Sueños de aire azul

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Tiempo de cerezas

Mié, 2019/06/05 - 14:53
Querido mes de junio: déjame que me asome a tu ventana y me cuele en el recuerdo, déjame que vuelva a ver aquel jardín lleno de colores, que vuelva a notar el soplo del viento que traía olor a manzanas y sabor a café recién hecho. Que vuelva a sentir la alegría de un diploma y el suave tacto de unas manitas que por primera vez me acariciaron, porque por encima de todo en junio nació mi primera hija.





Me gustan los ventanales amplios, las grandes ventanas que dejan pasar la claridad del día, ventanas de madera que a través de sus cristales te trasladan al jardín sin mover un solo pie, que te dejan disfrutar del sonido de la naturaleza y te permiten escuchar los gritos de las rosas cuando el viento las despeina.
Por ellas se cuelan hacia el interior reflejos extraños, formando colores en espiral en el suelo y en las paredes, ecos que se escapan del más allá y se funden con la tibieza del ambiente. Una sensación plena de libertad donde el paisaje parece correr a lo lejos, una puerta abierta por la que se filtran las notas de una melodía, los silbidos del viento y sentimientos que fluyen en busca del calor del sol, que toman formas confusas, que usan palabras exóticas, que vuelan.


Es tiempo de cerezas. Junio recoge su fruto después de haber teñido de rosa los campos y los huertos. Todavía recuerdo aquellos árboles con las ramas cuajadas de pequeñas bolitas rojas. No era fácil cogerlas, la mayoría estaban demasiado altas y además tenían dueño. Nuestra casa no tenía cerezos, había un membrillo trenzado precioso donde colgaba un botijo de barro con agua fresca, había también grandes ventanas,  y por todas ellas se veía el cielo azul anunciando la llegada del verano. Ventanas que crujían con la lluvia, que llenaban de claridad mi habitación en época de exámenes y por encima de todo, ventanas que en las noches de junio me permitían ver las estrellas.


  

Curioso panorama el de un cielo plateado, seguro que lo has observado infinidad de veces.
Si miras las estrellas, fíjate que siempre hay una que brilla un poquito más. Cierra los ojos entonces y piensa en una cara bonita, en un rostro que hace tiempo que se esconde entre ellas, y seguro que lo vés, porque en el reino de la mente nada es imposible, lo positivo atrae a lo positivo y rechaza lo negativo.


Junio, el mes sexto en que tenemos treinta días de esperanzas y deseos. Que sin quererlo se va la primavera y a las puertas del verano nos ponemos.



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