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Sacerdotes contra la legalidad

Mié, 2017/09/20 - 22:00
Carta para recoger firmas entre el clero catalán a favor del Referéndum
Estimado compañero sacerdote:

Te escribimos para pedirte que consideres adherirte al manifiesto que encontrarás a continuación. Lo hemos pensado y consensuado sacerdotes, diocesanos y religiosos, que trabajamos en varios obispados y representamos carismas y sensibilidades diferentes. Nos parece que el momento que vivimos nos reclama como ministros de la Iglesia una presencia profética en el actual contexto catalán y español. Este comunicado se hará público a más tardar el viernes, cuando esperamos que seamos ya muchos cientos los que la hemos firmado; y por ello, te pedimos que, lo antes posible, envies al correo electrónico capellans.cat@gmail.com los datos personales que se te piden después de nuestras firmas, a fin de poder incluirte en la lista de los firmantes .Lo estamos enviando simultáneamente a muchos curas, pero te agradeceremos que lo reenvíes a los compañeros que creas conveniente, para asegurar que llegue a todos. Si tienes la oportunidad, sería bueno que lo hicieras llegar también a sacerdotes ancianos que conozcas y que no utilizan normalmente el correo electrónico, para que, si así lo desean, a través de ti puedan adherirse. No buscamos añadir tensiones ni discusiones, sino contribuir eficazmente a una buena conclusión de todo este proceso en bien de nuestro pueblo; y es por ello que, cuantos más seamos, más incisivo podrá ser nuestro mensaje. Gracias desde ahora por tu colaboración.

Para ser incluido en esta lista de los firmantes, hay que enviar al correo capellans.cat@gmail.com los siguientes datos: Nombre y apellidos, obispado de incardinación o de residencia y, los religiosos además, el Instituto del que se forma parte. Para poder confirmar la identidad del presbítero y su efectiva adhesión al manifiesto desde la secretaría de esta iniciativa, en caso de necesidad, se debe también hacer constar en el correo un número de teléfono de contacto y el número del D.N.I.

Declaración sobre el referéndum de autodeterminación convocado por el Gobierno de Cataluña el próximo 1 de octubre

Los abajo firmantes, sacerdotes al servicio de las comunidades católicas de Cataluña, movidos por los valores evangélicos y humanísticos que representamos y empujados por el amor sincero al pueblo que queremos servir, en sintonía con nuestros obispos, que reiteradamente han afirmado el carácter nacional de Cataluña y consideran que «conviene que sean escuchadas las legítimas aspiraciones del pueblo catalán» (Comunicado CET 11-V-2 017),

MANIFESTAMOS

que, valorando todas las circunstancias que han llevado a la convocatoria por parte del Gobierno de la Generalidad de un referéndum de autodeterminación el próximo 1 de octubre y ante la imposibilidad de pactar las condiciones para llevarlo a cabo de forma acordada, consideramos legítima y necesaria la realización de este referéndum.

INVITAMOS

a los católicos y a todos los ciudadanos de Cataluña a reflexionar sobre la importancia de los actuales acontecimientos y votar en conciencia en ejercicio del derecho fundamental que tiene cualquier persona a expresar libremente sus posiciones.

Vista la dificultad existente de un diálogo sereno y constructivo entre todas las partes, nos hemos sentido moralmente obligados a hacer oír nuestra voz en esta hora decisiva para el futuro inmediato de Cataluña y España.

1. Mn. Ramon Balagué i Bajona, obispado de Urgell
2. Mn. Xavier Batiste i Mercadé, obispado de Lleida
3. Mn. Blai Blanquer i Cutrina, obispado de Terrassa
4. Mn. Josep Bofarull i Veciana, arzobispado de Tarragona
5. Mn. Cinto Busquet i Paredes, focolar
6. Mn. Joan Casals i Cubinsà, obispado de Solsona
7. P. Pere Codina i Mas, claretiano
8. Mn. Josep Maria Fisa i Bosch, arzobispado de Barcelona
9. Mn. Antoni Matabosch i Soler, arzobispado de Barcelona
10. P. Xavier Melloni i Ribas, jesuita
11. Mn. Gaspar Mora i Bartrès, obispado de Sant Feliu de Llobregat
12. Mn. Xavier Morlans i Molina, arzobispado de Barcelona
13. Mn. Pere Oliva i March, obispado de Vic
14. P. Josep Peñarroya i Artola, cisterciense
15. P. Josep Maria Rierola i Roqué, escolapio
16. Mn. Francesc Romeu i Torrents, arzobispado de Barcelona
17. P. Jordi Seubas i Goixart, capuchino
18. Mn. Josep Maria Domingo Ferrerons, obispado de Sant Feliu de Llobregat 
19. Mn. Martirià Brugada i Clotas, obispado de Gerona 
20. Mn. Josep-Pau Gil i Llorens, obispado de Tortosa

*Traducción del original en catalán realizada por Germinans Germinabit
Categorías: Iglesia

Taltavull obispo electo de Mallorca

Mar, 2017/09/19 - 22:00
Una buena noticia para Barcelona, una muy mala noticia para Mallorca
Sebastià Taltavull ya es el obispo titular de la diócesis de Mallorca. Después de ser durante  un año Administrador Apostólico de aquella isla, el prelado menorquín se quedará definitivamente en la diócesis que ha gobernado de forma provisional. Eso significa que deja de ser obispo auxiliar de Barcelona, cargo que ha ocupado en estos últimos ocho años, primero bajo el pontificado del cardenal Martínez Sistach, que fue quien lo consagró obispo y en estos dos últimos años con el cardenal Omella.

Después del nombramiento de los obispos auxiliares Gordo y Vadell estaba cantado que Taltavull se quedaría en Mallorca, ya que Don Juan José había elegido a sus hombres de confianza y el menorquín no lo era, y con los nuevos auxiliares ya podía prescindir de él. Se ha repetido algo que acostumbra a suceder cuando un obispo se encuentra auxiliares de su antecesor e intenta sacárselos de encima, había que colocar a Taltavull en algún sitio, y siendo Mallorca el lugar donde estaba ejerciendo como Administrador Apostólico todo apuntaba a esa posibilidad.

Pero habían algunos problemas, el cardenal Antonio Cañizares se oponía a este nombramiento, y la opinión del arzobispo metropolitano de la provincia levantina, a la que pertenece Mallorca, no se podía despreciar tan alegremente, por otra parte la gestión de Taltavull como Administrador Apostólico había creado serias dudas sobre su capacidad para regir definitivamente esa diócesis.
Al final ha quedado bien claro que la opinión del cardenal Omella, que forma parte de la Congregación para los obispos, es mucho más fuerte en Roma que la del cardenal valenciano, y todo indica que también ha contado con  el apoyo de un peso pesado en Roma como es Mons. Ladaria, Prefecto para la Doctrina de la Fe, de origen mallorquín.

Taltavull empezó en Barcelona con buen pie, toda comparación con el cardenal Sistach era odiosa y el menorquín siempre quedaba bien parado, era cercano, escuchaba a la gente y a los sacerdotes y se mostraba humilde frente al egocéntrico arzobispo del momento. Pero poco a poco "Tiá" empezó a enseñar la patita, y se mostró como un obispo tendencioso, que se dejó querer por lo más progresista de la diócesis que quería convertirlo en substituto de Sistach. No ocultó sus simpatías por el independentismo como cuando afirmó en Catalunya Ràdio que se tenía que respetar la decisión de los catalanes aunque esta fuera la secesión. Además con el tiempo empezó a mostrar su cara más oscura, la de un pastor que es amable siempre que no se le contradiga, pero que si se le lleva la contraria se ve a un hombre duro e intransigente.
Su primera etapa al frente de la diócesis de Mallorca como Administrador Apostólico no ha sido precisamente afortunada, Taltavull ha encendido todas las alarmas del clero no progresista de la isla, entre el que se encuentran los sacerdotes más jóvenes, las quintas de Vadell y posteriores, esas que aplaudieron a rabiar el abrazo que le dio el obispo Salinas en la Sagrada Familia al nuevo obispo mallorquín, preveyendo la que se les venía encima. El actual obispo auxiliar de Valencia y anteriormente titular de Mallorca, más allá de su affaire con su secretaria era querido mayoritariamente por el clero local, especialmente el más joven.

Para Barcelona la marcha de Taltavull es una buena noticia, era un palo en las ruedas y una rémora del pasado sistachiano y del vetusto progresismo que tanto lo quiso. El trío que ahora gobernará nuestra diócesis: Omella-Gordo-Vadell podrá ser criticado por muchas cosas, por lento, por tibio, por no afrontar seriamente los problemas de la diócesis, pero no por nacional-progresista. Ahora ya sin Taltavull y pronto con nuevos cargos diocesanos podrá demostrar verdaderamente su proyecto, que esperemos que sea más positivo que el pésimo legado sistachiano, aunque eso sólo el tiempo lo dirá.

Lo sentimos por la diócesis de Mallorca, que después del nefasto pontificado de Teodor Úbeda ha tenido dos obispos como Murgui y Salinas que no eran de mala linea doctrinal pero que demostaron su incapacidad para gobernar correctamente aquella diócesis. Ahora viene Taltavull con un manual muy parecido al de Úbeda, amparándose en lo más progresista de la diócesis para aplicar un proyecto pastoral completamente superado y fracasado.

El Direcctorio de Mayo Floreal 
de Germinans Germinabit
Categorías: Iglesia

Ladaria lesionado

Lun, 2017/09/18 - 22:00
Últimamente las celebraciones en la Basílica de la Sagrada Familia no ganan para sustos. Al finalizar la ordenación de los obispos Gordo y Vadell el cielo descargó lo que no estaba escrito y un tremendo e inesperado aguacero se abatió sobre Barcelona. La inmensa mayoría de los asistentes, sin paraguas, se agolpaba dentro de la Basílica, entre ellos la casi totalidad de los obispos asistentes. Pero había prisas, más de uno tenía que volver al aeropuerto, si no quería perder su vuelo de vuelta. Entre ellos, Ladaria. De tal guisa que, entre el gentío y las urgencias, el prelado mallorquín se decidió a salir, con tal mala suerte que resbaló y se dio de bruces con la acera barcelonesa. Todo un Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe por los suelos. Pese a todo, entumecido y renqueante, pudo llegar al aeropuerto, donde tuvo que adquirir un antiinflamatorio en la farmacia y subir al avión con destino a Roma. Pero la lesión traería consecuencias y, al llegar a la Ciudad Eterna, se le diagnosticó un esguince de tobillo. Lesionado como un futbolista y andando con muletas ha quedado el flamante guardián de la ortodoxia de la Iglesia. 
 
Pero anécdota aparte, no sabemos si reflejo del estado actual de la curia romana, lo cierto es que la venida del arzobispo-teólogo a Barcelona no se limitaba a acompañar a un obispo paisano. Ahora se ha revelado que el prefecto vaticano fue el verdadero valedor de la promoción de Toni Vadell como obispo auxiliar. A todo el mundo sorprendió la elección de este sacerdote mallorquín, absolutamente desconocido en Barcelona. En un primer momento, junto al nombre de Sergi Gordo, se atribuyó a una decisión de Omella tendente a soslayar las corrientes sacerdotales imperantes, muchas veces como polos opuestos, en Barcelona. No; Omella poco sabía de Vadell. Ni tan siquiera Taltavull, pese a ser el actual administrador apostólico de Mallorca. Quien verdaderamente apostó por Vadell fue Ladaria.
 
De ello se desprende que, a pesar de su cargo en la Congregación de Obispos, nuestro arzobispo no ha sido tan influyente en la designación de sus dos auxiliares. Tras la promoción de Vadell se halla un inequívoco propósito de Ladaria de emerger prelados de las Baleares, quizás la región con menos promociones episcopales en los últimos lustros. Desde Miquel Moncadas, obispo de Menorca y después de Solsona, no había habido un mitrado mallorquín. Y no esconde el Prefecto su deseo de ver a Taltavull como efectivo residencial de la isla de la calma, hasta el extremo de haber declarado, en su visita a Barcelona, ante los medios mallorquines que “«lo natural es que ahora, cuando el cardenal de Barcelona ya cuenta con los dos obispos auxiliares que había pedido al Papa, Sebastià Taltavull sea nombrado obispo titular de la diócesis de Mallorca». 
 
Sin embargo, la designación del menorquín se sigue eternizando. No hay semana en la que no aseguren que se hará público el nombramiento. Y así lleva un año en la interinidad de administrador apostólico, compaginando su labor con la de auxiliar de Barcelona. Esperemos que ahora de forma más desahogada, con el refuerzo de los dos nuevos obispos. 
 
Pese a todo, no puede desdeñarse el poder de Ladaria. Aparte de ser jesuita como el Papa y haber sido escogido por éste como sustituto del marginado cardenal Muller, la ascendencia del futuro cardenal dentro de los muros leoninos es significativa y en auge. Se trata de uno de los hombres de confianza de Francisco, el obispo español actualmente más cercano al Pontífice, con el que despacha cada semana de forma regular, no pudiéndose minimizar su influjo sobre la Iglesia en nuestro país, el cual él mismo se halla dispuesto a ejercer sin ambages. 
 
Aun con 73 años, Ladaria ha sido escogido por un quinquenio y durante este período de tiempo su nombre va a ser clave en los nombramientos episcopales. Y no sólo los de las Baleares. Parece que nos hallamos ante un muñidor nato, el cual ya colocó a Novell en Solsona y ahora a Vadell como auxiliar de Barcelona. Por cierto, el primero fue doctorando suyo en la Gregoriana. Curiosamente, tras varias generaciones de obispos doctores en Cataluña, solo Benavent y Novell gozan de ese rango académico. A ver si algún día Ladaria nos lo remedia. 
 
Oriolt
Categorías: Iglesia

Por dónde van los tiros: Las unidades pastorales

Dom, 2017/09/17 - 16:00
(De la expansión al repliegue, del fomento a la optimización de recursos)
Ya hace muchos años que elaboramos el informe Lapsos sinistris gressibus” sobre las pautas pastorales y los errores anexos  que el Centro de Estudios  Pastorales (C.E.P)  a través de sus cabecillas (Cervera, Lligades y Botey) trataban de extender por Barcelona y Cataluña. No era otra cosa que la traducción local de la teología y la pastoral que el nefasto arzobispo de Poitiers hasta el 2011, Albert Rouet, implantó en su diócesis que aún sufre las consecuencias de ello; y que trató de extender por toda Francia como miembro del Consejo Permanente de C.E. Francesa y de su comité de “Estudios y Proyectos”. 

Nos encontramos ahora con algo aparentemente diverso. Se trata de las llamadas unidades pastorales que ya en 2003 el cardenal Severino Poletto,  arzobispo de Turín, implantó en su diócesis, y que se ha ido extendiendo por más de cincuenta diócesis italianas. Recordemos que Italia tiene más de doscientas.

Severino Poletto, emérito de Turin y Albert Rouet, emérito de Poitiers
La Congregación del Clero, cuyo prefecto es el cardenal Stella (que sustituyó en 2013 al defenestrado cardenal Piacenza), ha trabajado este tema en unión con la Congregación de los Obispos y ha enviado una instrucción destinada a las parroquias en vistas al mismo proyecto. 

Recordemos que el cardenal Prefecto de la Congregación de los Obispos es el canadiense Marc Ouellet, que en el Quebec tuvo que enfrentarse a un problema parecido al que nos encontramos en Cataluña. Me refiero a problema pastoral, aunque político también.
Una lectura atenta y pormenorizada de ese proyecto que ahora Omella quiere implementar en Barcelona, podría darnos una  impresión positiva o al menos inocua. Tal encargo sin duda va a recaer en el nuevo auxiliar Vadell, que de entrada no conoce ni las parroquias, ni los arciprestazgos, ni a los sacerdotes de nuestra Archidiócesis. En el fondo tampoco los conoce, más allá de una primera impresión, don Juan José. Y eso porque sólo ha visto la fachada de la realidad parroquial y sacerdotal de Barcelona. No ha podido o no ha querido entrar en los problemas de fondo, sobre todo los de carácter doctrinal, moral, litúrgico y por extensión eclesiológico de nuestro clero y parroquias.
Ya dijimos que Vadell fue el creador de la Unitat Pastoral de la Mare de Déu en Inca y los pueblecitos circundantes. Y que ese es uno de los méritos que lucen en su expediente. Y que básicamente por ello, atrajo la atención de la jerarquía, y junto con otros motivos de índole personal le ha valido el episcopado.
Considerando el todo, hemos de decir en primer lugar, que tal orientación pastoral se basa más en una línea de repliegue que en una pastoral de expansión; más en una optimización de los recursos humanos y materiales que en una óptica de fomento de la evangelización. Póngase como se ponga, justifíquese como se justifique, no es más que eso. Ni plasmación de la doctrina trinitaria de la comunión, ni fraternidad sacerdotal evitando la soledad, ni mayor y mejor servicio a las comunidades. Es política de repliegue y de renuncia a intentar al menos cambiar el ciclo de descristianización de la sociedad. Sin más. No piensan en la revitalización de las parroquias tal como tradicionalmente se ha entendido. Ni en buscar nuevos medios para la conversión de las almas a Cristo: misiones parroquiales, ejercicios espirituales, nuevos métodos de evangelización… Para lo cual es imprescindible buscar la unidad en la fe católica entre el clero y los fieles (doctrinal, moral, litúrgica…), el fomento de las vocaciones y la mejora cualitativa de su formación (mayor y mejor Seminario, rectas y ortodoxas Facultades Eclesiásticas y Centros de Formación…).
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Carles Seguí, sucesor de Vadell en su U.P.
Eso no está entre sus prioridades. Lo está sin embargo, agrupar horarios de celebraciones en las unidades pastorales (suprimiendo misas) unificar despachos parroquiales y demás servicios. Optimizar, dicen en el lenguaje empresarial. Punto y pelota. Y barnizarlo todo con la vida comunitaria del clero: ocho parroquias servidas con tres curas conviviendo para que estén bien asistidos y no estén solos. Repasemos mentalmente: ¿qué arciprestazgo en esta diócesis encajaría con este proyecto? ¿Mataró o La Cisa?  ¿Badalona o Santa Coloma? ¿Los de la Verneda o Poblenou? ¿Sants- La Marina u Hospitalet? ¿Los del Ensanche? Ni uno, don Juan José y don Toni, ni uno. Ni es posible, ni tal como está el clero, los sacerdotes quieren. A no ser que igual que a las parroquias, los queramos ir matando poco a poco, uno a uno.
Porque quien forme parte de la minoría discordante con la línea pastoral, doctrinal y litúrgica de la mayoría que aún impera en el clero barcelonés, puede ir preparándose a morir amargado si entra en esa rueda. Un periodo de 60 años de experiencia pastoral posconciliar en Barcelona, lo asevera y atestigua sin sombra de duda.
¿O es que acaso, como en su tiempo un grupo de sacerdotes propusiera a don Ricardo para el Vallés, agruparán a sacerdotes de una misma línea y similares prioridades para poder trabajar a gusto? ¡Quiá! El mismo cinturón de hierro curial que hoy forman los Vicarios Episcopales actuales y los arciprestes y que ya gobernaban entonces, se tiraría a la yugular de Omella y Vadell, como se tiraron encima de la de Carles, teniendo éste que renunciar no sabemos si por prudencia o por miedo.
De todas maneras, adelante a toda popa, héroes e iluminados de la pastoral. Arrieros somos y en el camino nos encontraremos. De todas maneras, cuando llegue ya estaremos todos criando malvas y las iglesias siendo convertidas en supermercados, discotecas o centros culturales como en la Inglaterra anglicana. O pensau que tot és Inca, Caimari i Mancor? Idò! Vaya don Juanjo nombrando párrocos “in solidum” que le van a quedar tan líquidos como los que nombró en junio. Si es que no aparecen más que antes de morir quieran conocer amor humano, como el cura setentón de la que fue parroquia de Comín y sus “Cristianos por el Socialismo”.
¡Pertinaces como las sequías de los años cincuenta!   
El Directorio de Mayo Floreal
de Germinans Germinabit
Categorías: Iglesia

La Glosa Dominical de Gérminans

Vie, 2017/09/15 - 22:00
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SE PUEDE CAMBIAR EL ROSTRO DE LA HISTORIA
El perdón de las ofensas y el amor hacia los enemigos constituyen una de las características más visibles y más innovadoras de la moral evangélica. Pero como a menudo ocurre, cuanto mayor es la exigencia, cuanto más alta es la meta indicada, tanto más mezquina y pobre aparece su realización en la vida práctica. ¿Cuánto ha influido la doctrina evangélica del perdón de las ofensas en la vida y el comportamiento práctico de los cristianos? 
Es necesario decir que muchos cristianos a lo largo de la historia de la Iglesia se han tomado en serio la palabra del Señor: la hagiografía cristiana está plagada de ejemplos de amor y de gestos heroicos de perdón y reconciliación. Si hoy se habla, y siempre más a menudo, de paz y de desarme, de solución práctica de las controversias internacionales, incluso de cooperación recíproca y de ayuda a los pueblos en vías de desarrollo, es debido a que muchos cristianos han contribuido a la difusión y maduración de estos ideales del cristianismo.
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El evangelio ha tenido una capital importancia en la educación de los pueblos de Occidente. Sólo un ciego es incapaz de ver que muchas ideas y estímulos positivos llevados adelante por los sistemas que incluso combaten al cristianismo, han nacido de una cultura de matriz cristiana y fuertemente marcada por el espíritu evangélico. Desde el no a la pena de muerte (por considerar la vida sagrada, intocable y fuera de las manos del hombre), hasta los movimientos de acogida de los inmigrantes y refugiados, pagados a menudo a costa de privaciones de la población que paga sus impuestos, pasando por todas las organizaciones de solidaridad: todo esto proviene del cristianismo.
Pero la historia de los pueblos, también de pueblos cristianos, está llena de testimonios negativos: enfrentamientos, guerras, destrucción, injusticias, venganzas, guerras de religión, conquistas coloniales y hoy en día el imperialismo económico, la explotación del tercer mundo, la industria de la guerra y de la muerte. Y todo por mantener esos diferenciales astronómicos entre los países ricos y los países pobres. Asfixiando su comercio para luego, en el mejor de los casos, devolverles una ínfima parte de lo defraudado en hipócritas campañas de solidaridad.
La responsabilidad de los cristianos frente al Evangelio y a los hermanos aún no iluminados por la luz de la fe es enorme. Los “antitestimonios” desmienten en el plano de los hechos todo esfuerzo de evangelización y comprometen la credibilidad misma del Evangelio.
La iniciativa de la reconciliación viene de Dios; y la Iglesia y los cristianos deben ser operadores de la paz en el mundo, de fraternidad en todos los sectores y a todos los niveles: desde el internacional hasta las pequeñas relaciones de vecindad y de trabajo, entre esposos, entre los hijos, en la relación entre empresarios y trabajadores, entre pobres y ricos. No hay relación humana, por pequeña que sea, que no pueda encontrar una mejora a través de la reconciliación y el perdón. Sólo con el amor es posible formar una comunidad humana.
De hecho, fue el Evangelio de Cristo el que produjo un vuelco copernicano en el mundo cuando todo él era romano. Toda la estructura de poder de Roma estaba en última instancia al servicio del sistema de dominación vigente: los fuertes eran los dominadores, y los débiles los dominados. Y para que eso funcionase, para que los señores pudieran seguir siendo señores, y los esclavos esclavos, se necesitaba un sistema de ferocidad que dejaba chiquitos a los nazis. Las galeras y las minas, la crucifixión y el empalamiento eran piezas indispensables para el funcionamiento del sistema. Sólo así, los esclavos seguían siendo esclavos “voluntariamente”, sin que surgiera de vez en cuando un Espartaco.
Pues a partir del 313, Edicto de Milán, Constantino el Grande, empujado por su madre santa Helena, aún más grande, las cosas cambian radicalmente. El precepto principal será el amor: “Dios es amor". El último crucificado, el Redentor. Por amor al hombre. Claro que cambió el rostro de la historia. Y aún sigue notándose ese cambio, a pesar de la basura que se han esforzado en lanzar tantos contra el Evangelio y contra la Iglesia. Es aún muchísimo el amor residual que queda en la estructura cultural, política y jurídica del occidente otrora cristiano. La huella de Cristo, del amor de Cristo es todavía muy profunda.
Imaginaos el estallido de luz que sería la vuelta de nuestra ya decrépita civilización al Evangelio del Amor.
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet
Categorías: Iglesia

La pederastia al servicio de la destrucción de la Iglesia

Jue, 2017/09/14 - 22:00
La pederastia consentida y amparada tanto tiempo por las altas jerarquías eclesiásticas (obispos, cardenales y superiores de órdenes religiosas) ha sido la palanca que ha puesto en manos de esos mismos consentidores una herramienta letal para tener subyugados a sus subordinados sin la menor traba jurídica. Es a esos prevaricadores confederados, a los que la Iglesia ha premiado su escandalosa conducta concediéndoles un poder que ya tuvieron los obispos cuando eran señores feudales, y que para sí quisieran los regímenes totalitarios de hoy.
¿Dónde está el problema? Está ocurriendo en la Iglesia lo mismo que ocurre en todo el mundo: el terrorismo está siendo la causa perfecta (¡o el pretexto pluscuamperfecto!) para tener cada vez más controlada política y policialmente a la población. La seguridad lo requiere. ¡Ya ves qué sencillo! Así que lo primero que consiguen los terroristas (cada vez son más los que creen que éste no es objetivo de terroristas, sino del Nuevo Orden Mundial) es que nuestro Estado sea cada vez más totalitario a fuerza de recortes de la libertad (siempre consentidos y celebrados por todos los políticos y por todos los medios) y a base de tener controlados a los antaño ciudadanos en todo y por todo.
Es decir que el terrorismo (pretendiéndolo o no) nos empuja cada vez más decidido hacia el totalitarismo. La seguridad jurídica y el ámbito de la privacidad, ¡vaya sorpresa!, son cada vez más frágiles justo gracias al terrorismo. Por eso es tan difícil llegar al fondo de las tramas terroristas. Por eso, la praxis más frecuente es abatir a los terroristas (exceptuados los del 11-M, que se abatieron solos). Así no hay manera de que canten y aparezcan extraños “cui prodest” (“a quién beneficia”).
Pues bien, el estallido terrorista en la Iglesia fue la proliferación de la pederastia. Y no exactamente su extensión, muy grave; sino el papel decisivo de la jerarquía eclesiástica en su extensión a base de consentirla y ocultarla. No bastaban los pederastas para este enorme desaguisado: para llegar adonde se llegó, era absolutamente imprescindible el silencio cómplice de los obispos y el trabajo esforzado de ocultación de los culpables. Aún tardaremos en saber cui prodest, pero algunos van enseñando la patita.
Y es precisamente esta calamidad perpetrada por la jerarquía, la que se ha utilizado como pretexto y palanca para darles a los obispos, ¡qué casualidad!, precisamente a los máximos culpables del desastre, un poder absoluto sobre los sacerdotes; partiendo del supuesto (¡hasta parece obvio!) de que la causa de la pasividad (y a veces complicidad) de los obispos se debió a que no pudieron actuar por tener las manos atadas a causa de la justicia garantista que impone el Derecho Canónico. Así que resulta que la más alta jerarquía de la Iglesia ha entendido que eliminando las garantías procesales del sacerdote acusado, desaparecían todos los obstáculos que “impidieron” antes actuar a los obispos.  La solución, ya ven, es que ningún sacerdote pueda cuestionar la conducta del obispo, porque éste se lo puede cargar sin la menor traba jurídica ni administrativa.
De modo que con la novísima acomodación del Derecho Canónico, basta cualquier denuncia contra un sacerdote para que sin la menor garantía procesal, pueda el obispo proceder contra él. O dicho de otro modo: el obispo puede hacerse venir bien cualquier denuncia contra un sacerdote incómodo en un tema discutible -ni moral ni costumbres- para deshacerse de él. Esto es evidentemente convertir a los obispos en sátrapas y a los sacerdotes no en súbditos (que eso sería un lujo de libertad), sino en siervos del obispo: puesto que de él depende además del poder espiritual, el temporal, es decir el modus vivendi tanto “profesional” como económico del sacerdote. Gracias al terror creado en la Iglesia por la pederastia, el obispo, su máximo responsable, queda blindado para que ningún sacerdote pueda denunciar sus negligencias, sus abusos y cuando es el caso, sus crímenes. Como demasiados obispos salieron pringados, del escándalo de la pederastia, el poder eclesiástico ha decidido blindar totalmente al obispo frente a sus sacerdotes.  
Sólo en las dictaduras más extremas podemos encontrar semejante relación entre superior y súbdito. Es decir que estamos asistiendo a la liquidación de la Iglesia (sí, digo liquidación) como estructura jurídica sostenible. Porque ejemplo como ha sido de Estado de Derecho y de seguridad jurídica, se ha convertido en una formidable máquina de amedrentar y machacar súbditos. Otra cosa es que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Magister dixit.
Ésta de la inseguridad jurídica será la puntilla para destruir definitivamente a la Iglesia como estructura, no como Cuerpo de Cristo, por supuesto. Podremos seguir viendo esas mareas estremecedoras de vestimentas rojas y púrpuras, de mitras y capelos gobernando sobre la nada, sobre el terror de los curas y sobre la desolación de la Iglesia: aunque la barca de Pedro haga aguas. Ellos serán los últimos en saltar de la barca.
No olvidemos que una de las características del sacerdocio (que no ha contribuido a que fuesen siempre los mejores quienes accedieran a él) es que garantiza un modus vivendi modestísimo pero seguro. Igual que el ejército, igual que las fuerzas de seguridad, igual que el funcionariado. El eclesiástico, desde un punto de vista material, sería un cuerpo más de funcionarios que, dando por existente y operativo el tema vocacional (aunque nunca al 100%), garantiza a sus miembros una alta seguridad jurídica: el funcionario es el trabajador mejor protegido; y el de base, el peor pagado. Pero tiene en compensación de esa austeridad, un alto nivel de seguridad jurídica. Para removerlo hay que seguir unos larguísimos procedimientos que se caracterizan por la presunción de inocencia del acusado y por el sistema judicial más garantista en favor del acusado.  
¿Pero cómo queda la situación si el jefe de negociado puede deshacerse del funcionario sin mayor dificultad? ¿Quién va a querer ser esa clase de funcionario? Si la seguridad en el empleo es obviamente un factor determinante que compensa la parquedad del sueldo, ¿qué le queda al funcionario (en este caso, el “funcionario religioso”) que pierde todas las garantías jurídicas en aras de la discrecionalidad del jefe-amo de turno (emanada de su santidad, claro, que siempre se le supone)? Los funcionarios son auténticos siervos del Estado, pero a éste le cuesta Dios y ayuda deshacerse del funcionario. Ni aunque sea un delincuente, pierde el funcionario sus derechos.  
En el caso de los curas, la reforma del Derecho Canónico, que le colaron por la escuadra a Benedicto XVI, elimina la presunción de inocencia y permite condenar a una pena perpetua -expulsión del estado clerical- mediante fulminante expediente administrativo, cuyas posibles irregularidades -hay muchas- no pueden invalidar el procedimiento casi en ningún caso; y sin instancia superior a la que recurrir, pues la sentencia condenatoria la firma el mismo Papa. Se trata pues de ejecuciones sumarias dictadas por el cardenal Robespierre de la Congregación para el Clero, Beniamino Stella, de las cuales el Santo Padre firma el “enterado”.
Lo que empezaron siendo unas facultades especiales concedidas a las diócesis sin Tribunal Eclesiástico -sobre todo en países de misión-, para actuar con urgencia en los casos de pedofilia (estado de excepción), se extendió luego a toda la Iglesia y a todos los delitos graves, colocando a toda la Iglesia en Estado de Excepción. El primer paso ha sido la derogación de las disposiciones canónicas que garantizaban la presunción de inocencia del acusado. Con las nuevas resoluciones, ya no está prohibido expresamente condenar a una pena perpetua sin proceso judicial. La Iglesia puede hacerlo ya con un simple expediente administrativo. Había que cubrirse las espaldas al precio que fuese. Y éste es el precio. Manga ancha y misericordia infinita antes; y para poder presumir el episcopado de inocencia… dureza extrema y ensañamiento ahora: con la presunción de culpabilidad por delante, para todo cura acusado. La preocupación de la jerarquía no es ser fieles a la verdad, sino quedar bien ante la opinión pública siempre cambiante.
Les da lo mismo que los mayores especialistas en Derecho Canónico hayan puesto el grito en el cielo, y denunciado en revistas especializadas la arbitrariedad de la reforma y las injusticias cometidas contra clérigos calumniados. ¡Les da igual! Han expulsado por docenas de la Congregación del Clero a los oficiales discrepantes y escandalizados de la injusta praxis. Atropellos, parcialidad, desafuero, despotismo y abuso de autoridad que experimentan continuamente. Tienen la sartén del control de la guillotina en la mano y se sienten poderosos. Los obispos del mundo tienen en la Congregación un instrumento aliado de dominio para provocar pánico y sofocar cualquier resistencia clerical. Incluso un canon, el 1399, permite convertir en delito grave lo que  todavía no lo es por no estar tipificado,  en virtud de la gravedad y el escándalo que aprecie el obispo sobre cualquier conducta de un sacerdote.  Ni siquiera los comités revolucionarios de la CNT-FAI en 1936 aspiraron a tanto…
Forma parte de ese nuevo espíritu de intransigencia con la pederastia (los mismos que se distinguieron por su irresponsable relajación), la decisión de hacer pasar a todos los curas (por el simple hecho de serlo), por el registro de posibles sospechosos, para que certifique que no, que no hay antecedentes judiciales que lo incriminen de ese delito. ¿Y eso quién lo decidió? El Gobierno, encubridor también de los casos de pederastia que les afectan, creó un Registro Central de Delincuentes Sexuales (de cara a la galería, puesto que ya tiene el genérico de Antecedentes Penales)  y la Conferencia Episcopal en pleno decidió sumarse a la ola puritana que, ahora sí, capitaneaba el Estado. Pero con mucho más furor y ensañamiento… ¿Para demostrar que ellos no tenían nada que ver con la escandalera que se había armado en la Iglesia? Si son ellos, los obispos,  los que tenían que controlar el acceso de homosexuales (a ellos se deben el 90% de casos de pederastia) en los seminarios y no lo hicieron; sino que yendo exactamente contra dirección, los promocionaron. Son ellos, los obispos, los que debían velar por la conducta casta de sus seminaristas; pero vieran lo que vieran, la dieron por supuesta y se dedicaron a premiar, eso sí, la adulación y el peloteo… viniera de quien viniera.
Si con la excusa de la pedofilia eclesiástica han dinamitado el Derecho Canónico, la presunción de inocencia del clérigo acusado y pueden fabricar arbitrariamente delitos que nunca han existido, habremos de preguntarnos con Séneca una vez más: ¿Cui prodest? Y responder con él: Cui prodest scelus, is fecit, que en nuestro romance significa: “Aquel a quien aprovecha el crimen, es quien lo ha cometido”.
Gerásimo Fillat Bistuer
Categorías: Iglesia

¿Porqué los castellanoparlantes van el doble a Misa en Cataluña que los catalanoparlantes?

Mié, 2017/09/13 - 22:00
Recientemente hemos conocido los datos de una encuesta en la que se afirma que los catalanoparlantes de Cataluña participan de la Santa Misa la mitad que los castellanoparlantes del mismo territorio. Particularmente estos datos no me han sorprendido ya que sólo hace falta pasarse por las parroquias para comprobar que esta es una realidad evidente. Y no sólo en número sino también en juventud, ya que dificilmente se ven jóvenes de habla catalana en las comunidades parroquiales, mientras que los castellanoparlantes cuentan con ellos, al menos mínimamente.

Y eso que los castellanoparlantes lo tienen mucho peor ya que la mayoría de las celebraciones son en catalán, y saliendo del área metropolitana de Barcelona se puede decir que son prácticamente todas en esa lengua, vayan a las diócesis de Solsona, Urgel, Gerona... y dificilmente encontrarán celebraciones en castellano. Y a estos datos hay que añadirle el triste hecho de que muchos latinoamericanos (de habla castellana) que vinieron como católicos han engrosado las listas de confesiones evangélicas en donde se les ha acogido, se les ha tratado con cariño y se les ha hablado en su idioma. Esa misma experiencia vivieron en cierta manera los inmigrantes de otros territorios de España al llegar a Cataluña en tiempos del franquismo, aunque en aquel caso no se fueron al protestantismo sino al mal llamado colectivo de los "cristianos no practicantes"

No se pueden hacer análisis simplistas ni caer en tópicos, es muy fácil decir que los catalanes han educado a sus hijos en el Dios-"Nació" y por tanto han abandonado al Dios verdadero, pero eso no sería  reflejar toda la realidad que es mucho más compleja. Lo cierto es que se tendría que hacer una profunda autocrítica para llegar a la conclusión de que muchas cosas se han hecho mal.

En este análisis, veríamos que han fallado muchas de las realidades eclesiales que han formado a nuestros jóvenes en las últimas décadas, los colegios religiosos han dejado de ser mayoritariamente católicos (aunque eso también ha sucedido fuera de Cataluña, pero no de forma tan acentuada), los grupos juveniles de la Iglesia (movimientos especializados como la Jobac, Mijac, escoltas catalanes...) han sido un verdadero desastre si comprobamos que los miles de jóvenes que allí se formaban, prácticamente han desaparecido de las parroquias, aunque curiosamente formaron cuadros de organizaciones políticas nacionalistas y también de la izquierda. Sólo hace falta compararlo con "los nuevos movimientos" (Opus Dei, Carismáticos, Neocatecumenales...) donde los resultados de permanencia en la Iglesia han sido enormemente superiores.

Y no sólo los "nuevos movimientos", también las parroquias que nosotros llamamos "germinantes", donde no se hace problema por la lengua, donde no se adoctrina políticamente, y donde se enseña sana doctrina y se sigue la tradición de la Iglesia, los resultados también son muy distintos
Parroquia de la Inmaculada Concepción en l'Hospitalet de Llobregat
El nacionalprogresismo en el clero local ha hecho estragos en la feligresía, unos sacerdotes formados en un seminario caótico y con gran falta de espiritualidad (algo que hice referencia en mi ultimo escrito sobre el Seminario de Don Marcelo) no han animado ni dinamizado sus comunidades de acuerdo con lo mandado por la Iglesia, se creyeron el cuento de que el Concilio significaba ruptura total con el pasado, apostaron por los experimentos "con gaseosa" y alejaron a una buena parte de la feligresía, desconcertada porque se les estaba explicando las cosas de la Iglesia de una forma diferente de como las habían recibido.

Parroquias sin confesiones, sin dirección espiritual, sin una buena formación católica, con sacerdotes de vida secularizada que parece que se avergüencen de su ministerio, acaban convirtiéndose en comunidades estériles, sin jóvenes, sin vocaciones sacerdotales, sin futuro. Si a todo ello le unimos la militancia nacionalista, el amor a Jordi Pujol y el odio a Juan Pablo II tenemos un cóctel explosivo, porque muchos parroquias han sido más un centro de normalización lingüística y de formación en un ideario catalanista que un lugar de evangelización.  

Ahora tenemos los resultados, que son muy preocupantes, y uno se pregunta: ¿nadie va a hacer autocrítica? ¿Nadie va a tomar nota para que no se continúen haciendo las cosas de la misma manera, es decir una forma condenada al fracaso?  

Antoninus Pius
Categorías: Iglesia

Las cartas dominicales de los obispos catalanes con motivo del 11 de septiembre de 2017

Mar, 2017/09/12 - 22:00
El año pasado por estas fechas escribí un artículo sobre lo que habían dicho los obispos catalanes en sus cartas dominicales en el fin de semana más cercano al 11 de septiembre, este año he vuelto a repetir la operación ya que la situación política en la que nos encontramos es tan delicada, que pienso que este año todavía tiene más interés ver en que posición se sitúan nuestros prelados.

Decía hace exactamente un año que me alegraba enormemente de que la gran mayoría de nuestros obispos hablara en sus cartas pastorales de lo que tienen que hablar, es decir de cuestiones relacionadas con la fe y la vida de la Iglesia, y que por tanto no se metieran en camisas de once varas. Habían excepciones, concretamente tres obispos (Novell, Vives y Pardo) que sí tocaban directamente el tema, aunque me pareció que tanto Vives como Pardo lo hacían desde posiciones que considero correctas, en cambio Novell una vez más desbarró completamente poniéndose claramente al lado del proceso de secesión.

Ese es el primer gran cambio que quería reseñar en relación con el año pasado, el imprudente y nacionalista obispo de Solsona, este año no ha dicho ni una palabra del 11 de septiembre ni de nada que tenga que ver con el proceso independentista puesto en marcha por el gobierno y una parte del parlamento catalán. Su carta dominical del domingo 10, titulada "Sensibilidad misionera" hace referencia a la experiencia misionera de un grupo de jóvenes de su diócesis en Perú.

Deberíamos aplaudir esta "conversión" del obispo Novell por lo que se refiere al cambio positivo en relación a su nefasta carta del año pasado, y podríamos pensar que algo le ha afectado el hecho de ver que algunos de los ayuntamientos gobernados por los partidos políticos a los que él apoyó por secesionistas le hayan declarado persona "non grata" y no le dejen participar de sus fiestas mayores. Pero con Novell nunca paras de llevarte disgustos, y en la Misa de Fiesta Mayor de Solsona felicitó y elogió la actitud de los representantes del gobierno catalán, y justificó totalmente el proceso independentista que están llevando a cabo. La cabra tira para el monte y a pesar de los palos recibidos, el actual prelado de Solsona no puede ocultar la gran alegría que tiene por ver más cercana, en su opinión, la independencia de Cataluña.
Por su parte el obispo Vives este año ha subido el listón y ha estado mucho más nacionalista que el año pasado, pero el copríncipe que no es tonto, se ha escudado en el escrito conjunto de la Tarraconense y otros anteriores para avalar su postura, es decir que se cubre las espaldas para que no se le pueda atacar por independentista porque lo que él dice es lo mismo que dicen los obispos de toda Cataluña. El actual obispo de Urgel en su carta titulada  "Ser pastores significa caminar delante, en medio y detrás del rebaño"  nos machaca otra vez con aquellas dolorosas palabras: "Por eso creemos humildemente que conviene que sean escuchadas las legítimas aspiraciones del pueblo catalán, para que sea estimada y valorada su singularidad nacional, especialmente su lengua propia y su cultura...". 

El obispo de Gerona, que ya desde el título "Fiesta Nacional de Cataluña: Reflexiones desde la Iglesia", hace referencia al 11 de septiembre, realiza una reflexión muy ponderada, en la que creo que pueden sentirse bien identificados todos los catalanes y por tanto no noto en su escrito ningún posicionamiento en favor de un sector o de otro, en esa lucha fratricida a la que nos han sometido nuestros actuales mandatarios.

Sí que tengo que decir que el comentario de nuestro cardenal arzobispo Don Juan José me sorprendió al principio, al hacer referencia al 11 de septiembre como la "Diada Nacional de Cataluña", después de las críticas y broncas por hablar de Puigdemont y de los Mossos de Esquadra como el presidente y la policía autonómica en la Misa de la Sagrada Familia, parece que se le ha hecho un toque de atención para que sustituya la palabra "autonómica" por "Nacional" u otras e similares. Pero su escrito titulado "Potenciar los valores humanos de nuestra sociedad" no habla del tema, sólo es una simple introducción para volver a hacer incidencia a los tristes hechos de terorismo que sucedieron recientemente, en nuestra tierra.

Vivimos unos momentos muy delicados social y políticamente hablando, por eso nuestros obispos tienen que ser completamente neutrales, pero ya sabemos como son algunos, no pueden evitarlo, les sale el nacionalista que llevan dentro y si no es de una manera es de otra. Lo disimularán más o menos pero Novell, Vives y Pardo son muy nacionalistas, también lo es el arzobispo Pujol, que ha ido in crescendo en los últimos tiempos, pero al menos como buen opusiano sabe mantener bien las formas y evitar declaraciones públicas sobre el tema

Francesco Della Rovere
Categorías: Iglesia

Más jefes que indios

Lun, 2017/09/11 - 22:00
Una ordenación episcopal, la de los auxiliares Gordo y Vadell, con la presencia de tres cardenales (Omella, Sistach y Blázquez), de un incuestionablemente próximo cardenal (Ladaria, que cual se está revelando fue el padrino decisivo de Vadell) y de 19 obispos más es una ordenación con el debido lustre. Si a ello se añade que, a diferencia de la toma de posesión de Omella, la Generalitat estaba representada por el vicepresidente Junqueras y la consellera Meritxell Borrás, podemos concluir que el lustre era tanto eclesiástico como civil. 

Pero si rascamos un poco la superficie rutilante observamos que se trataba solo de la epidermis y que la dermis no se hallaba tan exuberante. Un total de 23 obispos, sí, pero es que estaban todos los obispos catalanes, a excepción de Novell que va por libre. 11 obispos catalanes más los eméritos Piris, Traserra y Soler Perdigó. Únase a ello la obligada presencia de los últimos prelados de Mallorca, de cuya diócesis proviene Vadell, los obispos Murgui y Salinas y la del auxiliar valenciano Arturo Ros, se supone en representación de Cañizares, metropolitano de la diócesis balear. Del resto de España únicamente acudió el arzobispo castrense, que no se pierde una. E inexplicablemente no estaban presentes ni el obispo de Menorca ni el de Ibiza. Algo raro pasa entre las diócesis baleares para esa llamativa ausencia en la ordenación episcopal  de un presbítero de las islas.
En cuanto a las autoridades civiles, cierto es que en la toma de posesión de Omella se limitó su presencia al director general de asuntos religiosos, pero cabe recordar que en aquel momento el gobierno catalán se hallaba en funciones y preso de la locura negociadora con la CUP que acabó con la carrera política de Artur Mas. Por otra parte, a la ceremonia de este sábado en la Sagrada Familia acudían el Presidente del Consell de Mallorca y la Delegada del Gobierno en Baleares, en cuyo caso habría resultado muy curioso que presidiesen ellos el banco de autoridades civiles, si los representantes catalanes se hubiesen llamado andana. Junqueras, siempre solícito ante el poder eclesiástico, supo estar esta vez al quite.

¿Y el clero llano? Pues tampoco fue para tirar cohetes. Así como acudió en masa el presbiterio mallorquín en apoyo de su compañero, no se puede decir lo mismo del barcelonés, a pesar de que Sergi Gordo ha salido de su seminario y ha sido secretario general-canciller de la diócesis durante 13 años. Notables ausencias de cargos diocesanos y muy discreto acompañamiento del sacerdocio local. Algo está pasando en esta diócesis, en la que cada vez cunde más el pasotismo y la apatía entre sus curas. Debería analizar pronto Omella el porqué. Causas hay y muy variadas, pero que el desencanto se está produciendo, tanto en progres como en ortodoxos, empieza a ser un hecho. Los equilibrismos no suelen dejar contentos a nadie, por muchas encuestas que se hagan, que luego van al cesto de los papeles, como se ha visto con el nombramiento de la nueva Secretaria General.
En cuanto a los medios de comunicación el desinterés fue absoluto, si exceptuamos la televisión autonómica balear, que, junto a la obligada 13 TV, era la única cadena con las cámaras presentes en el templo gaudiniano, con periodistas desplazados desde Palma de Mallorca. En la basílica se congregaron un total de 500 fieles procedentes de la isla, siendo muy llamativo el cariñoso aplauso que dedicaron al obispo Salinas cuando abrazaba a Vadell.

Una ordenación con más jefes que indios, con más mallorquines (en proporción) que barceloneses, debería motivar una reflexión en nuestro arzobispo. Algo no va bien y no creo que sea por los dos nuevos auxiliares, que no han concitado especial oposición. Esperemos que ese equipo de cuatro prelados (incluido, por el momento, Taltavull) que van a residir juntos en el Palacio Episcopal tenga la voluntad y el acierto en remediarlo.

Oriolt
Categorías: Iglesia

Lo que claramente se perfila

Dom, 2017/09/10 - 16:00
Creemos que después de una semana recibiendo numerosos correos en los que se esbozan los pormenores sobre la formación y los primeros pasos del ministerio sacerdotal de don Juan José Omella, hemos satisfecho razonablemente la necesidad que sentíamos de definir el cuadro de identidad de nuestro Cardenal Arzobispo. He aquí algunos de los detalles que podemos ofrecerles y que salvo error u omisión, constituyen su biografía.
En septiembre de 1957, recién cumplidos en abril los 11 años, don Juan José deja Cretas e ingresa en el Seminario de Zaragoza donde cursará Humanidades (Bachillerato) hasta el verano de 1962. En septiembre de ese mismo año, con 16 años entra en el apenas recién fundado Seminario de los Padres Blancos en Logroño (el Africanum) para proseguir los estudios de Filosofía durante 3 años, allí tiene como profesor y rector al granadino P. Emilio Galindo Aguilar, experto islamista cuya formación filosófica la había recibido sin embargo de los jesuitas.  Acaba con 19 años en 1965. No será hasta un año después (quizás con el ínterin de una estancia con los Padres Blancos en Jerusalén) que en 1966 prosigue los estudios de Teología en el Seminario de los Padres Blancos, la casa de Heverlee (Bélgica).

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Teologado PP.BB. en  Heverlee en 1962
Entre los formadores estaban Ferdinand Lambert, André Rommelare, Jan Mol y el joven Alex Goffinet, su director espiritual. Los fines de semana se trasladaba al ahora tristemente famoso barrio de Molenbeek en Bruselas, a hacer pastoral con los emigrantes españoles. En 1969 decidió dejar su camino porque no se veía como Padre Blanco, a pesar de la opinión en contra de su director espiritual el P. Goffinet.

Pero al volver a su diócesis, su obispo, monseñor Pedro Cantero Cuadrado, le dijo que ya que había hecho la mayor parte de su formación con los PP.BB., que terminara con ellos lo poco que le quedaba. Y de acuerdo con el provincial Manuel Morte y el equipo de formadores de Heverlee, volvió y terminó su formación esta vez en Lovaina (Bélgica) hasta 1970.  Hemos de suponer, y más no acertamos a concretar, que mientras los estudios filosóficos en el Africanum de Logroño fueron tranquilos y sin muchos sobresaltos doctrinales, y quizás también así los de Haverlee, el último año en Lovaina no lo fue tanto, por la lógica de la revolución teológica que allí estaba teniendo lugar. 

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P. Alex Goffinet, director espiritual
de Omella en Heverlee
Quizá más de una vez tengamos que volver la vista a Lovaina para entender a nuestro cardenal-arzobispo. No olvidemos que Lovaina fue uno de los focos de producción ideológica de la Teología de la Liberación en aquellos años. Recordemos asimismo que esa época coincidía con el abandono del neo-tomismo que el cardenal Mercier había deseado y consolidado como línea fundamental en aquella Universidad Católica. Estamos además en el foco de la la escisión lingüística entre flamencos y francófonos.
En septiembre de 1970 y tras los preceptivos ejercicios espirituales, don Juan José es ordenado presbítero por Mons. Cantero Cuadrado. Con el paréntesis de un año en Zaire como misionero (año que no acabamos de individuar) los años de ministerio los pasa en Daroca como coadjutor,  donde forma equipo sacerdotal con Mn. José Alegre (el posteriormente monje y abad de Poblet) y Mn. Adilio Mosteo, fallecido recientemente y que fue director espiritual del Seminario de Zaragoza. Poco después, aunque párroco de Langa del Castillo, tuvo a su cargo las parroquias de Villarroya, Mainar, Villadoz y Torralbilla, todas ellas en Campo Romanos.  En su conjunto es el periodo que va de 1970 a 1976.
Últimas fotos de Delso y Mons. Cantero
A esta etapa corresponde su adhesión a Mn. Wirberto Delso, párroco de Fabara, junto con una veintena de sacerdotes más (entre los que se encontraba el levantisco José Guarc que del 68 al 70 había servido diversos  pueblos del Campo de Daroca) en firme oposición y crítica a Cantero Cuadrado. El diario Pueblo publicó en aquellos días de 1974 el escrito firmado por un grupo de curas contra su obispo (Omella ocupa el lugar 22 en la lista de firmantes).
La casa parroquial de Mainar (el pueblo de donde es oriundo el padre de Carod Rovira) estaba destartalada, de manera que el ayuntamiento de Villarreal de Huerva les cedió a los sacerdotes una casa. Después, esa experiencia de la llamada N.I.P (Nueva Imagen de Parroquia de procedencia argentina que tenían como modelo y que acabó siendo un fiasco, trataron de exportarla a Alcañiz y a los pueblos colindantes (Puigmoreno, Valmuel, Castelserás y Torrecilla). En Alcañiz Omella ejerció de profesor de religión en el Instituto, siendo jurídicamente coadjutor de Alcañiz (1976-1978), párroco de Castelserás y encargado de Torrecilla de Alcañiz (1979-1983). Allí, con su buen carácter y destreza, se trató  de corregir la orientación del párroco precedente que fue desastrosa, y de curar las heridas que había dejado en el ánimo de los alcañizanos. Un ejemplo fueron las procesiones religiosas que al haber querido eliminarlas el cura anterior, tomó en sus manos el Ayuntamiento. Al hacerse cargo de la parroquia Omella y formar parte de la comisión municipal que las preparaba, pasaron de nuevo a responsabilidad de la parroquia.
Finalmente en 1984 es nombrado párroco de Calanda donde permanecerá seis años, hasta 1990, dejando también muy buen sabor de boca. Quizás debido a todo ello se fijó en él Don Elías Yanes que se lo llevó a Zaragoza haciéndolo Vicario Episcopal de la Vicaría II de Zaragoza desde el 90 al 96, año en que fue nombrado obispo auxiliar de Zaragoza. Ocupó este cargo hasta el 99. Después (esa etapa es harto conocida) fue  Obispo de Barbastro-Monzón y Administrador de Jaca y Huesca, hasta su nombramiento como obispo de Calahorra y La Calzada- Logroño. En 2015 llega a Barcelona.
Aquí tenemos ya diversas constantes que definen la personalidad de Omella: junto a su profunda espiritualidad y su carácter afable, destaca el ansia misionera (aunque no queda nada claro por qué, después de los ocho años de formación con los Padres Blancos, deja la congregación misionera y acaba como diocesano). Y como hilo conductor de todo ello, la voluntad de innovar pastoralmente. Dejémoslo así de esta manera.
Vadell celebrando en Roma su 18º aniversario de sacerdote en 2016
Es importante profundizar en la N.I.P (Nueva Imagen de Parroquia) que tanto cautivó a una parte del joven (y no tan joven) clero zaragozano en aquellos años. Y aunque forma parte de un pasado ya casi remoto, será junto con las llamadas Unidades Pastorales, que inició decididamente el cardenal Severino Poletto en Turín “ad experimentum” en 2003 y que ya se ha extendido a más de 50 diócesis italianas, lo que va a ser decisivo en el proyecto pastoral del Cardenal Omella en los próximos años.
Por ello está previsto el nombramiento del auxiliar Antoni Vadell como Vicario General de Pastoral de Barcelona, mientras Mons. Sergi Gordo ocupará el cargo de Vicario General de Curia. No olvidemos que Vadell fue el iniciador de ese proyecto pastoral en Inca, con la creación de la Unitat Pastoral de la Mare de Déu. Vadell, el dirigido espiritual del jesuita p. Germán Arana, el quijotesco gran amigo de Omella, pues es su “desatanudos” personal, y cómo no, íntimo del jesuita mallorquín Mons. Ladaria Ferrer, actual prefecto de la Doctrina de la Fe.
¿Veis los hilos? La próxima semana profundizaremos en esas Unidades Pastorales que ya Taltavull va predicando y que han de sustituir a las sistachianas “Agrupaciones Parroquiales”. ¡Ay Señor, cuánto trabajo se nos presenta!
El Directorio de Mayo Floreal
de Gérminans Germinabit
Categorías: Iglesia

La Glosa Dominical de Gérminans

Vie, 2017/09/08 - 22:00
PEQUEÑAS CIFRAS Y GANANCIAS DESPROPORCIONADAS
Los números son irrisorios en desmedida. Las perspectivas con las que abren son sorprendentemente gigantes. Parece que en los evangelios el Cielo sólo sepa contar hasta diez: raramente la numeración supera las dos cifras. Las pocas veces que acontece parece que se dé prisa en pedir disculpas. Del uno al diez: los primeros números que se aprenden de niños, los números que contienen el todo (cualquier número está compuesto de estos primeros diez números) la gramática de cualquier otra multiplicación.
En la Escritura, allí donde el creer y la fe se multiplican solo compartiendo, siempre hay una y únicamente una división. Una “condivisión”, un compartir. Del uno al diez, que al fin y al cabo es uno y cero: el misterio del Reino que se esconde en lo más pequeño de una historia para prolongar la capacidad de mirada y perspectiva sobre el Eterno. Sobre el más allá de Dios. Páginas de evangelio que son palabras de esperanza, encerradas todas en la infancia de las pequeñas cifras. En el Evangelio, como en los rollos del Antiguo Testamento que los han precedido: también allí y sólo a modo de ejemplo hubiera bastado un solo justo (el número positivo más pequeño) para salvar una entera ciudad, la de Sodoma. Una sola familia, años antes, permaneció entre los justos de Dios: la de Noé. En aquel uno conservado en el Arca -y con él una sola pareja de animales por especie- se salvó el entero género humano, hombres y bestias. Era sólo el inicio de la aventura humana sobre la tierra, poco después del esplendor inimaginable del Edén; pero ya la sospecha estaba al alcance de todos: el Cielo desde siempre prefirió y preferirá lo más pequeño, lo aparentemente irrisorio, casi ridículo, para desafiar la sagacidad y la sabiduría del mundo adverso.
Después, en la encrucijada de la historia, habrá que permanecer solos próximos al Uno: bajo la Cruz una mujer permaneció; frente al Sepulcro vacío, una mujer lo reconoció. Cuanto más descienden las cifras, más la historia se convierte en femenina. Hasta la cifra más pequeña. Uno, más bien una, María de Nazaret.
A bajas cifras -que no significa pequeñas dosis, visto como el porcentaje de calidad desafía lo humano- corresponden medidas y perspectivas ilimitadas. Espacios no mensurables: la salvación y la condenación, la bondad y la maldad, el significado y la insignificancia. Tiempos  no sujetos a medida: el Eterno, la Eternidad, el siempre de Dios. Por cierto: de lo pequeño a lo inmenso, al Infinito de la Eternidad. Tú y Él a solas: dos personas. Quizá dos o tres testigos contigo y con Él: cinco. Lo máximo es una comunidad, que es la suma de una historia junto a otra. Porque Él confía su Presencia a tal lógica: bastan dos, máximo tres y Él está allí. Estuvo y estará siempre. Y siempre con la misma combinación: pequeñas cifras revestidas con verbos que hacen olor de intimidad, de palabras compartidas, de miradas encontradas. De la comunidad más pequeña que exista, a la ganancia máxima que el Cielo conceda. “Habrás ganado a tu hermano”. Ganar: voz del verbo “rescatar” en cuyo eco resuena y late fuertemente el verbo salvar, proteger, custodiar. Amar.
Los pasos en la Escritura son siempre pequeños. Las revelaciones son siempre pequeñas revelaciones: también los sueños son siempre pequeños sueños. Como las cifras, las presencias, los amigos de Cristo. Poquísimos al principio para después aumentar desmedidamente: el céntuplo en esta vida y después la vida eterna, cosas de vértigo para el más empedernido de los hermanos de Judas. Ya sabéis…
Lo contrario siempre es peligroso: prometer a lo grande, para no dar nada. Lo corrobora la historia, está escrito en las crónicas, lo leemos en los periódicos: números exorbitantes al principio para después quedarse con un puñado de arena en la mano. Un puñado de palabras arrugadas y decepcionantes. Cristo lo sabe y no se arredra. No le importa pero tampoco engaña: mejor la confianza en los pequeños números, que la arrogancia de las grandes cifras de la exageración. Que en resumidas cuentas es la hermana gemela de la decepción.
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet
Categorías: Iglesia

Un diácono homosexual enfrenta al obispo Omella contra el cardenal Omella

Jue, 2017/09/07 - 22:00
El arzobispo Ureña se vio forzado a dimitir por el caso del diácono de Épila
Pero a ver, ¿no fue Omella el que le organizó al arzobispo Ureña la de Dios es Cristo, a cuenta de un diácono homosexual? Puntualizo: acusado de ser homosexual, no sodomita; que la Iglesia nunca ha condenado la condición de, sino los pecados de. En cualquier caso, nadie estaba en condiciones de acusarlo de sodomía. Ni siquiera a Mons. Ricca se le pudo acusar de tal cosa a pesar del culebrón que montó con el sargento de la Guardia Suiza. ¿Qué hace pues ese mismo Omella defenestrando de la peor manera a un cura de su diócesis por haber predicado contra la sodomía? ¿Qué ha cambiado de entonces a hoy? ¿Sólo han pasado los años, o han pasado cosas más importantes, de las que marcan los años a fuego?
Por supuesto que con el paso de los años, Omella ha pasado de la condición de cura de a pie, a cardenal especialmente querido por el Papa. Con pretensiones incluso de ser el más fiel intérprete y representante de sus doctrinas y estilos. Pero eso no tiene la menor relevancia para la Iglesia. Entre el Omella cura y el Omella cardenal, han pasado en el mundo y le han pasado a la Iglesia cosas que han cambiado a uno y a otra, más que la primera y la segunda Guerra Mundial juntas. Mucho más de lo que sería capaz de cambiar el mundo una tercera guerra mundial. Y esos cambios se han producido en el plano reproductivo, es decir en la moral sexual, que es de lo que va la moral católica y la ideología de género que se le enfrenta. Y esto sí que tiene tremendísima relevancia para la Iglesia. Sobre todo, teniendo enfrente al Islam.
Las civilizaciones se distinguen unas de otras por cómo resuelven los dos problemas que mueven la vida de todo bicho viviente: la manutención y la reproducción. En torno a estas dos necesidades gira la vida de todos los animales, incluida la vida del hombre. Nuestro tiempo tiene resuelta la manutención tan brillantemente a causa de la creciente productividad, que no hay ningún problema, absolutamente ninguno, para mantener con los actuales niveles a toda la humanidad. Y algo mejor repartido de lo que está, hasta se podría mantener la distinción ricos/pobres. Pero el que eso no ocurra es una cuestión de moral. Cuestión de principios y cuestión de aplicarlos a las costumbres. Y no es nada frecuente que los individuos y los pueblos mantengan formas de moralidad distintas en lo productivo y en lo reproductivo. El inmoral en un plano, el que abusa y atropella en ese plano, suele abusar y atropellar en el otro. Permitidme que lo repita: la inmoralidad en el plano sexual (la castidad en la pareja, tan a menudo necesaria, es una de las formas más generosas de caridad) va asociada a la inmoralidad en el plano social, político y económico.

Daniel Peruga, cuando era diácono de Épila
El otro gran problema de toda especie, decía, es la reproducción: también de la especie humana que, si ha llegado hasta aquí, es gracias a que ha funcionado en este aspecto: como todas las especies que no se han extinguido. Y, dato esencial, si han ocupado la tierra unas comunidades con preferencia a otras, ha sido a causa de la reproducción: las que han sido capaces de poner la manutención, es decir la mayor productividad al servicio de la reproducción, ésas han triunfado; porque no hay comunidad que se perpetúe sólo con la producción, por grande que ésta sea.
Y obviamente sobre esta otra gran necesidad vital incide la moral de las civilizaciones. De manera que al final de todo, cada civilización se distingue por su moral reproductiva, es decir por su moral sexual. Evidente de toda evidencia. Y como la reproducción no es un hecho inmanente (que queda en el individuo) sino trascendente (que va más allá de él: en primer lugar trasciende al hijo cuando aparece, y a la sociedad de la que forma parte), he ahí por qué todas las civilizaciones establecen sus códigos de conducta sexual. Es decir que no hay ni una sola civilización que no diseñe e imponga una rígida moral sexual: y eso es así porque consideran que el sexo no es cosa de cada uno, sino que tiene trascendencia colectiva. Todas las civilizaciones menos la occidental “de género”.
Llegados aquí, no cuesta entender por qué primero el judaísmo y luego el cristianismo (y no son las únicas civilizaciones que han actuado en esta dirección) han mantenido una postura inequívoca contra la sodomía: porque es una desviación no reproductiva de las costumbres sexuales, es decir de la moral. Y obviamente la desviación del sexo hacia una forma no reproductiva, pone en riesgo la permanencia de la colectividad. A nivel de familias se ve más claro. La historia nos ha proporcionado una abundante crónica rosa en la que se ve cómo muchas dinastías se fueron a pique a causa de la sodomía: del sexo no reproductivo como original y genial forma de vivir algunos soberanos.
Mons. Ricca con el Papa Francisco
Entonces, ¿qué pinta la Iglesia poniéndole música de acompañamiento a la estridente sinfonía de desactivación de la función reproductiva del sexo, que empieza en la clara promoción del sexo homosexual? ¿Qué papel juega ahí la Iglesia? ¿Qué ha cambiado en la Iglesia desde que el bisoño obispo Omella le monta un Cristo al arzobispo Ureña por tolerar que haya un diácono homosexual en la Cesaraugustana diócesis, hasta que el viejo cardenal Omella va y le monta la de Dios es Cristo a un cura de su diócesis por leer en una homilía el texto en que san Pablo condena la sodomía? El primer Omella, tan fundamentalista en contra de la homosexualidad que ni siquiera tolera en su antigua diócesis de Zaragoza a un diácono homosexual… al que en ningún momento se le acusa de sodomía, ni a Ureña de consentirla. Y el segundo Omella, el ya cardenal, cambiado como un calcetín del revés, se ensaña con un cura de su diócesis mucho más tibio de lo que fue él de más joven, en la condena de la homosexualidad.
¿Tanto ha calado la homosexualidad en la Iglesia, que en el primer caso es el obispo de Logroño el que echa al obispo de Zaragoza por ser “tolerante” con la homosexualidad al indemnizar a un libidinoso clérigo para que haga las maletas y se vaya, y en el segundo es el cardenal el que expulsa de su diócesis al sacerdote que condena los actos de homosexualidad, o sea la sodomía? ¿Tanto ha cambiado la Iglesia? Porque Omella y Custodio Ballester no son más que el síntoma de una grave enfermedad que sufre la Iglesia. Y eso sí que es preocupante. Y mucho: en la misma Pamplona, donde el diácono realizó sus estudios eclesiásticos, los sesudos prohombres del Opus Dei parece que no se enteraron -o no quisieron- de las lúbricas inclinaciones del futuro clérigo que ya entonces apuntaba maneras.
El que Omella haya interpretado el “Quién soy yo para juzgar” como “Quién es un cura cualquiera para juzgar”, y la promoción del convicto y confeso Mons. Ricca como una evidente aceptación de su condición en la Iglesia, no tiene la menor gravedad. Es una deducción lógica. Si el jefe supremo no es quién para juzgar, menos lo será un simple soldado. Evidente. Y si Omella, hombre del aparato, quiere hacerse especialmente agradable a su jefe, ya sabe que es así como ha de actuar. Es decir que ha de desactivar en su diócesis (y los demás obispos en las suyas) cualquier alusión crítica a la sodomía. Y mucho menos ha de consentir que un cura predique con toda solemnidad que es un pecado grave. Porque hay que evitar que se sientan ofendidos los sodomitas.
¿Qué ha cambiado pues, para que el obispo Omella consiga defenestrar al arzobispo Ureña por tolerar a un diácono homosexual, mientras el cardenal Omella lanza toda la caballería contra un cura de su diócesis por haberse atrevido a condenar la sodomía en un sermón, sin señalar a ninguna persona concreta?
El cambio es evidente: el cardenal Omella, junto con el papa, se ha alineado contra la condena de la sodomía por la Iglesia (puntualizo: no a favor de la sodomía, sino contra su condena), porque el mundo ama y promociona la sodomía, y no es cosa de ponerse al mundo en contra. Así que la cuestión es: ¿Es malo pues, o simplemente inconveniente que la Iglesia siga defendiendo la moral católica? ¿Es mejor que calle y consienta respecto a la sodomía? Ésa parece ser la nueva consigna, de manera que el cardenal Omella, que estuvo a punto incluso de auxiliarse de un obispo homosexual, se lanza furibundo contra el obispo Omella y se lleva por delante a todo el que se atreva a defenderle.
Esquizofrénico, ¿no? Pues ésa es la lamentable situación de la Iglesia. La pastoral en pro de los homosexuales se ha convertido en pastoral en pro de la homosexualidad. Es lo que exige la coherencia. Si la Iglesia quiere que los homosexuales estén a su lado, ¿cómo se le ocurre condenar la homosexualidad? La gran novedad es pues, que tenemos una Iglesia convertida a la “sodomística”, es decir a la doctrina en pro de la sodomía. No a la misma sodomía, claro está. Se puede confeccionar una interesante antología sobre este cambio: desde las teologías de la homosexualidad, cuya condena aún esperamos, al “Quién soy yo”, al poco menos que nefando Sínodo de la Familia, a la sibilina Amoris Laetitia, al “Lo dice bien claro el catecismo de la Iglesia católica” (pero yo no lo he dicho), a la convivencia pacífica con el orgullo gay y con la entrega de la formación sexual y afectiva de la infancia en nuestras escuelas al lobby LGTB (sin que la Iglesia diga esta boca es mía), hasta la reciente expulsión de mossén Custodio por denunciar la sodomía conforme a la doctrina de la Iglesia. Las huestes de la Iglesia, con sus príncipes a la cabeza, van conquistando ese territorio que antes les estuvo vedado.
¡Quién te ha visto y quién te ve, Santísima Madre Iglesia! ¡Cómo se está afeando tu inmaculado rostro! Pero no erremos el diagnóstico: Omella no es la enfermedad, es el síntoma. Y por lo que a él respecta, las consignas son las consignas.
Virtelius Temerarius 
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