvió de irse navegando á fuerza de remos agua arriba, y los rebeldes le fueron siguiendo y dando caza; pero sucedióle mal, porque se le embarazó la barquilla en unas ramas, y todo el tiempo que estuvo trabajando para zafarse dellas le ganó la galeota de los rebeldes para acercársele, y como vió el capitan Melchor Martinez que estaban sobre él se arrojó al agua con sus tres soldados españoles que llevaba, y visto que los rebeldes los arcabuceaban se pusieron sobre el dique para escaparse por tierra; y yendo caminando por él á toda priesa le alcanzó un mosquetazo al Capitan y le dió por los riñones y le derribó en tierra; y tornándose á levantar con mucho valor sacó las cartas que llevaba y las arrojó, y no pudiendo caminar volvió á caer, y un soldado de los que iban con él las cogió, y él con los otros dos, visto que los rebeldes habia desembarcado y que los iban alcanzando, procuraron escaparse dejándose el Capitan muy mal herido sin poderlo retirar, aunque lo procuraron. Llegaron todos tres donde estaba el conde Cárlos y le dieron las cartas y el aviso de los que habia sucedido al Capitan. Sintiólo mucho el Conde, y más los españoles que con él estaban, por ser Melchor martinez un Capitan animoso y de mucha experiencia. Los rebeldes le llevaron á la galeota y le curaron con mucho cuidado.

Por órden de D. Francisco de Bobadilla ganan los españoles una isla. El Maestre de campo D. Francisco de Bobadilla echó de ver (luégo que el Capitan se habia alargado con la barquilla) el desengaño, porque los navíos rebeldes navegaban por el país anegado y no se podia desguazar por aquella parte como se lo habian dado á entender, y envió á llamar á los capitales Juan 111 Ruiz de Villaoslada y Juan de Valencia, que lo era de su tercio, y á Hernan Gomez, que los habia dejado prevenidos en las pleytas con dos piezas de artillería para que fuesen á ocupar una isleta que está frontera del castillo de donde el capitan Melchor Martinez habia partido, que sólo lo aparta y divide un canal de agua de cincuenta piés de ancho. Ganaron estos Capitanes esta isleta sin que los rebeldes se lo estorbasen, y en ella plantaron dos piezas de artillería, cubriéndolas con seis cestones que llevaban para este efecto; comenzaron á atrincherar los soldados para cubrirse de los muchos mosquetados y artillería que les tiraban los rebeldes desde su armada, y á ella hacian lo mismo los españoles con el artillería que habian plantado; Los españoles del tercio de D. Juan del Aguila baten la armada rebelde y le hacen daño. y los de D. Juan del Aguila que se hallaban con el Conde, y en tierra firme, plantaron en la iglesia del lugar de Horte un medio cañon y dos piezas de artillería que habian sacado de Bolduque, y con ellas Pedro de Luque, que no ménos diligencia habian puesto para tirar á el armada rebelde que los demas españoles sitiados, y se les hizo por esta parte mucho daño, y se fueron apartando del órden en que estaban puestos, por donde se conoció le habian recibido y que dejaban la guardia que tenian puesta. D. Juan del Aguila mostró bien en esta ocasion el deseo que tenia de librar á los aislados, porque hizo que los de su tercio, con inmenso trabajo, tirasen el artillería (por falta de caballos) á fuerza de brazos, y á una parte y á otra para desalojar el armada rebelde que estaba delante de la postrera isleta que D. Francisco de Bobadilla habia mandado ocupar cerca del castillo; á mano derecha habia otras isletas y bajíos en medio del país anegado que era el paso para la villa de Bolduque por haber entre ellos muchos bajíos; y en estos pasos, por ser los más necesarios que los rebeldes habian de ocupar para salir con su intento, estaba de ordinario mucha guardia de navíos, y su galeota Capitana atravesada en el paso más importante; Fuertes que hacen los rebeldes en las islas para apretar el sitio á los españoles. y como vieron que los españoles habian ocupado la isleta vecina del castillo y que se fortificaban y cubrian, y que desde ella podrian apoderarse de las demas, como lo tenia determinado D. Francisco en acabando de fortificarse, para 112 asegurar lo que se le habia ganado levantaron los rebeldes aquella misma nochq un fuerte en cada una de las islas, y puéstolos casi en defensa; al amanecer, cuando lo vieron los españoles se comenzaron á afligir, con no pequeña confusion por ver que les habian ocupado los pasos y que el sitio se apretaba por mar y tierra, y ser tan poca la que poseian que apénas cabian en ella, veíanse en muy gran turbacion y trabajo, y el menor que pasaban era el frio, hambre y desnudez, que tanto les apretaba por estar al rigor del tiempo sin ningun reparo donde poderse cubrir ni valer de noche y de dia, y sobre unos diques yermos y solos, donde iban ya perdiendo las esperanzas de ser socorridos.

Trabajos de los españoles en la isla de Bomel. La causa de no haber D. Francisco de Bobadilla hecho ocupar las demas islas, era por estar algo léjos del cuartel de los españoles, y si las ocupara ántes que las otras quedaran los soldados y barcas de manera que no se pudieran socorrer, demás de ser las islas pequeñas y muy rasas; y arrimándose á ella los bajeles de los rebeldes sin podérselo estorbar, los acañonearan y deshicieran sin darles tiempo para cubrirse y repararse, y la mayor prevencion que para esto se pudiera hacer eran cestones, y estos fueran de bien poco provecho por el tiempo que se habia de gastar para llevarlos de tierra y estar el armada rebelde á la mira y tan cerca que se apoderaran de las islas primero que los españoles, sin podérselo estorbar; y para salir con ello era necesario irlas ganando y fortificando, dejando seguras las espaldas para cualquier acontecimiento. Deste mismo parecer fueron todos los Capitanes viejos y de más experiencia que allí estaban.

Órden del conde Cárlos á D. Francisco de Bobadilla para librar los españoles del peligro de Bomel. En este medio le llegó á D. Francisco de Bobadilla un aviso del conde Cárlos, que habia enviado por cincuenta barcas y estaban á dos leguas de allí, y le parecia las tendria juntas y á punto ántes del dia para embarcarse en ellas con el tercio de D. Juan del Aguila que le habia hecho ir allí para cerrar con el armada rebelde, y que á un mismo punto hiciese D. Francisco lo mismo; y para que se conociese el tiempo en que habia de ser, mandaria el Conde ántes de partir que hiciesen muchos 113 fuegos y ahumadas en la iglesia del lugar de Orte y que disparasen dos piezas de artillería, y habiendo entendido bien este órden D. Francisco de Bobadilla y deseándolo poner en ejecucion para que de aquellas banderas españolas no triunfasen los enemigos de la Iglesia, ni pereciesen tan buenos y valerosos soldados que militaban debajo dellas, dió órden á los Sargentos mayores que apercibiesen los Capitanes y soldados que estaban señalados para embarcarse en las pleytas una hora ántes del dia. Hízose así y estuvieron esperando (con un ánimo increible) que amaneciera para ejecutar el órden que los Sargentos mayores les tenian dado, y habiendo llegado el deseado dia, que fue viérnes 6 de Diciembre, no vieron en la iglesia de Orte las señales del fuego que esperaban, ni oyeron el ruido de las piezas de artillería. Esto le dió mucho que considerar á D. Francisco de Bobadilla, y creyó (como era de creer) no habia podido más el conde Cárlos y que se debian de haber ofrecido algunas dificultades y nuevos inconvenientes, pues no ejecutaba lo que habia acordado, porque del Conde y su gran solicitud y cuidado no se podia imaginar cosa que no fuese muy enderezada al servicio de Dios y del Rey, nuestro señor; que si á los principios de la guerra se pudo tener dél la misma sospecha que de los demas caballeros del país, siempre que tuvo á cargo el ejército católico sirvió con gran cuidado y lealtad, y aunque era valeroso caballero y de ánimo arriscado, no todas veces tuvo en la guerra la buena dicha y fortuna que otros Capitanes, que no es la menor parte que ha de tener un General en semejantes ocasiones; y en ésta trabajó tanto por librar los cercados españoles que intentó cuantos remedios le fueron posibles, pero todos tan inútiles y de tan poco fruto que no se sacó dellos, aunque se procuró, el que deseaba. El conde Cárlos bate los fuertes de los rebeldes. Puso este mismo dia, por la mañana, en descubriendo los fuertes que los rebeldes habian levantado, tres piezas de artillería en el dique de la villa de Grave, frontero de las isletas, y los comenzó á batir tan furiosamente por espacio de dos horas que les hizo mucho daño, aunque no de manera que dejasen de llevar su obra adelante; y deseando saber D. Francisco de Bobadilla qué fuese la causa de no haber 114 salido el Conde á embestir con el armada enemiga, le envió el alférez Guzman, valiente soldado, que lo era de la compañía del capitan Agustin Roman, en una barquilla; Los rebeldes queman las barcas que iban á socorrer los españoles sitiados en Bomel. y esta misma noche, despues de las once, llegó en otra de parte del Conde el alférez Francisco Zambrana y le dió aviso como sabiendo los rebeldes que el Conde habia juntado aquellas barcas para pelear con ellos, habian salídoles al paso y que las quemaron todas sin dejar ninguna, y que no tenia remedio ni sabia otro para poderle socorrer, quitándole de todo punto con estas nuevas las esperanzas de ser socorrido; pero que le aconsejaba procurase de salir ganando las cortaduras por donde los rebeldes habian entrado en el país anegado, ó que se volviese á la isla de Bomel.