Política

Nuevos y mas profundos medios de los conjurados para seducir hasta las últimas clases de ciudadanos

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(Capítulo decimoséptimo del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

Orígen y proyectos de los Economistas. — Su proyecto de escuelas para el pueblo. — Mr. Bertin desengaña á Luis XV. — Descubre el Ministro Bertin los medios de los conjurados para seducir las gentes del campo. — Maestros de escuela en los pueblos. — Junta de comision de d’Alembert para la educacion. — Descubrimiento de la Academia secreta de los conjurados y de sus medios. — Declaracion y arrepentimiento del secretario de esta academia secreta. — Objeto de esta Academia. — Se descubren otros iniciados miembros de la misma Academia.

Cuando Voltaire hizo juramento de aniquilar la religion cristiana, no se lisonjeaba de arrastrar á su apostasía la generalidad de las naciones. Su orgullo, aunque grande, se satisfacia algunas veces plenamente con los progresos que su filosofismo habia ya hecho entre los hombres que gobiernan, ó que han nacido para gobernar, y entre los literatos (1). Por espacio de mucho tiempo se mostró poco zeloso de separar del cristianismo á todas las clases inferiores de la sociedad, que él no comprendia bajo la expresion de gente honrada. Los hechos que voy á alegar, manifiestan, ya la nueva extension que los sectarios conjurados dieron á su zelo, ya que los artificios de que se valieron para no dejar á Cristo ni un solo adorador, aun en las condiciones mas oscuras.

El catolicismo ante Hitler

Hace poco apareció un artículo sobre «La Rosa Blanca», un grupo de estudiantes universitarios cristianos alemanes que se opusieron al régimen y, sobre todo, a la ideología nacional-socialista hasta la ejecución final de sus miembros en 1943. Se ha hecho una película sobre el tema, e incluso se ha escrito un excelente libro monográfico, pero podría dar la impresión que sólo se trató de un caso muy meritorio pero aislado de resistencia contra el totalitarismo nazi. ¿Fue en realidad así? Convendría observar con detenimiento estos mapas de la Alemania de la República de Weimar:

Fig. 1: Mapa de distribución del voto en Alemania al NSDAP en 1932.Fig. 1: Mapa de distribución del voto en Alemania al NSDAP en 1932.Fig. 2: Mapa de distribución de la población católica en Alemania, según el censo de 1934.Fig. 2: Mapa de distribución de la población católica en Alemania, según el censo de 1934.

Tanto la figura 1, en donde cuanto más negro, más votos recibió el NSDAP (Partido Nacional-socialista de los Trabajadores Alemanes), como la figura  2, en donde cuanto más negro, más proporción de católicos, demuestran la relación inversa entre catolicismo y nazismo (fuente: Erik Maria Ritter von Kuehnelt-Leddihn: Liberty or Equality, vía el blog católico de un escocés: Laodicea, «una sucia charca de papismo»).

Conducta del clero con los conjurados anticristianos

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(Capítulo decimosexto del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

Distincion que se ha de hacer en el Clero. — Conducta del clero verdadero, y que reconvenciones se le pueden hacer. — Su resistencia á la impiedad.

Mientras que los palacios de los grandes y los liceos de las ciencias humanas abrian de par en par sus puertas, para dar entrada á la apostasía; mientras que los ciudadanos de todas clases, seducidos los unos por el mal ejemplo y los otros por los sofistas, se separaban del culto, y corrian á alistarse bajo las banderas de la impiedad, no eran no podian ser equívocos los deberes del clero. A él le tocaba formar el muro que cerrase el paso y entrada al torrente de la impiedad, que saliendo de madre amenazaba inundarlo todo. Era de su obligacion impedir con todas sus fuerzas, que el error y la corrupcion arrastrasen la multitud y los pueblos á un desórden, que si bien se considera, es el mayor á que puede estar expuesta la sociedad. Solo el nombre y carácter de eclesiásticos, mejor que el honor y los intereses, recuerdan la estrecha obligacion de conciencia que tienen para rechazar y resistir con todas sus fuerzas y valiendose de todos los medios, la conjuracion contra el altar. La menor omision y cobardía en los pastores, cuando se ofrecen estos combates, equivalen á la traicion y á la apostasía. El historiador que debe tener valor para decir la verdad á los reyes, no ha de ser cobarde para decirla al estado eclesiástico, aunque sea miembro suyo. La verdad se debe decir, ya redunde en gloria del ministerio, ya humille á algunos de sus individuos, pues 271 de cualquier modo será útil á la posteridad. Esta verá lo que se hizo y lo que se debia haber hecho: pues ello es cierto que la conspiracion contra Jesucristo no ha llegado á su fin: puede esta ocultarse, pero luego que se le proporcione ocasion, volverá á cometer los estragos que se vieron en los tiempos de la revolucion francesa. Sepa pues la posteridad lo que puede contener, y lo que puede fomentar esta conjuracion.

Clase de literatos

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(Capítulo decimoquinto del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

Rousseau. — Buffon. — Freret. — Boulanger. — El Marqués d’Argens. — La Metrie. — Marmontel. — La Harpe. — Condorcet. — Helvecio. — Otros literatos impíos.

Las pasiones y la facilidad de satisfacerlas, cuando se ha sacudido el yugo de la religion, agregaron á los conjurados casi todos aquellos personages, de que he hablado hasta el presente, que brillan en el mundo con las distinciones del poder, de los títulos y de las riquezas. El humo de la reputacion les agregó presto otros que pretendian distinciones no menos lisonjeras por la superioridad de sus luces, del espíritu é ingenio. Los talentos de Voltaire y sus resultados, tal vez superiores á sus talentos, le confirieron el mando de un imperio que nadie se atrevió á disputarle en la clase de los literatos. Él vió y tuvo la satisfaccion de ver, que estos iban en su seguimiento con una docilidad que nadie debia esperar de unos hombres que mas que otros muchos blasonan de que piensan por sí mismos. Casi no tuvo necesidad sino de entonar, y á semejanza de lo que pasa en las naciones frívolas, en donde las reinas de las Lais (*), (*) Famosa meretriz de Corinto. Véase á Ambrosio Calepino á la voz Lais. solo con la eficacia de su ejemplo, hacen que pasen á ser moda hasta los trages de la deshonestidad, Voltaire, con manifestarse impío, hizo que el imperio de las letras se poblase de escritores que hacían gala de la impiedad. 248

Tercera clase de iniciados protectores

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(Capítulo decimocuarto del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

Ministros, Grandes señores y Magistrados. — Malesherbes antes de la revolucion. — Libertad de imprenta, nociva especialmente en Francia. — Ministros de Luis XVI. — Maurepas. — Turgot. — Necker. — Brienne. — Lamoignon. — Maupeou. — Duque de Usez. — Otros señores. — Conde d’Argental. — Duque de la Rochefoucault. — Rasgo del Abate Terrai.

Ministros, Grandes señores y Magistrados.

En Francia fue en donde el filosofismo tomó todas las formas de una verdadera conspiracion. Tambien fue en Francia en donde la clase de los ciudadanos ricos ó poderosos, aumentando el buen suceso de la misma conspiracion, pronosticó de un modo mas particular sus triunfos y estragos. No pudieron gloriarse los conjurados de ver á la impiedad sentada sobre el trono de los Borbones, como lo estaba sobre muchos tronos del Norte; pero (no lo puede disimular la historia) Luis XV, sin ser impío y sin que se le pueda contar en el número de los iniciados, fue una de las grandes causas de los progresos de la conjuracion cristiana. No tuvo la desgracia de perder la fe, y se debe decir que amó la religion; pero en los últimos treinta y cinco años de su vida, esta misma fe estaba tan muerta en su corazon y era tan poco activa; la disolucion de sus costumbres, la publicidad de sus escándalos, el triunfo de sus cortesanas correspondia tan poco al título de rey cristianísimo, que casi habria sido lo mismo si hubiese profesado el mahometismo. Los soberanos no saben lo bastante el daño que les causa la apostasía en las costumbres. No quieren perder la religion, que saben que es un freno para sus vasallos. ¡Desgraciados los que no la ven bajo otro punto de vista! Aun pueden hacer algun bien, conservando 211 los dogmas en su corazon; pero es el ejemplo el que ha de mantener aquella. Despues del de los sacerdotes, es principalmente el ejemplo de los reyes el que contiene á los pueblos. Cuando la religion no es para los reyes y gobiernos mas que un negocio de estado, presto lo conoce así y la desprecia hasta el mas vil populacho; pues mira la religion como una arma, de que usa la potestad contra los súbditos; y si la mira como una arma, tarde ó temprano la rompe, y entonces el rey y el estado no son nada. Si el que gobierna pretende vanamente creer en la religion sin tener sus costumbres, el pueblo tambien creerá que es religioso, aunque no tenga costumbres. ¿Y cuantas veces se ha dicho que nada son, y que de nada sirven las leyes sin las costumbres? Por precision ha de llegar un tiempo, en que el pueblo mas consiguiente que el gobierno abandonará las costumbres y el dogma, y cuando esto suceda ¿en que parará el gobierno?

Segunda clase de protectores

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(Capítulo decimotercero del primer tomo del libro del abate Augustin Barruel
Memorias para servir á la historia del Jacobinismo, 1827,
transcrito con la ortografía original de la obra.)

Príncipes y Princesas iniciados. — Federico, Land-grave de Hesse-Cassel. — Duque de Brunswick, Luis Eugenio y Luis, Príncipes de Wirtemberg. — Carlos Teodoro, Elector Palatino. — Princesa de Anhalt Zerbst. — Guillermina, Margrave de Bareith. — Federico Guillermo, príncipe Real de Prusia.

Príncipes y Princesas iniciados.

En esta segunda clase de iniciados protectores comprenderé á los que, sin hallarse sobre el trono, gozan de un poder sobre el pueblo, casi igual al de los reyes, y cuya autoridad y ejemplo, unidos á los medios de los conjurados, les hacian confiar de que no habian jurado en vano destruir la religion cristiana.

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