Devoción al Santo Ángel

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Eijo Garay, L., Novena al Santo Ángel Custodio de España, , 1.ª, Madrid, Imprenta Enrique Teodoro, pp. 105, 1917.

Meditación y oración correspondiente al cuarto día de la Novena al Santo Ángel Custodio de España.


Día cuarto

Meditación.
Devoción al Santo Ángel.

I. Siendo tan misericordiosa la divina Providencia que se ha dignado destinar un Santo Ángel para que custodie, guíe y de­fienda a nuestra Patria e interceda constan­temente por ella, ¿no es verdad que debía nuestro pecho rebosar de agradecimiento a la divina bondad y que debíamos tener pro­funda y ferviente devoción al Ángel Custo­dio de España en correspondencia a los cons­tantes favores que de él recibimos?

Y sin embargo, ¡qué olvidada y hasta des­conocida está esa devoción! ¿Cuántos son los españoles que a nuestro Santo Ángel invo­can pidiéndole por la Patria, pidiendo que nos alcance del Señor gracias y luces, per­dón y misericordia, protección y bienandan­za, lo mismo para los individuos que para toda la Nación?

No se trata de una devoción de origen privado, que pueda parecer a unos o a otros más o menos acertada; se trata de una de­voción aprobada por la suprema autoridad de la Iglesia, y litúrgica, oficial. La Santa Sede Romana, accediendo a los piadosos deseos del Rey D. Fernando VII, concedió a España que el día 1° de Octubre (1) de cada año se tuviere la fiesta del Santo Ángel Cus­todio de este Reino, con oficio propio, para darle gracias por la asistencia con que nos favorece, por haber puesto fin al cautiverio del Rey y a tantas calamidades como acaba de pasar España y para impetrar su auxilio y protección en los tiempos venideros.

Las devociones litúrgicas debieran ser siempre las más populares, porque son más aceptas al Señor y porque demuestran mayor sumisión del pueblo fiel a la Iglesia docente; ¿quién no sabe que uno de los medios mejores y más eficaces de enseñar y educar al pueblo son los actos litúrgicos bien prac­ticados y meditados?

¡Cuántas gracias derramaría Dios sobre España si toda ella por la intercesión valio­sísima de su Ángel Custodio se las pidiese!

Para demostrar España su agradecimien­to a su Santo Ángel, y para que esa devo­ción dé los óptimos frutos que puede produ­cir, no basta la solemnidad litúrgica ya concedida por la Santa Sede; es preciso que por toda la extensión de la Patria se propa­gue y arraigue, y que en todos los hogares y en todos los pechos españoles tenga culto y amor el Santo Ángel de España.

Piensa cómo has cumplido hasta aquí con ese deber de gratitud, y proponte ser en adelante no sólo devotísimo, sino además propagador de la devoción al Ángel Custodio del Reino.

II. Pondera cuánto daña y perjudica a nuestra Patria el olvido en que suele tenerse el Santo Ángel. Hablando Dios Nuestro Se­ñor a Israel del santo Arcángel destinado para su custodia decía: “He aquí que yo en­viaré mi ángel que te preceda y te custodie en el camino y te introduzca al lugar que te he preparado; atiéndele y escucha su voz y no le seas rebelde, porque no dejará de cas­tigarte si pecas, y mi autoridad está en él; mas si escuchas su voz y le obedeces y cum­ples lo que te mando, Yo seré el enemigo de tus enemigos y afligiré a los que te afli­jan” (2).

Mira qué grandes bienes promete Dios a los pueblos que, conscientes de la angélica protección, procuran cumplir bajo su tutela los divinos mandatos, y cómo en el Ángel está la autoridad divina, pues en nombre de Dios guarda, protege e ilustra con santas inspiraciones.

Un pueblo que no tenga devoción a su Santo Ángel Custodio, ¿cómo cumple aquel divino mandato: “Atiéndele y escucha su ­voz y no le seas rebelde”? ¿Cómo se librará del pecado de ingratitud contra la misericordiosa providencia que tal defensor le ha dado? ¿Cómo logrará los grandes bienes que la divina promesa ha vinculado al amor, ve­neración y obediencia al Santo Ángel?

Hoy que en todos los órdenes se despier­ta la conciencia nacional y España empieza a remediar sus males, reparar sus errores, reconcentrar sus energías para ponerse en condiciones de cumplir con los gloriosos de­beres que su historia y su naturaleza le im­ponen, es preciso que sea consciente de ese deber religioso, que repare el olvido en que está de su Santo Ángel Custodio, que avive en su corazón el amor y la esperanza, y puesta bajo las alas protectoras del espíritu celestial a quien Dios la ha confiado pida perdón por los pecados cometidos, invoque su defensa y patrocinio, y guiada por él cumpla con los deberes que su glorioso nom­bre de Católica le imponen.

Duélete de que estos sentimientos no hayan vivido siempre en tu corazón; foméntalos en ti y en cuantos te rodean y haz pro­pósito firme y eficaz de poner de tu parte cuanto puedas para que la devoción de España a su Santo Ángel Custodio, autorizada y bendecida por la Santa Sede Romana, sea una de las más populares y fervorosas de nuestra Nación.

Oración.

¡Oh, gloriosísimo Ángel Custodio de España!, postrados reverentes ante ti te pedimos perdón por el olvido en que hemos tenido tu protección y tus favores; en nombre de España entera te veneramos y reverenciamos y prometemos para en adelante reparar nuestro pasado olvido con fervorosos actos de amor y devoción. ¡Hemos olvidado, con triste ingratitud, tantas misericordias del Señor! Pero ahora, Ángel Santo, poniéndonos baja el amparo de tus alas, te rogamos que nos obtengas de la divina misericordia generoso perdón de todos nuestros yerros; perdón de tantas ofensas privadas y públicas a la Majestad del Señor; perdón de tantas apostasías; perdón de tantos actos hostiles a la Re­ligión Santa, como ha realizado nuestra Patria contagiada de los delirios antirreligiosos de otros pueblos. Conscientes de nuestros sagrados deberes para con Dios, queremos que nuestra Patria lo adore y que su vida toda se ajuste a los divinos mandatos; conscien­tes de nuestros deberes para contigo y de la misión que la misericordia del Señor te ha confiado sobre nosotros, prometemos serte agradecidos, fieles y obedientes, y guiados de tu mano seguir los caminos del Señor que en mala hora abandonamos. Ilumínanos, con­fórtanos, defiéndenos; abate a los enemigos de nuestra fe, que son a la par los enemigos de nuestra Patria; haz que cumpliendo fiel­mente los divinos mandatos y en inquebran­table unión con la Sede Romana, España sea siempre la Nación Católica por excelen­cia y cada uno de nosotros gane la eterna gloria. Amén.

Padre nuestro… Ave María… Gloria…

Ejemplo.

Si la vigilancia con que nuestro Santo Án­gel nos asiste y sus trabajos por nuestro bien fuesen hechos de los que entran y se perciben por los sentidos, más viva y cons­tante sería la apreciación de ellos y la esti­ma en que los tendríamos, así como el agra­decimiento que nos merecerían.

Mas tratándose de cosas superiores a nuestros sentidos, pásanse los más sin ser notados, ni apreciados, y gran parte tiene eso en el lamentable olvido sobre que acaba­mos de meditar. Pero si los consideramos a la luz de la fe, constándonos de ellos con tan en­tera certidumbre, no puede menos de llenar­se el ánimo de agradecimiento y devoción.

Para avivar esa fe viene muy al caso lo que ocurrió al profeta Eliseo y se narra en el capitulo VI del libro IV de los Reyes. Dice la Sagrada Biblia que el Rey de Siria, que guerreaba con los Israelitas, estando lleno de furor contra Elíseo porque revelando al Rey de Israel los secretos de su enemigo frustraba sus artes de guerra y los lazos que para cogerle prisionero le tendía, determinó apoderarse del Profeta. Habitaba éste en Bothaim y de improviso una noche rodea­ron la ciudad los ejércitos de Siria. Muy de mañana salió un criado del Profeta y al ver así cercada la ciudad corrió a Eliseo a ad­vertirle del peligro exclamando: “Ay, ay, ay, Señor mío, ¿qué haremos? Porque los enemigos tienen rodeada toda la ciudad y no hay sitio por donde huir.”

Eliseo le dijo: No temas; muchos más es­tán con nosotros que con ellos; más podero­sos que nuestros enemigos son nuestros de­fensores. Y levantando los ojos al cielo oró: Señor, abre los ojos de este para que vea. Y abrió el Señor, dice el Sagrado Texto, los ojos del criado y vio; y a sus ojos apareció todo el monte cubierto de caballeros y de carros de guerra, todos de llameante fuego, rodeando a Eliseo, que así protegido venció a sus enemigos.

Oh, abra el Señor los ojos de todos nos­otros, avive nuestra fe para que veamos a nuestro Santo Ángel protegiendo y defen­diendo a España, librándonos de calamida­des y de males, para que apreciemos las mercedes con que nos favorece y le seamos agradecidos y devotos.

(Continúa en la Antífona.)


1 En una carta del año 2006, de la Comisión Episcopal de Liturgia, de la Conferencia Episcopal Española, se comunicó lo siguiente: «Por ajustes en el Calendario después del (Concilio) Vaticano II se celebra el día 2 de octubre. Se celebra como si fuera “fiesta” sobre todo en la Liturgia de las Horas.». (N. del E.)

2 Éxodo XXIII, 20-22.

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