Incertidumbre y variedad en las opiniones filosóficas de los gefes de la conjuración

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(Cap. primero § 5. del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

Federico II y Voltaire en el estudio en Sans SouciFederico II y Voltaire en el estudio en Sans Souci

Voltaire habria querido ser deista, y se portó como tal mucho tiempo; sus errores le arrastraron al espinosismo y acabó su vida sin saber que partido debia tomar: los remordimientos (si pueden llamarse asi las dudas é inquietudes sin arrepentimiento) le atormentaron hasta sus últimos años. Ya se volvia hácia d’Alembert, ya hácia Federico; pero ni uno ni otro le pudieron sosegar. Ya era casi octogenario cuando se vió aun precisado á manifestar sus dudas de esta manera: «Cuanto 18 nos rodea es del imperio de la duda, y el estado de duda es muy desagradable. ¿Existe un Dios tal como se dice, un alma como se imagina, y relaciones como se suponen? ¿Hay algo que esperar despues de esta vida? ¿Gilimer despojado de sus estados, tenia motivos para reirse cuando le presentaron á Justiniano? ¿Tenia Caton motivo para matarse de miedo de ver á Cesar? ¿La gloria es algo mas que ilusion? ¿Mustafá ignorante, orgulloso, vencido, y haciendo mil obscenidades en su serrallo, será mas feliz, si digiere, que el filósofo que no digiere? ¿Todos los seres son iguales delante del gran Ser que anima la naturaleza? ¿En este caso el alma de Ravaillac será igual á la de Henrique IV? ¿O ninguno de los dos tendrá alma? Pido al héroe de la filosofia que me desenrede esto, que yo no lo entiendo (1).»

D’Alembert y Federico, viéndose apurados con estas preguntas, probaron de responder á ellas, cada uno á su modo. El primero, no pudiendo fijarse él mismo, confiesa francamente, que no sabe ni tiene que responder. «Os concedo, dice, que el autor del Sistema de la naturaleza, tratando de la existencia de Dios, me parece en extremo duro y dogmático; no hallo cosa mas racional en esta materia, que el escepticismo. La mejor respuesta que se puede dar á casi todas las cuestiones metafísicas, es: ¿Qué sabemos de eso? añadiendo la reflexion de que: pues que nada sabemos, señal es de que no importa saber mas (2).» Esta reflexion la añadió por temor de que Voltaire, atormentado é inquieto en sus dudas, no abandonase un filosofismo incapaz de resolverlas; tanto mas, que él parecia inclinaba á creer no ser indiferente, sino muy importante su solucion para la felicidad de la criatura. Pero 19 Voltaire insistió, y d’Alembert no le respondió sino para decirle, «que no, en metafísica, no le parecia mas sabio que ; y que el non liquet, ó no está claro, es la única respuesta racional casi para todo (3).»

Federico aborrecia tanto las dudas como Voltaire; pero en fuerza de querer libertar de ellas, le pareció que lo habia conseguido, y asi respondió á Voltaire: «Un filósofo conocido mio, hombre bastante resuelto en sus opiniones, cree que tenemos grandes fundamentos para pensar, que post mortem nihil est; ó bien que la muerte no es mas que un sueño eterno. El mismo filósofo pretende que el hombre no es doble ó compuesto, pues no es mas que materia animada por el movimiento. Este hombre tan estraordinario dice, que ninguna relacion hay entre los animales y la inteligencia suprema (4).» Este filósofo tan resuelto, este hombre tan estupendo es el mismo Federico, pues algunos años despues, sin atribuir ya aquellos delirios á algun tercero anónimo, dice resueltamente: «Estoy muy cierto, de que no soy doble, ó compuesto; por lo mismo me considero como ente simple. Sé que soy un animal organizado que piensa, de lo que infiero que la materia puede pensar, del mismo modo que tiene la propiedad de ser eléctrica (5).» Ya cercano á la tumba, y con ánimo de inspirar confianza á Voltaire, le volvió á escribir: «La gota se pasea sucesivamente por todo mi cuerpo. Es preciso que el tiempo, que todo lo destruye, acabe con la frágil máquina de nuestro cuerpo; sus fundamentos ya estan socavados; pero todo esto me hace muy poca impresion (620

El cuarto héroe de la conspiracion, el famoso Diderot, es aquel cuyas decisiones contra Dios parecian á d’Alembert demasiado fuertes y dogmáticas. Pero si Diderot habia escrito contra los deistas, haciendo la causa de los escépticos y ateos, tambien sacudió á estos, favoreciendo á aquellos: pero tanto si escribia en pro como contra Dios, párece que no conoció dudas ni remordimientos. Escribia con la mayor ingenuidad cuanto pensaba en el dia y hora en que tenia la pluma. En sus pensamientos filosóficos, n.º 20, oprime los ateos con el peso del universo, y sostiene que el ojo de un arador (insecto), y el ala de una mariposa bastan para confundirlos. En el código de la naturaleza, afirma que todo el espectáculo de la naturaleza no le excitaba idea de alguna cosa divina. En los citados pensamientos filosóficos, n.º 21, dice que este universo no es mas que el resultado casual del movimiento y de la materia. En el n.º 33, dice que nada se puede asegurar sobre la existencia de Dios, y que el escepticismo en todo tiempo y lugar es solamente lo que nos puede preservar de los dos estremos opuestos. Pero en el n.º 22 rogaba á Dios por los escépticos, porque á todos les faltan luces; y dice despues que para ser un buen escéptico, es necesario tener la cabeza tan bien organizada como el filósofo Montaigne. Jamas se ha visto hombre pronunciar con un tono mas decidido, el ó el no, y que tuviese menos sujecion, temor, dudas, remordimientos é inquietudes. Este humor gastaba, y con el mismo escribió que entre él y su perro no habia mas diferencia que el vestido (7).

Con estos desatinos en materias religiosas, Voltaire fué un impío siempre inquieto á causa de sus dudas y de su ignorancia. D’Alembert fué un impio sosegado y quieto en sus dudas é ignorancia. Federico un impío triunfante, ó que 21 á lo menos creyó haber triunfado de su ignorancia, y que dejara á Dios en el cielo, con tal que no se admitiesen almas sobre la tierra. Diderot alternativamente ateo, materialista, deista y escéptico, pero siempre impío y siempre frenético, fué muy á propósito para representar todos los papeles á que le destinaban. Tales son los sugetos cuyo carácter y errores religiosos importaba saber, para descubrir la trama de la conspiracion que urdieron, y cuya existencia vamos á probar indicando su objeto primario y preciso, y desarrollando y poniendo en claro sus medios y sus progresos. 22


1 Carta 179 del 12 de octubre de 1770.

2 Carta 36 año 1770.

3 Carta 38.

4 Carta del 10 de Octubre de 1770.

5 Carta del 4 de Diciembre de 1770.

6 Carta del 8 de Abril de 1776.

7 Vida de Séneca, pág. 377.

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