Diderot

Imagen de javcus


(Cap. primero § 4. del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

En cuanto á Diderot, se sabe que sin ser llamado, sino como buen voluntario voló al encuentro de los principales conjurados. D’Alembert lo consideró esencial al objeto de la conspiracion, pues descubrió en él un cráneo enfático, un entusiasmo de pitonisa á favor del filosofismo al que Voltaire habia dado el tono, un desórden en sus ideas solo comparable al del caos, y una volubilidad con la que su lengua y pluma seguian todos los ímpetus y vaivenes de su fogoso cerebro. D’Alembert viendo á Diderot con tales prendas, y tan extraordinarias por desgracia, le tomó por compañero para hacerle ó dejarle decir lo que no se atrevia él mismo. Ambos estuvieron unidos íntimamente á Voltaire hasta la muerte, como Voltaire lo estuvo á Federico. Si como los cuatro juraron de destruir la religion cristiana, se hubiesen resuelto á sustituir otra religion, ó á fundar cualquier escuela, es cierto que no se habrian convenido, pues parece imposible se reunan otros cuatro hombres menos conformes y unánimes para una empresa de este género.