Discurso preliminar del autor

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(del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

Importancia de la historia del Jacobinismo. — Primer error que se debe disipar sobre la causa de la revolucion. — Verdades opuestas á este primer error. — Segundo error sobre la naturaleza de la revolucion. — Verdades opuestas á este segundo error. — Consecuencia legítima de estas verdades. — Importa á los pueblos saber los proyectos de los Jacobinos. — Interes de las Potencias. — Objeto de estas Memorias. — Triple conspiracion que se ha de manifestar, y plan de estas Memorias. — Consiguientes de estas conspiraciones.

Augustin Barruel, el autor de estas MemoriasAugustin Barruel, el autor de estas Memorias

Desde los primeros dias de la revolucion francesa, se manifestó, con el nombre fatal de Jacobinos, una secta, que enseña y sostiene que todos los hombres son iguales y libres. En nombre de esta igualdad y libertad asoladoras, los Jacobinos derribaron los altares y los tronos; y, proclamando igualdad y libertad, excitaron la rebelion y precipitaron los pueblos en la mas horrorosa anarquía. En el instante que apareció, contó la secta con trescientos mil iniciados y la sostenian dos millones de brazos, que se movian á su voluntad en toda la Francia, armados de teas incendiarias, de picas, de segures y de todos los rayos abrasadores de la revolucion. Las atrocidades inauditas que se vieron y cometieron, y la sangre de los pontífices, sacerdotes, nobles y ricos, de ciudadanos de toda clase, edad y sexo, que inundó aquel vasto imperio, fue obra de los Jacobinos, que protegieron, pusieron en movimiento y dieron impulso y accion á los asesinos. Estos, despues de haber ultrajado y cubierto de ignominia en una larga prision al rey Luis XVI, á la reina y á la princesa Isabel su hermana, los asesinaron autorizadamente sobre un cadalso, amenazando al mismo tiempo á todos los X soberanos de la tierra con el mismo destino. Ellos han hecho de la revolucion francesa el azote de la Europa y el terror de las potencias, que se coligaron en vano para atajar los progresos de los ejércitos revolucionarios, mas numerosos y devastadores que los de los Vándalos.

Pero ¿y que gente es esta, que parece ha vomitado el abismo en un momento, y se ha presentado con sus dogmas y aceros revolucionarios, con sus proyectos y medios, con sus planes y resoluciones las mas feroces que han visto los siglos? Que secta es esta, y como tiene tantos iniciados, que siguen el sistema del frenesí y de la rabia contra todos los altares y tronos, y contra todas las instituciones y usos religiosos y civiles de nuestros abuelos? Si el nombre de Jacobinos se oyó por la primera vez en los primeros dias de la revolucion, los sectarios son anteriores al derramamiento de sangre, y los verdugos que la derramaron, ya tenian afilados sus aceros. Estos fueron los primogénitos y los hijos queridos de la igualdad y libertad. ¿Y en que escuela cursaron? quienes fueron sus maestros? cuales sus proyectos ulteriores? Y cuando la revolucion francesa haya llegado á su término ¿estarán satisfechos los Jacobinos? cesarán de afligir la tierra, de profanar los templos, de asesinar los reyes, los pontífices, sacerdotes, y los ciudadanos de toda clase, edad y sexo? cesaran de trastornar los gobiernos y de seducir los pueblos?

Importancia de la historia del Jacobinismo.

Las naciones y los que están á su frente para atender á la conservacion y felicidad de las sociedades, no pueden mirar con indiferencia estas cuestiones, que son muy importantes. He creido que XI no era imposible resolverlas, y me ha parecido que debia buscar su resolucion en los anales y archivos de la misma secta, imponiéndome en sus principios, proyectos, sistemas, manejos y medios. A esto me dedico, y á este objeto consagro estas Memorias. Aunque las miras y conspiracion de los Jacobinos se hubiesen limitado a las horribles escenas, que ya se han representado; aunque yo hubiese visto, despues del uracán de la revolucion, renacer la serenidad de la pública tranquilidad que nos asegurase el fin de los horrores del jacobinismo, no por eso creeria ser de menor interes rasgar el denso velo, que cubria los tenebrosos manejos de los autores de la revolucion. Las épocas de las pestes, y la historia de las públicas calamidades, que en ciertos tiempos han afligido á la humanidad y han desolado la tierra, no son objetos de mera curiosidad, aun cuando los pueblos crean que respiran un aire puro. Por lo regular, el descubrimiento de los venenos indica los antídotos que se deben propinar, y la historia de los monstruos nos recuerda las armas con que fueron vencidos. Cuando las calamidades pasadas vuelven á aparecer, ó se teme que vuelvan á afligirnos, es utilísimo saber las causas que atajaron sus estragos, los medios que podian aplicarse para impedir sus progresos, y los yerros que las pueden reproducir. La generacion presente se instruye con las desgracias pasadas, y en la historia del jacobinismo hallará la posteridad instruccion para ser mas feliz, sufocando la semilla de una revolucion que, como la francesa, pueda conspirar contra los altares, los tronos y las sociedades. No escribo solamente para la posteridad; la generacion presente tiene mucho que aprender y mucho que temer; XII tiene que disipar muchas ilusiones, que pueden dar ocasion á que renazcan los estragos, en el mismo momento en que se cree que han llegado á su fin.

Primer error que se debe disipar sobre la causa de la revolucion.

No nos alucinemos. Conozco hombres, que se han obcecado sobre las grandes causas de la revolucion francesa. Los he visto empeñados en persuadir, que es desatino pensar el que antes de la revolucion existiese alguna secta revolucionaria y conspiradora. Para estos, cuanto ha acontecido en Francia, las calamidades que la han afligido, y los horrores con que se ve amenazada la Europa, se suceden y eslabonan por el simple concurso de circunstancias imprevistas é imposibles de preverse. Les parece que perderian el tiempo, si buscasen conspiraciones y agentes que hayan urdido la trama y eslabonado la cadena de los acontecimientos. Los actores, dicen, que mandan hoy, ignoran los proyectos de los que los precedieron, y sus sucesores no podrán formarse idea del objeto y miras de los presentes. Pero estos presumidos observadores, preocupados en una opinion tan falsa, y alucinados con un error tan perjudicial, tendrán valor para decir á las naciones: «No hay que temer; no hay porque alarmarse en vista de la revolucion francesa; esta ha sido un volcán, que se ha abierto y ha hecho su erupcion, sin que se puedan saber los materiales que le han preparado; pero solo arderán sus llamas en el pais de su nacimiento, y en el mismo se apagarán. No hay que temer; las causas que le han preparado no se hallan en vuestros climas; los elementos en vuestros XIII paises estan menos expuestos á fermentar; las leyes que os gobiernan son mas análogas á vuestro carácter; teneis la felicidad pública mejor establecida, y por lo mismo la suerte de la Francia no llegará hasta vosotros, y en caso que os haya de tocar, será en vano cuanto practiqueis para impedirla, pues que el concurso y fatalidad de las circunstancias os arrastrarán, venciendo toda vuestra repugnancia y resistencia; y no seria de admirar, que las mismas diligencias que practicaréis para alejar el mal, sirvan para acelerarle y aumentarle.»

¿Y habrá quien crea que este error, capaz de sacrificar á cuantos se entreguen á una fatal seguridad, ha entorpecido hasta aquellas personas que Luis XVI habia colocado junto á su trono, para desviar los golpes que la revolucion descargaba incesantemente? Las conozco. Tengo entre mis manos una memoria de un ex-ministro, á quien pidieron su parecer sobre las causas de esta revolucion, y se le pedia en particular una lista de los prinicipales conjurados y una exposicion del plan de la conspiracion. Pero él contestó, sin la menor perplejidad, que era inútil practicar diligencias para encontrar hombres que hubiesen meditado la ruina del altar y del trono, ó formado algun plan al que se pudiese dar el nombre de conjuracion. ¡Infeliz monarca! Si los que deben desvelarse en la custodia de vuestra persona, ignoran hasta el nombre y existencia de vuestros enemigos, y de los de vuestro pueblo, ¿nos admiraremos de que vos y vuestro pueblo llegueis á ser sus víctimas? XIV

Verdades opuestas á este primer error.

Apoyado sobre los hechos y con las pruebas mas incontrastables que desenvolveré en estas Memorias, sostendré lo contrario. Diré y demostraré lo que mas importa saber á los pueblos, y á los que los presiden y gobiernan. Diré que, en esta revolucion francesa, todo hasta los delitos mas atroces, estaba previsto, meditado, combinado, resuelto y establecido. Todo ha sido efecto de la mas refinada malicia; pues todo lo prepararon y dirigieron unos malvados, que mucho antes habian urdido, en sus juntas secretas, la trama de la conspiracion, y que han sabido apresurar y aprovecharse del momento favorable á la conjuracion. Si en los acontecimientos de esta ocurrieron algunas circunstancias, que parecen agenas de la conspiracion, no por eso dejaron de tener su causa y agentes secretos, que las hicieron nacer y supieron valerse de ellas como de resortes para dar movimiento á su complicada máquina, á fin de que esta obrase conforme á sus intentos. Es decir, que estas mismas circunstancias pudieron servir de pretexto y ocasion; pero la grande causa de la revolucion, de sus grandes delitos y atrocidades no dependió de ellos; pues muchos años antes se habia ya decretado en sus maquinaciones.

Cuando yo llegue á manifestar el objeto y extension de esta conspiracion, me veré precisado á disipar otro error aun mas nocivo que el antecedente. Hay ciertos hombres ilusos, que convienen en que la revolucion francesa estaba premeditada; pero que la intencion de sus autores solo tenia por objeto la felicidad y regeneracion de los imperios. Dicen, que si sucedieron grandes desgracias y si estas se XV enlazaron con sus proyectos, fue porque hubo grandes obstáculos, y porque es imposible reengendrar un gran pueblo sin fuertes debates; pero que al fin los uracanes no son eternos, las olas se aquietarán y renacerá la calma: cuando esta se manifieste, se avergonzarán las naciones de haber resistido á la revolucion francesa; pero no tendrán mas que hacer sino imitarla, ateniéndose á sus principios.

Segundo error sobre la naturaleza de la revolucion.

Este error es el que principalmente intentan acreditar y propagar los corifeos del Jacobinismo. Este les ha dado, para que fuesen los primeros y principales agentes é instrumentos de la revolucion, aquel escuadron de Constitucionales, que aun estan embelesados contemplando sus decretos sobre los derechos del hombre, como si fuesen una obra magistral de derecho público, y que les dan la esperanza de ver á todo el universo reengendrado por esta rapsodía política. Este mismo error les ha agregado una prodigiosa multitud de secuaces, mas ciegos que furiosos, que se podrian tener por hombres de bien, si la virtud fuese capaz de combinarse con los medios feroces de que se valieron los conjurados, con el pretexto de mejorar la nacion. El mismo error ha atraido á muchos otros, cuya estúpida credulidad, á pesar de las mejores intenciones, no descubre en los horrores del 10 de Agosto, y en la carnicería del 2 de Setiembre, mas que unas desgracias necesarias. Y este error, en fin, les ha agregado á los que en el dia se consuelan con la esperanza de un mejor órden de cosas, á pesar de tres ó cuatro cientos mil asesinatos, de algunos millones de víctimas de la guerra, del hambre, de la guillotina, de las convulsiones XVI revolucionarias que ha perdido la Francia, y de la inmensa despoblacion que esta experimenta.

Verdades opuestas á este segundo error.

Opondré á esta esperanza falaz, y tan imaginarias buenas intenciones, los proyectos y resoluciones de la secta revolucionaria y sus verdaderos proyectos y conjuraciones, para llevarlos á ejecucion. Diré, y debo decirlo, pues las pruebas lo demuestran, que la revolucion francesa ha sido lo que debia ser, segun la intencion y espíritu de la secta; cuanto mal ha hecho, debia hacerlo; los enormes delitos y atrocidades que se han cometido, no son otra cosa que unos consiguientes necesarios de sus principios y sistemas. Añado, que la revolucion francesa, lejos de prepararnos un órden mejor de cosas, no es mas que un ensayo de la fuerza de la secta, pues sus conspiraciones tienen por objeto á todo el mundo. Si para lograr sus intentos, en cualquiera parte del orbe, juzga necesarios los mismos crímenes, ella los ejecutará, será igualmente feroz, y segun sus proyectos será lo mismo en todas partes, si el progreso de sus errores le promete los mismos resultados.

Consecuencia legítima de estas verdades.

Si entre mis lectores hubiese algunos que dijesen: «si la secta es lo que dice este escritor, es preciso, ó acabar con los jacobinos, ó perecerán todas las sociedades; pues en todas, sin excepcion, á los gobiernos actuales sucederán las convulsiones, los trastornos, los asesinatos y la infernal anarquía de la Francia;» responderé, que asi es, una de las dos cosas ha de suceder, ó el universal desastre, ó el aniquilamiento de la secta; pero debo añadir, que XVII no se ha de aniquilar la secta imitando sus furores, su rabia sanguinaria, y el entusiasmo homicida con que embriaga á sus apóstoles. No ha de ser degollando y sacrificando sus sectarios, ó clavándoles en el pecho los cuchillos de que se armó. La secta se ha de destruir asaltándola en sus mismas escuelas, disipando sus ilusiones, manifestando lo absurdo de sus principios, la atrocidad de sus medios, y sobre todo la perversidad y malicia de sus maestros. Sí; acabemos con los jacobinos; pero conservemos la vida á los hombres: destruyamos sus opiniones, y conservemos las personas: la secta acabará su existencia, si sus iniciados y discípulos la abandonan para someterse á los principios de la razon y de la sociedad. Es verdad que la secta es monstruosa, pero no son monstruos todos sus discípulos. La reserva con que ocultaba á muchos sus últimos proyectos, las precauciones de que se valia para revelar sus misterios solamente á los escogidos, manifiestan, que temia verse sin medios, sin fuerzas y abandonada de muchos, si todos hubiesen sabido lo horroroso de sus secretos. Yo asi lo creo; y, á pesar de la depravacion de los jacobinos, la mayor parte habria abandonado la secta, si hubiesen sabido prever el término á que los conducia y los medios de que debia valerse. Porque ¿como es posible hubiesen sido tantos los jacobinos, y como habrian podido sujetarse á tan abominables gefes, si hubiese sido posible decirles y hacerles entender: ¡Ved los proyectos de vuestros gefes; mirad hasta donde se extienden sus maquinaciones y conspiraciones! XVIII

Importa á los pueblos saber los proyectos de los Jacobinos.

Si la Francia, cerrada en el dia como el infierno, no puede oir otros gritos que los de los demonios de la revolucion, nos hallamos en unas circunstancias en que aun pueden preservarse de sus voraces llamas las otras naciones. Todas han oido hablar de las atrocidades y desgracias, que se han cometido y sentido en Francia; pero es menester que sepan tambien la suerte que á ellas mismas les espera, si los jacobinos triunfan. Es preciso que sepan, que las revoluciones de sus propios paises hacen parte del gran plan de conjuracion, asi como la de la Francia, y que todos aquellos delitos, toda aquella anarquía, todas las atrocidades que se han seguido á la disolucion del imperio frances, no son mas que una parte de la disolucion que á todos se les prepara. Es necesario que sepan, que tanto su religion, como sus ministros, templos, altares y tronos no son menos objeto de esta conspiracion de los jacobinos, que la religion, los sacerdotes, altares y trono de Francia.

Interes de las Potencias.

Cuando parecia que ciertos simulacros de paz ponian fin á la guerra entre los jacobinos y las potencias aliadas, debian estas saber hasta que punto podian contar con los tratados de aquellos. Entonces, mas que nunca, era necesario atender al objeto de estas guerras que hace una secta, que envia sus legiones, no tanto para apoderarse de los cetros, como para romperlos á todos; que no prometia á sus secuaces las coronas de los príncipes, XIX reyes y emperadores, sino que exigia de sus iniciados el juramento de quebrantar y destruir las mismas coronas, príncipes, reyes y emperadores. Y entonces, mas que nunca, se debia reflexionar, que la guerra mas peligrosa con las sectas, no es la que se hace en los campos de Marte. Cuando la rebelion y anarquía son los elementos de los sectarios, se pueden desarmar los brazos; pero queda la opinion y persevera la guerra en los corazones. Una secta, aunque se vea precisada á ocultarse, ó á aparentar cierta calma, no deja de ser secta; podrá aparentar que duerme; pero su sueño será el reposo momentáneo de los volcanes; estos cesan de vomitar torrentes de llamas, pero sus fuegos subterráneos estan en movimiento; se abren nuevas salidas y preparan nuevos sacudimientos. No es, pues, el objeto de estas Memorias la paz ó guerra que se hace de potencia á potencia. Sé que, aun cuando subsiste todo el peligro, no siempre han de estar desenvainados los aceros, ni siempre hay recursos para sostener la guerra. Dejo á los gefes de los pueblos el conocimiento de sus medios y fuerzas; pero sé que hay una especie de guerra, cualesquiera que sean los tratados, en que la confianza en ellos puede llegar á ser muy funesta á las naciones. Esta es la de los conjurados, y pricipalmente la de ciertos sectarios, á quienes los tratados públicos no les hacen olvidar sus votos y juramentos. ¡Desgraciada la potencia que se allana á hacer la paz, sin saber porque su enemigo le ha declarado la guerra! Lo que hicieron los jacobinos antes de estallar la primera vez, lo volverán á hacer cuando quieran volver á estallar; ellos, rodeados de tinieblas, irán en seguimiento del grande objeto de sus conspiraciones, y los nuevos desastres enseñarán á los XX pueblos, que toda la revolucion francesa no ha sido mas que el principio de la disolucion universal, que la secta medita.

Objeto de estas Memorias.

He aqui el objeto de mis investigaciones; dar á conocer los designios secretos de los jacobinos, la naturaleza de su secta, sus sistemas, sus marchas ocultas y tenebrosas, y sus conspiraciones subterráneas. Hemos visto el frenesí, rabia y ferocidad de las legiones de la secta; se sabe muy bien que son los instrumentos de todos los crímenes, devastaciones y atrocidades de la revolucion francesa; pero no todos saben que maestros, que escuelas, que instrucciones y que manejos los han hecho tan feroces. No será fácil á la posteridad formar juicio de las plagas por sus efectos, sino despues de mucho tiempo; el que quiera pintar el cuadro lúgubre de las calamidades que hemos padecido, que mire sus alrededores; los escombros y ruinas de los templos, de los palacios, de las poblaciones atestiguarán por mucho tiempo la barbárie de los modernos Vándalos. La espantosa lista del príncipe y sus vasallos asesinados y proscritos, la despoblacion y soledad de las provincias recordarán el reino de las fatales linternas, de las voraces guillotinas, de los bandidos asesinos, y de los legisladores verdugos.

Estos pormenores, aunque humillan tanto la naturaleza, como afligen el espíritu, no pueden ser el objeto de estas Memorias. Lo que debo recordar, con especialidad, no es lo que han hecho las legiones infernales de Marat, Robespierre, Sieyes, y Felipe de Orleans, sino que debo manifestar las XXI conspiraciones y sistemas, las escuelas y maestros cuyas teorías siguieron los Sieyes, los Felipes, los Condorcets y los Pethiones, y que preparan á los pueblos y naciones nuevos Marats y Robespierres. Lo que me propongo, es que en adelante nadie se admire, sabido el sistema y manejo de los jacobinos, de sus resultados y de lo que pueda aun sobrevenir. Tan natural es á la secta el derramamiento de sangre, la impiedad contra los altares, el furor contra los tronos y las atrocidades cometidas, como á las pestes ser desoladoras; si estas llaman la vigilancia de los pueblos, para que no se introduzcan, la secta jacobina, no menos desoladora, exige que se tomen todas las precauciones para preservar á los pueblos y naciones de sus estragos. A este fin se dirigen mis desvelos é investigaciones sobre la secta, su orígen, proyectos, manejos, medios, progresos y gefes.

Triple conspiracion que se ha de manifestar, y plan de estas Memorias.

Su resultado, y el de las pruebas que me han suministrado los archivos de los jacobinos y de sus principales maestros, es que su secta y conspiraciones son el conjunto, ó coalicion de tres sectas y tres conspiraciones, que muchos años antes de las revolucion francesa se reunieron contra los altares, los tronos y las sociedades.

1.º Muchos años antes de la revolucion, ciertos personages, que se daban y hacian dar el tratamiento de filósofos, conspiraron contra el Dios del Evangelio, contra todo el Cristianismo, sin excepcion ni distincion ente católico ó protestante, anglicano ó presbiteriano. El objeto esencial de XXII esta conspiracion era destruir los altares de Jesucristo, y esta conjuracion es la de los sofistas de la incredulidad é impiedad.

2.º A esta escuela de los sofistas impíos acudieron, y presto se perficionaron en ella los sofistas de la rebelion. Estos, añadiendo á la conspiracion de la impiedad contra los altares de Jesucristo la conspiracion contra todos los tronos de los reyes, se reunieron á la antigua secta, cuyas maquinaciones componian todo el secreto de las últimas lógias de la franc-mazonería, pero que de mucho tiempo acá se burlaba de la honradez de los primeros iniciados, reservando solo para los escogidos entre los escogidos el secreto de su odio reconcentrado contra Jesucristo y los monarcas.

3.º De los sofistas de la impiedad y rebelion nacieron los sofistas de la impiedad y anarquía, que ya no conspiran solo contra el Cristianismo, sino contra toda religion, hasta contra la misma religion natural; conspiran, no solo contra los reyes, sino tambien contra todo gobierno y sociedad civil, y aun contra toda especie de propiedad. Esta tercera secta, con el nombre de Iluminados, se unió á los sofistas conjurados contra Jesucristo, y á los sofistas y mazones conjurados contra Jesucristo, y los reyes. Esta coalicion de los iniciados de la impiedad, de los iniciados de la rebelion, y de los iniciados de la anarquía, formó el club de los Jacobinos, y bajo de ese nombre, que en el dia es comun á la triple secta, los iniciados reunidos continuan en tramar su triple conspiracion contra el altar, el trono y la sociedad. Tal es el orígen, progresos y conspiraciones de esta secta desoladora, que se ha hecho tan famosa con el nombre de Jacobinos. XXIII

El objeto, pues, de estas Memorias, es manifestar separadamente el carácter de cada una de las tres conspiraciones, sus autores, sectarios, medios, progresos y coaliciones. Sé que necesito de pruebas para denunciar á las naciones unas conjuraciones de esta naturaleza, y que tanto importa que se descubran: prometo que lo probaré hasta la evidencia, y por eso doy á este escrito el nombre de Memorias. Podia limitarme á escribir la historia de los jacobinos; pero me acomoda mas, que la historia halle en estas Memorias una compilacion de las pruebas que necesita; pruebas demostrativas, pruebas multiplicadas y extractadas particularmente de las confidencias y archivos de los mismos conjurados.

Consiguientes de estas conspiraciones.

Con estas pruebas no temo decir á las naciones y pueblos: «Cualquiera que sea la religion que profesais, cualquiera el gobierno de que sois súbditos, y á cualquiera clase de la sociedad que pertenezcais, sabed que si el Jacobinismo triunfa, si los proyectos y juramentos de la secta se cumplen, perderéis vuestra religion y sacerdocio, vuestro gobierno y leyes, vuestras propiedades y magistrados. Vuestras riquezas, vuestros campos, vuestras casas, hasta vuestras chozas; vosotros mismos y vuestros hijos ya no serán, ni seréis vuestros. Pensabais que la revolucion terminaria en Francia; pero ella no ha sido mas que el primer ensayo de los jacobinos. Los designios, juramentos y conspiraciones de estos sectarios se extienden y abrazan la Inglaterra, la Alemania, la Italia, la España y todas las naciones como la francesa.» XIV

Los lectores no atribuyan á fanatismo ni á entusiasmo lo que digo; lejos de mí y de mis lectores. Pido se lean mis Memorias, y se examinen mis pruebas á sangre fria; de esta he necesitado para compilarlas y coordinarlas. Para manifestar las conspiraciones que denuncio, seguiré el mismo órden que ha observado la secta para tramarlas. Doy principio por la que ha trazado y teje contra la religion de Jesucristo, á la que doy el nombre de Conspiracion anti-cristiana.