Los sustitutos (Surrogates)

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«Perfección humana. ¿Qué podría ir mal?»«Perfección humana. ¿Qué podría ir mal?»

Acabo de ver la película «Los sustitutos (Surrogates)» y lo primero que tengo que decir es que, en general, la crítica está siendo injusta con ella. Le achaca falta de profundidad del guion y dirección plana de Jonathan Mostow, cuando en realidad el gran acierto de la película es la contención y moderación en la expresión visual y argumento, sin caer en la tentación de exponer filosofías de baratillo ni mostrar grandes efectos especiales, lo que posiblemente hará de ella un pequeño clásico de la ciencia-ficción, en particular del subgénero cyberpunk, a la que le costará envejecer: ¿cuántas películas con «tecnología punta» del momento no resultan risibles actualmente? Además, es este enfoque lo que hace la película más interesante e inquietante, porque en ella lo aberrante se destaca precisamente por su normalidad.

El argumento de la película, al igual que el del cómic homónimo «The Surrogates» en la que está inspirada, es una trama detectivesca en una sociedad utópica, aunque en realidad profundamente distópica, en la que, gracias al empleo de sustitutos, robots controlados mentalmente por sus operadores —que son casi toda la población mundial desarrollada—, que originariamente se concibieron y desarrollaron como extensiones protésicas para impedidos (un ejemplo más de perversión de una idea filantrópica), se ha desterrado el contagio de enfermedades, los accidentes, el homicidio, el envejecimiento, que permite mejorar y potenciar las cualidades del cuerpo humano —superpolicías, cuerpos sensuales, juveniles y «perfectos»…— e incluso asumir roles y apariencias completamente diferentes de lo que le permitiría la Naturaleza. Es, por tanto, un mundo en el que se ha convertido lo virtual en real, una sala de chat gigantesca, una web 2.0 ó Second Life planetaria y material: no una realidad virtual, sino una virtualidad real, que es lo más original del argumento.

Bruce Willis y Radha Mitchell en un fotograma de la película.Bruce Willis y Radha Mitchell en un fotograma de la película.

Los sosias de los detectives en la escena del crimen.Los sosias de los detectives en la escena del crimen.

Conectado a la virtualidad real, ya sin el look de El Chacal.Conectado a la virtualidad real, ya sin el look de El Chacal.

Claro está, lo que no se ve en esta sociedad es el operador, la persona de verdad, tumbada en su diván-interfaz, desaliñada y barriguda, incluso obesa, por el sedentarismo; hasta es posible que lo que esté detrás de la preciosidad que se ha ligado uno y con la que se acuesta en una noche de juerga loca —en la que el alcohol y las drogas no afectan al cuerpo, sino sólo a los sentidos— no sea en realidad más que un bujarrón viejo, gordo y pervertido.

Por supuesto, no todo el mundo está de acuerdo con este estado de las cosas, que lo considera abominable —y con razón—, y nos enteramos al principio de la película, a modo de repaso histórico en forma de noticiarios —idea acertada y presente en el comic— que se han establecido en muchas ciudades, después de grandes revueltas, unas «reservas» para los disidentes, a quienes despectivamente se les denomina «biológicos», auténticos guetos suburbanos sucios y destartalados, cuyo jefe espiritual es un personaje de catadura realmente repulsiva, una especie de santero fanático religioso-revolucionario afrocaribeño, un cruce entre Bob Marley, Krishnamurti y Rasputín con rastas dispuestas a modo de turbante que harían las delicias de cualquier piojo. Al principio me pareció que se cargaban demasiado las tintas en este personaje y los «biológicos», auténticos matones de barriada pendencieros y fanatizados, sobre todo por el contraste con el lado «civilizado» de la ciudad, pero posteriormente se ve que la cosa tiene su porqué.

El problema aparece cuando alguien, con un arma desconocida, liquida a una pareja de sustitutos junto a sendos operadores, y con esto propiamente arranca la trama de la película, al ser éstos los primeros asesinatos en muchos años. No voy a desarrollarla en este artículo (para eso, vayan al cine, que vale la pena), pero ya aviso que si el que lee estas líneas es uno de aquellos que ha leído previamente el cómic, hay diferencias sustanciales en el guion (empezando por el hecho del asesinato). Aunque toma elementos e ideas, muy acertadamente los títulos de crédito indican que está inspirada en el cómic, no que sea una transposición a la pantalla de él, por lo que verán una historia con muchos paralelismos, pero nueva. En mi opinión, la cinematográfica es superior: coincide en el aspecto alienante del empleo de los sustitutos (en el cómic su empleo, aunque extendido, no es universal) y le superpone una trama de poder corporativo e industrial que le da mayor profundidad, y deja el desenlace, el dilema moral, en manos del protagonista, un personaje corriente de la sociedad. Por eso opino que es un gran acierto que la película se desarrolle como una trama detectivesca clásica, sin muchos aspavientos y dosis justas de acción, en un mundo prácticamente igual que el nuestro (lo que hace que se destaque la anormalidad) sin dejar ningún aspecto de lado, aunque sólo sugerido, en esbozo, dejando el resto a la inteligencia del espectador, lo que permite al guion alcanzar una gran condensación, necesaria por la limitación del metraje.

Ya, para concluir, destaco que los actores ejecutan con gran profesionalidad sus respectivos papeles, y más si se tiene en cuenta que, para resaltar la artificialidad de esa sociedad, han tenido que interpretar con gran sutilidad el papel de los sustitutos, moderando muy ligeramente la expresividad del rostro y procediendo con una mínima «rigidez» tanto en los movimientos como en las posturas, sin que prácticamente se note, rebajando (y, en cierto modo, desluciendo) sus recursos dramáticos. Bruce Willis ejecuta sus papeles muy correctamente (tanto el de detective como el de su sosias, que parece el remake de El Chacal; ¿un guiño intencional?) con su buen hacer (los guiones que acepta cuando entran de lleno en la ciencia-ficción son muy acertados) y que es una pena que no se vea con más frecuencia a Radha Mitchell en la gran pantalla, a la que vi por primera vez actuando en otra de ciencia-ficción, Eclipse (Pitch Black), y me da que tiene buena madera de actriz, sobre todo de registro dramático. Para no extenderme más, les dejo con el trailer oficial en español:


Trailer español oficial de Los sustitutos