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Radiografía de una revolución (4.ª parte)

Sigue y concluye la transcripción del interrogatorio a Rakovski en esta cuarta entrega. Esta parte se centra en los detalles y oportunidad de un pacto entre Hitler y Stalin, justificándolo con la historia cercana y nombres personales y de instituciones, muchas de ellas, estadounidenses. Concluye con una justificación filosófica que enlaza el idealismo hegeliano con el naturalismo de Spinoza, filosofía que, según Rakovski, es la de los personajes que están tras la Finanza («Ellos»), y que lo que buscan es la síntesis entre la tesis comunista y la antítesis capitalista en lo que devendría un capitalismo-comunista detentado por ellos.

Radiografía de una revolución (2.ª parte)

En esta segunda parte, el diálogo se centra en el papel de la Finanza internacional en las crisis occidentales y, en particular, en las rusas, destacando su papel en la desestabilización de Rusia y financiación de la Revolución rusa, y del aupamiento de Trotsky como agente suyo en la revolución. De paso, se narra el papel de éste en los sucesos de Sarajevo detonantes de la Primera guerra mundial. También se narra la intencionalidad «proletarizante» del Tratado de Versalles, para facilitar la revolución comunista en la República de Weimar, y el ablandamiento de su implantación y el ascenso de Hitler, financiado también por ellos, a partir de la caída en desgracia de Trotsky con Stalin, para dirigirlo contra éste y poder practicar una política derrotista en la URSS, como hicieron con los zares, que lo derroque. También se afirma el papel destacado, pero subordinado, de la masonería en todas las revoluciones contemporáneas, siendo los «cerebros» miembros de la Finanza. Por último, se indica que, a causa de la efectividad de las purgas stalinianas contra los trotskistas, interesa postponer el ataque de Hitler y se empieza a esbozar un cambio de planes para que ataque a las naciones occidentales.

Radiografía de una revolución (1.ª parte)

En esta primera entrega el interrogatorio versa sobre la razón y métodos reales del Marxismo, los planes trotskistas previos a las purgas de Stalin con el ascenso de Hitler y un esbozo de las actuaciones de la Finanza internacional.

La ruta de las mil casbas

El pasado día 30 de abril se presentó en la librería Altaïr de Barcelona el mapa La ruta de les mil alcassabes («La ruta de las mil casbas»)([1]), editada por la editorial Piolet, en el que se recoge los lugares de interés cultural e histórico de la zona interior de Marruecos situada al sur y sudeste del Atlas —aproximadamente la que comprende las poblaciones de Errachidia (árabe: الراشيدية), Ouarzarzate (ár. ورزازات) y Zagora (ár. زكورة)— a escala 1:400.000, conocida como la «Ruta de las mil casbas». La exposición, a cargo de los autores del trabajo de campo y revisión D. Roger Mimó Lladós y D. Josep M.ª Escofet Jové, desarrolló muy amenamente, con la proyección de numerosas fotografías y explicaciones, el resumen contenido en el mapa, que dice más o menos así [tradución de la versión francesa]:

«La conocida Ruta de las Mil Casbas constituye un itinerario cultural de primer orden en el que no sólo se pueden visitar dichas fortalezas, sino también los llamados ksur (árabe: قصور [qṣūr], plural de ksar قصر [qṣar]), algunos graneros comunitarios, miles de morabitos, numerosos centros alfareros, grabados rupestres, túmulos prehistóricos, maravillas naturales, zocos llenos de vida y diferentes museos. En el sur de Marruecos, la palabra “casba” se emplea de manera genérica para designar una vivienda fortificada con cuatro torres en cada ángulo, o incluso un conjunto defensivo que comprende una o más de éstas . Por el contrario, en esta misma región el término “ksar” se refiere a una villa fortificada, con varias casas, una mezquita y otros equipamientos comunitarios en el interior. Por tanto, existen casbas muy grandes y ksur muy pequeños, siendo la frontera entre una y otra muy sutil; de ahí la confusión frecuente.

»En los valles presaharianos hay efectivamente un millar de fortificaciones, entre casbas y ksur. En el mapa no figuran más que las más pintorescas y las que tienen valor histórico o artístico, así como los otros lugares de interés mencionados. Al dorso del mapa encontrará imágenes y explicaciones de una selección reducida de estos últimos, basadas no sólo con criterios de importancia sino también de accesibilidad.»


Referencias

  1. Mimó Lladós, R., and J. M. Escofet Jové, La ruta de las mil casbas, , 1.ª, Barcelona, Ed. Piolet, 2009.

Un seminarista en las SS

Padre Gereon GoldmannPadre Gereon Goldmann

Estos días de la visita pastoral de S. S. el papa Benedicto XVI a Tierra Santa, están resurgiendo las tonterías de siempre, con las que nos aburre la prensa periódicamente, sobre la presunta —y falsa— pertenencia en su juventud a las Juventudes Hitlerianas. Es que hay muchos que le tienen ganas. Pregunta: ¿En el caso de que así hubiera sido, qué demostraría? Respuesta: absolutamente nada. Y la prueba de ello es la vida del P. franciscano Gereon Goldmann (1916–2003), que, además de seminarista, perteneció ni más ni menos que a las Waffen-SS. No se trata de un converso (la Iglesia tiene páginas gloriosas de personas que fueron hasta encarnizados perseguidores, empezando por uno de sus más grandes apóstoles: S. Pablo); se trata de un católico convencido que, a pesar de defender vehementemente su fe (como franciscano que era) y oponerse radical, pública y explícitamente al nacional-socialismo —aparte de la obediencia incondicional a Dios, consideraba que su defensa del catolicismo y la oposición a la cosmovisión (Weltanschauung) nazi era un asunto de patriotismo—, providencialmente (realmente Dios lo cubrió con su manto protector) se fue librando de procesos —por parte alemana y aliada—, condenas a muerte, masacres en el frente de batalla, conspiraciones y palizas en campos de prisioneros… No sólo eso, sino que confortó a muchos soldados católicos alemanes, en general carentes de sacerdotes, con la administración de la Eucaristía, participó como enlace en la famosa conjura contra Hitler del 20 de julio de 1944, consiguió que lo ordenaran sacerdote sin haber cursado los estudios preceptivos de Teología —por dispensa papal de puño y letra del propio Pío XII, con la condición de que los terminara al acabar la guerra—, se enfrentó y convirtió a muchos nazis recalcitrantes y hasta depravados en los campos de prisioneros inhumanos del sur de Marruecos (en particular, el de Ksar-es-Souk), y fue reconocido, respetado y ayudado por la comunidad católica del norte de África.

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