Entrada en Amberes. Festejos y motines

Vázquez, A., "Libro noveno. De las guerras civiles y rebelión de Flandes, en que se contienen los sucesos del año 1585", Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, vol. LXIII, no. Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese, por el Cap. Al. Váz., Sgto. mayor de Jaén y su distrito,..., Madrid, Imprenta de Manuel Ginesta, Calle de Campomanes núm. 8, 1879.

Esta parte es la más pintoresca y costumbrista de todas. Se narran los festejos por la paz que se realizaron en Amberes, con mucho detalle, y el motín de valones que sucedió por no habérseles pagado los atrasos, junto con consideraciones del cronista sobre el asunto bastante curiosas, una de ellas del duque de Alba.


Alexandro entra en Amberes y la presidia de soldados católicos.Fiestas que hacen en Amberes á Alexandro.Fiestas que hace el ejército español por la victoria de Amberes.Alexandro va á la estacada á ver las fiestas de sus soldados y convida en ella á todas las damas de los Estados.Las personas que sirvieron á la mesa en el banquete de la estacada.Saraos en la estacada.Manda Alexandro deshacer la estacada.Palabras del duque Otavio á Alexandro, su hijo.Manda Alexandro se hagan las cuentas y paguen lo que se les debe á los españoles é italianos.Provisiones que hace Alexandro.Motin de valones del ejército de Alexandro.Alexandro con cuatrocientos españoles van á remediar el motin de los valones.Castigo que da Alexandro á Capitanes amotinados.Monsieur de la Mota hace dos fuertes junto á Ostende.Plática de los holandeses con Alexandro.Palabras del duque de Alba, dignas de memoria.

Alexandro entra en Amberes y la presidia de soldados católicos. A los 27 de Agosto entró en Amberes y en el fuerte de Flandes, que está frontero del de la otra parte del rio Esquelda, la guarnicion católica de valones y alemanes, y salieron los soldados rebeldes y se fueron á las islas de Holanda y Gelanda, y este mismo dia entró Alexandro en la villa acompañado de toda la nobleza del ejército español y de todos los señores, Príncipes y títulos de los Estados, y con solemne triunfo y acompañamiento fué recibido del nuevo Magistrado y burgueses de Amberes; con gran aplauso, pompa y regocijo hiciéronle muchas y diversas fiestas, celebrando el contento que tenian con banquetes y comidas extraordinarias que acostumbran en aquellos Estados, que son las más estimadas y de más cuenta. Fiestas que hacen en Amberes á Alexandro. Hiciéronse muchos arcos triunfales y otros artificios por donde habia de pasar Alexandro, y con diversas músicas y sones y extrañas alegrías y regocijos fué recibido y solemnizado de los católicos: en todos los Estados que estaban á devoción del Rey, su tio, se hicieron muchas fiestas y grandes aparatos en que mostraron el contento tan esperado de los buenos como aborrecido de los malos; y estos alborozos duraron en todos los Países-Bajos tres dias.

Fiestas que hace el ejército español por la victoria de Amberes. Los soldados del ejército español, con no ménos contento, quisieron celebrar el que tenian habiendo alcanzado una de las más memorables victorias que hubo ni habrá en el mundo. En toda la estacada y puente hicieron muchos y diversos arcos triunfales cubiertos de varias y olorosas flores, pinturas y follajes, y de cada uno pendian de una parte y otra muchos papeles 95 y pergaminos, y en ellos diferentes letras y geroglíficos, epígramas y sonetos y otros versos en loor de Alexandro, así en latin como italiano, flamenco, francés y en español. Todas las barcas y bordes del puente guarnecidas de espadañas y juncias, y por todo el suelo sembradas muchas flores, que como no tenian los soldados otros tapetes ni alfombras, manifestaron con este adorno su deseo. En los fuertes, diques y contradiques era lo mismo. Tres dias estuvieron en escuadron haciendo muchas y alegres salvas, y el artillería daba tan menudas y apresuradas cargas como si fuera arcabucería: sonaban todos los instrumentos militares de cajas, pífanos y trompetas, sin las chirimías, clarines y cornetas de la Capilla real de Bruselas, que causaba un general regocijo. ¿Qué mucho, si estaba presente el mismo Marte, y que para celebrarle se habia juntado toda la máquina y furia de la espantosa guerra? Alexandro va á la estacada á ver las fiestas de sus soldados y convida en ella á todas las damas de los Estados. Este era el famoso Alexandro, que como vió el contento con que sus soldados se regocijaban, quiso hallarse entre ellos y fue á la estacada; y habiéndola visto con tanto adorno, le pareció aprovecharlo con hacer un banquete á todas las damas y señoras católicas de los Estados; y habiendo despachado diversos mensajeros en que las enviaba á convidar, vinieron de las villas de Gante, Brujas, Ypre, Bruselas, Terramunda, Lovayna, Malinas y Liera, y de otras partes, y se juntaron más de ochocientas damas, la nata y flor de los Países-Bajos, y sobre el mismo puente, estacada y rio se extendieron muchas y largas mesas expléndidamente aderezadas. Sentáronse en ellas y fueron regaladas y bien servidas al uso del país. Comieron tres dias que duró esta fiesta con gran abundancia de comida, y todas las sobras que se levantaban de la mesa, en sus mismos platos, las arrojaban al rio Esquelda y las vasijas en que bebian, y despues las pescaban en unas redes donde debajo del agua se recogian, y así volvian á servir cuando se ofrecia por ser todo el servicio piezas de plata y oro. Las personas que sirvieron á la mesa en el banquete de la estacada. Los más particulares que trinchaban y servian eran el conde Mansfelt y sus dos hijos Cárlos y Otavio, el duque de Aríscote, el príncipe de Puioys, el marqués de Albre, el de Barambon Monsieur de Capres, el príncipe de Simay, el marqués de Rentin, 96 Monsieur de Hautepena, el conde Arambergue, el marqués de Bergas, el de Burgante y Fornos y otros muchos señores del país, titulados y particulares; y de los del ejército español, el marqués del Vasto, el coronel Cristóbal de Mondragon, Don Sancho Martinez de Leiva, Ferrante Gonzaga, D. Rodrigo de Castro, D. Cárlos de Luna, Pedro Gaetano, duque de Salmoneta y otros Capitanes de caballos muy particulares, de las dos naciones española é italiana, y los del país. Alexandro con los señores de su corte y cámara y otros gentiles hombres y Capitanes entretenidos acudia á todos los lugares de las mesas, y con el agrado y rostro alegre que solía, daba muestra de agradecer el favor que le hacian. Destas damas y de los que las servian no faltaron brindis ni de quien les hiciese la razon al uso del país, por las saludes del Sumo Pontífice, del Rey, nuestro señor, y de Alexandro; Saraos en la estacada. y con varios dulces instrumentos, despues de levantadas las mesas, hubo muchos saraos, bailes y danzas extraordinarias, con otras fiestas jamás vistas; y dado fin á estos regocijos y participado todos los católicos de los Estados del general contento por la memorable victoria del sitio de la villa de Amberes, Manda Alexandro deshacer la estacada. mandó Alexandro, á los 2 de Setiembre, que se deshiciese la máquina y puente de la estacada con los demas ingenios y artificios que habia en todos los cuarteles y fuertes de aquel sitio.

Derramáronse las nuevas de las victorias que en él hubo por toda Europa, Palabras del duque Otavio á Alexandro, su hijo. y habiendo llegado á Italia á los oidos del duque Otavio, padre de Alexandro, que asistia en Parma, le escribió una cosa (entre otras), que por ser muy particular y digna de memoria me ha parecido escribirla: que pues habia ganado la villa de Amberes, contrastando fuerzas tan poderosas como las de los Estados de Flandes, Francia é Inglaterra con otros aliados, y servido al Rey, su tio, con tanta limpieza y satisfaccion, que se fuese á su casa ó se muriese: dando á entender en estas dos razones, que habiéndole subido su buena fortuna al postrer escalon que suele dar á los Príncipes más favorecidos y dichosos, ántes que de él cayese ó se derribase, como suele hacerlo cuando más de veras estan los hombres con 97 el pié sobre la bola, que es lo mismo que suele hacer la confianza en quien no considera las subidas y bajadas desta miserable vida, dejase la que tenia en Flandes y la fuese á pasar á su casa ó se muriese (si no lo habia de hacer), y dejase experimentar á otros las mudanzas y azares que la guerra trae consigo. Quisiera yo saber decir y exajerar lo que se encierra en estas dos sentencias que el duque Otavio escribió á su hijo Alexandro, el cual, aunque le pudiera tirar el amor de sus padres y el descanso de la paz, pues no hay hombre lleno de trabajos en la guerra que no la desee, quiso ántes acabar la vida (como acabó) en servicio del Rey, su tio, defendiendo la fe católica por sustentar la Iglesia romana como verdadero Capitan della, que no el descanso ni el ócio que otros Príncipes en la paz desean, que no poca lástima es en estos tiempos, pues no se halla ninguno que se incline ir á la guerra; ántes bien, son tan enemigos de los que la siguen y profesan, como se ve por experiencia; y porque no es muy fuera de propósito, diré lo que á otros Capitanes y á mí nos sucedió estando la corte en Valladolid: yendo á visitar al conde de Palma, valeroso caballero y amigo de soldados (no poco reprendido por esto), habia sido Capitan con nosotros en el armada real del mar Océano en tiempo del Adelantado mayor de Castilla, no ménos honrador de soldados que todos los que más bien nos han querido en este mundo. Dijo el Conde que se alegraba de vernos en su casa y de honrarnos en su coche y en la calle y plazas públicas de la corte, si bien temia las reprensiones que algunos amigos suyos le daban, sin los que le habian dejado porque andaba con nosotros, y que esto le animaba á hacernos más merced. No sabré decir la causa por que huyen de la guerra los que la habian de seguir, siendo en estos tiempos los soldados más premiados y mejor asistidos del Rey, nuestro señor, que en los pasados, y más en Flandes, donde se goza ahora de la paz y descanso que en tiempo de Alexandro no se tuvo, si bien con las armas en la mano de noche y de dia la procuró, como se ha visto; como era tan amigo de soldados, aunque más le reprendieran, no quiso serles desagradecido que dejase de remunerar los muchos y particulares 98 servicios que habian hecho al Rey, su tio, en el sitio de Amberes y otras partes, ayudándole á ganar tantas victorias. Manda Alexandro se hagan las cuentas y paguen lo que se les debe á los españoles é italianos. Y así, mandó luégo que á la nacion é italiana les hiciesen sus cuentas y se les pagase todo el sueldo que se les debia, y por la muestra que habian dado, Provisiones que hace Alexandro. á los 13 de Agosto fueron pagados y satisfechos de todo lo que se les debia, que eran treinta y siete pagas, y se les dieron en oro á los 20 de Setiembre, y algunas compañías que estaban vacas destas dos naciones las proveyó en personas capaces y suficientes; y del tercio de Pedro de Paz hizo Maestre de campo á D. Juan del Águila, que como á Capitan más viejo dél y de tanta experiencia y que le habia gobernado, tuvo alexandro por bien de honrarle y hacerle merced. A los 24 de Octubre dieron muestra la infantería de las naciones, y á los 27 la caballería, y por ella mandó Alexandro se les hiciesen sus cuentas para darles satisfaccion de lo que se les debia.

Motin de valones del ejército de Alexandro. En los cuarteles del dique de Calo habia dos regimientos de valones, y como vieron que á los españoles é italianos se les habia pagado la que se le debia y á ellos no se les daba satisfaccion, sin considerar que como naturales de los países podian vivir en ellos con más comodidad que los españoles é italianos que eran extrajeros, y que el peso de la guerra y los trabajos lo llevaban con más incomodidad, les pareció intentar por fuerza y desvergonzadamente (sin mirar el crímen tan grande que cometian, digno del mayor y más riguroso castigo que se sabe, y de las muchas dificultades que habia para salir con su mal intento) que se les diesen sus pagas, y á los 29 de Octubre se amotinaron y tomaron por defensa el fuerte de San Felipe, que era uno de los dos donde se fundó el estacada en la parte de Flandes; y habiendo sabido Alexandro que lo habian hecho y comunicádole con los otros valones que estaban de guarnicion en el fuerte de Flandes, situado en el mismo dique, frontero de Ambreres, para que con los que habia de presidio en esta villa comunicarse todos y entregarla, si pudieran, á los rebeldes despues de haberla saqueado, cosa que si lo intentaran salieran con ella porque la máquina de la estacada estaba deshecha y 99 todos los fuertes del contradique con los demas desmantelados; Alexandro con cuatrocientos españoles van á remediar el motin de los valones. y acudiendo Alexandro con la presteza que solia para el remedio desto, mandó pasar cuatrocientos españoles al país de Vas ó de Veter porque no se juntasen los amotinados con los demas valones, y en Amberes hizo guarnecer la muralla con el regimiento de alemanes del conde Arambergue, que estaba alojado en el burgorante y hácia la parte del castillo; se hizo esto con más cuidado, porque habiendo Monsieur de Champani (á quien Alexandro habia hecho gobernador de Amberes) avisándole que los valones amotinados habian tenido inteligencias con los de la villa, tratando de saquearla, y que habian de entrar por junto al castillo, para este efecto mandó se reforzase de más gente por aquella parte y que los burgueses católicos tomasen las armas, los cuales estuvieron con ellas en las manos con mucha vigilancia, temerosos no les sucediese lo que en tiempo del Comendador mayor, que fueron saqueados y oprimidos á toda miseria y esterilidad.

Habiendo Alexandro puesto guardia suficiente en Amberes, remediado los daños é inconvenientes que se podian ofrecer, supuesto que no habia de castigar á todos los amotinados ni convenia dejarlos en su libertad, trató de apaciguarlos y darles alguna satisfaccion; y por medio del capitan Gaona, que aunque era español servia entre los valones con Monsieur de la Mota, se les dieron algunas pagas, á los últimos de Octubre, con que quedaron satisfechos y desamotinados. Sintió tanto Alexandro de que se le hubiesen desvergonzado y perdido el respeto (por ser los primeros que en su tiempo lo habian hecho), que se conoció del semblante que mostró los castigara con sus propias manos; y en una plática que sobre esta materia se movió dijo, en presencia de las cabezas más particulares del ejército, que cuando fuera cualquiera nacion de las extranjeras las desamotinara con una espada y rodela; pero que á los valones lo estaba por hacer con un palo, pues no merecia otro castigo gente que tan sin ocasion y á tiempo que deseaba darles sus pagas le habian perdido el respeto; y aunque estas palabras pudieran ofender á cualquiera otra nacion de las que por inobediencia se castiga 100 con la espada, no lo sintieron los valones, porque á ellos y á los alemanes se hace con un palo, porque dicen que es del gobierno y mando y con él no es afrenta; y si algun Oficial los castigase con la espada harian ellos lo mismo defendiéndose con las suyas y procurando matarlos, porque dicen que con armas desnudas no tienen superioridad con ellos, y así se les permite esta igualdad con sus Oficiales y sus superiores; pero con el baston ó palo, que dicen es del gobierno y mando, permiten ser castigados, y yo lo he visto muchas veces dar de palos por inobediencia; diferente de las dos naciones, española é italiana, que quieren los castiguen con la espada. Castigo que da Alexandro á Capitanes amotinados. Pero no sé yo si Alexandro dijo aquella razones con este intento, si bien se entendió por diferente camino, y como siempre se creyó que ninguno de sus soldados llegaran á atrevérsele, lo sintió demasiado; pero como sean cosas tan odiosas las de un motin y que no sufren perdon, quiso Alexandro que en ningun tiempo se pudiese decir dél que habia perdonado Oficiales amotinados, y así mandó luégo que ahorcasen cuatro Capitanes, sin que bastase nadie á que le diesen otra muerte, sino que acabasen como traidores amotinados; cosa jamás vista serlo ningun Oficial, sino sólo los soldados que como desordenados pierden el respeto á sus Capitanes y toman las armas contra ellos y contra su Príncipe; pero en este motin, los mismos que lo habian de remediar dieron calor á él y lo permitieron, y esta fué la razon por donde Alexandro mandó darles este castigo.

Monsieur de la Mota hace dos fuertes junto á Ostende. El presidio que los rebeldes tenian en la villa de Ostende corria en este tiempo las campañas y contornos de las villas de Brujas y de Ypre, y hacian notable daño á los naturales retirándoles mucho ganado y prisioneros; y para atajar sus atrevimientos y quitarle el paso mandó Alexandro que partiesen del ejército un regimiento de alemanes y otro de borgoñones, con alguna caballería, á órden de monsieur de la Mota, y fué á los contornos de Ostende, hizo dos fuertes cerca de la villa, con que quedaron más recogidos y refrenados los enemigos.

Plática de los holandeses con Alexandro. Despues de rendido Amberes quedaron los Estados de Flandes tan atemorizados, que escribieron á Alexandro algunas 101 de las islas de Holanda y Gelanda que le darian entrada en ellas con todo el ejército español; y si bien pudiera tener deste ofrecimiento alguna seguridad, lo dejó hacer, porque si levantaba su ejército del sitio de Ambreres, habiendo pasado tantos trabajos y con tanta sangre derramada, sin darles dineros debiéndosele tantos, podria amotinársele á tiempo que aunque quisiese remediarlo no podria, y tambien porque habia dado palabra á toda la infantería del ejército, particularmente á la española é italiana, de darles sus pagas si salia con la empresa de Amberes (como lo hizo), y esta fué la causa de no ir á poner en ejecucion la de las islas como deseaba. Previno esto como prudente Capitan para no poner á sus soldados en ocasion que lo perdiesen el respeto, y cuando les dió el remate de sus pagas sin quedarles á deber nada, como he referido, se habia pasado la sazon del verano, y entrado el invierno con tantos temporales y tan recio como se vió; no por esto dejó de ir á ponerlo en ejecucion; mas fué á tiempo que las islas se arrepintieron por haber anegado á la gente española en la isla de Bomel con la fuerza de su ejército y armada, como adelante lo veremos. Alguno habrá que le parezca que por señorear Alexandro las islas de Holanda y Gelanda pudiera levantar el ejército del sitio de Amberes y entrar en ellas sin darles sus pagas ni cumplir la palabra que se le habia dado, y que pudiera ser no amotinarse ni perderle el respeto. Débese considerar que un Capitan general ha de estar siempre prevenido á lo que pueda suceder, demás que tenia indicios que si lo hiciera sin pagarle se le habria de amotinar, como se vió en los valones, y de no guardalle la palabra se recrecieran muchos inconvenientes, pues por ningun caso ni acontecimiento la ha de dar un Capitan general, sino es para cumplilla, porque tal vez podria prometella á sus soldados que no lo creyesen y se dejase de hacer y conseguir el servicio de su Príncipe, y es gran falta en algunos Generales dar palabras y esperanzas de aquello que no han de cumplir, pareciéndoles que con ellas se entretienen sus soldados. El fruto que se saca desto es no creerles aunque digan la verdad, que no es pequeña falta para quien profesa reputacion, pues mal la 102 puede tener un hombre sis verdad. Palabras del duque de Alba, dignas de memoria. Jamás faltó della ni de la que ofrecia Alexandro á sus soldados en todas ocasiones, aunque perdiese cualquiera empresa que hubiese de intentar, como lo hizo el duque de Alba estando sobre la villa de Mons en Henaut con la nacion española en escuadron, y el Duque juntó á las banderas que representándoles sus necesidades algunos soldados les dijo que les daba su palabra de darles tres dias buenos; y respondió un soldado que se llamaba Antonio Moreno, natural de Baeza, no el que fué Maestre de campo, sino otro particular, «¿sí? como los que nos suele dar el Duque,» y aunque éste oyó la voz no supo quién lo habia dicho, y poniéndose la mano en el pecho respondió con mucha mansedumbre: «sí haré, á fe de caballero, aunque pierda esta ocasion y otras muchas;» y lo cumplió como quien él era, porque luégo los llevó á la villa de Malinas derechamente sin ir á otra parte, y la ganó y duró tres dias el saquealla, y los tuvieron tan buenos que quedaron muy ricos. Si los Capitanes generales imitasen á Alexandro y al duque de Alba harian sus cosas más acertadas cumpliéndoles las palabras que dan á sus soldados, pues de no hacerlo resultan los inconvenientes que dejo considerar al que lo fuere.