El milagro de Empel (continuación)

Vázquez, A., "Libro noveno. De las guerras civiles y rebelión de Flandes, en que se contienen los sucesos del año 1585", Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, vol. LXIII, no. Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese, por el Cap. Al. Váz., Sgto. mayor de Jaén y su distrito,..., Madrid, Imprenta de Manuel Ginesta, Calle de Campomanes núm. 8, 1879.

Concluye la crónica de los hechos del milagro de Empel, junto con algo de las acciones posteriores de los tercios hasta fin de año, donde acaba el libro noveno de los anales.


El conde Cárlos bate la armada enemiga.Los navíos rebeldes se comienzan á retirar.D. Francisco de Bobadilla manda ocupar algunas isletas.Los rebeldes desamparan las isletas.Valor de un soldado.Los navíos rebeldes desamparan sus puestos por temor de los yelos.La arcabucería y mosquetería española hace daño á los rebeldes.Don Francisco de Bobadilla va con dos pleytas sobre los fuertes de los rebeldes.El capitan Juan de Valencia ofrece á D. Francisco de Bobadilla ganar los fuertes rebeldes.Los capitanes D. Pedro Ramirez de Arellano y Juan de Valencia van sobre los fuertes rebeldes con mucho trabajo.Los rebeldes desamparan los fuertes y los españoles los ocupan.Los españoles sitiados en Bomel están fuera de peligro.Los españoles enfermos comienzan á salir de la isla.El conde Cárlos se alegra con los españoles y les remedia su necesidad y acompaña las banderas.La postrera persona que salió del peligro de Bomel fué D. Francisco de Bobadilla.Fuerza en los yelos causada por milagro.Número de los españoles que estuvieron sitiados en Bomel y sus banderas.Sabe Alexandro.Carta de Alexandro á D. Francisco de Bobadilla.Alexandro manda apretar el sitio de la villa de Grave.Monsieur de Hautepena gana dos fuertes á los rebeldes y otras plazas.

El conde Cárlos bate la armada enemiga. Domingo, 8 de Diciembre, dia de Nuestra Señora de la Concepcion, poco ántes que amaneciera comenzó el Conde á batir el armada rebelde por la parte que habia avisado con tres piezas de artillería que los soldados del tercio de D. Juan del Águila habian plantado á fuerza de brazos, y fuera del trabajo y peligro de estar sitiados, como los demas, pasaban muchas necesidades, y por librarlos pusieron todas sus fuerzas con grandísimo ánimo y valor sin dormir ni descansar todo el tiempo que duró el sitio y trabajo, siendo asistidos de D. Juan del Águila, Maestre de campo, y no ménos el Conde trabajando todos lo posible; pero tan en vano como si no hicieran ninguna diligencia.

Los navíos rebeldes se comienzan á retirar. Los navíos rebeldes que vieron les hacian notable daño las muchas y apresuradas cargas del artillería española, se comenzaron á apartar del puesto que tenian, y se cubrieron (los 124 que estaban por aquella parte) con las isletas que se habian de ganar. D. Francisco de Bobadilla manda ocupar algunas isletas. D. Francisco, que vió era tiempo de hacer alguna buena faccion, mandó embarcar en las pleytas doscientos soldados á cargo de los capitanes Jusepe Cerdany, D. Alvaro Suarez y Melchor Martinez de Prado, todos tres muy valerosos, y el ingeniero Juan Francisco, y tambien Hernan Gomez, que tenia á cargo el artillería, y embarcó tres piezas para ocupar estas isletas; y habiendo hecho D. Francisco reconocer las que eran más apropósito para ocupallas y el lugar por donde se habia de entrar en ellas, guardándose de la mayor parte de la armada rebelde, que, como ya escribí, se habia arrimado á ellas por librarse del artillería que les tiraban los españoles del tercio de D. Juan del Águila, ordenó al Sargento mayor Cristóbal Lechuga, natural de Baeza, soldado de gran valor y bien entendido, que hiciese á los Capitanes que ocupasen las isletas á una hora de noche por no ser vistos ni sentidos de los rebeldes, y que los soldados llevasen las cuerdas cubiertas y con el mayor silencio que se pudiese, aunque pocas veces lo suele tener la nacion española en las facciones que hace de noche, y tambien por haber entendido que los rebeldes tenian gente en las isletas, y llegando á ellas para ponerlo en ejecucion, se le pegó fuego (desgraciadamente) á un soldado en un frasco, Los rebeldes desamparan las isletas. y los rebeldes que estaban en tierra sintieron la faccion que los españoles iban á hacer y se fueron huyendo á embarcarse á sus navíos, Valor de un soldado. y faltó muy poco que no cogiese en prision al más principal de los rebeldes un soldado catalan, valiente y particular, que se llamaba Felipe de Valgornera, y era entretenido en la compañía del capitan Jusepe Cerdany, hallándose con una alabarda en las manos cerró con los rebeldes valerosamente y los hizo huir, y se entró tras dellos en el agua hasta hacerlos embarcar; y habiéndose los españoles apoderado de la isleta, se dieron priesa á plantar las piezas de artillería que llevaban para batir á los navíos rebeldes, y habiéndolo comenzado á hacer se fueron retirando; en este medio (particularmente aquella misma noche) se iban los hielos engrosando á grandísima priesa por el aire y tiempo tan frio que hacia, que era el más extraordinario que 125 jamás se vió; cuajaba el agua á medida del deseo de los españoles porque no tenian más esperanzas que esta para su remedio. Los navíos rebeldes desamparan sus puestos por temor de los yelos. Los rebeldes, que conocieron el peligro manifiesto en que se iban poniendo si esperaban ver sus navíos encajados y asidos en los hielos, comenzaron á media noche á alargarse y salir del país anegado, que les valió harto haber tomado esta resolución, porque si esperaban se vieran en mayor peligro que los españoles, los cuales fueran sobre los hielos, como ya lo tenian acordado, y cerraran con los navíos y se los ganaran ó pusieran fuego. D. Francisco de Bobadilla que vió los navíos rebeldes salir por las cortaduras que habian hecho al país anegado y entrarse en el rio Mosa, hizo guarnecer todo el dique á lo largo detras de las trincheras que habia mandado hacer de toda el arcabucería y mosquetería que habia en los tercios, La arcabucería y mosquetería española hace daño á los rebeldes. y como los navíos rebeldes iban pasando la vuelta de la villa de Hasden, por delante de la iglesia de Empleu, y los cuarteles que tenian los españoles les iban dando muchas y apresuradas cargas; y se les hizo mucho daño, habiéndolo despues confesado los mismos rebeldes, y que les habian muerto más de trescientos soldados y marineros, y tambien se les habia tirado con una pieza de artillería que se quedó en la iglesia de Empleu, y las otras cinco, de seis que eran, se plantaron en las isletas que habian ganado, como tengo escrito; y Hernan Gomez trabajó con ellas con tanta puntualidad y cuidado como se puede desear.

Cuando los rebeldes iban pasando con sus navíos por el rio abajo les decian á los españoles en lengua castellana, que no era posible si no que Dios era español, pues habia usado con ellos un tan gran milagro, y que nadie en el mundo sino él (por su divina misericordia) fuera bastante á librarles de aquel peligro y de sus manos.

Don Francisco de Bobadilla va con dos pleytas sobre los fuertes de los rebeldes. D. Francisco de Bobadilla que vió la mayor parte del armada rebelde habia pasado por el rio, le pareció que los fuertes que fabricaron en los pasos por donde era forzoso salir los sitiados españoles los habrian desamparado, se fué dos horas ántes que amaneciese á la isleta que estaba delante del castillo, y llevó con él dos pleytas guarnecidas de Capitanes y soldados escogidos 126 para ocupar los fuertes, y dejó órden en los cuarteles á los Sargentos mayores que en las pleytas que en ellos quedaban pusiesen algunos soldados y Oficiales y estuviesen apercibidos para lo que se les ordenase; y en llegando á la isleta envió á reconocer lo que habia, y se entendió que aún se estaban en los fuertes algunos rebeldes y navíos junto á ellos, y que á la mano izquierda del país anegado, cerca de las isletas que aquella noche se habian ganado, no parecia ningun navío, y que por aquella parte estaba todo tan helado que no se podia barquear; y se vieron algunos navíos á la mano derecha del país anegado, á la parte de unas cortaduras que estaban en un dique cerca de allí, aunque por el hielo y la mucha oscuridad de la noche no se podia reconocer bien; D. Francisco esperó que amaneciese para poder mejor ordenar lo que convenia, y descubriendo el dia se vió que estaban seis navíos junto á los fuertes y que habia gente dentro dellos; aguardó una hora despues de amanecido, entendiendo que de la iglesia de Orte, que estaba de la otra parte, que era donde estaba el Maestre de campo D. Juan del Águila con su tercio de españoles, salieron algunos con una galeota que allí tenian y otro navío grande hecho de dos barcones, con el cual el conde Cárlos habia mandado poner una culebrina sobre un tablado, con parapeto á prueba de mosquete, donde podrian los soldados estar cubiertos; El capitan Juan de Valencia ofrece á D. Francisco de Bobadilla ganar los fuertes rebeldes. y viendo D. Francisco que no salian y lo que importaba ganar aquellos fuertes, pues haciéndolo quedaba libre el paso, si bien algunos le pusieron muy grandes dificultades; pero el capitan Juan de Valencia que le vió triste y lleno de confusion le dijo si queria se ganasen aquellos fuertes. Respondióle que no deseaba otra cosa, pues si los ocupaban era la redencion de todos; el Capitan le respondió que él iria de muy buena gana y los ganaria. D. Francisco le puso los brazos al cuello y le abrazó, y dijo que bien le pagaba el haberle hecho Capitan; que fuese muy enhorabuena, y que esperaba en Dios y en su valor y osadía habia de tener buen suceso, y mandó que se entrase en las pleytas que habia hecho aprestar, Los capitanes D. Pedro Ramirez de Arellano y Juan de Valencia van sobre los fuertes rebeldes con mucho trabajo. y ordenó á los Capitanes que iban en ellas fuesen á aquel efecto, y así lo hicieron, y les tocó la vanguardia 127 en una pleyta á los capitanes D. Pedro Ramirez de Arellano y Juan de Valencia, y la otra los capitanes Hernan Tello y Gabriel Ortíz. ordenó también al capitan D. Antonio de Pazos que fuese saliendo tras estas dos pleytas con otras tres, y todas cinco iban la vuelta de los fuertes entre las isletas que tenian ocupadas los españoles. Con esto se dió á entender á los rebeldes que eran más pleytas que las cinco que habian visto, porque no podian descubrir lo que estaba detras de las isletas. En este medio envió D. Francisco á decir á los Sargentos mayores que estaban en los cuarteles donde tenian su gente, que las pleytas que habian quedado en ellos saliesen á socorrer á los demas españoles que iban sobre los fuertes; y esto fué á tiempo que comenzaban á entrar de nuevo algunos navíos de los rebeldes en el país anegado por las cortaduras de la mano derecha, que el hielo iba cesando y hacia blandura y se iban muchas barquillas de gente á socorrer los fuertes, por donde se entendió habian sacado la que tenian y querian volver á ocuparlos.

Los capitanes D. Pedro Ramirez de Arellano y Juan de Valencia que vieron el designio de los rebeldes, pusieron la proa, aunque con inmenso trabajo, la vuelta de los fuertes, quebrando los hielos con los remos y con otras cosas para poder navegar, procurando muy de veras pasar adelante; y aunque algunos de los que iban con ellos les persuadian seria mejor volverse y saltar en tierra, porque lo que emprendian era imposible salir con ello por impedirlo los muchos y grandes hielos, no les pareció consejo acertado á estos dos valerosos Capitanes, sino de pasar adelante rompiendo hielos, dificultades é inconvenientes, y les respondieron que lo que les ordenó y á lo que habian salido era á ganar los fuertes, y que por ningun caso podian dejar la empresa, aunque pereciesen todos en el camino. Vaerosa respuesta y determinacion honrada, pues deben los que se precian de obedientes Capitanes observar las órdenes sin mirar en inconvenientes, y rompiendo los que se ofrecen, aventurarse á emprender lo que se les encomienda por muy dificultoso que sea, como hicieron estos dos Capitanes, que con haberles segunda vez los que con ellos iban dificultado el suceso, no fué 128 posible volver atrás; y dijo el capitan D. Pedro Ramirez de Arellano que hiciesen lo que él para conseguir su intento, que era ir dando golpes desde la proa de la pleyta en los hielos, con que se iba siempre adelante; y ántes de llegar á los fuertes como un buen tiro de mosquete, Los rebeldes desamparan los fuertes y los españoles los ocupan. les comenzaron á desamparar los rebeldes y embarcarse con mucha presteza en su armada, y se fueron alargando á toda priesa hasta llegar á su galeota que estaba junto á la cortadura á la mano derecha.

Túvose por cierto que, como vieron los rebeldes que las pleytas de los españoles iban saliendo por entre las islas, no podian ver ni juzgar lo que quedaba detras dellas, se persuadieron que eran muchas más y que si esperaban los habian de hacer pedazos, y ansí tuvieron por más acertado irse á poner en salvo, como lo hicieron, Los españoles sitiados en Bomel están fuera de peligro. y los españoles ocuparon los fuertes, con que de todo punto se aseguró la salida y quedaron puestos en su libertad, pues aunque volviera á deshelar y á hacer mucha blandura y el armada rebelde tornara (aunque fuera más poderosa) á ocupar los pasos y puestos que habia tenido, no era bastante á defender la salida á tierra firme á los tres tercios de españoles que habia sitiado.

El conde Cárlos que vió este buen suceso, que estaba frontero del castillo en donde se hallaba D. Francisco, fué á darle el parabien del buen efecto que se habia hecho, Los españoles enfermos comienzan á salir de la isla. y ordenó que en las pleytas y esta galeota se embarcasen todos los enfermos que D. Francisco habia hecho recoger en el castillo, que eran más de trescientos, y su misma persona los fué á embarcar con el mayor amor que se podia imaginar, porque siempre este valeroso caballero se le tuvo muy grande á todos los soldados. Quisieron los rebeldes al pasar las pleytas y la galeota embestir con ellas, pero el conde Cárlos habia hecho mejorar una culebrina, y en comenzándoles á tirar con ella y con las piezas que estaban en la iglesia de Orte se alargaron, demás que los muchos y gruesos hielos que habia no les dejaban navegar. Despues de haber pasado los enfermos y gente inútil, envió D. Francisco de Bobadilla un atambor á los rebeldes para traer el cuerpo del capitan Melchor martinez, y les llevó los cuarenta 129 escudos que habia prometido. Los rebeldes le enviaron y D. Francisco le mandó hacer un solemne entierro. Los demas españoles, en las pleytas y pontones que los de Bolduque habian fabricado para su pasaje, comenzaron á romper los hielos para poder barquear mejor y que la gente pasase con más brevedad, y mandó que se embarcasen las banderas primero que nadie, y ordenó que con las del tercio del coronel Cristóbal de Mondragon se embarcase y las llevase á cargo el capitan gaspar de Holasso, natural de Baeza y valiente soldado; y con los del Maestre de campo Agustin Iñiguez el capitan D. Pedro de Luna, y con el de D. Francisco de Bobadilla el capitan Diego Coloma; El conde Cárlos se alegra con los españoles y les remedia su necesidad y acompaña las banderas. y estando para embarcarse llegó el conde Cárlos de Mansfelt, con que se alegraron tanto los españoles como se puede desear, y les llevó mucha cantidad de pan, que no poca necesidad tenian dél por haber más de ocho dias que no lo habian probado; y fué acompañando las banderas hasta Bolduque, y despues de hecho el primer pasaje se huyeron todos los marineros de las pleytas sin querer tornar á ellas, pareciéndoles que si volvian por más españoles se habian de ver en el mismo peligro que estuvieron. Tanto puede el haberse visto en él, sin esperanza de remedio, que con haberle tenido hace tanta impresion el temor en la memoria de algunos, y más en gente desta calidad que no la pierden de los trabajos pasados, pues les parece que siempre los tienen presentes y no han de saber salir dellos. El Conde hizo buscar gente para barquear las pleytas y otras barcas que tenia apercibidas para acabar de poner en salvo los españoles, pero no los pudieron hallar, ó á lo menos no hicieron mucha diligencia las personas á quien lo encomendó; y porque habian avisado dello á Don Francisco, el mártes, a los 10 de Diciembre, envió antes que amaneciese á los capitanes Manuel de Vega y á Diego de la Peñuela, personas valerosas y de mucho cuidado. Puesto el posible, hallaron marineros y barcos suficientes con que acabó de pasar la gente, habiéndoles pagado todo el dinero que quisieron, que para semejantes ocasiones no se ha de reparar en él. La postrera persona que salió del peligro de Bomel fué D. Francisco de Bobadilla. El postrer hombre que se embarcó para salir de aquel peligroso trabajo fué D. Francisco 130 de Bobadilla, que hasta en esto quiso mostrar su valor y dar ejemplo á todos sus soldados. Estuvieron en aquel trabajo nueve dias los afligidos y ya libres españoles sin comer los más dellos, molestados de los rebeldes, de frios, de la desnudez y hambre, causa de que enfermaron muchos; habiéndose señalado en el ganar las isletas y en todas las facciones que se ofrecieron muchos soldados particulares y trabajado y asistido como se puede desear, en especial Alonso Jorge y Juan de Ribera Zambrana, ya nombrados, y lo mismo Alonso Mesaludeña, que después fué Capitan de infantería española en Flandes, y hoy es Sargento mayor de la milicia general de España en el partido de Córdoba, y muy valiente y bien entendido soldado; y no ménos los alféreces Simon Antuñez, Diego de Recha Costilla, Juancho Duarte, Gaspar de Biedma, Juan Herrera, natural de Cuellar, y Francisco de Escamez y otros muchos particulares soldados, especialmente Juan Iñiguez, hijo del Maestre de campo Agustin Iñiguez. Los de la villa de Bolduque los agasajaron á todos y con sumo amor curaron á los enfermos, y á los que estaban sanos les dieron refresco de pan, queso y cerveza; y para mostrar Dios su piadosa clemencia, Fuerza en los yelos causada por milagro. hizo tanta blandura que comenzó á deshelar, sin haber durado el rigor del hielo más de dos dias, que bastó para cuajar milagrosamente todas las inundaciones de las aguas, de tal manera, que se engrosaron más de media pica en fondo; y tan fuerte quedó lo helado, que podia pasar el artillería por encima. Nadie puso duda en conocer fué un evidente milagro, y los mismos rebeldes lo decian cuando se retiraban desde sus navíos, y que no creyeran que por tan extraño camino hubiera Dios librado de sus manos á los españoles; y se tuvo por cierto si allí perecieran, volvieran de nuevo la mayor parte de los Estados pacíficos á rebelarse, que no fuera cosa nueva pues tantas veces lo han hecho. Número de los españoles que estuvieron sitiados en Bomel y sus banderas. Eran cinco mil y más españoles repartidos (como ya he escrito) en sesenta y una banderas y un estandarte de caballos. No se estimara en tanto la pérdida de todos como la reputacion de tantos y tan valerosos soldados y Capitanes como allí habia. Los del tercio de D. Juan del Águila no corrieron ménos riesgo, y habian sentido en tanto extremo 131 el peligro en que sus amigos y paisanos se vieron, que de muy buena gana (si creerse puede) trocaran sus vidas por las suyas, y cuanto humanamente pudieron hacer para socorrerlos pusieron por obra; pero Dios por su misericordia quitó á todos de ese cuidado, con que se remediaron muchas cosas y se rompieron los designios de los rebeldes, y se conoció el intento de muchos personajes del país, que como vieron á los españoles en aquel aprieto y creyeron no se libraran, se descubrieron sus deseos y abrieron el camino para muchas cosas que tuvieron remedio, porque el tiempo que las habia cubierto nos las fué enseñando en las ocasiones que veremos.

Sabe Alexandro. El conde Cárlos de Mansfelt habia dilatado de enviar aviso á Alexandro del trabajo en que estaban los tres tercios de españoles, pareciéndole que con las diligencias que hacia los sacaria dél; pero habiendo llegado á su noticia, sin haber visto carta del Conde ni de D. Francisco de Bobadilla, partió de la villa de Bruselas para la de Bolduque, caminando de noche y de dia con extraña diligencia, sin más corte ni acompañamiento que la compañía de caballos de su guardia, y con el mayor sentimiento que jamás hombre pudo tener; y con una determinacion tan honrada como dél se podia esperar, y no de otro Príncipe en el mundo, de entrarse en una barquilla á padecer con los españoles, cuando no tuviera ni hallara remedio de podellos socorrer y librar. Con esto les pagaba el amor que siempre le tuvieron y el deseo de verle. Tenian muy gran razon de llamarle á voces y clamar por él cuando se veian en aquel peligroso trabajo, pues como verdadero padre, amigo y compañero iba á padecer y morir como el más mínimo soldado español que allí estaba. ¿Qué General hay ni ha habido de quien se pueda escribir una eterna y gloriosa hazaña como ésta, pues sin mirar resperos, ni calidad, ni otras obligaciones que pudiera, siendo nieto de un emperador, Cárlos V? Mas en esto le parecia que de su voluntad fuese á padecer un eterno martirio, pues lo era y muy grande sufrir, y pasarle Dios á manos de herejes y enemigos de su Iglesia. Cuando de Alexandro no se supiera más de esta fineza, bastara para darle nombre á sus heróicas hazañas; pero 132 como fueron tan notorias y vistas de los ojos del mundo, ni me detendré en referirlas ni encarecerlas. Llegó, pues, Alexandro á la villa de Arentales, donde tuvo nueva cierta que los españoles estaban ya libres en la de Bolduque. Diósela Monsieur de Vasoñi, y fué tanto el contento que recibió que le abrazó muchas veces y le dió en albricias el gobierno de la villa de Bolduque; y porque convenia volverse á la de Bruselas, con la misma diligencia lo hizo sin pasar adelante, pues no habia para qué, y no hallarse con descomodidades, pues fué tan á la ligera. En llegando á su corte escribió á D. Francisco de Bobadilla una carta que, por haber llegado á mis manos me pareció copiarla, y decia así:

Carta de Alexandro á D. Francisco de Bobadilla. «Del Capitán y Sargento mayor Diego de Escobar, habrá vuestra merced entendido el cuidado y congoja que me dió la nueva que tuve del riesgo en que se hallaban las sesenta y una banderas de infantería española del cargo de vuestra merced; y así, para cumplir con el mio y con la obligacion que tengo á la nacion y persona de vuestra merced, juzgando por lo menor de todo aventurar la mia, mi sangre y el resto para acudir en general á esta necesidad, y en particular á la del más mínimo soldado dellos, partí de aquí el mismo dia en extrema diligencia, y llegando á Arentales supe con sumo contentamiento mio como se habia salido del trabajo, y que vuestra merced y la gente con los demas quedaban en salvo sin pérdida de ninguna cosa, de que doy infinitas gracias á nuestro Señor, y á vuestra merced las que se deben por haberse gobernado con la prudencia, valor y destreza que se esperaba en esta parte, dando las que les toca desto á los Capitanes, Oficiales y soldados. á quien de la mia dirá vuestra merced la satisfaccion con que quedo desta faccion; y por tenerla cumplida y el regocijo que deseo, no falta sino una relacion de vuestra merced, que la espero con el mayor del mundo, y buenas nuevas de su salud y de la de los amigos, que lo son todos, y nuestro Señor guarde á vuestra merced. De Bruselas á 16 de Diciembre de 1585.—Alessandro Farnese.»

133 D. Francisco estimó esta carta como era razon; no ménos los Capitanes y soldados por los favores y mercedes que les hacia en ella; que no poco alivio es para ellos en semejantes acontecimientos razones y cartas regaladas de sus Generales y superiores, pues siempre mueven y son agradecidas; y costando tan poco como un pliego de papel, las encarecen algunos de manera que les parece pierden el autoridad de Generales y de quien son si satisfacen á sus Capitanes con razones ó papeles que algunas veces suelen hacer tanto efecto como las obras.

Alexandro manda apretar el sitio de la villa de Grave. Despues de haberse curado los enfermos españoles en Bolduque y refrescándose los sanos, los hizo alojar el conde Cárlos en la campaña, ménos siete compañías que quedaron á ocupar un puesto junto á la villa de Grave, que como Alexandro tenia intento de ganarla, y perdidas ya las esperanzas de hacer pié en las islas de Holanda y Gelanda, para cuyo efecto habia mejorado su ejército á la isla de Bommel, mandó al Conde que apretase el sitio de Grave, el cual, juntamente con D. Juan del Aguila, se volvieron al lugar de Herpe, donde habian estado para este mismo efecto, y luégo se comenzó, juntamente con un regimiento de alemanes, á hacer un fuerte á media legua de Grave, sobre un dique del rio Mosa, cerca de la villa de Rabesquen, que lo es del duque de Cleves. Hízose otro fuerte frontero deste á la otra parte de la Mosa, que es á la del ducado de Güeldres, que correspondia con este otro que se habia hecho á la de Brabante.

Monsieur de Hautepena gana dos fuertes á los rebeldes y otras plazas. Monsieur de Hautepena que con un buen número de gente habia hecho otros fuertes para sitiar la villa de Grave y corrídoles las campañas, ganó en este tiempo á los rebeldes dos fuertes, y en el uno cinco piezas de artillería gruesas, y muchos bastimentos y municiones, con las cuales fué á batir unos castillejos que están sobre el rio Mosa, á la parte de la villa de Nimega, donde habia ciento y treinta soldados de los rebeldes, y se rindieron á los últimos de Diciembre deste año de 1585. Salieron con sus armas y bagaje y se fueron á la villa de Grave, y lo que sucedió veremos más adelante.


(Aquí concluye el Libro noveno. De las guerras civiles y rebelión de Flandes, en que se contienen los sucesos del año 1585 de Alonso Vázquez.)