Federico II

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(Cap. primero § 3. del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

En este Federico II, á quien los sofistas llamaron el Salomon del Norte, habia dos hombres. Uno era aquel rey de Prusia, menos digno de admiracion por sus victorias y táctica militar en el campo de Marte, que por sus desvelos consagrados en dar á sus pueblos, á la agricultura, al comercio y á las artes una nueva vida; aunque con estos desvelos de la sabiduría y beneficencia, de la administracion del interior de sus estados, no parece compensó lo bastante las quiebras y daños que causaron sus triunfos mas brillantes que justos. El otro era un personage el que menos podia enlazarse con la sabiduría y dignidad de un monarca. Él era el filósofo pedante, el aliado de los sofistas, el escritor impío, el incrédulo conspirador, el verdadero Juliano del siglo XVIII, menos cruel y mas astuto, pero igual en el odio; menos entusiasta, pero mas pérfido que Juliano, tan famoso con el nombre de apóstata. No es fácil que la historia revele todos los misterios de iniquidad de este impío coronado; pero es preciso que, especialmente en esta parte, diga la verdad, para que los reyes sepan la parte que este su colega tuvo en la conjuracion contra los altares, y descubran el orígen de la conspiracion contra sus tronos.

Federico tuvo la desgracia de nacer con unas inclinaciones como las de Celso y de toda la escuela de los sofistas, mas propias para ser impío que religioso. No habiendo tenido por maestros ni Tertulianos, ni Justinos, ni algunos que fuesen capaces de aclararle las dificultades en materias de religion, y rodeado siempre de unos hombres que no sabian mas que calumniarla, se declaró enemigo de Jesucristo, y se coligó con Voltaire y d’Alembert para destruir su religion. No era 11 mas que príncipe cuando entabló correspondencia con Voltaire, y dió principio á sus disputas sobre la metafísica y religion. Ya se consideraba tan gran filósofo, que escribió a Voltaire: «Para hablaros con mi natural ingenuidad, debo deciros que todo lo que dice relacion al Hombre Dios no me acomoda en la boca de un filósofo, que debe ser superior á los errores populares. Dejad para Corneille, ya viejo chocho y reducido á la infancia, la ocupacion insípida de poner en metro la imitacion de Jesucristo. Cuanto tengais que decirnos, sacadlo de vuestro propio fondo. Ello bien se puede hablar de fábulas pero solamente como de fábulas; aunque me parece lo mejor observar un profundo silencio sobre las fábulas cristianas, que vemos canonizadas por su antigüedad y por la credulidad de gentes absurdas y estúpidas. (1

Ya por sus primeras cartas, se descubre que al ridículo orgullo de un rey pedante uniria toda la volubilidad y aun toda la hipocresía de los sofistas. Federico pretende dar lecciones á Voltaire contra la libertad del hombre, cuando este la sostiene (2); y cuando Voltaire no descubre en el hombre mas que una máquina, Federico no ve sino al hombre libre (3). Ahora sostiene que ha de haber precisamente una libertad, porque tiene idea clara de la misma; y despues quiere que sea el hombre no mas que materia, aunque no puede haber idea mas tenebrosa que la de la materia libre, reflexiva y discursiva, cuando no sea mas que á la manera de Federico. (4) El reprende á Voltaire el disimulo con que alaba á Jesucristo, y no se avergüenza de escribirle tres años despues: «Si es necesario alistarse bajo las banderas del fanatismo, poco será lo que 12 adelantaré; pero no tendré inconveniente en componer algunos salmos para que me tengan por ortodoxo. Sócrates incensó los penates; Ciceron, que no era crédulo, hizo otro tanto. Es necesario acomodarse al fanatismo del pueblo frívolo, para evitar su persecucion y censura, pues lo mas apetecible del mundo es la paz. Portémonos pues como tontos con los que lo son, para tener una situacion tranquila (5).» El mismo sofista coronado, participando del odio que su maestro Voltaire tenia á la religion de Jesucristo, escribió: que la religion cristiana solo producia yerbas venenosas (6). Voltaire le dió el parabien porque excediendo á los demás príncipes, tenia el espíritu bastante fuerte, la vista perspicaz, y estaba instruido lo bastante para conocer que la secta cristiana, despues de mil y siete cientos años no habia hecho sino mal (7).

No es fácil adivinar como este rey tan filósofo, que con la perspicacia de su vista descubria las yerbas venenosas, impugnó á los enemigos del cristianismo. Es preciso que se vea lo que á estos opone cuando refuta el Sistema de la naturaleza. «Su autor (dice Federico) es muy estéril, y procede de muy mala fé, cuando para calumniar la religion cristiana le imputa defectos que no tiene. ¿Como se puede decir (continua el mismo Federico), que esta religion tenga la culpa de las desgracias del género humano? Para proceder con equidad habia de dedir, que la ambicion y los intereses abusan de esta religion para perturbar el mundo y satisfacer las pasiones. ¿Qué cosa hay que procediendo de buena fé, se pueda reprender en la moral del Decálogo? Aunque en el Evangelio no hubiese mas que este solo 13 precepto: no hagas á otro lo que no quieres que se te haga, nos veríamos obligados á reconocer en estas pocas palabras toda la quinta esencia de la moral. Y el perdon de las injurias, la caridad y la humanidad ¿no las predicó jesus en su escelente sermon de la montaña (8)?» ¡Que contradicciones tan manifiestas! ¿Y este es el Salomon del Norte? Y este príncipe tiene el espíritu fuerte, y la vista perspicaz para descubrir que la religion cristiana, de la que acaba de hacer la apología, solo produce yerbas venenosas! Pero con una contradiccion aun mas estraña, el mismo Federico, despues de haber reconocido la excelencia de la moral del Evangelio, y que no la religion, sino las pasiones son las causas de los males, da á Voltaire la enhorabuena, porque es el azote de la misma religion (9). Él mismo le comunica sus proyectos para destruirla (10), y pretende, que si esta misma religion se conserva y protege en Francia, se acabarán las bellas artes y ciencias, y el orin de la supersticion acabará de enmohecer un pueblo amable y nacido por la sociedad (11).

Si este rey como fué sofista, hubiese sido profeta, habria vaticinado todo lo contrario. Habria dicho que este pueblo, por otra parte tan amable y social, llenaria con sus atrocidades de horror y espanto al universo, en el mismo momento en que abandonaria su religion. Pero Federico, no menos que Voltaire, debia ser el juguete de su imaginaria sabiduría y de sus opiniones. Aunque aficionado á la filosofía, no dejó de manifestar sus caprichos ya en pro ya en contra de ella. Ya apreció, 14 ya despreció á los sectarios, pero no cesó de conspirar con ellos contra la religion de Jesucristo. La correspondencia entre el rey iniciado, y su ídolo Voltaire se entabló año de 1736, y á excepcion de algunos pocos años de desgracia para Voltaire, continuó toda su vida. Esta correspondencia da á conocer el carácter del incrédulo y del impío. Federico para representar este papel, depone casi siempre la magestad de rey. Mas apasionado á la gloria de los que se llaman filósofos, que á la de los Césares, á fin de igualar á Voltaire, no se desdeñó de remedarle Poeta menos que mediano, metafísico subalterno, sobresalia en solo dos cosas: en la admiracion con que miraba á Voltaire, y en su impiedad, muchas veces peor que la de su maestro. Agradecido Voltaire á los homenages, que le tributaba el rey sofista y al zelo con que sostenia su causa, creyó que debia olvidar los caprichos del monarca, las desazones que le habia causado en Berlin, y hasta los palos que el déspota le habia enviado á Francfort por un mayor de su ejército: interesaba mucho á la secta poder contar con un soberano que apoyase sus manejos. Ya veremos el modo como Federico cooperó al éxito de estos; y para que se conciba de algun modo el odio que contra la religion tenian Federico y Voltaire, es indispensable hacer presentes los obstáculos que ambos tuvieron que vencer. El mismo Voltaire manifiesta lo que tuvo que sufrir hallándose en Berlin.

Pocos años se habian pasado cuando escribió á su sobrina madama Denis, que era la depositaria de sus secretos, en esta forma: «La Métrie en sus prólogos celebra su mayor felicidad, porque está junto á un gran rey que algunas veces le lee sus versos; pero llora conmigo en secreto, y de buena gana se volveria á su tierra, aunque fuese á pié. Y yo, ¿porque me estoy aquí? mi respuesta os admirará. La Métrie es un 15 hombre sin consecuencia, que conversa familiarmente con el rey despues de la lectura. Él me ha dicho en confianza y aun me ha asegurado con juramento, que pocos dias ha habia hablado con el rey sobre mi imaginario favor, con que yo causaba envidia; que el rey le habia respondido: Aun necesito de eĺ, á lo mas un año; exprimiré la naranja y arrojaré la corteza. Yo (prosigue Voltaire) me he hecho repetir estas espresiones tan halagüeñas, he multiplicado mis preguntas, y La Métrie sus juramentos… He hecho cuanto he podido para no creerle; pero no sé á que atenerme. Leyendo las poesías del rey, he encontrado dos versos con que celebra á un pintor llamado Pére, hasta colocarle en la clase de los dioses. Sé que el rey no se para á mirarle; tal vez hace lo propio conmigo. Fácil os será imaginar el arrepentimiento, resentimiento y disgustos que me han causado las palabras de La Métrie (12).»

A esta carta se siguió otra concebida en estos términos: «Ya no pienso en otra cosa sino en desertar con honor, en cuidar de mi salud, en volveros á ver, y en olvidar los sueños y delirios de tres años. Ya veo que han esprimido la naranja, y es hora de salvar la corteza. Para mi instruccion quiero componerme un diccionario segun el uso de los reyes. En este diccionario, la espresion amigo significa esclavo; querido amigo, significa me sois algo mas que indiferente. Cuando los reyes digan: os haré feliz, el sentido es: os sufriré mientras os haya menester. Si dicen quedaos á cenar conmigo, el significado es: me burlaré de vos esta noche. El diccionario puede ser muy rico, y podrá servir de artículo para la Enciclopedia. Lo digo con sinceridad: esto oprime el corazon. ¡Y es posible sea verdad cuanto he 16 visto! ¡Complacerse en indisponer á los que viven en su compañia! ¡Tratar á un hombre con cariño, y publicar libelos contra él! ¡Arrancar con las promesas mas sagradas á un hombre de su pátria y tratarle con la malicia mas atroz! ¡Que contrastes! ¡Y es este el hombre que me ha escrito tantas cosas filosóficas, y al que he tenido por filósofo! Y yo lo he llamado el Salomon del norte! ¿Os acordais de aquella bella carta, que no ha sido capaz de aquietaros? Sois fiósofo, me dijo el Rey, pero yo tambien lo soy. Señor responderia yo, ni vos ni yo somos filósofos (13).»

Voltaire en toda su vida dijo verdad como esta. Ni él ni Federico fueron filósofos segun el verdadero significado de la esta palabra; pero ambos lo fueron en grado supremo conforme el sentido de los conjurados, en el de una razon impía, cuya esencia es el odio al cristianismo. Luego despues de esta última carta Voltaire dejó en secreto la corte de su discípulo, y en seguida recibió en Francfort aquellos palos que tanto dieron que reir á la Europa. Para olvidar este ultrage, no necesitó de mas tiempo que del preciso para domiciliarse en Ferney. Federico y Voltaire ya no se vieron mas, sin embargo, el primero volvió á ser el Salomon del norte, y Voltaire en recompensa fué condecorado con el título de primer filósofo del universo. Entre los dos ya no hubo vínculo de amor: pero los unia el odio á Jesucristo; y este lazo nunca se rompió ni aflojó. La distancia no impidió que con menos obstáculos se continuase la trama de la conspiracion, urdiéndola con mas arte por medio de la correspondencia. 17


1 Carta 53 año de 1788.

2 Véanse sus cartas del año 1731.

3 Carta del 16 de Setiembre de 1771.

4 Carta del 4 de Diciembre de 1775.

5 Carta del 7 de Enero de 1740.

6 Carta 163 (143?) á Voltaire año 1766.

7 Carta del 5 Abril de 1764.

8 Véase el examen del sistema de la naturaleza, por Federico rey de Prusia, Enero 1770.

9 Carta del 12 de Agosto de 1773.

10 Carta del 29 de Julio de 1775.

11 Carta del 30 de Julio de 1777.

12 Carta á Madama Denis, Berlin 2 Setiembre de 1751.

13 Carta á la misma Madama del 18 Diciembre de 1752.

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