Crítica

Crítica general: cine, teatro, música... No incluye la literaria, que tiene su sección específica.

«Kingsman», o cómo un supervillano lo es precisamente por su filantropía

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Una película que vale la pena no perdérselaUna película que vale la pena no perdérsela

Ésta es la sinopsis argumental que se ofrece en la página oficial:

Basada en el aclamado libro de cómics y dirigida por Matthew Vaughn (Kick Ass, X-Men Primera Generación), Kingsman: Servicio Secreto cuenta la historia de una organización de espías ultra secreta que recluta a un chico de la calle, poco refinado pero muy prometedor, para uno de sus programas de entrenamiento justo cuando un peculiar y muy peligroso genio de la tecnología pone en peligro la seguridad mundial.

Expuesto así el argumento, la verdad es que no parece muy prometedora (una especie de Superagente Cody Banks a la inglesa), pero en realidad se trata de una película trepidante, ingeniosa, divertida, gamberra y con bastante mala leche muy británica al estilo de James Bond 007 pero ya no al servicio de Su Majestad, sino de un bien superior. Como organización, Kingsman en su origen fue una sastrería selecta en Savile Row y en la actualidad es la tapadera de la organización secreta.

Lo más original del guion frente a otras películas similares es que en ésta los “buenos” son en realidad “malos”, y lo son precisamente por llevar al extremo ideas que actualmente pasan por ser “buenas”, sobre todo entre los miembros de la nueva iglesia del Cambio Climático, ecologistas extremistas y subvencionados, y de la progresía internacional en general.

«Jackboots on Whitehall»: La Batalla de Inglaterra según Barbie y Ken

«Jackboots on Whitehall»«Jackboots on Whitehall»

Puede que sea más raro que un perro verde al considerar Jackboots on Whitehall (“botas duras en Whitehall”) el mejor largometraje de animación de muñecos de toda la historia; quizá sea debido a que entiendo y me gusta el humor inglés, o quizá sea signo de que todavía quedan nostalgias de la infancia en mi personalidad (las marionetas del parque, jugar con soldaditos de Airfix, los tebeos de Hazañas Bélicas...), pero me da igual: me lo pasé bomba con esta película.

No es que se hayan hecho muchas de esta clase que sean de acción o bélicas, la verdad, y más en una época en que ya descuellan las producciones de animación digital 3D; a mi mente sólo acude la serie Los Thunderbird y otras en Supermarionation, y la muy gamberra y también entretenida Team America: la policía del mundo en Supercrappymation, que supongo que se le asignó la calificación “R” (+17) en EE.UU. por la escena de cameo de las marionetas. La diferencia entre estas dos y la que se comenta es que las primeras se realizaron con marionetas y, en cambio, ésta con animación mediante stop-motion y retoques digitales de monigotes tipo Kent y Barbie —pueden ver las explicaciones en el making-of de la película, donde se puede apreciar también el tamaño de los magníficos decorados— pero muy cuidados tanto en el acabado facial como en los detalles del vestuario.

Marte no necesita crítica «políticamente correcta»

Cartel de «Mars Needs Moms»: Una película injustamente vituperada y no estrenada.Cartel de «Mars Needs Moms»: Una película injustamente vituperada y no estrenada.

Hace nada que cayó en mis manos una película cuya existencia desconocía por completo —no estoy muy al tanto de las producciones de Disney— y titulada Marte necesita madres (en Hispanoamérica, Marte necesita mamás). Al echarle un vistazo para ver de qué iba, suponiendo de antemano que se trataba del típico largometraje de animación “de relleno” para la distribución directa en formato DVD en grandes superficies y supermercados puesto que no tenía noticia de ella, cuán grande fue mi sorpresa al ver que, al menos en gráficos 3D y animación, se trataba de una película de una calidad excelente: movimientos naturales y convincentes, texturas muy trabajadas y simulación de expresión facial, cuerpos blandos y tejidos muy elaborada, y paisajes y decorados espectaculares que vistos en 3D tendrían que ser impresionantes. «Aquí se ha gastado mucha CPU y mucha GPU», pensé inmediatamente.

Además da la casualidad de que, a la hora de llevar al cine a mis sobrinos, soy de los que filtran y seleccionan la cartelera infantil de antemano —los rollos, para los papis, que para eso los han parido— para no verme en la tesitura de tener que tragarme íntegra la típica historia descerebrada de princesitas y ranas encantadas que, para colmo, suele estar “adaptada” a los cánones “políticamente correctos” actuales; como aparentemente ésta iba de marcianos malvados, cohetes y láseres, no podía entender cómo se me había podido escapar. La sorpresa mayor es que, al indagar un poco, me enteré que fue un completo fiasco en su estreno en EE.UU. hasta el punto que se suspendió el estreno en España.

La travesía del Viajero del Alba

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Cartel de «La travesía del Viajero del Alba».Cartel de «La travesía del Viajero del Alba».

Los que hayan leído la novela homónima de la saga Crónicas de Narnia del escritor C. S. Lewis, puede que se acuerden de cómo empieza:

«Había un niño llamado Eustaquio Clarence Scrubb y casi merecía ese nombre. Sus padres lo llamaban Eustaquio Clarence y sus profesores, Scrubb. No puedo decirles qué nombre le daban sus amigos, porque no tenía ninguno. Él no trataba a sus padres de “papá” y “mamá”, sino de Haroldo y Alberta. Éstos eran muy modernos y de ideas avanzadas. Eran vegetarianos, no fumaban, jamás tomaban bebidas alcohólicas y usaban un tipo especial de ropa interior. En su casa había pocos muebles; en las camas, muy poca ropa, y las ventanas estaban siempre abiertas.

»A Eustaquio Clarence le gustaban los animales, especialmente los escarabajos, pero siempre que estuvieran muertos y clavados con un alfiler en una cartulina. Le gustaban los libros si eran informativos y con ilustraciones de elevadores de grano o de niños gordos de otros países haciendo ejercicios en escuelas modelos.»

Aunque con algunas diferencias de traducción respecto de la versión española —la transcrita es de la chilena, que me hace más gracia— con esta introducción uno ya puede hacerse una idea de cómo se las gastará el primo Eustaquio —el nuevo personaje de la saga, prototipo de niño de familia «higiénica» y progresista de la época, y no muy diferente del escolar actual, maleado ya con el sistema educativo vigente— en un mundo tan poco prosaico y convencional como Narnia.

«El Gran Vázquez», picaresca gráfica de los 60

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Sabía que a los artistas favorecidos por las musas frecuentemente les ha perseguido la pobreza y acosado las deudas —cosas que tiene la vida bohemia—, como le pasó a Dostoyevski o a Léon Bloy. Lo que no sabía es que ha habido quien ha hecho de la necesidad, virtud, y además activa, consciente y desvergonzadamente. Lo conocen (aunque quizás no sospechaban esta faceta de su personalidad): el gran dibujante de tebeos Manolo Vázquez, ni más ni menos que «el Gran Vázquez», el creador de Anacleto, agente secreto.

Una biografía así es una mina para el cine, y ya se ha estrenado en la pantalla grande —el pasado 24, festividad de La Merced, patrona de Barcelona, un gran acierto porque es precisamente en esta ciudad, la Meca editorial de aquella época, donde transcurre su vida profesional— con el título de «El Gran Vázquez», y protagonizada por Santiago Segura en el papel del gran dibujante y gran vividor.

«Ágora»: una película hypática más bien hepática

Raquelita, chata, ¿quién te manda meterte en estos berenjenales?Raquelita, chata, ¿quién te manda meterte en estos berenjenales?

Y es que el director Alejandro Amenábar y el co-guionista Mateo Gil han vomitado toda la bilis de su fobia anticristiana en el guion que, como impostura histórica, tiene visos de verosimilitud al contar semiverdades, que son las peores de las mentiras; de hecho, ésa parece que era la intención, como se jacta en la Cuatro. Lo peor de todo: ha mezclado en este enredo a una de mis actrices favoritas, y esto no se lo perdono.

La crítica no se ha mostrado muy complaciente con la película; incluso alguna destaca que lo que evita que uno se levante del sillón a mitad de película es el buen hacer de la actriz británica Rachel Weisz. Hasta alguno agnóstico y descreído se ha dado cuenta que el producto no funciona. Al menos podrías, ¿eh, majete?, haber hecho que vistieran las actrices túnicas diáfanas de tejidos sutiles, algún cameo… pero no, ni eso, ni siquiera sirve para relajar la vista. Ya veremos si acabáis de cubrir gastos, pero el hecho de que en cada exhibición le recortéis el metraje y que empieces a aplicarte la venda antes de la herida no es buena señal, que digamos. A los cejateros, como viven aislados por los altos muros de la subvención y la exacción —es más cómodo y rentable plegarse al agit-prop, sobre todo si falta talento, que desfilar por el INEM— puede que les parezca muy chic y «progresista» la propaganda anticristiana, pero me temo que vas a descubrir que hará que tus bolsillos críen telarañas.

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