Prólogo del traductor

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(del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

Raymundo Strauch y Vidal, obispo de Vic y traductor del libro (Fototeca.cat)Raymundo Strauch y Vidal, obispo de Vic y traductor del libro (Fototeca.cat)

En todos tiempos la religion y sus profesores han tenido enemigos. El autor y consumador de nuestra fe, Jesucristo, hijo de Dios y hombre verdadero, ya echó en rostro á los incrédulos de su tiempo, que sus padres habian perseguido á los profetas y sabios que les habia enviado, y aseguró mas de una vez á sus apóstoles, que serian perseguidos por su santo nombre. Sus enemigos le quitaron la vida con los mas exquisitos tormentos en las afrentas de una cruz, y dijo á sus discípulos, que si él habia sido perseguido, tambien ellos lo serian. En todos los siglos del Cristianismo, desde aquella época, se han levantado hombres, unos con el poder de las armas, otros con las astucias del sofisma contra esta santa religion. Los anales eclesiásticos nos recuerdan ya la tiranía de las potestades del siglo, ya la sofistería de los sabios del mundo empeñados en acabar con el Evangelio. Los Nerones, Dioclecianos, Maximianos, Julianos, sus prefectos y satélites afilaron los cuchillos, encendieron las hogueras, y abusaron del poder para sacrificar los cristianos. Los Celsos, los Porfirios y otros sabios paganos, pretendieron con su falsa filosofia impugnar la religion. Los hereges conspiraron con los tiranos y falsos filósofos al mismo fin y objeto.

Pero si la religion ha tenido tantos enemigos, esta, contando con las promesas de su autor, ha arrostrado todas las contradicciones, y ha triunfado siempre de todos sus émulos. Jesucristo en todos tiempos ha enviado hombres escogidos, que ya con la eficacia de sus palabras, ya con la energía de sus escritos, han llenado de confusion y VI cubierto de vergüenza á los enemigos de su nombre. Los Justinos, los Atenágoras, los Tertulianos, con sus apologías, contuvieron el furor de los tiranos. Los Gerónimos, los Agustinos, los Atanasios, los Gregorios confundieron la idolatría y heregía. No se ha levantado persecucion contra la iglesia, sin que esta haya contado con defensores acérrimos de su unidad, santidad, universalidad y mision apostólica. Jesucristo, amante y amado esposo de la iglesia, siempre la ha asistido, asiste y asistirá hasta la consumacion de los siglos.

Pueden por la heregía é impiedad perderse muchos hombres, perderse provincias, y aun perderse reinos enteros; podrá en algunas ocasiones el infierno extender sus dominios, y ensanchar sus horrorosos senos; pero la iglesia no perecerá, ni el infierno prevalecerá. ¡Infelices los que se pierden! que, contando con su eterna desgracia, no pueden contar con la ruina de la religion. Los tiranos de los primeros siglos, la rabia y furor de los Vándalos y Godos, de los Arrianos, Maniqueos, Pelagianos, Albigenses y demas sectarios inundaron la tierra con la sangre de los mártires. Esta, como preciosa semilla de la fe, aumentó el número de los creyentes; el cielo se pobló de valientes atletas que celebran en el empíreo sus triunfos; la iglesia subsiste llena de gloria, y aquellos tiranos y sectarios perecieron.

Al Goliat de la impiedad, que empezó á dejarse ver á mediados del pasado siglo 18, le sucederá lo que al incircunciso Filistéo, que insultaba los ejércitos del Dios de Israël, y deberá el fin de su exstencia á los filos de su propia espada. Si es feroz la persecucion que en el dia sufre la iglesia de parte del filosofismo, este quedará cubierto de ignominia, y aquella triunfará como siempre. No duerme, ni dormita el que guarda á Israël; y si se complace el Señor en mirar como pelean sus escogidos contra la incredulidad, prepara para aquellos las coronas de honor y gloria, mientras que destina esta con los malditos homicidas, fornicarios, hechiceros, idólatras y VII mentirosos al estanque ardiente, al fuego, al azufre, á la segunda muerte. Perecerá con un horroroso estallido la memoria de los impíos, y el Señor y su iglesia permanecerán para siempre.

Mucho se ha escrito en estos últimos tiempos en defensa de la religion contra los filosofistas. El célebre abate Bergier, honor de la catedral de Paris; el religioso Antonino Valsecchi, lustre de la órden de Predicadores, sin contar otros, han confundido el ateismo, materialismo, deismo, espinosismo, fatalismo, cepticismo y cuanto puede comprender la palabra impiedad. Pero el abate Barruel, honor del clero galicano, ha sabido valerse de las mismas armas de los impíos conjurados, y ha hecho tan buen uso de ellas, que al mismo tiempo que pone en descubierto sus maquinaciones é impiedades, manifiesta la absoluta ignorancia, la incoherencia de principios, y la contradiccion en las aserciones de los pretendidos filósofos del siglo XVIII. Este digno eclesiástico es autor de muchos escritos que hacen honor á la literatura eclesiástica. Ha compuesto los siguientes tratados de que tengo noticia: «Del patriotismo del clero.De la conducta del Papa en las actuales circunstancias de la Francia.Del Papa y sus derechos religiosos, con ocasion del concordato.Panéresis al señor obispo de Lidda.Preocupaciones legítimas sobre la constitucion civil, y sobre el juramento exigido del clero.Los verdaderos principios del matrimonio, opuestos á la relacion de M. Durand de Millane, para servir de continuacion á la carta sobre el divorcio.Historia del clero en tiempos de la revolucion.Las cartas Helvianas, y las Memorias para servir á la historia del Jacobinismo.

Emprendí la traduccion á nuestro español de estas Memorias con tres fines distintos, que pueden reducirse á uno. El primero: para que los católicos y patriotas españoles tengan conocimiento de la impiedad, espíritu de rebelion y de anarquía, barbarie y fiereza de los pretendidos filósofos Voltaire, sus cómplices y secuaces. El segundo: para que los que solamente estan iniciados en los primeros VIII misterios de esta secta desoladora, sepan de los proyectos y fines á que se destinan. El tercero: para que los corifeos de la impiedad, rebelion y anarquía vean que estan descubiertos los arcanos de su iniquidad. Es decir, que el fin, que me he propuesto, es que todos los españoles sepan lo que es, lo que contiene, y el fin á que se ordena la decantada filosofía de estos sábios del siglo ilustrado, enemigos de la religion, de los reyes y de las sociedades. El que por su estado ó profesion no puede empuñar la espada para combatir contra los enemigos de la religion y de la nacion, y se halla con fuerzas para manejar la pluma en defensa de lo mas sagrado que puede conocer el hombre, debe no estar ocioso. La naturaleza, la religion y la nacion, exigen que cada uno trabaje segun sus talentos y sus fuerzas para la conservacion de todos aquellos derechos, que tan sacrílegamente vemos violados. Si eres cristiano, la gracia del Señor te conserve en su santa religion; y si eres impío, la misma gracia del Señor haga que te aproveches de estos documentos.

Esta traduccion solo tiene de libre lo que basta para que no sea servil. No me separo de la letra del autor, aunque en alguna ocasion le doy mayor extension, para que sea mas inteligible; pues asi me pareció que lo debia hacer, escribiendo para todos. En cuanto á los documentos que en ella se alegan, me he ceñido escrupulosamente á la letra, sabiendo que estos ninguna libertad dan á los traductores. Me ha parecido insertar algunas notas, y estas van señaladas con (*).