La paz de Amberes

Vázquez, A., "Libro noveno. De las guerras civiles y rebelión de Flandes, en que se contienen los sucesos del año 1585", Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, vol. LXIII, no. Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese, por el Cap. Al. Váz., Sgto. mayor de Jaén y su distrito,..., Madrid, Imprenta de Manuel Ginesta, Calle de Campomanes núm. 8, 1879.

Se narran las deliberaciones de rendición y sucesos previos a la toma de Amberes acaecidos durante el mes de agosto de 1585, hasta el día 20, fecha en que se publican los capítulos de la paz de Amberes. Aparte de destacar los puntos más importantes, que son muy razonables y magnánimos —era una época más caballerosa que la actual— se describe la situación interna de Amberes en lo civil y religioso, con sus múltiples sectas y opresión a los católicos, antes de su recuperación por la Corona.


Condiciones de la paz de Amberes y prisioneros de ambas partes.Alexandro envia al capitan Pedro de Castro á Amberes á firmar los capítulos de paz, y el escándalo y alboroto que hubo en aquella villa.Diez y siete religiones de herejes en Amberes.El mayor hereje de Amberes era Aldegonde.La deseada paz de Amberes se divulga en los Países-Bajos.Alegrías de la paz de Amberes.Alexandro recibe el órden del Tuson y su ejército lo celebra.Constancia y fortaleza de la nacion española: trabajos y necesidades que pasó en el sitio de Amberes.Capítulos de la paz de Amberes.Alexandro jura y firma los capítulos de la paz de Amberes y promete ratificarlos y se publican.

87… Condiciones de la paz de Amberes y prisioneros de ambas partes. Entre las cosas que trataban los cuatro Presidentes reales con los comisarios de Amberes, fué se trocasen los prisioneros que de una parte á otra habia, conforme las calidades de cada uno, y al conde de Agamont, que estaba preso por los Estados rebeldes en el castillo de Ramequin, se diese por Monsieur de la Nua, que aún se estaba en prision por Alexandro en la villa de Terramunda á cargo del capitan Juan de Ribas, Gobernador della; y en el tiempo que estuvo preso escribió el libro que referí del Arte militar, en su lengua francesa, muy doctamente, y en las cosas de la guerra discurrió como experimentado y prudente Capitan, y celebró mucho la obediencia y valor y puntualidad con que la infantería española servia á sus Príncipes, como he apuntado; y concluido de ambas partes el trueque de los prisioneros (el cual se hizo con condicion que jurase Monsieur de la Nua que miéntras viviese no militase contra los dos reyes de España y Francia, si no fuese habiendo entre ellos rota la guerra abiertamente); los demas Capitanes se incluyeron, aunque con alguna dilacion, Alexandro envia al capitan Pedro de Castro á Amberes á firmar los capítulos de paz, y el escándalo y alboroto que hubo en aquella villa. y habiéndolos enviado Alexandro á la villa de Amberes con el capitan Pedro de Castro y que fuesen con él y el presidente Richardote y Moriansarte para que lo firmase el Magistrado y Gobierno de la villa y que los determinasen, sucedió un escándalo notable: que viendo el pueblo que los Magistrados y Consejeros y algunos de los Diputados miraban más por sus particulares que por el bien comun, se alteraron de manera que con insolencias iban ya perdiendo el respeto á los Consejeros y Magistrados, y les amenazaron que si no concedian los capítulos saldria el pueblo á hacer los conciertos con Alexandro. Tuvieron tanto miedo desto, que sin dilacion concedieron los capítulos como se habian hecho, y los firmaron dándolo á entender al vulgo que estaba tan alborotado y furioso, que fué bien menester para apaciguarse, Diez y siete religiones de herejes en Amberes. porque con la variedad de las sectas que habia en Amberes, que eran diez 88 y siete religiones y noventa y cuatro sectas (como algunos dicen) causaban estos escándalos, y solamente se conformaban cuando habian de ser contra los católicos, que en los demas particulares se dividia cada uno con los de su religion, y no solamente la division dellos era entre católicos y sectarios, pero los protestantes estaban entre ellos mismos contrarios y divididos, y todos los más poderosos deseaban la guerra, porque con ella se autorizaban y establecian en su potestad, y ambiciosos del gobierno, se estaban obstinados y rebeldes contra Dios y su Príncipe y natural señor, por cuyo respeto no querian ni abrazaban ningun concierto de la paz. Los católicos la deseaban y eran en mayor número que los sectarios, pero más pobres y ménos poderosos, que era causa de andar tan subjetos y perseguidos. El mayor hereje de Amberes era Aldegonde. El más principal, así en el ser hereje como en la rebeldia, era Monsieur de Sante Aldegonde, y tan pernicioso y malo como se ha visto, y siendo hechura del príncipe de Orange y su privado, ¿qué se podia esperar dél? Y como se halló fuera de la villa, hubo muchos de los interesados que con cartas y otras diligencias solicitaban secretamente á sus amigos y parientes concluyesen la paz con Alexandro, porque sabian de su gran clemencia la concederia con justos y medianos medios. Esto aprovechó mucho para que se efectuase, demás del temor que tuvieron de la alteracion del pueblo y vulgo de Amberes.

La deseada paz de Amberes se divulga en los Países-Bajos. Con esto se dió fin á los trabajos, guerras y persecuciones de los católicos, desdichas y opresiones que tuvieron, y comenzó á reinar la paz tan deseada de los buenos como aborrecida de los herejes y poderosos, la cual se divulgó por todos los Países-Bajos que estaban á la mira de ver en lo que habia de parar una empresa tan dificultosa y temida de todos, que por haber puesto tantos duda en el buen suceso estuvieron con más cuidado, esperando el fin no tan próspero y felice como le hubo. Con él se dió satisfaccion á todos los Estados de Flandes y aumento á la fe católica, y al Rey, nuestro señor, lo que podia desear. Alegrías de la paz de Amberes. Celebráronle con muchas alegrías, particularmente en Amberes, que como locos de contento (los que le tenian) corrian por las calles alegremente y decian á voces 89 altas: «¡viva el Rey católico de España, nuestro Príncipe y señor!» y el que no las daba le maltrataban los católicos y vituperaban y tenian por enemigo, que no pocos hubo encubiertos que les pesaba de ver tan regocijados á aquellos que ántes estuvieron tristes y oprimidos; y en las esquinas y demas partes donde hallaban las armas, memorias del duque de Alanson (que hasta entónces se habian conservado), las iban borrando y poniendo en su lugar las de su natural señor.

Alexandro recibe el órden del Tuson y su ejército lo celebra. A los 11 de Agosto quiso tambien Alexandro celebrar el fin dichoso de tan dificultosa empresa de haber ganado á Amberes con recibir el órden del Toison que dias ántes le habia enviado el católico Rey, su tio, y para que este contento fuese general y todo el felicísimo ejército participase dél, se puso en arma y en lucidos y hermosos escuadrones, de la una y otra parte del rio Esquelda, y la guarnicion española que habia en el puente y estacada con las armas en la mano estuvieron en sus puestos, sacando para este alegría los Capitanes y soldados del ejército los mejores vestidos y galas que tenian, y en el fuerte de San Felipe, despues de aderezado como convenia, en presencia de muchas damas y de todos los señores y títulos de los Países-Bajos y de la gente más granada del ejército, con las ceremonias acostumbradas recibió Alexandro el Toison de mano del conde Pedro Ernesto de Mansfelt, que tambien era deste órden, y Maestre de campo general de todo el ejército católico, y ántes y despues de la misa, y cuando se le daba, dispararon toda el artillería de los fuertes de San Felipe y Santa María con la de los diques y contradiques, y la estacada y guarnicion della con la de los escuadrones que estaban en arma hicieron muchas y apresuradas salvas, y á coros tocaban las trompetas y ministriles con otros dulces y varios instrumentos que no ménos regocijaban que las alegres y espesas cargas de mosquetería y arcabucería que daban, y lo mismo todos los navíos del armada, y esto con tan general contento y regocijo, Constancia y fortaleza de la nacion española: trabajos y necesidades que pasó en el sitio de Amberes. que olvidaron los muchos y grandes trabajos, hambres, fríos, desnudeces y enfermedades que en el prolijo sitio de Amberes habian padecido, pues en el rigor del invierno, con la mayor constancia que se 90 puede considerar, resistieron el enorme poder de los Estados de Flandes con sus amigos y aliados; y esto con tanta necesidad y fortaleza, que para valerse (si así se puede decir) hacian oficio de bagajes, particularmente la nacion española, que con el agua, lodos y nieves hasta la cinta llevaban sobre sus hombros lo que habian de comer, caminando una, dos y tres leguas por un miserable pan de municion tan negro y pajoso como la vida que pasaban, y no todos los dias se lo daban, y desde donde iban por él hasta los fuertes y cuarteles lo llevaban en sacos y costales sobre sí, las más veces desguazando el agua hasta los pechos, sin que estos trabajos y otros mayores les obligase á dejar sus puestos y banderas, que con asistencia nunca vista jamás los desampararon; resistiendo (como ya se ha escrito) y siendo tan pocos el poder y fuerzas tan pujantes de los rebeldes, que para ofenderlos por mar y tierra se aprovecharon de instrumentos y pertrechos no vistos ni usados en la guerra. Estos trabajos y otras muchas adversidades recibieron con tanto gusto y paciencia como si á cada uno le importara su salvacion; hacíaseles todo muy fácil y sufridero por lo mucho que amaban y querian á Alexandro, al cual, despues de haber dado el Toison, le acompañaron hasta su corte con la mayor pompa y grandeza que se puede imaginar; y admirada una dama de haberlo visto y parecerle que á ningun Monarca del mundo se le podia igualar las suntuosas fiestas y regocijos que se le habian hecho, las estuvo mirando atentamente, aunque no vió á Alexandro, y le preguntó el Maestre de campo Camilo Capezuca qué miraba con tanto cuidado, y le respondió lo referido, y que cómo á un hombre se le podia celebrar de aquello suerte, que se le enseñase porque le queria ver desde más cerca. El Maestre de campo se le enseñó, y dijo que un eriado era del rey de España á quien se hacia toda aquella honra y grandeza, dándole á entender los que le merecian los que á tan buen amo sirven, pues por el criado (aunque era el que se podia desear), se echaba de ver lo que era y podia el señor.

Capítulos de la paz de Amberes. A los 17 de Agosto fueron concluidos los capítulos de la paz de Amberes; y porque deseo dar fin á las cosas desta villa, que 91 tan prolijas y causadas han sido, escribiré las más sustanciales: que los burgueses y naturales della renunciasen todos los juramentos, ligas y confederaciones que habían hecho contra el Rey, nuestro señor, y que le daban la obediencia como á su natural Príncipe, y que en su nombre recibian á Alexandro para unirlos con los demas vasallos fieles de Brabante y los de las demas provincias con quien como de ántes tuviesen trato y comercio; y que á todos los vecinos y residentes de Amberes les perdonaba el Rey católico, sin excepcion de personas, en todas las faltas y delitos que contra él hubiesen cometido, por graves y enormes que fuesen, y lo mismo á los herederos de los que fuesen muertos, aunque se hubiesen hallado en los Consejos de Guerra y Estado, así en el tiempo del archiduque Matías como en el del duque de Alanson; y que con los que habian sido estorbadores de la reconciliacion en todas las villas y lugares de los Países, con particular perjuicio, y al presente se hallasen en Amberes, saliesen fuera; y que si á contemplacion de la villa permitian se quedasen, fuese con que no se entrometiesen en las cosas de la guerra, ni hiciesen malos oficios contra el servicio del Rey católico, pena que fuesen severamente castigados: que todos los burgueses de la villa, ausentes y presentes, que despues de la reconciliacion de los Estados del Artoes y Henaut volviesen á la posesion de sus bienes, aunque estuviesen enajenados, y los gozasen desde el dia desta concordia, y lo mismo se entendiese con todos los créditos que se hallasen en pié, como el Rey, nuestro señor, no hubiese dispuesto dello; y se declaraba que todos los ausentes que quisiesen gozar desta gracia saliesen de las villas y tierras de los rebeldes dentro de tres meses, siendo comprendidos todos los de los lugares de Brabante que por causa de la guerra se habian retirado á la villa de Amberes; y porque no se despoblase, por ser tan poderosa y del mayor trato y comercio que hay en Europa, se les permitió que por cuatro años no se tratase del particular de la religion, con tal que no se viviese desordenadamente ni con escándalo; y que los que en este tiempo no quisiesen vivir como católicos se saliesen de la villa, disponiendo de sus bienes á su 92 voluntad ó haciéndolos administrar por tercera persona; y muriendo, sucediesen sus más cercanos herederos por vía directa ó indirecta: que ningun Tesorero, Depositario ó Receptor puesto por el Magistrado ó por los Estados no pudiese ser molestado por las partidas que constase haberse pagado por ellos, ni se les pidiese cuentas sino por causa de hierro ó fraude, y se viese por quién tocaba y en qué forma: que entrase el Rey, nuestro señor, en sus bienes, dominios y derechos, y lo mismo todos los Perlados, colegios, capítulos y monasterios, hospitales y otros lugares píos y sagrados, y en general todas las personas eclesiásticas y seglares que habian servido y seguido al Rey católico; lo mismo con los que hubiesen estado neutrales, que todos pudiesen tomar sus haciendas y gozallas pacíficamente, aunque estuviesen enajenadas, salvo lo aplicado á las fortificaciones de las villas y lugares y otras costumbres públicas; y lo fabricado en la villa de Amberes en los sitios vacíos de los eclesiásticos, porque los burgueses hicieron instancia que no se pudiese determinar sin conocimiento de causa, se disputaron Comisarios que, oidas las partes, lo determinasen conforme á justicia: que en caso que todos los comprendidos en las mercadurías y en ellas interesados con los de Holanda y Gelanda y otras provincias, y por continuarse la guerra les confiscasen sus bienes, que Alexandro prometiese cuando se tratase con ellos fuese sin perjuicio de los de Amberes, y con condicion se les satisficiese de lo que hubiesen de haber; y que se aderezasen los puentes y pasos para que volviese el comercio como ántes, pagando al Rey, nuestro señor, sus derechos y tributos, y á quien más se debiesen. Y aunque Alexandro deseaba se quitasen todos los que se habian puesto durante la guerra para mayor beneficio de los vasallos, consentía, para que pagasen sus deudas, se continuase advirtiendo no se pagase nada á los que fuesen enemigos, que se les conservase todos sus privilegios antiguos y modernos, generales y particulares, para que los gozasen como ántes de la rebelion y sediciones. Y porque convenia que los templos fuesen restaurados y se reedificasen, que el Magistrado tratase la forma que para ellos se habia de tener: 93 que los que se quisiesen ir por el rio se les diese navíos á su costa á precios moderados, dando fianzas de volvellos con los marineros: que se volviesen los prisioneros de ambas partes que no hubiesen hecho ranzon ó talla pagando los gastos, salvo Monsieur de Teleni por quien Alexandro ofrecia hacer buen oficio con el Rey, su tio, como lo hizo por Monsieur de la Nua, su padre: que toda el artillería, pertrechos, armas y municiones que habia en la villa se entregase á Alexandro con todos los navíos de guerra, y que cuando entrase en ella la guarneciese con dos mil infantes y dos compañías de caballos, alojados de suerte que no desacomodasen los burgueses de la villa, y que procurasen que el Holanda y Gelanda volviesen á la obediencia del Rey, nuestro señor; no habia castillo ni guarnicion en Amberes, y en caso que no lo hiciesen, por ser frontera, se resolveria lo que conviniese con participacion del Magistrado para resistir á los rebeldes; y cuanto á la gente de guerra que estaba en el ducado de Brabante, Alexandro procuraría se entendiese no la tenia para hacer daño á los del país, sino recuperar el patrimonio del Rey, su tio; y aunque con justa causa les podia pedir Alexandro todos los gastos que habia hecho desde que comenzó á poner el sitio á la villa de Amberes hasta este dia, teniendo consideracion á que no quedase destruida, se contentaba con no más de cuatrocientos mil florines de Brabante, en término conveniente, para ayudar á pagar el ejército; y cuanto á Monsieur de Sante Aldegonde, pues queria seguir la parte de los rebeldes, habia de jurar de no tomar las armas contra el Rey católico en un año entero.

Alexandro jura y firma los capítulos de la paz de Amberes y promete ratificarlos y se publican. Otros muchos pactos y conciertos se capitularon, que por evitar prodigalidad los y parecerme ser estos los más sustanciales que los que dejo de escribir, los cuales se juraron y firmaron de la mano de Alexandro y de la de los Diputados, y prometió de hacellos ratificar con letras patentes con el sello del Rey, su tio, dentro de cuatro dias; y á los 20 de Agosto se publicaron con grandísimo aplauso en acto público, asistiendo á él los cuatro Presidentes de los Consejos reales y el capitan Pedro de Castro, delante de las casas de la villa, que es el lugar 94 más público della, donde se hizo notorio dellos y de la confirmacion de la paz de suerte que los pudieron muy bien oir todo el pueblo de Amberes, el cual en altas voces decia: «¡viva el rey católico de España, nuestro señor!» y por todas las calles y plazas públicas hacian lo mismo. En acabando este solemne acto y publicacion se fueron los que eran católicos á la iglesia mayor á dar gracias á Dios por la merced que les habia hecho, que hasta entónces nadie se habia atrevido á entrar en ningun templo; demás de que se lo impedian los tenian profanados y violados con sus sectas, ritos y depravadas costumbres.