Marte no necesita crítica «políticamente correcta»

Cartel de «Mars Needs Moms»: Una película injustamente vituperada y no estrenada.Cartel de «Mars Needs Moms»: Una película injustamente vituperada y no estrenada.

Hace nada que cayó en mis manos una película cuya existencia desconocía por completo —no estoy muy al tanto de las producciones de Disney— y titulada Marte necesita madres (en Hispanoamérica, Marte necesita mamás). Al echarle un vistazo para ver de qué iba, suponiendo de antemano que se trataba del típico largometraje de animación “de relleno” para la distribución directa en formato DVD en grandes superficies y supermercados puesto que no tenía noticia de ella, cuán grande fue mi sorpresa al ver que, al menos en gráficos 3D y animación, se trataba de una película de una calidad excelente: movimientos naturales y convincentes, texturas muy trabajadas y simulación de expresión facial, cuerpos blandos y tejidos muy elaborada, y paisajes y decorados espectaculares que vistos en 3D tendrían que ser impresionantes. «Aquí se ha gastado mucha CPU y mucha GPU», pensé inmediatamente.

Además da la casualidad de que, a la hora de llevar al cine a mis sobrinos, soy de los que filtran y seleccionan la cartelera infantil de antemano —los rollos, para los papis, que para eso los han parido— para no verme en la tesitura de tener que tragarme íntegra la típica historia descerebrada de princesitas y ranas encantadas que, para colmo, suele estar “adaptada” a los cánones “políticamente correctos” actuales; como aparentemente ésta iba de marcianos malvados, cohetes y láseres, no podía entender cómo se me había podido escapar. La sorpresa mayor es que, al indagar un poco, me enteré que fue un completo fiasco en su estreno en EE.UU. hasta el punto que se suspendió el estreno en España.

La supervisora malvada de la colonia marciana: Sosias marciana de la Vicevogue Teresa Fernández de la Vega.La supervisora malvada de la colonia marciana: Sosias marciana de la Vicevogue Teresa Fernández de la Vega.

Más increíble me pareció que el presunto engendro fuera obra de Robert Zemeckis, que, aunque no siempre es santo de mi devoción, como mínimo suele pergeñar productos aceptables. Es por esto que me arriesgué a visionarla íntegra y en solitario… y sobreviví a la experiencia, con mis neuronas intactas: se deja ver. Es más: comprobé que aunque no sea una obra maestra, es muy entretenida y simpática, mantiene la tensión y el suspense argumental —a pesar de algunas concesiones al público infantil, con situaciones resueltas algo ñoñamente— y, sobre todo, los decorados y la animación 3D, que emplea lo último del motion y facial expression capture, son muy buenos, lo que mejora el conjunto; quizás en la caracterización de los marcianos es donde flojea más —yo les habría puesto trompetillas en lugar de nariz y orejas, como marcan los cánones— pero ¿quién puede afirmar cómo son en realidad? Como experimento se la puse a mis sobrinos —de 6 a 12 años— y les encantó.

Y es por esto por lo que sigo sin entender el encarnizamiento de la crítica —excepto honrosas excepciones— salvo que los tiros vayan por otro lado, que es lo que me huelo. De hecho, me aventuraré a enumerar algunas hipótesis de “pecados” de lesa “corrección política”.

El guion, obra de Wendy y Simon Wells (director) y basado en el cuento homónimo de Berkeley Breathed, es bastante sencillo: el protagonista, Milo, es un chavalín muy chavalín, por lo que tiene roces con la madre que, como todas las madres, es un auténtico latazo con nimiedades tales como tener que sacar la basura, comer verduritas, irse a la cama en vez de ver una película de zombis… En fin, un chaval con el que uno se puede identificar sin problemas, lo que no impide que en ocasiones sea un buen candidato al estrangulamiento por el bien de la Humanidad. Además descubrimos que el padre está de viaje para ganar los garbanzos que necesita la familia y que los esposos se llevan bien y se quieren, por lo que ya puedo señalar el…

1.er “pecado”, mortal: Mostrar a una familia normal —o sea, una de esas que en la actualidad se denominan “tradicionales”— que, para colmo, no está sufriendo ninguna crisis, salvo la de tener que aguantar al pequeño monstruo.

Las madres son un coñazo con las verduritas...Las madres son un coñazo con las verduritas... ... y para eso está el gato, aunque reviente.... y para eso está el gato, aunque reviente.

El niñito tiene también su carácter, y no se le ocurre otra cosa que soltarle una inconveniencia a su madre. Arrepentido, intenta disculparse a altas horas de la noche, pero ya no puede porque unos seres extraños la están secuestrando; narcotizada, la embarcan en un cohete misterioso en el que Milo, accidentalmente, se cuela de polizón y llega, en un estado deplorable, a Marte, en donde se le aprisiona —por cierto, muy original la idea del generador de un portal de gusano para el viaje del cohete de la Tierra a Marte en un pispás; en el cine sólo he visto algo parecido en Dune—. Consigue escapar de la celda gracias a las instrucciones de un desconocido y, después de ciertas peripecias en su viaje por el vertedero marciano bajo la ciudad, cual gehena, en las que conoce a unos seres peludos a lo rastafari, extraños, juguetones y —todo hay que decirlo— bastante subnormales (la “tribu peluda”), llega a la guarida tecnológica de su salvador, un tecnofriki humano de mediana edad y bastante infantiloide llamado Gribble (nombre que, por cierto, significa limnoria, un isópodo marino carcomedor de la madera, muy adecuado al personaje, que es una especie de hacker saboteador). Ya en las presentaciones de rigor se incurre en el…

2.º “pecado”, mortal: Mentar a Reagan y a la lucha contra el comunismo intergaláctico, aunque sea de broma; la crítica, que suele ser progre —en EE.UU., “liberal”— ya bien por lavado de cerebro, ora por envilecimiento, ora por pesebrismo puro y simple —el paro laboral es algo terrible—, no tiene precisamente un gran sentido del humor salvo para situaciones “modernas” y “sofisticadas” que impliquen “gomitas”, cuernos, puterío y mariconadas varias; y, tan al principio de la película, ya la pone a la contra. Por supuesto, hacer juego de palabras con “rojo” también es malo, aunque Marte lo sea, que suena facha.

Base de operaciones clandestina antifemicomunista.Base de operaciones clandestina antifemicomunista.

Después de un tira y afloja y ciertas asperezas que no vienen a cuento, Gribble le cuenta a Milo para qué quieren las marcianas a su madre y el destino que le espera: la necesitan para extraerle los recuerdos —cuyo proceso lleva aparejado su eliminación física— para poder programar a las “nanibots” (canguros cibernéticas) para que eduquen y disciplinen adecuadamente a las crías, que cada 25 años no es que vengan de París… sino que brotan directamente del suelo. En la explicación se incurre en el…

3.er “pecado”, mortal (éste ya es de leso progrerío): Ironizar con el hecho de que las marcianas son pésimas madres a pesar de ser mujeres, que encima son las que manejan el cotarro planetario.

A las crías se las separa desde el principio por sexos: a las hembras se las destina a la educación y al servicio de la comunidad; a los machos se les abandona en el vertedero de las profundidades, a su suerte, a ser cuidados por la tribu peluda, lo que recuerda mucho el destino de los zánganos en las colmenas, aunque en este caso sea incruento. Porque de esto se trata la sociedad marciana: de una colmena, y por eso recuerda tanto a una sociedad de tipo comunista (hasta lo anodino del título del cargo que ostenta la líder —la “supervisora”— lo sugiere) que, para más recochineo, es una gineocracia.

4.º “pecado” (éste más disimulable si se la tilda de “fascista”, como hace la crítica): Que una sociedad dirigida por mujeres —que, por dogma feminista, sería el Paraíso en la Tierra— no sea más que una abominación totalitaria que se parece un montón a la de 1984 de Orwell salvo en la cochambre que rezuma la versión cinematográfica de la última, que ya se sabe que en lo referente al paño y la fregona las féminas son unas artistas.

La colmena tecnocrático-comunista marciana: hasta con toques orwellianos...La colmena tecnocrático-comunista marciana: hasta con toques orwellianos... ... la llaman «fascista» al estar limpia, ordenada y reglamentada.... la llaman «fascista» al estar limpia, ordenada y reglamentada.

Aunque Gribble considera que es un suicidio intentar salvar a su madre, Milo consigue persuadirlo para que le ayude al menos logísticamente a infiltrarse en la colmena y salvar a su madre. Las cosas se tuercen: Milo es detectado por el S.I.S.S. —la Policía siniestra marciana— y, durante la huida, Gribble es localizado, apresado y su base de operaciones, destruida. Solo y desamparado, Milo se topa accidentalmente con Ki, una marciana que, aun siendo la mano derecha de la vieja, arrugada e iracunda Supervisora, es una gran admiradora de una serie hippie de la que aprendió el concepto “color” —prohibido en Marte—, y es por eso que en sus ratos libres se dedica al sabotaje flower power graffitero pop-yeyé (y esto quizá era un guiño al proyecto de Zemeckis, ya cancelado por Disney debido al fracaso de Mars Needs Moms, de hacer un remake del Yellow Submarine de los Beatles para las olimpiadas de Londres de 2012).

Sabedor de que algo malo le ha pasado a Gribble, Milo se dirige sin pérdida de tiempo a la base de operaciones para descubrir que ha sido destruida. Rebuscando entre los escombros, encuentra objetos personales de Gribble que le demuestran que llegó a Marte cuando era niño, 25 años atrás, de manera muy parecida a él. Gracias a la mascota se entera que su amigo se va a enfrentar a un pelotón de fusilamiento —me encantó el paredón “de diseño”— y consigue salvarlo in extremis con la ayuda de Ki. En la huida acaban recalando en una caverna abandonada —o quizá cañón marciano— en cuyas paredes se encuentran pinturas que demuestran que antaño la sociedad marciana también estaba formada por familias —padre y madre— que cuidaban y educaban a sus retoños, y no las “nanibots”; y aunque haya diferencias con la sociedad terrestre, puesto que los “juguetones” son los padres (no olvidemos que juegan el papel de “zánganos” en la colmena) queda claro el…

5.º “pecado”, mortal: Destacar que la destrucción del orden social natural es lisa y llanamente el resultado de una ingeniería sociológica aberrante y perversa.

Una caverna olvidada, testigo de tiempos pretéritos mejores.Una caverna olvidada, testigo de tiempos pretéritos mejores.

A pesar de que la película se toma muchas licencias “científicas” sobre Marte (aunque la gravedad sea menor, los porrazos de las caídas serían de aúpa y, desde el punto de vista biológico, la atmósfera marciana es un vacío), en este punto se puede plantear una reflexión sobre el sistema reproductivo de los marcianos, puesto que parece raro que broten espontáneamente del suelo. Ni se explica en la película, ni supongo que se relata en el cuento homónimo, pero parece que son, de alguna manera, ovíparos (las caderas de las hembras son tremendas); desde luego, sexuados; pero no se sabe cómo se conciben. Al estar los machos separados de las hembras, todo apunta a la fecundación artificial, llevada al extremo de la producción industrial, como en Un mundo feliz de Aldous Huxley, lo que se puede considerar un…

“Pecadillo” venial, más que nada por ser sutil y la consecuencia lógica de todo lo anterior en una sociedad ultratecnificada: la crítica velada a la fecundación artificial y sobre todo a la ectogénesis, que tanto apoyo recibe en ciertos sectores feministas.

Gribble y Milo al rescate.Gribble y Milo al rescate.

Retomo la narración. Se disponen a salvar a la madre de su trágico destino y, después de muchas percances y situaciones dramáticas, lo consiguen, aunque en un tris de que se fuera todo al garete. Ki demuestra a toda la colonia marciana —incluyendo a la Policía— la verdad sobre Marte, y es entonces cuando la Supervisora, presa de ira, se “destapa”: todo lo hizo por el bien de las marcianas, para librarlas de las cargas familiares, de aguantar a los zánganos y dedicarse a lo importante: la vida laboral. ¡Huy!, a más de una le espumará la boca: éste es claramente el…

6.º “pecado”, mortal: Mostrar explícitamente a la que en la Tierra pasaría como una feminista radical clásica como lo que es: una bruja neurótica, despiadada, histérica y tirana.

Condenada la ya ex-supervisora a una tarea ciertamente degradante para ella (cuidar a las crías) y vuelto Marte a la normalidad, lo celebran a lo grande y en technicolor, regresan a la Tierra y fueron felices y comieron perdices. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Ki en plena actividad artística.Ki en plena actividad artística.

Después de todo lo dicho, casi se entiende que no se estrenase en España, porque Marte necesita madres, voluntaria o involuntariamente, es de hecho un torpedo bajo la línea de flotación de la asignatura Educación para la Ciudadanía y algunos de los principios que la inspiran. Para colmo, a la Supervisora marciana malvada la pintan como una sosias marciana de la que fue Vicepresidenta del Gobierno con el PSOE, Teresa Fernández de la Vega alias “Vicevogue”, hasta en la mala leche (da la impresión de que algunos políticos españoles sirven de inspiración a Hollywood, en especial los frikis; hay otro precedente probable, y también relacionado con Marte: el Molt Honorable Pujol-Quato) por lo que no sería de extrañar —aunque no los creía tan cobardicas— que Disney temiera la reacción de las hordas de la zeja. ¡Ay si Walt Disney levantara la cabeza! ¡Debe de estar revolviéndose en la tumba! ¡Y rodarían cabezas!

En fin, después de las elecciones del 20-N es probable que el progrerío pierda algún colmillo, así que, directivos de Disney, aprovechen para anunciarla y estrenarla por Navidades a bombo y platillo, que aún están a tiempo y así me podré llevar a la familia a verla en 3D. Y háganlo además con el doblaje hispanoamericano (que no “latino”), que lo echo de menos en sus producciones. Por eso acabo con el trailer hispanoamericano que, aunque también existe en español de España, tiene más gracia y me gusta más: