Alemania acaba de pagar la deuda... ¡de la Gran Guerra!

Reichwehr y Bundeswehr: casi un siglo de Historia separa estas fotos.Reichwehr y Bundeswehr: casi un siglo de Historia separa estas fotos.

Informa Libertad Digital que Alemania da por concluida la Primera Guerra Mundial tras pagar su última deuda. Pues ya tocaba, digo yo, aunque nunca es tarde si la dicha es buena. Encabeza la noticia:

Alemania celebra hoy el 20 aniversario de la unificación nacional, pero también el fin de la Primera Guerra Mundial al abonar los últimos pagos de deuda por las llamadas reparaciones de la Primera Guerra Mundial, 92 años después del conflicto bélico.

Se trata de un pago de 69,9 millones de euros que se encuentran reflejados en el punto 2.1.1.6 de los presupuestos del Estado para 2010 para cumplir con el Tratado de Londres de 1953 y que no podían abonarse antes de que el país recuperara su unidad y soberanía.

Aunque ya había acabado de pagar la República Federal Alemana el principal de las reparaciones de guerra en 1983, quedaba todavía el abono de un total de 125 millones de euros para el pago de los intereses de empréstitos extranjeros, que quedaron en suspenso hasta la reunificación de Alemania, que se produjo el 3 de octubre de 1990, hace exactamente veinte años. En fin, hoy Alemania puede dar por concluida —¡casi un siglo ha durado el asunto!— la Primera Guerra Mundial y dejarla ya para la Historia. ¡Felicidades, Alemania!

Buscando por Internet detalles del Acuerdo de Londres de 1953 —el año en que murió la mala bestia de Stalin--, me topo con el siguiente documento, que copio por su interés:

El Acuerdo de Londres de 1953

Friedel Hütz-Adams
Jubileo 2000 Alemania

“los gobiernos de Bélgica, Canadá, Ceilán, Dinamarca, la República Francesa, Grecia, Irán, Irlanda, Italia, Liechtenstein, Luxemburgo, Noruega, Pakistán, España, Suiza, Suecia, la Unión de Sudáfrica, el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Los Estados Unidos de América y Yugoslavia, por una parte y, el gobierno de la República Federal de Alemania, por la otra, con el deseo de remover los obstáculos a las relaciones económicas normales entre la República Federal de Alemania y otros países y, de esa manera, efectuar una contribución al desarrollo de una comunidad próspera de naciones, han acordado lo siguiente…”

(Introducción al Acuerdo de Londres).

A primera vista, podría causar cierta sorpresa el alivio de la deuda alcanzado mediante el Acuerdo de Londres. Al renunciar a la mayoría de sus pretensiones en contra de la República Federal de Alemania, (legalmente, el Heir del régimen Nacional Socialista), los poderes victoriosos de la Segunda Guerra Mundial ayudaron a un país que, apenas unos pocos años atrás, había atacado y destruido parcialmente sus propios territorios. Desde una perspectiva realista, sin embargo, este acuerdo representó no tanto un gesto de reconciliación con un viejo enemigo sino, antes bien, una decisión política fríamente calculada. Por medio del alivio de la deuda, los países acreedores buscaban ayudar a la economía y población alemanas a reconstruir su país, estabilizar su democracia y participar en el comercio mundial. Fueron estas motivaciones políticas las que condujeron a su renuncia extensiva de reclamaciones no canceladas, una renuncia que, apreciada desde la perspectiva contemporánea, fue mucho más allá de lo estrictamente necesario.

Adicionalmente existía otra consideración que incrementó el interés de los países acreedores por aliviar una amplia proporción de las deudas de Alemania: sus demandas a Alemania después de la Primera Guerra Mundial habían sido una de las razones para la inestabilidad económica de la República de Weimar, uno de los factores que facilitaron el surgimiento del Nacional Socialismo y la toma del poder por Hitler.

Antecedentes históricos: el desarrollo de las deudas alemanas entre 1919 y 1933

Después de la Primera Guerra Mundial, mediante el Tratado de Paz de Versalles, se estipuló que el Imperio Alemán debía proceder a efectuar cuantiosas reparaciones económicas a sus enemigos. La severidad de estas demandas, efectuadas especialmente por Francia, tuvo como precedente a los altos pagos que Alemania había conseguido de Francia después de derrotarla en la guerra de 1871. De esta manera, así como Alemania había usado estos pagos para acelerar su desarrollo industrial, las potencias victoriosas intentaban entonces usar las reparaciones de Alemania para la reconstrucción de aquellas áreas que habían sido destruidas durante la guerra.

Francia, cuyos territorios del norte habían sufrido el mayor daño entre todas las naciones combatientes, demandó altos pagos y se le concedió el 52% de las reparaciones (Inglaterra recibió el 22%, Italia el 10%, Bélgica el 8%. Otros pagos se dirigieron a países como Serbia, Japón y Estados Unidos). Por otra parte los franceses aspiraban a que las cuantiosas reparaciones debilitasen permanentemente a Alemania y, de esa manera, le impidiesen que inicie una guerra de retaleación. Por aquel entonces se estaba negociando una suma que alcanzó los 226 mil millones de marcos en oro (Kolb 1984: 44).

Los pagos propuestos se encontraron con un masiva crítica incluso por parte de los participantes no alemanes de las negociaciones. El economista británico John Maynard Keynes demandó infructuosamente una reducción de los pagos: inmediatamente después de la ratificación del Tratado de Versalles, Keynes predijo que tal acuerdo contenía la semilla para una nueva guerra en tanto presionaba a Alemania con obligaciones que no podría satisfacer y con imposiciones (tales como la cesión de territorio y las limitaciones en armamento) de las cuales quería librarse.

Ciertamente, Alemania no deseaba ni podía satisfacer los pagos demandados. Y esto fue renegociado reiteradamente en diversas conferencias consecutivas. Según concuerdan la mayoría de los estudiosos, los constantemente cambiantes gobiernos alemanes de la República de Weimar hicieron poco para resolver tanto la hiperinflación desatada entre 1921-23, cuanto el desempleo masivo ocurrido entre 1929 y 1933. Incluso, en cierto sentido, aquellos gobiernos fomentaron ambas circunstancias: aspiraban a ser exonerados de pagos adicionales en vista de la desastrosa situación económica (Kolb 1984: 45, 49-51, 128-129, 201-204; Meyer 1998: 341).

Los diversos encuentros, la mayoría de los cuales se realizaron en Londres, no pudieron proporcionar una real solución al problema de la deuda. En 1924, el Plan Dawes, negociado por expertos financieros y no por políticos, especificó que las reparaciones anuales efectuadas por Alemania deberían ser adaptadas a su situación económica. Se esperaba que, después de unos pocos años, si se mantenían bajas las tasas de pagos y se procedía a un incremento gradual de las amortizaciones, la economía y el Estado alemanes podrían lograr el tiempo necesario para consolidarse. Adicionalmente, mediante el Plan Dawes, Alemania obtuvo un crédito por 800 millones de marcos de oro a una tasa de interés del 7% (Abs 1991: 16) y se le permitió emitir bonos para ferrocarril y compañías industriales como una garantía para los futuros pagos (Meyer 1998: 36-338).

El Plan Dawes fue promovido por el gobierno estadounidense cuyo propósito era contribuir a un acuerdo global que permitiese una recuperación de la economía alemana y, de esa manera, una expansión del comercio mundial. Aunque dicho plan mejoraba la situación de Alemania, ésta no se encontraba aún en condiciones para satisfacer todas sus obligaciones financieras (Link 1978: 74). Por ello, para poder pagar sus compromisos, este país requirió adquirir más y más préstamos. Entre 1924 y 1930, por ejemplo, el total de préstamos adquiridos por los alemanes en los Estados Unidos alcanzó los US$ 1.43 mil millones. Adicionalmente se habían contratado una gran cantidad de créditos de corto plazo y algunas firmas estadounidenses poseían acciones de compañías alemanas; todo lo cual, potencialmente, podía ser retirado en un lapso relativamente breve (Link, 1978).

En los hechos se había creado un círculo: mientras el Imperio Alemán solicitaba créditos a Estados Unidos para cumplir con sus reparaciones a Gran Bretaña y Francia, éstos países usaban el dinero así obtenido para saldar sus deudas con los Estados Unidos.

En febrero de 1929 comenzaron las negociaciones para el Plan Young. Una vez más, y en vista de la inminente crisis económica mundial, los pagos debían ser ajustados a las realidades económicas. El acuerdo, firmado por el Gobierno Alemán en 1930, contemplaba pagos por 112 billones* de marcos (DM.), los cuales serían efectuados por el Imperio Aleman a más tardar hasta 1988 mediante amortizaciones anuales de 2 billones de DM. Con este dinero Francia y Gran Bretaña buscaban pagar sus deudas con Estados Unidos (Kolb 1984: 70). Para facilitar el inicio de los pagos, se emitió el préstamo Young, el cual alcanzaba los US$ 300 billones (casi 1.2 billones del valor real de Reichsmark) a tasa de interés del 5.5% (Abs 1991: 21).

En 1931, ante el colapso del sistema económico mundial, se requerían algunas reconsideraciones: el 6 de junio, el presidente Hoover anunció la “moratoria Hoover”. En ésta se contemplaba que, por el lapso de un año, no se pagarían todas aquellas deudas con los Estados Unidos resultantes de la Primera Guerra Mundial. Cual contraparte Estados Unidos esperaba que las naciones beneficiadas por la monatoria renunciasen a cobrar los pagos relacionados con la guerra de sus respectivos deudores (Dommen: 78). Entre junio y julio de 1932 en Lausanne, se efectuaron nuevas negociaciones. En éstas se definió que Estados Unidos renunciarían a todas las reclamaciones impagas de créditos relacionados con deuda, especialmente con Francia y Gran Bretaña. A su vez, estos países renunciaban a cualquier pago adicional por parte de Alemania previsto por el Plan Young. El Imperio Aleman estaba obligado solamente a efectuar un pago más por 3 billones de DM., después de una moratoria de 3 años (Michalka 1998: 325). Este pago final nunca se efectuó (Kolb 1984: 130).

En los hechos, de esta manera, el Imperio Alemán recibió un alivio de deuda que alcanzaba los 110 billones de DM., quedándose así solo con aquellas deudas que había contraído en los años inmediatamente anteriores para poder efectuar los pagos de reparación.

En 1934, los Nacional Socialistas interrumpieron buena parte del servicio de la deuda, especialmente de aquellos empréstitos originados por el Préstamo Dawes (exceptuando las transferencias a Suiza y Suecia) y por el Préstamo Young. En 1939, Alemania suspendió todos los pagos (Abs 1991:17, 21).

La dimensión de las deudas en 1952

Después de la Segunda Guerra Mundial, una parte de las deudas alemanas contraidas en la preguerra permanecía todavía sin ser cancelada. Principalmente, tales obligaciones no canceladas estaban compuestas por los préstamos privados, los préstamos Young y Dawes contratados para pagar reparaciones, los préstamos obtenidos después de la guerra y los préstamos derivados del Plan Marshall.
En los primeros años de la postguerra, Alemania no se encontraba en condiciones de pagar sus deudas pues había sido golpeada por el conflicto bélico y su industria había sido parcialmente desmantelada. En 1951, se logró arreglar una condonación parcial de las deudas de la postguerra con los tres poderes aliados de Occidente.

A efectos de poder arribar a una solución global que contemple la renegociación de todas las deudas anteriores y posteriores a la guerra, las deudas con los gobiernos y bancos privados y las deudas contratadas con inversionistas privados, se estableció una conferencia central en Londres, desde el 28 de febrero al 8 de agosto de 1952, con un receso de 6 semanas. La misma duración de las conversaciones indica cuánta energía se destinó a encontrar una solución. En dicho evento estuvieron presentes representantes de 20 países acreedores, del Bank for International Settlements y de los acreedores privados.

Estados Unidos era la potencia que impulsaba tácitamente las negociaciones. Entre sus objetivos se encontraba evitar que, cual consecuencia del bloqueo del acceso alemán al mercado monetario internacional, se gestase un debate permanente y creciente en torno a las viejas deudas. Se buscaba también perpetuar la dependencia alemana de los préstamos públicos provenientes de Estados Unidos (Kampffmeyer 1997: 50).

Alemania recibió una primera gran concesión cuando se fijó el monto total de la deuda a ser renegociada: 29.7 billones de DM., de los cuales 13.6 billones de DM correspondían a las deudas de la pre-guerra y 16.2 billones de DM. a créditos contratados en la postguerra (cifras basadas en el valor de oro).

De esta manera, con anterioridad al comienzo mismo de las negociaciones, se había logrado aliviar a Alemania de todo el interés y el interés compuesto acumulados desde la suspensión de pagos en 1934 y 1939, respectivamente. Según cálculos modestos basados en una tasa de interés del 5.5%, aquello significaba que, indirectamente, a Alemania se le había condonado, por lo menos, 14.6 billones de DM., (Hersel 1997: 6).

Según la delegación alemana, únicamente para poder saldar sus deudas de la preguerra, el FRG habría tenido que destinar una suma anual de 1.5 billones de DM. aproximadamente. Y esto aparecía como intolerable (Abs 1991: 143).

El Acuerdo de Londres

A diferencia de la mayoría de las conferencias sobre deuda efectuadas en nuestros días, la Conferencia de Londres no pretendía solamente encontrar una solución temporal a los problemas de liquidez sino que, además, se especificaba que:

“El plan de arreglo debería:

  • Tomar en consideración la situación económica general de la República Federal y los efectos de las limitaciones en su jurisdicción territorial; no se debería dislocar la economía alemana a través de efectos indeseables sobre la situación interna financiera. Tampoco se debería drenar indebidamente los recursos alemanes, existentes o potenciales, emanados del comercio exterior. El arreglo no deberá aumentar notablemente la carga financiera de ninguno de los tres gobiernos; y,
  • Hacer preparativos para un ordenado arreglo global y asegurar un tratamiento equitativo y justo de todos los intereses afectados”.

Mediante estos objetivos de largo alcance, se puso el énfasis no en la obtención de los más altos pagos posibles sino en el aseguramiento de la solvencia de la República Federal de Alemania y, de esa manera, en su desarrollo económico y político posterior (Kampffmeyer 1997: 52).

En concordancia con lo anterior, los países acreedores hicieron amplias concesiones. En el curso de las negociaciones, Alemania recibió un alivio del 50% de las deudas contraídas antes y después de la guerra. La deuda restante llegaba a los 14.45 billones de DM. De hecho, esta cantidad se redujo aún más en tanto “2.5 billones de DM. no habían sido cargados con intereses; 5.5 billones de DM. tenían una tasa de interés que llegaba a los 2.5% y para 6.3 billones de DM. se estableció un interés que, en promedio, oscilaba entre 4.5 y 5%. El interés compuesto no fue tomado en cuenta. Todo esto influyó decisivamente en el cálculo de la deuda restante pues, en la mayoría de las cantidades todavía sujetas a negociación, los intereses no pagados eran más altos que los capitales no amortizados (Abs 1991: 192-93). Se decidió que, durante los primeros cinco años (1953-57), se suspendería el pago de las deudas: Alemania solo debía pagar anualmente el interés correspondiente a 567.2 millones de DM. Desde 1958 a 1978, se realizarían pagos anuales de 765 millones de DM.

Se estableció una corte de arbitraje en caso de que la economía alemana se recuperase menos rápidamente de lo esperado y de que su incapacidad para pagar produjese conflictos.

Los países acreedores estaban conscientes de que, para poder pagar sus deudas, Alemania debería alcanzar un superávit comercial. Consecuentemente, y para ayudarla en sus esfuerzos, los acreedores impulsaron políticas de liberalización comercial (Kampffmeyer 1997: 52). Su propósito era “permitir que Alemania cubra sus obligaciones solamente por medio de sus excedentes de exportación; queda fuera de discusión que podría esperarse que cancele sus deudas mediante un castigo permanente a su reservas monetarias” (Abs 1991: 195).

A pesar de las amplias concesiones efectuadas por los países acreedores, existieron múltiples voces alemanas que consideraron que los pagos impuestos eran intolerables. El resultado de las negociaciones fue vehemente criticado (Abs 1991: 195-196).

Los pagos se mantuvieron por debajo del 5% de los ingresos por exportaciones

Incluso en 1952 los pagos previstos por el Acuerdo de Londres llegaron al 3.35% de los ingresos alemanes por exportaciones, los cuales alcanzaban 16.908 billones de DM. Debido al fuerte incremento de las exportaciones alemanas, mismas que en 1960 alcanzaron los 47.952 billones de DM. y que en 1970 representaban 125.280 billones de DM., tal porcentaje pudo haberse reducido incluso por debajo del 1% si Alemania no hubiese comenzado en 1953 a transferir anualmente más dinero del cual estaba obligada a hacerlo. Así, para los años sesenta, con excepción de una minúsculas cantidades remanentes, todas sus deudas habían sido repagadas adelantadamente.

Conclusión

En resumen se podría sostener que los propósitos del Acuerdo de Londres fueron plenamente alcanzados:

  • A diferencia de las estrategias utilizadas durante la República de Weimar, no se verificó una parálisis de la política económica alemana; el país se concentró en su reconstrucción económica en lugar de intentar probar, o incluso ocasionar, su incapacidad para satisfacer los pagos impuesto;
  • Las deudas remanentes eran soportables para Alemania y, por ende, facilitaron una planeación financiera coherente;
  • La República Federal de Alemania se convirtió en un deudor predecible en el mercado monetario mundial y obtuvo créditos frescos;
  • La moneda permaneció estable y, desde 1958 en adelante, era libremente convertible; y,
  • Las empresas extranjeras pudieron anticipar el desarrollo económico posterior e invertir en la reconstrucción de Alemania.

Por todo lo anterior se torna evidente que el Acuerdo de Londres desempeñó un papel importante en la reconstrucción de Alemania Occidental. A través de una renuncia de amplio alcance a las deudas e intereses no cancelados, el Acuerdo le dio una nueva oportunidad a la economía alemana.

Bibliografía

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BMF (Bundesministerium für Finanzen).(1994). Das Londoner Schuldenabkommen von 1953.

Deutsche Bundesbank. (1976). Das deutsche Geld- un Bankwesen in Zahlen 1876-1975, Frankfurt.

Dommen, Edward. Lightening the debt burden. Some sidelights from history.

Hersel, Philip. (1997). Das Londoner Schuldenabkommen und die aktuelle HIPC-Iniciative der Weltbank, Berlin.

Kampffmeyer, Thomas. (1997). Die Verschuldungskrise der Entwicklungsländer – Probleme und Ansatzpunkte für eine Lösung auf dem Vergleichswege, Berlin.

Kolb, Eberhard. (1984). Die Weimarer Republik, Oldenburg.

Link, Werner. (1978). Die Beziehungen zwischen der Weimarer Republik und den USA, in: Knapp/Link/Schröder/Schwabe: Die USA und Deutschland 1918-1975, München.

Meyer, Gerd. (1998). Die Reparationspolitik –Ihre außen- und innenpolitischen Rückwirkungen, in: Bracher/Funke/Jacobsen (Hg.): Die Weimarer Republik 1918-1933. Politik- Wirtschaft –Gesellschaft. (Bundeszentrale für politische Bildung, Band 251), Bonn.

Michalka, Wolfgang. (1998). Deutsche Außenpolitik 1920-1933, in: Bracher/Funke/Jacobsen (Hg.): Die Weimarer Republik 1918-1933. Politik- Wirtschaft –Gesellschaft (Bundeszentrale für politische Bildung, Band 251), Bonn.

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