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Fallece el P. Mendizábal, sj, apóstol de la espiritualidad del Corazón de Jesús

InfoCatólica - Vie, 2018/01/19 - 13:41

El P. Luis M.ª Mendizábal Ostolaza, S. I. ha fallecido en Alcalá de Henares (Madrid) hacia las 23:30 horas del día de ayer, 18 de enero de 2018, con 92 años de edad, 77 en la Compañía de Jesús y 65 de sacerdote.

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Categorías: Iglesia

Pedro Mejías: «¿A quién daña una imagen que es histórica y símbolo de la concordia y la fe del pueblo?»

InfoCatólica - Vie, 2018/01/19 - 12:22

Con la excusa de la rehabilitación del edificio histórico del ayuntamiento de San Fernando (Cádiz, España), la alcaldesa socialista ha mandado eliminar el mosaico con la imagen del Sagrado Corazón.

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Categorías: Iglesia

El cardenal Dolan llama a luchar espiritualmente contra el «poder de la oscuridad» que es el aborto

InfoCatólica - Vie, 2018/01/19 - 08:42

La batalla para terminar con el aborto no se ganará solo en el frente político. Así lo aseguró el Cardenal Timothy Dolan en la Misa de Oración por la Marcha por la Vida en Washington DC. El purpurado aseguró que, primero y ante todo, la luchaa se libra en el frente espiritual donde el aborto debe ser reconocido como un «poder de la oscuridad».

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Categorías: Iglesia

El Papa llega a Perú

InfoCatólica - Vie, 2018/01/19 - 08:12

Tras saludar Chile desde Iquique, el Pontífice se embarcó en el vuelo A321 DE Latam rumbo a Perú, llegando a las 16.35 hora local.

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Categorías: Iglesia

Los obispos venezolanos condenan la ejecución extrajudicial de Oscar Pérez y sus compañeros

InfoCatólica - Vie, 2018/01/19 - 08:05

La Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Venezolana condenó ayer la ejecución extrajudicial de Oscar Pérez y el grupo de personas que le acompañaban. Los obispos denuncian «la falta de resolución pacífica de conflicto frente a un caso de solicitud de entrega, la ausencia de fiscales en el procedimiento y la utilización de grupos civiles armados».

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Categorías: Iglesia

Los 87 millones del despliegue policial en Cataluña deberían pagarlos los golpistas

Elentir — Contando estrelas - Vie, 2018/01/19 - 07:09
El Ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, explicó ayer en el Senado que el despliegue de 6.000 policías con la Operación Copérnico en Cataluña ha costado 87 millones de euros al Estado. ¿Presos políticos? No: presos por acosar a la Guardia Civil y destrozar tres de sus vehículos Ya que TV3 es la tele de […]
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Hermosa locura.

Sueños de aire azul - Jue, 2018/01/18 - 23:58


Me llaman loca...

Porque cuento las estrellas
en la noche,
porque prefiero el verano gélido
porque en la primavera,
lanzo rosas al viento
formando copos de nacar.

Porque juego con ancianos
en los bancos,
esos de manos rugosas
que tiemblan y se emocionan
cuando un helado les compras.

Porque brinco con los niños
en el parque,
 soltando globos
persiguiendo mariposas
y vistiendo los árboles de rojo.

Porque grito con los jóvenes
en las calles y plazas,
escribiendo en mi pancarta 
que el presente son ilusiones
que el futuro nada importa.

Me llaman loca...

Porque pienso que la tierra
es de color rosa,
porque sonrío a la tristeza
veo a la muerte hermosa,
la miseria es mi amiga
y mi enemiga la riqueza.

Me llaman loca... ¡No me importa!

Yo seguiré tejiendo amapolas
cantando en las tormentas
reiré cuando la lluvia no moje,
bailaré entre jirones de piedras
y cuando el mar se seque,
lo llenaré de sangre roja.

Me llaman loca...

y estoy de acuerdo,
me gustaría encontrar a alguien
que se apunte a mi aventura,
tal vez tú ya estés loco... entonces...
Bendita y sana locura.





SER LOCO ES ESTAR
CUERDO
¡El mundo ha conocido locos tan hermosos! De hecho, todos los grandes hombres del mundo han sido un poco locos, locos ante los ojos de la masa. Su locura residía en que no eran desgraciados, no sufrían de ansiedad, no temían a la muerte, no se preocupaban por trivialidades. Vivían cada momento con totalidad e intensidad, y a causa de esta totalidad e intensidad, su vida se convirtió en una hermosa flor, estaban llenos de fragancia, amor, vida y risa. Pero esto hiere a los millones de personas que te rodean. No pueden aceptar la idea de que hayas conseguido algo que ellos no lograron; intentarán de todas las formas convertirte en un miserable. Su condena no es más que un esfuerzo por hacerte infeliz, por destruir tu danza, por arrebatarte tu alegría, para que así, puedas volver al rebaño.


Uno tiene que armarse de valor, y si la gente dice que estás loco, disfruta de la idea. Diles: "Tienes razón; en este mundo, sólo la gente loca puede ser feliz y alegre. Yo he elegido la locura con alegría, felicidad, y danza; vosotros habéis elegido la cordura con infelicidad, angustia e infierno. Nuestras elecciones son diferentes. Sed cuerdos y seguid siendo miserables; dejadme solo con mi locura. No os ofendáis; yo no me siento ofendido por todos vosotros; tanta gente cuerda en el mundo y yo no me siento ofendido".

Es cuestión de muy poco tiempo... Una vez que te hayan aceptado como loco, ya no te molestarán; entonces podrás salir a plena luz con tu auténtico ser y podrás reírte de todas las necedades.


No soy poeta, ni entiendo de métrica, por eso, porque estoy... loca.

Categorías: Amigos

El sexo ¿sagrado o instrumental?

Germinans Germinabit - Jue, 2018/01/18 - 22:00
Tiempo hubo en que la barrera entre el lícito sexual y el ilícito sexual era meridiana. Es que el sexo, igual que en la naturaleza (¡vaya rareza!) era reproductivo. Y en virtud de esa característica, era sagrado. Sí, era un sacramento social, igual que es un sacramento natural. El sexo era tan determinista como la vista o el tacto o los pies. No quedaba en el ámbito del albedrío determinar cuál había de ser el uso de los ojos o de los pies. Ni el del sexo. Cada cosa era para lo que era.

Por eso, porque el sexo era para la reproducción, era sagrado. Porque la práctica sexual podía conducir a la mujer a la maternidad, estaba sometida a regulación y a restricciones rigurosísimas. Porque la maternidad era sagrada y porque el hijo era sagrado, la mujer lo era también. La mujer era tratada como sagrada: era inviolable, bajo pena de muerte. La ley de Moisés (y la mayoría de las antiguas leyes de los pueblos civilizados) castigaba la violación con la muerte. Y castigaba también con la muerte (por lapidación) a la mujer que pusiera en riesgo consintiéndolo, la sacralidad de su vientre. El sexo era para la vida. Hasta el sexo de la mujer esclava era para la vida. Eso es lo que explica que exista una moral sexual en todas las civilizaciones: absolutamente en todas.

¿Que hoy somos capaces de separar tan absolutamente el sexo de la reproducción, y que nos han educado para que no nos duela en absoluto desembarazarnos de los embarazos, es decir de la criatura que se está formando en el vientre de la mujer? Pero eso no le sale gratis a la colectividad. De momento ya tenemos resuelto en todo el mundo desarrollado el principio legal de la eliminación de viejos y enfermos mediante la eutanasia que, como el aborto, se irá ampliando y generalizando (¡es el progreso!). Manga cada vez más ancha para la eliminación de los que estorban. Simultáneamente se está legislando en la línea de convertir a los animales en sujetos de derecho. No está mal, porque así algún día les llegarán a los niños no nacidos (algunos muy creciditos) iguales derechos que a los animales y será obligatorio primero, motivar su eliminación; y además, administrarles un anestesiante para poder matarlos humanitariamente.

Y como no paran de crecer los daños colaterales de ese bien tan inmenso e irrenunciable de la liberación sexual de la mujer, resulta que se ha abierto la veda de la crítica y la pulverización del invento. Un invento que ha desbaratado cosas que parece que estaban funcionando y ahora ya no funcionan. Una sociedad que se ha propuesto pegarle un buen tajo a la reproducción, está sintiendo ya las dentelladas de la fiera desatada: como si fuese posible poner patas arriba el sistema reproductivo, que casualmente se asienta en el sexo, sin que tuviéramos que pagar por ello un alto precio.

La sociedad ha aprendido a sentirse cómoda y a tener muy buena conciencia con todo el sistema anticonceptivo, en su inmensa mayor parte a costa de la salud de la mujer, para convertir en ilimitada su disponibilidad sexual: llevada hasta la servidumbre por un extremo y hasta el desmadre por otro. Nuestra sociedad ha aprendido a sentirse hasta virtuosa con la inclusión del aborto como redondeo del sistema anticonceptivo. Es el gran regalo de la sociedad moderna a la mujer moderna. Y como es ella la que mayoritariamente carga con los ancianos y los enfermos, la sociedad le ha regalado también la eutanasia. Sí, es la más beneficiada de ese gran avance social. He ahí las grandes ventajas sociales del feminismo.

Y todo para ampliar su disponibilidad sexual. ¿Habrá que recortar esa disponibilidad sólo porque alguna vez le sienta mal que dispongan de ella forzando poco o mucho su consentimiento o su resignación? Eso jamás: porque pondría en evidencia cuantísimo de ese voluntarismo sexual de la mujer no es más que resignación y fatalismo. Si todas las mujeres tuvieran que denunciar el sexo más o menos forzado, fruto de un acoso más o menos insistente, y si decidieran denunciar también el sexo resignado (consentido de mala gana), no habría tribunales suficientes para tanto juicio. Pero siendo ése su diseño sexual, ¿qué puede hacer la mujer para oponerse? La han educado para ser sexy, para ser deseada, para ser lanzada, para ofrecerse, para fingir que todo es maravilloso: es el rol que le corresponde a la mujer nueva en este mundo nuevo.

Y además subyace a todo esto un tremendo problema social de comprensión, que se ha hecho patente en los grandes juicios que se están instruyendo sobre abusos sexuales. En el desventurado caso de Diana Quer, un afamado periodista de una gran cadena llegó a escribir sobre los chicos que le gustaban a la víctima. ¿Y eso? Es que el público adicto a ese periodismo se recrea, ¡y mucho!, juzgando a la víctima de los abusos. Es que ese es un periodismo que tiene muchísimo gancho. La sociedad consumidora de programas de ese género está ávida por conocer al detalle cómo es que les pasa eso a algunas mujeres y las características y comportamientos especiales de las mujeres a las que les ocurren esas cosas. Y los periodistas lo saben. Por eso se recrean en examinar (o juzgar, vaya usted a saber) también a la víctima… Saben perfectamente que aunque de boquilla todos digan que haga lo que haga la mujer al final es intocable, sus oyentes piensan que si el cántaro no para de ir a la fuente, y no muy bien llevado sino incluso a rastras, tampoco es una enorme sorpresa que acabe rompiéndose.

Lo estamos viendo en La Manada, que es la que ha abierto la veda. Y ahora aparecen unos videos dicen que muy normales (es decir, de amplio consentimiento) de la menor que estuvo con los futbolistas, y encima resulta que ya no eran tres, sino cuatro. Y lo de las preferencias amorosas de la pobre Diana… Vamos, que el panorama está muy raro. Y los medios, que saben muy bien lo que se hacen (saben lo que da audiencia y dinero) se han instalado confortablemente en este registro. Está claro que el desmadre afecta no sólo a las conductas, sino también a las mentes, que no han acabado de entrar en la nueva filosofía sexual.

Y al final, reputados psiquiatras acabarán diciendo que los presuntos abusadores no son enfermos mentales sino que tienen trastocado su sistema de valores. ¡Pero si desde el poder político se ha trastocado ese sistema de valores por otro absolutamente pervertido! Se quejan de las consecuencias, pero nunca entrarán en sus causas: familias destruidas o nunca constituidas, anticoncepción y aborto subvencionado, pornografía insaciable al alcance de cualquiera. La destrucción de la virtud cristiana en la sociedad y el desprecio de los mandamientos de Dios, tiene siempre nefastas consecuencias… 

A la vista de todo esto, se me hace presente el capítulo 7 de la primera carta de San Pablo a los Corintios:    En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno es para el hombre no tocar mujer. Pero por causa de las fornicaciones, cada uno tenga su esposa, y cada una tenga su marido. El marido cumpla con la esposa el deber conyugal, y asimismo la esposa con el marido. Y sigue el apóstol escandalosamente claro: La esposa no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco el marido tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la esposa. Ni sexo forzado ni resignado: No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos en el ayuno y la oración; luego, volved a estar juntos, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra falta de dominio propio. 

Y la pregunta pertinente es: ¿Acaso esta doctrina no resolvía los problemas de relación mejor que la actualmente en vigor? ¿Seguro que las doctrinas en que se educa hoy a la mujer, contribuyen a su seguridad y a su felicidad más que las que propone san Pablo?  Rotundamente no, el yugo de Cristo (yugo al fin y al cabo) es infinitamente más ligero y suave (cf. Mateo 11,30)  que la disponibilidad absoluta de una mujer forzada a ser objeto sexual de un varón que ve en cada mujer no una esposa o una madre, sino una muñeca hinchable para satisfacer unos deseos que, sin el freno de la moral cristiana, ya se han hecho irrefrenables. 

Custodio Ballester Bielsa, pbro. 
Sacerdotes por la Vida
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La ciencia no calma la angustia

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Jue, 2018/01/18 - 21:41
(De hace unos años) Por otra parte, la ciencia y la razón, tales como suelen ser concebidas, tienen una desagradable tendencia a socavar las normas morales, a privarlas de sentido. Un buen exponente de la actitud cientista optimista es Freud, por ejemplo, en El porvenir de una ilusión. Para él, la religión es un montaje ilusorio construido por la psique humana para calmar sus angustias más esenciales. Una vez la ciencia ha puesto de relieve su naturaleza ilusoria, la religión irá desapareciendo y siendo sustituida por la ciencia. El problema es: ¿podrá la ciencia cumplir ese papel que la religión ha tenido en las sociedades tradicionales? Freud creía que sí, que la ciencia podría proporcionar “un cierto sentido y equilibrio a la vida humana”. Con todo, Freud, que nunca fue un optimista loco, consideraba que la ciencia podría no ser tan eficaz como la religión en cuanto a proporcionar esa calma y serenidad. Pero lo sería en grado suficiente, y además no se apoyaría en una simple ilusión, por lo que valdría la pena. En definitiva, la religión sería un placebo y la ciencia una medicina real, aun si quizá no perfecta. Pero la esperanza de la ciencia como portadora de equilibrio psíquico se ha venido abajo en estos años. Monod, en su libro El azar y la necesidad, plantea, desde un ciencismo algo desesperado, la urgencia de fundamentar la moral sobre bases científicas. Lo malo del intento es, como subraya Monod, que al haber conseguido la biología explicar plenamente –según dicen—la evolución a través del “azar y la necesidad”, prescindiendo de toda idea de finalismo, la misma idea de sentido de la vida se viene abajo. La vida humana sería el resultado de una cantidad gigantesca de mutaciones al azar a lo largo de millones de años, mutaciones que han ocurrido como pudieran no haberlo hecho, sin ninguna predeterminación ni ningún sentido. “Pero entonces ¿quién define el crimen? ¿Quién el bien y el mal? Todos los sistemas tradicionales colocan la ética y los valores fuera del alcance del hombre. Los valores no le pertenecen: ellos se imponen y es él quien les pertenece. Él sabe ahora que ellos son solo suyos y, al ser en fin el dueño, le parece que se disuelven en el vacío indiferente del universo”. Y la consecuencia es que la ciencia, lejos de calmar la angustia innata, la exacerba. En efecto, desde ese punto de vista que se presenta como científico y racional, la misma idea del valor o la dignidad de la vida humana, por ejemplo, pierden todo significado, y fenómenos como los campos de concentración nazis o el GULAG soviético se entienden bastante bien. Por eso quizá el enfoque científico de los supuestos placebos metafísicos tendría que cambiar. Considerar los valores como simples convenciones que se impondrían por la propaganda tiene muchos riesgos, como se sabe de antiguo. Cuando los sofistas mostraban en Atenas la relatividad y la convencionalidad de las normas, amenazando con ello la estabilidad de la polis, Aristófanes replicó en su comedia “Las nubes” exponiendo el caso de un hijo que propone que la ley autorice en adelante que los hijos peguen a los padres. Para lo cual expone varios argumentos impecablemente racionales, pero sobre todo uno: si la ley autoriza a los padres a pegar a los hijos y no a la inversa, es porque alguien lo propuso y convenció a los ciudadanos de que así fuera. ¿Acaso no es lícito que alguien venga ahora a proponer y demostrar la conveniencia de lo contrario?, venía a decir.
Y así es, si los valores son simples convenciones o tienen un carácter meramente “cultural”, como se decía en estos años, resultan en definitiva arbitrarios y pueden ser sustituidos y cambiados sin más problema. Los valores pueden ser invertidos, como quería Nietszche. Y no puede haber límite a la arbitrariedad del cambio, porque ese límite significaría reconocer alguna objetividad en los valores. Tampoco pueden apoyarse en la “conveniencia social”, por ejemplo, porque esta se puede ver desde muchos puntos de vista. La historia reciente nos muestra que el cambio arbitrario de los valores puede tener consecuencias desastrosas. Da la impresión de que hay cierta objetividad en ellos, a pesar de sus posibilidades de cambio, y que hay, como hace decir Sófocles a Antígona, “leyes antiguas, inmutables, de los dioses, que existen desde siempre y nadie sabe a qué tiempos se remontan”. Además, creo que todos sentimos una mezcla de vergüenza y de repulsa frente a las “inversiones de los valores”, aunque no podamos razonar con toda claridad contra ellas. Sentimos que hay valores totalmente equivocados o falsos, y que estos solo pueden imponerse mediante un envilecimiento de la gente (que la experiencia demuestra que puede lograrse a través de la propaganda). Se puede lograr un notable consenso en normas falsas, gracias a la complicidad o la cobardía de muchos, apoyada en la dificultad de rebatir racionalmente tales propuestas. En La Celestina hay un buen ejemplo de esto cuando la vieja arpía elogia ante Pármeno las inelogiables cualidades de la finada madre del muchacho, que había sido una bruja y alcahueta profesional. Con tales elogios se crea una complicidad entre los dos, que se rompe cuando Pármeno hace una observación indiscreta que pone en evidencia la falsedad del discurso de Celestina. Y esta dice para sí: “Herísteme, don Loquillo. ¿A las verdades nos andamos? Pues ahora te daré donde te duela”. Y se dedica a ensalzar todavía más desmesuradamente las fechorías de la madre de Pármeno. Así que el problema es muy enredado. La propuesta concreta que Racionero hace para salir del atasco resulta curiosa. Él propone diez normas “en la tradición humanista occidental”, y las supone satisfactorias para los “laicos”. Son normas como “conócete a ti mismo”, “el hombre es la medida de todas las cosas”, “unidad en la diversidad”, “unión por Amor”, “el aumento de la Complejidad es deseable”, etc., una mezcla algo incoherente, en parte de origen religioso, que suena algo pintoresca. En el proceso de conocerse a sí mismo, la razón humana puede llegar a la conclusión sartriana de que “el infierno son los demás”, idea muy racional, que resume muchas filosofías. ¿Qué conclusiones prácticas sacar? ¿Cómo conciliarlas con “unión por Amor”, suponiendo que eso signifique algo? Racionero cree que las normas que él propone –y que en realidad no son normas casi ninguna de ellas—podrían “equipararse a cumplir los diez mandamientos de la sociedad laica”, y que podrían unirse a casi todos los diez mandamientos tradicionales (no todos, claro, porque el primero, por ejemplo, resulta inadmisible, y algunos otros, como los referidos a la moral sexual, irrelevantes para cualquier “laico” actual) Y entre unos y otros mandamientos, el señor Racionero cree que tendríamos “un cuerpo normativo suficiente para dotar de un código ético a la nueva sociedad mundial que emerge a través de las fronteras de naciones y culturas”. Esto suena a un optimismo realmente inmoderado.
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El Papa reclama «una opción radical por la vida» y bendice la imagen de «Ntra. Sra. del Niño por nacer»

InfoCatólica - Jue, 2018/01/18 - 18:37

Como parte de su visita apostólica a Chile, el Papa Francisco ha querido bendecir una escultura de la Virgen embarazada, un gesto muy significativo en un país que legalizó el aborto el año pasado.

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Categorías: Iglesia

Educatio Servanda denuncia la persecución ideológica que sufre por parte del radicalismo laicista

InfoCatólica - Jue, 2018/01/18 - 17:18

La Fundación Educatio Servanda ha hecho público esta mañana un comunicado en respuesta a la última secuencia de la persecución ideológica que los medios de la extrema izquierda totalitaria emprendieran hace un año contra los colegios Juan Pablo II .

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Categorías: Iglesia

El cardenal Cañizares da indicaciones para celebrar dignamente la liturgia

InfoCatólica - Jue, 2018/01/18 - 13:16

Decoro en la vestimenta, silencio durante la eucaristía, reverencias ante el sagrario, e incluso limitar el dar la paz a las personas de al lado. Estas son algunas de las indicaciones que el arzobispo de Valencia, cardenal Antonio Cañizares, ha dado a los sacerdotes para un correcto comportamiento en la iglesia.

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Categorías: Iglesia

Con el Papa Francisco en su viaje a Perú

InfoCatólica - Jue, 2018/01/18 - 13:08

El Papa Francisco les decía hace unos meses a los cristianos de Perú que la reserva más hermosa que puede tener un pueblo es la «reserva de los santos», y que ese gran país es una reserva patente entre los pueblos de Hispanoamérica, porque tantos santos que allí han vivido el Evangelio de Cristo, han sembrado de esperanza la vida de las personas.

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Monseñor Jesús Sanz Montes
Categorías: Iglesia

P. Zagore: el cristianismo en África «abraza el martirio en defensa de la justicia y la verdad»

InfoCatólica - Jue, 2018/01/18 - 11:53

El P. Donald Zagore, SMA (Sociedad para las Misiones Africanas), escritor y teólogo marfileño que reside actualmente en Saoudè (Togo), ha concedido una entrevista a Fides sobre las iniciativas y actividades de los católicos en el Congo, que tienen como objetivo la renovación del cristianismo africano.

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Categorías: Iglesia

Obispo escocés critica a la BBC por un reportaje proabortista y crítico con los provida

InfoCatólica - Jue, 2018/01/18 - 09:20

Mons. John Keenan, obispo de Paisley (Escocia, Reino Unido), ha criticado a la BBC por su parcialidad contra los partidarios de la defensa del derecho a nacer.

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Categorías: Iglesia

La archidiócesis francesa de Poitiers publica un artículo pro-LGTB

InfoCatólica - Jue, 2018/01/18 - 08:36

El portal católico francés Riposte Catholique ha denunciado la publicación de un artículo pro-LGTB en el periódico oficial de la archidiócesis de Poitiers, al frente de la cual está Mons. Pascal Jean Marcel Wintzer.

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Categorías: Iglesia

Papa Francisco a los jóvenes: «Jesús es ese fuego al cual quien se acerca queda encendido»

InfoCatólica - Jue, 2018/01/18 - 08:07

La penúltima cita del tercer día del papa Francisco en Chile fue el festivo encuentro con la juventud que tuvo lugar en el Santuario Nacional de Maipú. Entre otras cuestiones, el Pontífice exhortó a los jóvenes a amar a la patria.

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Categorías: Iglesia

La expulsión de los judíos,

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Jue, 2018/01/18 - 08:03
  La Inquisición tuvo un doble papel presionando por la expulsión de los judíos y luego en la persecución de los falsos conversos. Como es sabido, la expulsión valió a los Reyes Católicos la felicitación y el beneplácito de los demás estados europeos, los que indica una actitud muy común hacia ellos. De hecho habían sido expulsados también de Inglaterra, Francia y algún otro país, pero no del mismo modo. En Inglaterra y Francia la expulsión fue repentina para apoderarse de sus bienes, mientras que en España se les dio oportunidad de bautizarse y tiempo para vender sus pertenencias. De siempre, la política hacia los judíos en Europa  alternaba entre la tolerancia  (en el sentido estricto de ser tolerados, no queridos), la persecución y la expulsión. Solian protegerles monarcas y nobles, por las ganancias que obtenían de ellos, y, de modo ambivalente el papado; y les odiaba el pueblo llano. Esa aversión nacía, según Sánchez Albornoz y otros, de los préstamos usurarios del 100% anual y más, necesitados por la gente humilde para subsistir en años de sequías y miseria. El rey Fernando señaló: “Hallamos los dichos judíos, por medio de grandísimas e insoportables usuras, devorar y absorber las haciendas y sustancias de los cristianos, ejerciendo inicuamente y sin piedad la pravedad usuraria contra los dichos cristianos (…) como contra enemigos y reputándolos idólatras, de lo cual graves querellas de nuestros súbditos y naturales a nuestras orejas han prevenido”. Denuncia que retomaría, entre otros, Lutero con verdadera furia. La identificación de los judíos como usureros era casi general en toda Europa, aunque realmente solo una parte de ellos se especializaba en tal práctica, así como en préstamos a la oligarquía y a los monarcas, siempre inclinados a gastar más de lo que ingresaban; aunque en este caso la usura era menor, y con riesgo de perder el dinero si el deudor hacía uso de su poder para no pagar. Por otra parte, muchos judíos participaban en el cobro de impuestos, lo que no aumentaba su popularidad. Tales prácticas resultaban más humillantes para los cristianos por cuanto consideraban a los prestamistas “el pueblo deicida”, un grupo inasimilable, extraño y dañino por el efecto corrosivo de su religión; en España, la aversión se extendía a la memoria de su colaboración con la invasión islámica. Por supuesto, el odio era mutuo, si bien impotente en los judíos, salvo por medios indirectos como la usura. De hecho habían intentado sofocar el cristianismo en sus orígenes y cuando habían tenido ocasión, como en la rebelión antirromana del “mesías” Bar Kojba, habían aplicado una brutal represión a los cristianos. Aplastados por Roma y dispersados en débiles minorías, todavía cuando tuvieron ocasión, como en 614 y en alianza con los persas, tropas judías cometieron la matanza de Mamilla asesinando a decenas de miles de cristianos indefensos, sin importar edad ni sexo, en la ya cristiana Jerusalén, como recuerda M. A. García Olmo.  Por lo demás, la Biblia ofrece  bastantes pasajes de conducta similar hacia los “no elegidos”. Precisados de protegerse como “pueblo elegido” contra los “no elegidos” en un ambiente hostil, practicaban formas de solidaridad que a ojos de los gentiles les convertían en una sociedad opaca dedicada a ocultos manejos, acusación ya presente en Roma y entre los visigodos. Es indudable que el odio antiijudaico ha llegado a alcanzar grados de auténtica paranoia en Europa, y originado crímenes terribles, bien recordados –que no tienen nada que ver con la expulsión de España en el siglo XV– pero no debe olvidarse que la hostilidad era mutua, y ejercida de forma indirecta por al menos una parte de los hebreos.  Entender los hechos obliga a evitar las versiones simples de “buenos y malos”. Los Reyes Católicos favorecieron al principio a los judíos: “Son tolerados y sufridos y nos los mandamos tolerar y sufrir y que vivan en nuestros reinos como nuestros súbditos y vasallos”; y los protegieron anulando normas como las de Bilbao, que obligaban a los comerciantes hebreos a pernoctar fuera de la ciudad, con riesgo se ser asaltados, y restricciones semejantes. Reaparecieron en la corte judíos como Abraham Seneor, que llegó a administrar las rentas del reino y a tesorero de la Santa Hermandad.     Sin embargo, en 1483 fue nombrado  inquisidor general Tomás de Torquemada, a quien se atribuye algún antecesor converso, en todo caso secundario; aunque los conversos abundaron entre los alto cargos inquisitoriales. Torquemada ha sido objeto de  juicios contradictorios, ya como paradigma del más cruel fanatismo, ya como “martillo de los herejes, la luz de España, el salvador del país” (Sebastián de Olmedo). Defendió la tortura, pero aplicándola mucho menos que los tribunales corrientes; organizó cárceles más habitables que las ordinarias, veló por la buena alimentación de los presos y combatió  la corrupción judicial y las denuncias falsas, acordando que quien acusase falsamente a otro recibiese la pena prevista para su víctima. Al mismo tiempo fue inflexible en la persecución de la herejía, sin reparo en llamar ante el tribunal  a nobles u obispos. Considerado incorruptible, procuraba la reconciliación de los acusados.    Como fuere, Torquemada abogó por la expulsión, decidida por decreto real a finales de marzo de 1492. Los judíos disponían de cuatro meses para liquidar sus bienes e irse. La orden regia no aludía a las acusaciones populares de sacrilegios y asesinatos rituales (en los que probablemente no creían las personas ilustradas), ni a la usura, exceptuando el mencionado escrito de Fernando. El motivo invocado era religioso, el contagio de herejía.: “Procuran siempre, por cuantas vías más pueden, de subvertir y sustraer de nuestra santa Fe Católica a los fieles cristianos, y apartarlos de ella”.       Los Reyes Católicos debieron de esperar que en tal aprieto la comunidad hebrea se diluyera mediante la conversión, y se prodigaron las exhortaciones. El prestigiado Abraham Seneor se convirtió e hizo proselitismo entre los suyos, pero la mayoría persistió en su fe.: los rabinos habían robustecido moralmente a la comunidad.    ¿Cuántos emigraron? Entre 50.000 y 200.000 según cálculos. El número de aljamas, contabilizado por Luis Suárez, ofrece la mejor pista. En Aragón quedaban 19, con un máximo de 1.900 familias, es decir, en torno a 10.000 personas, probablemente menos; y solo ellas suponían el 85 por ciento de todas las de la corona, distribuyéndose el 15 por ciento restante entre Valencia y Cataluña, de donde habían huido muchos a Castilla. Esta contaba 224 aljamas, que a cien familias por cada sumarían 22.400 familias y unas 100.000 personas, pero probablemente no llegaban a la mitad, ya que una aljama de 200 familias era excepcional, pocas tenían más de 50 y muchas no pasaban de 20 o 30. Por ello la cifra real de judíos no debió de superar los 60.00 en toda España, y de ella habría que deducir varios millares de conversos de última hora.    La suerte de los expulsados fue dolorosa. Se tomaron medidas para evitar abusos contra ellos, pero la compraventa de sus bienes debió de dar lugar a abusos. En largas filas menesterosas marcharon al destierro, sostenidos por los rabinos que les exhortaban y hacían que las mujeres y muchachas cantaran y tañeran instrumentos musicales para elevar los ánimos. El Imperio otomano los acogió bastante bien, asombrándose de que España prescindiera de gente tan hábil para hacer dinero, y en Portugal solo pudieron mantenerse breve tiempo. Otros marcharon a Italia o a Flandes. Padecieron más los que recalaron en el norte de África, donde muchos fueron reducidos a la esclavitud. Quizá un tercio de ellos volvieron a España a bautizarse.    Los estudiosos han discutido los motivos de la expulsión, desde el afán de reyes y nobles de enriquecerse con los bienes de los judíos, hasta el racismo o la “lucha de clases”. En realidad los reyes eran conscientes de que la medida sería poco rentable –aunque ni de lejos desastrosa, como se ha dicho, porque la economía española prosperaba  por entonces y, contra una idea frecuente, el peso de los judíos en ella era débil—. Las razones expuestas en el decreto son exclusivamente religiosas, como vimos, y debe recordarse que la herejía se consideraba un grave riesgo de descomposición social y discordias civiles.    Paradójicamente, no se adoptaron al principio medidas similares contra los mudéjares, que en Aragón y Levante se acercaban al 20% de la población. Los de Granada gozaban de derechos y privilegios, como no pagar más impuestos que antes, conservar armas blancas o denunciar abusos de gobernantes y provocar su destitución. Podían mantener su religión y propiedades, su sistema legal y educativo, llevar la ropa que quisieran, no las capas que identificaban a los judíos, retener a cristianos islamizados… Estas normas creaban casi un estado dentro del estado, lo que chocaba con el impulso racionalizador de los reyes. El odio a los mudéjares era menor que hacia los judíos. Sin embargo, también constituían un cuerpo social extraño, agravado  como potencial quinta columna de los musulmanes de África, solo separados por el estrecho de Gibraltar, los cuales practicaban una piratería sistemática y daban a los moros peninsulares esperanzas de un cambio de tornas, recordando las grandes invasiones del pasado.     Por consiguiente, la política hacia los mudéjares cambió. Las predicaciones apenas dieron resultado, y en 1499 se adoptó una postura más drástica. Sus libros religiosos fueron quemados y los científicos enviados a la Universidad de Alcalá de Henares. Miles de mudéjares se convirtieron y otros más se rebelaron en Granada y las Alpujarras en 1500.  Sofocada su rebelión, aumentó la severidad hacia ellos, y en 1502 se les aplicó la misma opción que a los judíos: convertirse o marcharse.  La gran masa aceptó el bautismo, pero mantuvo sus tradiciones, costumbres, vestimenta y, ocultamente, su religión, recibiendo el nombre de moriscos. Así, el peligro persistió, y cada vez más agobiante conforme aumentaba la piratería magrebí y, sobre todo,  los turcos imponían su hegemonía naval en el Mediterráneo, acercándose a España.

 

 

 

 

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