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Pastores que abandonan a la mitad de su rebaño

Lun, 2018/02/19 - 22:00
Nota de los obispos de Cataluña
El 11 de mayo de 2017, los obispos de la Conferencia Episcopal Tarraconense firmaron una nota en la que afirmaban la realidad nacional de Cataluña y, en su consecuencia, añadían que “…creemos humildemente que conviene que sean escuchadas las legítimas aspiraciones del pueblo catalán, para que sea estimada y valorada su singularidad nacional”. Traducido al Román paladino: consideraban legítimo -y legitimaban- el previsto referéndum secesionista. Ese referéndum, legitimado por nuestros obispos, se celebró el 1 de octubre y se convocó una nueva reunión de la Tarraconense para los días 23 y 24 de dicho mes. Un convulso mes de octubre en el que se sucedió una huelga general, el histórico discurso del Rey, la aplicación del artículo 155 o el encarcelamiento de los Jordis. Tras aquella reunión de los obispos se esperaba una nueva nota. Sin embargo, hubo un mutis absoluto. Ni nota ni declaración alguna. Los prelados catalanes habían recibido serias instrucciones de Roma: el papa Francisco desautorizaba firmemente el proceso secesionista catalán. Incluso había prohibido a Omella que ejerciese como mediador. 

Parecía que nuestros obispos volvían a ser pastores de todo el rebaño, pero hete aquí que la semana pasada se volvió a reunir la Tarraconense y no pudieron reprimir su protagonismo y su afán escribiente, en forma de una nueva nota. Ahora ya no hablan de legítimas aspiraciones, ni de la realidad nacional, sino que urgen al diálogo y a la formación de gobierno. Evidentemente, el proces, tal como era entendido, ha fracasado y pasarán varias generaciones hasta que se vuelva a impulsar un referéndum unilateral. Sin embargo, los obispos recibieron muchas presiones a fin de hablar de la cuestión de los presos. Y sucumbieron a ellas, introduciendo en la nota este párrafo: “Queremos mencionar una cuestión concreta que nos preocupa. En cuanto a la prisión preventiva de algunos antiguos miembros del gobierno y de algunos dirigentes de organizaciones sociales, sin entrar en debates jurídicos, pedimos una reflexión serena sobre este hecho, en vistas a propiciar el clima de diálogo que tanto necesitamos y en la que no se dejen de considerar las circunstancias personales de los afectados”
 
Una reflexión serena, piden. Y sin entrar en debates jurídicos, añaden. Con la coda de las consideradas circunstancias personales de los afectados. ¿Pero a quién piden la reflexión serena? ¿A aquéllos que desobedecieron las leyes, despreciaron a la oposición y desacataron a los Tribunales? ¡Quiá! A esos jamás se les pidió reflexión alguna, ni tan siquiera en el golpe parlamentario del 6 de septiembre, en el que se aprobó una ley de “desconexión” que abrogaba la vigencia de la Constitución y el Estatut, contra el dictamen del Consell de Garanties Estautaries y el informe adverso de los letrados del Parlament. Tampoco pidieron reflexión alguna a Puigdemont y los otros cuatro ex consellers que se constituyeron en prófugos de la Justicia, huyendo a Bruselas. Ni tan siquiera les recordaron el elemental principio de atención a los requerimientos judiciales, máxime cuando se ostentan altos cargos políticos. Al revés, están contemplando delante de sus episcopales narices cómo las empresas abandonan Cataluña, los turistas dejan de venir y se deteriora a marchas forzadas el tejido industrial y financiero. Pero ante esa lacra tampoco instan a una reflexión serena que nos permita salir del pozo. La reflexión episcopal solo se centra en los cuatro presos. Cuatro presos por delitos muy graves, que serán juzgados con todas las garantías legales de un país democrático.

Es en esa parcialidad donde destaca la deslealtad de nuestros obispos. Deslealtad a todo el pueblo fiel que les ha sido encomendado. ¿Qué no han reflexionado serenamente sobre el resultado de las elecciones de diciembre? ¿No han visto que la mitad de Cataluña votó en contra de las propuestas independentistas? ¿No han observado las dos manifestaciones multitudinariamente españolistas que hubo en Barcelona y las banderas españolas que han aparecido por doquier? ¿O es qué creen que entre esas filas no hay cristianos? ¡Claro que hay cristianos! Y Ciudadanos, que es la primera fuerza política de Cataluña, cuenta entre sus votos con un nutrido escrutinio católico. Es más, a la inmensa mayoría de católicos que votamos por partidos no independentistas, nos parece bien que esos cuatro presos sigan en la cárcel por los graves delitos cometidos. Y cuando sean juzgados se les condenen a penas severas. Así de claro, señores obispos. Y tras reflexión serena.

Cierto es que Cataluña afronta una grave división y que los dos bloques se hallan en posiciones irreconciliables. Pero quien propició la división, la desobediencia a la ley, el estrangulamiento de la oposición, cuando no la xenofobia y el supremacismo fue el bloque independentista. Buenos propósitos son los suyos de restañar heridas, pero difícilmente las pueden restañar cuando se alían con solo uno de esos bloques y cuando piden reflexión y comprensión a quien cumple la ley y no llaman a la reflexión de quien la vulnera. Ante esa toma de posición, la otra mitad de su rebaño se siente dolida y perpleja, cuando observa que su alarma y su temor son despreciados por nuestros Pastores, que solo parecen preocuparse de cuatro políticos presos. Señores obispos: nos hemos sentido abandonados con esa nota. No saben el dolor y la perplejidad que ha causado en la mitad de su rebaño. Ha sido como una apertura de hostilidades. Esperemos que no se repita en Cataluña el partidismo eclesial de la Iglesia vasca. De tan funesto recuerdo. Máxime cuando tenemos el episcopado menos nacionalista desde hace mucho tiempo. Que parece haber caído en una grosera trampa.

Desde Germinans seremos inmisericordes ante cualquier parcialidad episcopal en ese campo. Nacimos como oposición al nacional-progresismo eclesial, hoy ya muy caduco y el tiempo y las circunstancias nos están convirtiendo en oposición a la instrumentalización eclesial del independentismo. Intentaremos ser igual de implacables.  

Oriolt
Categorías: Iglesia

Pablo VI: El Papa de la "Nueva Misa" (I)

Dom, 2018/02/18 - 16:00
Battista Montini: Sacerdote sin haber sido seminarista 
Battista Montini en 1919 (izquierda). Ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1920 (Derecha)
Ludovico, el abuelo del futuro Papa, era médico en Brescia, donde se casó con Francesca Buffali y con la que tuvo 6 hijos. Murió prematuramente con 41 años dejando a su esposa la tarea de criar y educar a sus hijos. Tuvo que vender parte de sus tierras en Concessio. El hijo mayor, Giorgio, el padre del futuro Pablo VI, rompió con la tradición familiar cursando estudios jurídicos que una vez concluidos le llevaron a fundar el diario católico “El cittadino de Brescia” en combate contra la prensa liberal y radical.  El non expedit de Pío IX  a los católicos italianos prohibiéndoles participar en la vida política del país y en las instituciones del nuevo estado italiano fue determinante para que los católicos se implicaran en múltiples iniciativas – el llamado Movimiento Católico- de carácter social, económico, cultural y educativo. No es este el momento para detallar y pormenorizar esos fecundos compromisos y acciones de los católicos italianos.
En una peregrinación a Roma, Giorgio Montini conoció a Giuditta Alghisi, de 18 años, natural de Verolavecchia (Brescia) e hija de un política radical que se oponía a ese matrimonio con un activista católico: abogado, periodista, político y promotor de grandes empresas católicas. Pablo VI será el primer papa moderno procedente de una familia del ámbito empresarial y parlamentario.
Battista, así lo llamaban en casa, nació el 26 de septiembre de 1897 en Concessio (Brescia). De débil constitución hará gala de una salud muy frágil. La enfermedad marcará toda su infancia y juventud. Es durante sus largas estancias en Verolavecchia, entre viñedos y castaños, que Battista empezará a amar a la naturaleza y la soledad; tanto como a los campesinos que para él representaban “la sabiduría campesina”.
Empezó a ir al colegio a los 5 años, en el Instituto Cesare Arici, dirigido por los jesuitas, y congregante del Oratorio de Santa Maria de la Pace, herederos de los hijos de San Felipe Neri. Por razones de salud tuvo que interrumpir un año sus estudios y estudiar en casa donde su madre seguía su formación. A su alcance lecturas fundamentales: leyó en francés “Jeanne d´Arc” de Gabriel Hanotaux, San Francisco de Sales, Bossuet y “La historia de un alma” de Teresa de Lisieux. Al volver al Instituto fue un alumno de cuadro de honor. No participaba en los recreos. Distante, tímido y reservado.
El Papa en una entrevista al periodista y literato Jean Guiton afirmó tener en su juventud todas las vocaciones: abogado, escritor, periodista…
Su vocación nació entre Sta. Maria delle Grazie y la Abadia de Chiari
Santuario de Santa Maria delle Grazie (Brescia)
El año 1907 la familia Montini traslada su domicilio a Via delle Grazie, justo enfrente del Santuario de la Virgen. El pequeño Battista tenía 10 años. La cercanía al santuario marcará su vida de piedad, fervorosa y serena. De gran importancia para su evolución religiosa, ya que a causa de su precaria salud, trascurrirá largos momentos de oración y devoción en ese santuario bresciano.
Otro lugar importante para su formación y vocación será la Abadía benedictina de Chiari, A 20 km al este de Brescia, donde en 1910 se instala una comunidad de monjes benedictinos expulsados de Francia que se instalarán en un antiguo convento propiedad de la familia Menna, amigos de los Montini. Don Battista, ya sacerdote, siempre permanecerá en contacto con esa comunidad monástica incluso después de su regreso a Francia. El joven Battista, no aceptado como acólito por ser demasiado mayor, asistirá a menudo a Completas y será acogido para retiros en la hospedería monástica. En 1973, recibiendo en el Vaticano a los abades benedictinos, Pablo VI confesará que fue en Chiari que germinó su vocación sacerdotal. Evocando los oficios monásticos dirá: “Permanecía como en éxtasis: fue sin duda allí que Dios hizo nacer en mi alma los primeros deseos de una vida consagrada a su servicio”
En el mes de septiembre de 1913, Battista hizo un retiro con los Hermanos de la Pace. Su padre encomendó al P. Caresana de ocuparse de la vocación de su hijo. Por una parte acariciaba la idea de ser monje, deseo que compartió con el Abad de Chiari, Dom Christophe Gauthey, venerable religioso de más de 80 años, había también hablado en ese sentido con el padre hospedero dom Denys Buenner, su confesor. Ambos disuadieron a Battista de ese camino: su salud frágil no soportaría los rigores de la vida monástica.
El Cardenal Bevilacqua al armonio junto al
P. Caresana (izquierda) y don Luigi Surzo (derecha)
Por otra parte, Battista había perdido el contacto con su antiguo director espiritual en la Pace, el p. Baroni que entraría en un monasterio. Sus futuros consejeros serán los padres Bevilacqua y Caresana, sus confidentes y directores espirituales.
Bevilacqua había realizado parte de sus estudios en Bélgica: doctorado en Ciencias Políticas y Sociales por Lovaina, discípulo del futuro Cardenal Mercier. Allí estuvo en contacto con la Abadía de Mont-César, germen del llamado “Movimiento Litúrgico”. Regresó a Italia en 1906, donde entró en la Congregación de la Pace y fue ordenado sacerdote en 1908. Bevilacqua será el gran apóstol de la juventud, del movimiento litúrgico a la vez que combativo en defensa de la libertad de enseñanza: se convertirá en el gran líder del catolicismo bresciano. Su programa se resume en dos palabras: “Cristo es la realidad”.
Caresana entró en la Pace tardíamente, después de ejercer el ministerio parroquial. Por resumir brevemente los lazos entre los tres personajes podemos afirmar que Bevilacqua ejercerá una influencia intelectual sobre Montini mientras que Caresana será su maestro espiritual, su confesor hasta finales de los 50.
La amistad con el joven párroco de Pieve de Concessio, don Francesco Galloni y con Andrea Trebeschi que en 1914 le comunicó su deseo de ser sacerdote será capital para Battista Montini, de carácter sentimental y sensible. Ese temperamento y esos amigos consolidará una de las constantes de su vida: amar y ser amado. Amor a Cristo, amor con los demás, amor y pasión por el mundo, amor al hombre.
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Montini y “La Casa del Soldato”
Los años de la Gran Guerra serán años de dispersión para Battista. Acabará la secundaria, acabando el bachiller en el Instituto Público de Brescia. Entrará en el Seminario de Santangelo en Brescia. Su salud le impide ser un seminarista ordinario. El obispo y el rector le exentaron del internado, será un alumno externo eximido de la sotana, conservando el traje civil. Veinte horas de clases semanales, se preparará al sacerdocio en solitario, en su casa,  con la asistencia de algunos sacerdotes: será ordenado sacerdote sin seguir la formación clásica de un Seminario de su época. Eso será de una trascendencia enorme. No recibió la enseñanza escolástica que era la base de la formación sacerdotal. No conoció la vida en comunidad ni sus reglas, ni vivió la típica separación del mundo. No gozó de la belleza de las grandes celebraciones litúrgicas de estilo barroco, entonces en uso. Battista se forjará a sí mismo, será autodidacta mezclando lecturas personales, profanas, con lecturas propiamente religiosas. Y desde esa situación privilegiada se convertirá en un gran promotor de iniciativas de caridad para con los soldados. Junto a sus amigos seglares fundará la “Casa del Soldado francés”  para el apostolado intelectual, la vida de piedad y el ocio entre los soldados franceses heridos o inválidos. Entre los huérfanos de guerra y las viudas italianas. Se interesará con pasión por la revolución bolchevique y la anarquía en China, el final de los grandes imperios alemán y austro-húngaro, convencido que sólo los principios morales del cristianismo permitirían resolver los problemas de ese “periodo de dolor, de amargura y de desorden”.
En 1918 entra en contacto con Don Pini, Consiliario de la FUCI (Federación Universitaria de Católicos Italianos). Montini estará toda la vida ligado a ese apostolado. Bajo sus iniciales B.M o G.B.M o con los seudónimos Vox Clamantis, Omega, Vicenzo Formisano o con el anagrama Nino Tom, escribirá artículos incansablemente en multitud de publicaciones.
Caresana procuraba que sus estudios abrazasen las asignaturas del Seminario pero era inevitable el carácter parcial y discontinuo de su formación eclesiástica. Mons. Menna le daba clases de Derecho Canónico. Otros sacerdotes colaboraban, pero se nutrió esencialmente de Compendios de Teología Moral y Dogmática como el Tanquerey. En una palabra, “lecturas heterogéneas, variadas, vastas y desordenadas” como citan sus biógrafos Romanato y Molinari.
Perspectiva de Montecassino y Altar Mayor Monástico
Montini no fue ajeno a la fundación por don Sturzo en 1919 del Partido Popular Italiano, el precursor de la Democracia Cristiana, independiente de la jerarquía eclesiástica. Su programa de aspiración “a la justicia, al cristianismo vivo, al Evangelio Social, a la elevación real del pueblo” fue publicado en un artículo en La Fionda el 3 de septiembre de ese año. Montini hacía los Ejercicios Espirituales en Montecassino junto a otros 14 jovenes brescianos. En una carta enviada por él mismo a la familia vemos dos rostros de Battista Montini: el activo, comprometido con todas las causas socio-políticas del momento, y el meditativo, admirador de la imponente arquitectura de la Abadía en la cual reencuentra con alegría la belleza del canto monástico. En una carta a su abuela del día 5 de ese mes de septiembre, desde Montecassino, elogia la liturgia benedictina tildándola de “perfecta en la exclusión de todos los añadidos hiperbólicos y artificiosos del culto, donde todo es exquisito, preciso, perfecto”. Este gusto por una liturgia desnuda, mezclado con el deseo de ver participar a los fieles, lo reencontraremos muchas otras veces en la vida de Montini, como sacerdote, como arzobispo y como Papa.
Dos meses después de esas jornadas en Montecassino, el 21 de noviembre de 1919 recibía la sotana. Durante los 6 meses siguientes recibirá todas las Órdenes Menores, de manera rápida y precipitada. El 30 de noviembre la Prima Tonsura, en la capilla del Palacio Episcopal. El 28 de febrero el sub-diaconado. El día de su ordenación, el 29 de mayo de 1920, después de un retiro en el Seminario Santangelo que tuvo que interrumpir debido al calor sofocante, estaba enfermo. Se le concedió la dispensa para la ordenación pues era menor de 24 años: nadie, ni él mismo, tenía esperanza de sobrevivir durante mucho tiempo. El día 30 celebró su Primera Misa en el Santuario de Santa Maria delle Grazie. Los manteles habían sido confeccionados con el vestido de novia de su madre. En las estampas de ordenación figuraba una cita de San Pío X, muerto 6 meses antes: “Concédeme, oh Dios mío, que todos los espíritus se unan en la Verdad y  todos los corazones en la Caridad”
(continuará)
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet
Licenciado en Derecho Canónico y en Historia
Categorías: Iglesia

La Glosa Dominical de Gérminans

Vie, 2018/02/16 - 22:00
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TIEMPO DE UNA SIEMPRE NUEVA CONVERSIÓN
Después de haber dado los primeros pasos como discípulos tras Jesús siguiendo el relato del evangelio de San Marcos, hemos iniciado el camino de la Cuaresma. Este nos hace recorrer las etapas decisivas del Señor hacia su Muerte y Resurrección, acompañados de los evangelistas Marcos y Juan. Sabemos que escuchar con atención la historia contada por los evangelistas, es para nosotros hoy el cauce para continuar nuestro camino de cristianos, renovar en la vida de cada día y de cada año nuestra fidelidad a Jesucristo e intentar parecernos un poco más a Él.
La primera etapa del camino de la Cuaresma nos lleva con Jesús al desierto, en estos cuarenta días que ha pasado lejos de todos y de todo. Lo ha hecho no tanto por una iniciativa personal suya, sino empujado por el Espíritu que ha descendido sobre Él en el momento de recibir el bautismo de conversión de parte de Juan Bautista. Continuando el mismo camino del bautismo, con el que toma sobre sus espaldas los pecados de su pueblo y de la humanidad, ahora Jesús repite, en un cierto modo, la experiencia del pueblo de Israel: para pasar de la esclavitud de Egipto a la libertad de la tierra prometida ha debido recorrer un largo camino de cuarenta años en el desierto, para aprender a confiar en el Señor su Dios, a obedecer su voluntad, a no ceder al miedo que le hacía añorar su Egipto, donde podía vivir tranquilo aunque esclavo. Así Jesús, como nuevo Israel, nuevo hijo de Dios, pasa cuarenta días en el desierto, tentado por Satanás, es decir por todo aquello que se opone a la voluntad de Dios. Marcos no especifica de qué tipo de tentaciones se trata, como hacen otros evangelistas. Lo hará mientras relata la historia sucesiva del Señor, cuando se enfrenta muchas veces con el diablo que tiene esclavizadas a las personas. Allí Jesús se mostrará como el más fuerte, aquel que con su palabra expulsa a los espíritus impuros: lo puede hacer porque como Hijo del Hombre, lo ha enfrentado en campo abierto, con sus fuerzas humanas y con la ayuda divina, tal como da a entender Marcos en los breves trazos con que describe el tiempo de Jesús en el desierto. 
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El fruto de la lucha con Satanás es para Jesús el inicio de su predicación, que Marcos resume en la famosa frase que concluye la perícopa del evangelio de hoy: ha llegado el tiempo de cumplir la alianza de Dios con la humanidad, su Reino se ha hecho cercano. Puede acoger esta alianza quien se convierte y cambia su modo de pensar y de actuar, fiándose del buen anuncio de Jesús. El primer paso decisivo lo ha dado Dios: se ha hecho cercano y permanece fiel a la promesa que había hecho en el inicio de los tiempos, la que escuchamos en la primera lectura, cuando Dios se compromete a  no castigar ya nunca más a la humanidad después del Diluvio.
Dios mantiene su promesa de un modo del todo imprevisible, mandando a su Hijo sobre la tierra a cargar sobre sí mismo el sufrimiento y a combatir el mal presente en el mundo: solamente el amor puede abrir un camino tan novedoso. Aunque es totalmente un don, este amor únicamente puede alcanzar a quien libremente lo acoge: he aquí la razón por la cual Jesús llama a la conversión, es decir volver a Dios, rendirse ante su benevolencia, fiarse de Él. Para el cristiano, el signo visible de este retorno, de este confiarse, es el bautismo, del que nos habla Pedro en la segunda lectura: no es un gesto mágico, sino un gesto de fe con el que pedimos a Dios de manera sincera que su amor nos transforme. Pedimos entrar con Jesús en la muerte de nuestro hombre viejo, lo que en nosotros se opone a Dios, para renacer como hombres nuevos, capaces de vivir como Jesús.
\Users\FRANSESC\Desktop\imagesOVE0NBH4.jpgEste es el camino de la vida cristiana que se inicia con el bautismo pero que no se concluye jamás. Esta es la razón por la que la pedagogía del año litúrgico nos presenta año tras año la oportunidad de la Cuaresma, como tiempo de una siempre nueva conversión: de retorno al origen de nuestro bautismo, es decir de nuestra opción por Dios y no por el mal. 

Francisco, el Papa, en su mensaje para la Cuaresma, nos invita a prestar atención a la tentación de la indiferencia, que nos lleva a olvidarnos de los demás y de sus sufrimientos, mientras nosotros estamos bien y estamos cómodos. Llama a toda comunidad de cristianos a convertirse en una isla de misericordia en medio del mar de la indiferencia. Invita a cada uno de nosotros a vivir la Cuaresma como un recorrido de formación del corazón, para dejar que el Espíritu Santo nos dé un corazón misericordioso, fuerte, cerrado para el Tentador y abierto a Dios. Un corazón pobre, que conoce las propias pobrezas y se vuelca en el otro. 
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet
Categorías: Iglesia

La moral, la ética y la deontología

Jue, 2018/02/15 - 22:00
Nos ha tocado vivir una mala época: muy mala. Tenemos a los mayores energúmenos clamando contra la inmoralidad que se nos está comiendo por las patas. Y resulta que son esos mismos energúmenos los que al mismo tiempo claman furibundos contra la moral, e incluso contra la moralidad. Se entiende, porque no había más moral que la moral cristiana. Sólo esa: y por mucho tiempo, la única posible; porque es una moral que parte del principio de nuestra inclinación al mal, a causa del pecado original. Algo que no admiten ni en broma los detractores de la moral; porque ellos parten de la base (un dogma para ellos) de que el hombre es naturalmente bueno y que por tanto sólo se le ocurre hacer el bien si la sociedad no lo tuerce.
Por eso en esta filosofía tan progresista es la sociedad la que ha de cargar con la culpa y con la pena de la delincuencia. Es decir que es un tremendo disparate para esa doctrina, castigar a los delincuentes: ni menos con penas que ponen a salvo a la sociedad a costa del sufrimiento del pobre delincuente. Hay que darles fines de semana y vacaciones para que se vayan entrenando poco a poco a reinsertarse. Si entretanto delinquen, no pasa nada que no tenga que pasar: porque es la sociedad la que ha de cargar con el coste de la reinserción aunque le duela; es la sociedad la que ha de purgar los crímenes. Sencillo, sencillísimo.
Y como la doctrina obliga mucho, a los progresistas, justo por serlo, no les queda más remedio que defender a los delincuentes a costa de la sociedad. A los conservadores por el contrario, no les queda otra opción que defender a la sociedad a costa del delincuente. Así de sencillas son las cosas. Y los que están en medio presumiendo de ser a la vez gente de orden y de progreso, van dando tumbos.

Digo que nos ha tocado vivir un tiempo muy malo porque nos han dejado sin cimientos sobre los que construirnos. Los cimientos de la conducta son, en efecto, las costumbres. Y como la con-ducta (la manera de llevarse con los demás) nunca es indiferente: o es buena o es mala, por eso se la llama “moral”. ¿Y qué es la moral? Pues ni más ni menos que las costumbres. Por la simple razón de que ni cada persona ni cada generación tiene demasiadas probabilidades de acertar si tiene que inventarse de nuevo la conducta sin contar con la experiencia de generaciones anteriores. Al seguimiento de esas costumbres de los que las han ido trabajando a lo largo de generaciones, justo a eso se lo denominó moral. Y justo de ahí le vino la connotación de comportamiento correcto. Recordemos la exclamación de Cicerón en su primera catilinaria (la del quousque tándem) O témpora o mores, ¡oh tiempos, oh costumbres! Mores son las costumbres: de ahí la moral. Pues en eso estamos: no nos sirven las costumbres de nuestros padres y abuelos y tatarabuelos, porque eran costumbres cristianas. Y eso va en dirección contraria al progreso. En fin, que sin tener costumbres sobre las que asentar nuestra conducta (lo que se llamó moral), es de lo más normal y esperable incurrir en inmoralidades de todo género. Un botón de muestra: resulta que la película Call me by your name (llámame por tu nombre), una descarada apología de la pederastia, optará a cuatro óscar.
Y es también de lo más normal que se hiciese un gran esfuerzo por proscribir la palabra “moral” del tejido social, empezando por la educación. Así que para que no se identificase el progreso con la inmoralidad, la escuela sustituyó la moral por la ética; de manera que al convertirse en optativa la clase de religión (básicamente, transmisión de buenas costumbres) la opción alternativa fue la clase de ética. ¿Y eso qué es? Pues lo mismo pero dicho en griego, que suena más científico. En efecto, ézos es “costumbre”. Clase de buenas costumbres, de buen comportamiento. Es que la gente de progreso se refería a la ética de las conductas en vez de invocar la moral y la moralidad, que ya no se llevaba. El progreso instalado ya en el sistema educativo. Lo progre era aludir a la ética de las conductas, en vez de referirse a su moral, o a la moralidad de las personas.
Pero desde la perspectiva progresista, que perseguía la eliminación de la moral cristiana, no fue un buen acierto sustituir la moral por la ética, porque se transfirieron a ésta todos los contenidos de la moral. Y el que se esforzaba en comportarse éticamente, lo hacía conforme a la ética-moral cristiana. Y obviamente no era ése el objetivo perseguido; así que se abandonó también la ética. Había que inventar otra palabra que no tirase de las costumbres cristianas de toda la vida (es decir de la moral). Tampoco en la ética se reflejaba el dogma progresista en virtud del cual, dejándose llevar uno por su instinto, capricho o como queramos llamarlo, se comportaba maravillosamente bien. Porque si el hombre es bueno por naturaleza, no tiene por qué reprimirse en absoluto, porque es su bondad natural la que impulsa todos sus actos (y si no es así, la culpa es de la sociedad). Así que se eligió una nueva palabra. Y esta vez acertaron de lleno.
El nuevo término para referirse a “las buenas prácticas” (lo usaron especialmente los médicos y abogados para referirse al impecable ejercicio de su profesión que habían llamado antes moral y luego ético), el nuevo término fue el de “deontología”. Enorme hallazgo, porque este término no contiene calificación moral alguna. Se puede tener una exquisita deontología profesional perfectamente compatible con la mayor inmoralidad. ¡Por fin habían encontrado la palabra que andaban buscando! Los médicos dejaron de verse encorsetados por el juramento hipocrático. Podían hacerlo tranquilamente en la ceremonia de graduación y luego saltárselo alegremente siempre que les conviniera. Porque “déon” es “lo que conviene”; y la deontología es el sistema en que se establece lo que conviene. Interesante, ¿eh que sí?
Pero bueno, antes de llegar a la amoralidad integral aterrizando en la pura conveniencia, podían haber pasado por la ética kantiana, tan bien desarrollada en su metafísica de las costumbres. Pero no, hasta el imperativo categórico de Kant (obra de tal modo que tu conducta pueda ser elevada a ley universal) se les antojaba demasiado cristiano. Lo que querían era no sujetarse a ningún imperativo: ni externo ni interno.
Así que liquidadas la moral y la ética, se quedaron con la conveniencia, expresada en un elegantísimo helenismo, para que no se notase tanto. Pero hemos llegado a eso: a la pura conveniencia, al utilitarismo y al egoísmo. Déo significa tener necesidad de algo; tiene la forma impersonal deí, muy común, como el italiano “bisogna” o el catalán “cal”, y que en español traducimos por “conviene”, sin ninguna connotación moral. De tal modo que ese “conviene” puede referirse indistintamente tanto a la conveniencia individual como a la colectiva (en cierto modo connotada moralmente). Ahí estamos en efecto, después del largo recorrido por la moral y por la ética. Teníamos como referente las costumbres largamente probadas como guía de conducta. Ahora ya no, ¿para qué? Lo único que hay que mirar a la hora de elegir un comportamiento u otro es si conviene o no. ¿Convenir a quién? Está claro que si nos hemos desprendido de las costumbres como norma de conducta, no vamos a poner en su lugar un invento tan peregrino como la conveniencia de connotaciones metafísicas. ¿A quién le toca decidir qué es lo que conviene de por sí, en el supuesto de que ese género de conveniencia exista? Pues eso: la deontología es simplemente el sucedáneo de la moral y de la ética. Es decir, que cada uno haga lo que cree que es más conveniente en cada momento. Es la modernidad y el progreso.
Cesáreo Marítimo
Categorías: Iglesia

Obispos y sacerdotes tabarneses

Mié, 2018/02/14 - 22:00
En la Cataluña tristemente dividida,  tal como avanza el tiempo se perfila cada vez con mayor nitidez, la nueva circunscripción de Tabarnia. Al final, será la Ley de Claridad la auténtica piedra de toque de nuestra política territorial. En este contexto, la Iglesia de/en Cataluña tiene un tremendo problema: y es que al menos aparentemente (documentos cantan) todos los obispos, con su Cardenal Primado a la cabeza y bastantes centenares de sacerdotes, frailes y monjas son del sector que a falta de nombre, llaman de momento Tractoria.
Aunque los nombres sean de chiste, la realidad que reflejan no lo es en absoluto. Como ninguno de los dos pedazos en que está dividiéndose Cataluña puede quedarse con el nombre de la totalidad, ahí andamos con la guasa. Y burla burlando, está cumpliéndose la profecía de Torras i Bages: Cataluña será cristiana o no será. Y por ahí se encaminan los pasos: si no se pone remedio a esta situación de enrocamiento de los obispos y los curas, frailes y monjas independentistas, firmemente enrocados en su independentismo, a Cataluña no le quedará ni el nombre.
Una parte de la Iglesia a favor de "Tractoria"
A la Iglesia, ¡mira que es mala pata!, le pasa lo mismo que a los gobiernos autonómico y central: ignoran totalmente, visceralmente a esa mitad de Cataluña que se ha hartado de que se la rifen entre los dos gobiernos. La Iglesia está en las mismas: también está en la ignorancia visceral de la Cataluña tabarnesa (Cataluña mientras no se consume la división). Tan visceral, y tan absolutamente irracional, que el Cardenal Primado de Cataluña se ofreció para intervenir en la rifa. ¿Para abogar por los pobres tabarneses, a quienes piensan pasar por la piedra ambos gobiernos? No, no, eso no. El objetivo era mediar entre el gobierno de la Generalidad (no la ridiculez esa de la Yeneralitá) y el Central para ver en qué condiciones entregaban la población tabarnesa a la Generalidad, es decir a los independentistas. Es que ni los gobiernos civiles ni el gobierno de la Iglesia son capaces de ver a tres en un burro (¡mira que elegir el burro como animal totémico!)
No, no son capaces de ver que la partida no es entre dos, sino entre tres. Y como no quieren verlo, no lo verán; así que al final tendrán que lidiar con la Ley de Claridad: la que se han buscado. La de igual divisibilidad para el Estado central que para la región secesionista. Y ésa no se la podrán saltar. Poca guasa. Si Europa no les hace caso ahora, menos se lo hará cuando pretendan independizarse sin permitir que también lo haga Tabarnia.
Y a mí que me trae al pairo la movida política (yo ya me he montado la película de cómo acabará esto), sí que me preocupa que la Iglesia siga los mismos pasos, copiando las mismas estupideces que hacen los gobernantes de uno y otro lado, asfixiados ambos en su ciénaga de corrupción y boqueando para no ahogarse en su podredumbre. Tanto monta, monta tanto.
Pero la Iglesia, que no está incursa en corrupción como los dos actores del conflicto de Cataluña, sino que es solamente víctima de su decrepitud y de sus pecados (que no son sistémicos como lo es la corrupción de los contrincantes por o contra Cataluña; a estas alturas, ¡cualquiera sabe!); la Iglesia, digo, que no es rehén de la corrupción (y de los dosieres tan magistralmente administrados por ambos bandos), no tiene por qué seguir milimétricamente los pasos de los políticos. Se entiende perfectamente que a éstos les moleste profundamente la mera existencia de ese enorme colectivo de no separatistas a los que se ha agrupado graciosamente bajo el gentilicio de tabarneses. Se entiende que los políticos los ignoren, como si se pudiera ignorar a más de dos millones de votantes (¡es el argumento de la otra parte!) Al fin y al cabo, los políticos son tristes rehenes de su corrupción y de las tremebundas estupideces que han cometido por ambos bandos.
La Iglesia, digo, que está tan lejos de la lamentable circunstancia de los políticos, ¿qué motivos puede alegar para seguir los pasos de éstos? ¿Cómo puede la Iglesia ignorar a uno de cada dos, y aún más probablemente a dos de cada tres de sus fieles? ¿Puede entender alguien semejante despropósito? ¿Tan metida está en política la Iglesia que es incapaz de ver la realidad con sus ojos (ojos de pastor tendrían que ser) y no con ojos de político? Quiero decir con la ceguera propia de los políticos: totalmente incomprensible.
Al final, lo único que vemos claro son las pocas luces de los que gobiernan la Iglesia (el Señor le debió conceder otros dones) y la ceguera en sus seguidores, tan apasionados, que no se recatan en poner a su nación totalmente por encima de Dios. Y el resultado es la mezquindad y la poca inteligencia con que la Iglesia de/en Cataluña está manejando esta escisión. O como ocurre en los agentes políticos, la vergonzosa cobardía.
Porque que no haya ni un solo obispo, ni un solo sacerdote, ni un solo fraile o monja de Tabarnia, es muy preocupante. Porque Tabarnia existe, se llame como se llame a esta realidad. Y que la Iglesia, capitaneada por la Jerarquía (documentos cantan; y además el ofrecimiento del Cardenal para mediar entre las dos pocilgas), ignore con tanto desdén esta realidad; y que en la Iglesia de/en Cataluña lo único evidente sea que todos están en el lado independentista, es como para preocuparse profundamente por la suerte (es decir la desgracia) de la Iglesia en Cataluña.
Si al final Tabarnia (a través de la Ley de Claridad) se convierte en realidad, ¿qué hará la Iglesia? ¿Qué harán el Señor Cardenal, los Señores Obispos, los Señores sacerdotes, los frailes y monjas con sus colegios, qué harán? Lo más probable es que continúen en lo que están y no hagan nada, siguiendo uno de los últimos avances en política: también, y quizá sobre todo en política eclesiástica. Verlas venir: vengan días y caigan ollas.
Escudo de la Conferencia
Episcopal Tabarnesa
Y sin embargo el más básico sentido común (ya que no el instinto pastoral) aconsejaría que fuesen tomando posiciones en la nueva realidad tabarnesa, en la que los fieles no se dejan arrastrar por ese obsesivo desafuero político tan característico de los secesionistas, que no hace más que alejar a los que lo padecen, de Dios y de la Iglesia. El pastor de la diócesis, igual que tiene diseñada una pastoral específica para enfermos, para presos y para otros colectivos especiales, tendría que diseñar una específica para tabarneses, animando a algunos sacerdotes para que se especializasen en este colectivo. Porque de momento son legión los que están en el lado de la independencia; y en cambio no se sabe públicamente de nadie que esté en el de los proscritos de Tabarnia.
Pero el Señor Cardenal está eufórico por lo bien que va su diócesis. Su política es fijarse sólo en lo bueno; no importa que sea poco. Y en la fatalidad de lo malo. Si lo malo se debe a la fatalidad y además ocurre en todas partes, y lo manejan con la misma dejadez y autosatisfacción la inmensa mayoría de los obispos, ¿por qué preocuparse? Lo único que queda es administrar la decadencia y la ruina eclesiástica, e intentar intervenir en la política, que es una vocación muy episcopal y sobre todo cardenalicia. Es la querencia natural de la jerarquía. Y entretanto, a tirar de planes pastorales y obispos auxiliares.
Pero la realidad es tozuda: Teruel existe; y Tabarnia también. 

Virtelius Temerarius          
Categorías: Iglesia

Tres jesuitas, dos de ellos catalanes, en el Patronato de Intermon-Oxfam

Mar, 2018/02/13 - 22:00
La ONG Oxfam se ha visto salpicada por un escandaloso caso de orgías de sus dirigentes en la demacrada Haití

P. Jaume Flaquer (izquierda), P. Lluís Magriñá (centro), P. Juan José Tomillo (derecha)
El escándalo por las orgías que perpetraron dirigentes de OXFAM en Haití, ha dado la vuelta al mundo y ha manchado muy gravemente la credibilidad de esta ONG que se supone que está para ayudar al prójimo y no para aprovecharse de él. Duele especialmente que los hechos hayan sucedido en ese país caribeño, uno de los más pobres del mundo, y concretamente en los momentos en que el país acababa de sufrir un devastador terremoto en al año 2011. Los miembros de OXFAM contrataron prostitutas (sexo de pago), entre las que había menores, con el dinero de la propia organización.

La ONG ha pedido disculpas y dice estar depurando responsabilidades, es decir que reconoce completamente los hechos. Podríamos pensar que es un caso aislado y puntual, pero la portavoz de la organización en nuestro país ha afirmado que no descarta que haya casos de escándalos sexuales en España. El caso ha saltado justo unos días antes de que se realizara la tradicional colecta de la ONG católica "Manos Unidas - Campaña contra el hambre", lo que probablemente puede haber perjudicado sus resultados, al haberse creado un clima nada propicio a la labor de las ONG's que trabajan en países del Tercer Mundo.

Intermón fue una ONG muy arraigada en Cataluña, donde tuvo mucho apoyo social, sobre todo teniendo en cuenta que eran los jesuitas quienes impulsaban el proyecto incial y era muy fuerte la presencia de los Hijos de San Ignacio con sus Escuelas y Centros Universitarios (ESADE entre ellos), así como en personas influyentes de la sociedad catalana. Su origen fue el Secretariado de Misiones y Propaganda de la Compañía de Jesús, (fundado en Barcelona el 11 de agosto de 1956) para ayudar a sus misiones de Bolivia, Paraguay y la India. Su carácter inicial era claramente religioso y caritativo.

Pero después del Concilio Vaticano II las cosas empiezan a cambiar en el mundo jesuítico, dirigido por el entonces Prepósito General, el P. Pedro Arrupe. Parece que ya no interesaba llevar la Palabra de Dios a los países de Misión, sino sólo ayudarles en sus necesidades materiales, además de apostar claramente por reivindicaciones sociales que llevaron a muchos de sus miembros a la Teología de la Liberación cuando no a la guerrilla armada.


Tienda de comercio justo de Intermón-Oxfam
El Secretariado ya no obedecía a tal, y se había transformado en una pura ONG, por lo que en 1982 se convierte en "Intermón", que siendo de carácter aconfesional era dirigida por el jesuita P. Lluís Magriñá. En 1997 se llega a la situación actual, cuando Intermón se fusiona con OXFAM, una poderosa ONG internacional, que agrupa 17 Organizaciones y que trabaja en 37 países del mundo. En España mantiene su nombre original asociado a la macro-ONG por lo que se conoce como "Intermón-Oxfam"

En el Patronato de la ONG en España se mantiene la presencia de los jesuitas, concretamente tres miembros de la Compañía figuran en él, se trata de los catalanes P. Jaume Flaquer García y P. Lluís Magriñá Veciana, y el castellano P. Juan José Tomillo González. Es evidente que a ellos no se les puede pedir ningún tipo de responsabilidad directa de lo sucedido en Haití, aunque si que tendrán que estar muy atentos a lo que pasa en esta ONG en España. De momento ya se ha visto salpicada Begoña Gómez, la esposa del máximo dirigente socialista Pedro Sánchez, socia de una empresa que trabaja para Oxfam desde hace 12 años.

Lo que si puede recriminarse a la Compañía de Jesús es el haber abandonado su actividad misionera para dedicarse únicamente a la asistencial. ¿Que pensaría de todo esto el ilustre jesuita San Francisco Javier, patrono de las Misiones, conocido como El apóstol de las Indias?

Antoninus Pius
Categorías: Iglesia

¡Por fin, un obispo reconoce la labor de Mn. Espinar!

Lun, 2018/02/12 - 22:00

El video que encabeza este artículo corresponde a la conferencia que pronunció el pasado día 5 de febrero el cardenal Omella en la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid, en unas jornadas tituladas “Parroquia misionera”. Aparte del interés de la amena charla de nuestro obispo, si pinchan a partir del minuto 44 encontrarán unas curiosas manifestaciones, en las que Omella, sin citar el nombre de la parroquia, “porque todo se encuentra en internet”, ponía el ejemplo como parroquia misionera de una de un barrio pobre e inmigrante, a la que acudió a la celebración de su cincuentenario y se encontró con un párroco que celebraba “ad orientem” y con muchas partes de la misa en latín, pero “que tenía la Iglesia así de llena”. Y añadió “que este sacerdote que es muy pillo”, había puesto cinco bloques de fotografías, de diez años en diez años, en los que se podía ver como sus antecesores celebraban en sus inicios con camisa abierta y sin alba, después solo con alba y finalmente de forma correcta.

A nadie que conozca un poco el paño de la diócesis de Barcelona adivinará, por los datos suministrados por nuestro arzobispo, que nos está hablando de la parroquia de San Juan Bautista del barrio de El Fondo de Santa Coloma de Gramenet y de su párroco, Mn. Francesc Espinar Comas, colaborador de este portal. No creo que se vaya a enfadar el cardenal por dicha revelación, que resulta de fácil acertijo.

Nuestro obispo ya ha acudido en dos ocasiones a la parroquia de El Fondo y ha podido constatar como en aquel auténtico melting pot, en el que se mezclan inmigrantes de otras partes de España de los años 60 y 70 junto con chinos, africanos, sudamericanos o europeos del este venidos a principios del siglo XXI, un hombre solo, un párroco solo, ha conseguido dinamizar la actividad religiosa del barrio y de su parroquia hasta unos extremos difícilmente imaginables, sino se constatan a pie de obra. Porque no se trata únicamente del lleno a rebosar en las misas o del récord de bautizos, comuniones e incluso de confirmaciones, sino que se trata de un cura que es una de las almas del barrio, que se corta el cabello en la peluquería pakistaní, que toma un café en un bar propio del Chinatown, que saluda a cada uno de los vecinos por su nombre e incluso es capaz de decir “hoy no te has pintado Paquita”, a aquella mujer que camina aquel día taciturna y preocupada.

A este cura, del que hace años escribí un artículo titulado “El milagro de El Fondo” ,  lo había descubierto previamente como fenómeno sociológico Luis Benvenuty en La Vanguardia, en un célebre reportaje sobre cómo confesaba a los chinos. Pese a aquel artículo y algún otro, este sacerdote ha seguido reculado en aquel barrio, que viene a ser el suburbio de los suburbios, sin obtener jamás el menor reconocimiento episcopal a su hercúlea labor. Designado en el año 2002 por el cardenal Carles, ya fue acogido con recelo por el clero de Santa Coloma, tan progresista. Sin embargo, su simpatía arrolladora, su “joie de vivre” y la naturaleza incansable que Dios le ha dado, le fue permitiendo que los demás curas le fueran aceptando poco a poco. Pero más bien lo aceptaban “porque es muy trabajador” y siempre podían contar con él. 

Ni el cardenal Carles, que jamás acudió a su parroquia, ni el cardenal Martínez Sistach contaron jamás con él, ni tuvieron el mínimo reconocimiento a un cura que llenaba la iglesia, en tiempos en que se vaciaban los templos. Únicamente el obispo Carrera le dijo un día; “eres insustituible”, pero ese “insustituible” sonaba más a que se iba a momificar en el Fondo.  Omella se ha dado cuenta y lo ha citado (aunque veladamente) en unas jornadas sobre la parroquia misionera. Le ha llamado pillo, porque pillo es, en cuanto no tiene un pelo de tonto. Omella tampoco. Sabe quién cumple, quien evangeliza y quien da fruto. Ha visitado ya casi todas las iglesias barcelonesas. Aquí tiene un cura de relumbrón, que ha empleado la mejor edad de su vida en levantar una parroquia periférica y pobre entre las pobres. Al menos, su actual obispo ha sabido reconocerlo. Algo es algo. 

Oriolt
Categorías: Iglesia

Pablo VI: Tristezas y consolaciones en el 68

Dom, 2018/02/11 - 16:00
\Users\Francesc\Desktop\HUMANAE VITAE.pngEra la fiesta del apóstol Santiago, en su sexto año de pontificado. No había pasado ni siquiera un mes desde su profesión de fe pública aquel 30 de junio, y el Papa regalaba a toda la Iglesia su séptima y última Encíclica sobre la regulación de la natalidad: la “Humanae Vitae”.  Pablo VI recordaba con todas sus fuerzas la prohibición del aborto, de la esterilización y de la contracepción, afirmando que esa doctrina, tantas veces explicitada por el Magisterio, estaba fundada en el nexo indisoluble entre los dos significados del acto conyugal que son unión y procreación, que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por iniciativa propia.
Esta delicada cuestión había sido retirada como tema a tratar por el Concilio por expreso deseo suyo. En esas fechas el Papa dudaba sobre la respuesta que reclamaba esa cuestión, especialmente ante los que le reclamaban el derecho a la contracepción.
\Users\Francesc\Desktop\humanae-vitae-osservatore-romano.jpg
Portada del “Osservatore Romano”
El Papa creó una comisión presidida por el Cardenal Ottaviani, que se escindió en dos, dada la mayoría de miembros a favor de ese supuesto derecho. El Papa decidió disolverla y confiar el dossier a una comisión más restringida y reservada. El peso de ese estudio más profundizado recayó sobre dos teólogos en concreto: el teólogo privado de Papa Montini, Mons. Carlo Colombo y el teólogo jesuita francés Gustave Martelet. También fue consultado el cardenal Wojtyla, autor en 1962 de “Amor y responsabilidad”, su obra sobre el tema. 

El círculo del entorno del Papa estaba dividido. El Cardenal Leo Suenens por ejemplo, creía que la Iglesia no debía pronunciarse a ese respecto y que debía dejar a los católicos decidir en conciencia. Algunos episcopados occidentales proponían que el texto no apareciese como una prohibición absoluta. El Papa dudaba entre su tendencia a aceptar la contracepción y su deber que era prohibirla, para manifestar así la continuidad con el Magisterio de sus antecesores y que había sido observada por millones de familias católicas. Si el papa autorizaba la píldora, sería aclamado como el “liberador de la mujer”.
Mons. Colombo (izq) P. Gustave Martelet (centro) Card. Suenens (derecha)
Montini no dudó en sacrificar su popularidad, y su encíclica fue criticada incluso por obispos de ciertos países. La Secretaría de Estado dirigió una instrucción secreta pidiéndoles que se hicieran eco de las enseñanzas de la “Humanae Vitae”. Una decena de episcopados, sobre todo europeos, se mostraron reservados u hostiles.  El episcopado francés publicó una nota pastoral donde afirmaba que “la contracepción es siempre un desorden, pero que ese desorden no es siempre culpable”. Entre los teólogos, las voces críticas fueron notables. Entre ellos el jesuita P. Karl Rahner y el redentorista P. Bernard Häring, que en 1964 había predicado los Ejercicios Espirituales Cuaresmales ante el Papa. Este último afirmó que la encíclica era el caso típico del ejercicio no colegial de poder docente del Papa. En octubre de 2016 el Papa Francisco en una entrevista para la “Civiltà Cattolica” afirmó que Häring “fue el primero en empezar a buscar una nueva manera de ayudar a la Teología Moral a florecer”. 

Ochenta y siete teólogos americanos capitaneados por el Padre Charles Curran protestaron con un manifiesto. 
P. Karl Rahner (izquierda), P. Bernard Häring (centro), P. Charles Curran (izquierda)
El Papa se apenó profundamente viendo contestado, en el seno de la jerarquía católica, su magisterio pontificio en numerosos países occidentales. En cambio, cuando el episcopado español expresó su adhesión sincera a la Humanae Vitae, el Papa acogió la noticia, en sus propias palabras, “con mucha consolación”. Por ello hizo que la Secretaría de Estado dirigiese una carta de agradecimiento al Presidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Casimiro Morcillo, arzobispo de Madrid-Alcalá.Por el contrario, los países del llamado Tercer Mundo acogieron por lo general muy favorablemente la encíclica. A sus ojos la autorización de la píldora, y con ella la adopción de una política antinatalista para controlar el crecimiento demográfico, era el reflejo de la falta de solidaridad de los países ricos con los más pobres. Cuando el mes siguiente a la aparición de la Encíclica, el Papa viajó a Colombia (22-24 agosto) para el Congreso Eucarístico Internacional de Bogotá y la apertura de la 2ª Conferencia del CELAM en Medellín, se dio cuenta del aprecio con que mayoritariamente el episcopado latino-americano acogió la “Humanae Vitae”.
Don Casimiro Morcillo (izquierda) y  Pablo VI en su visita a Colombia de agosto 1968 (derecha)
Tristezas y consolaciones de un Pontífice cuya talla aparece dimensionada enormemente con el paso del tiempo. Y que en aquel año 1968, con todas las circunstancias que acompañaron a su Encíclica, comenzó a vivir el martirio espiritual y moral que acompañó el último decenio de su pontificado hasta su fallecimiento el 6 de agosto de 1978. 

Curiosamente el mismo día de su muerte, pero en 1993 y 15 años más tarde, el papa Juan Pablo II, aquel que había sido consultado en 1968 por el Papa sobre esta cuestión, publicó la encíclica “Veritatis Splendor” donde corroboraba las enseñanzas de Papa Montini. Tres meses antes, el 11 de mayo de 1993, Papa Wojtyla había aprobado el inicio del proceso diocesano para la beatificación del siervo de Dios. Su legado moral y espiritual permanecerá como uno de los regalos más grandes con que Dios bendijo a su Iglesia en el azaroso siglo XX, no siempre comprendido y respetado. 

El medio siglo transcurrido desde entonces ha servido para darnos una clara perspectiva de lo que tan proféticamente pronosticó Pablo VI. El mundo y buena parte de la Iglesia han podido constatar en todo este tiempo que llevan yendo contra la corriente marcada por la “Humanae Vitae”, que ni la contracepción ni el aborto ni ninguna otra alteración del orden natural y cristiano de la propagación de la vida, buscaban el bien de la mujer. Nada más lejos de la realidad. Hasta el mundo empieza a abrir los ojos a esa evidencia.
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet
Licenciado en Derecho Canónico y en Historia
Categorías: Iglesia

La Glosa Dominical de Gérminans

Vie, 2018/02/09 - 22:00
Catedral de Monreale (Sicilia)
LA PIEDAD DE CRISTO SANA INMEDIATAMENTE
El relato del evangelio de este domingo VI “per annum” muestra una vez más la piedad del Señor hacia el prójimo que sufre. El leproso le suplica y se postra arrodillado y Jesús “apiadándose, extendió la mano y lo tocó”. Es un sencillo gesto de ternura hacia un hombre que, tal como sabemos, obviamente nadie tocaba y al que ni siquiera se acercaban. Aquel contacto físico pudiera parecerle al leproso casi una caricia y sin duda alguna un gesto de cercanía que se expresa de manera perentoria a la demanda de curación. “Lo quiero, queda limpio”. A quien está en la necesidad no se le tiene que hacer perder ni siquiera un momento. La piedad de Cristo cura inmediatamente: “y acto seguido la lepra lo dejó”. 
Con la misma inmediatez le intimó: “No se lo digas a nadie”. Le recomendó llevar la ofrenda al templo por la curación, como si el mérito fuese de otro. ¡Qué gran enseñanza para todos nosotros! Cómo se trasparenta aquí aquel “que no sepa tu derecha lo que hace tu izquierda” que nos es tan difícil de comprender. Aquel desapego de las propias acciones y de los propios méritos que no nos acaba de hacer comprender que somos únicamente siervos inútiles y que el bien que conseguimos hacer es únicamente mérito de Dios, que de nosotros se espera otra cosa, contando con todo aquello que nos ha donado. Preguntémonos cuántas veces se ha apiadado de nosotros y ni siquiera se lo hemos agradecido.
https://lh4.googleusercontent.com/eTowslN8EN6pi2XmkK_zqh7B1RzlnEiRGdJEll2BnN3TqYwzdMYPCkBNpmAA7wYHmU61JNekJK2vSEyteR0TJsteHkqw2mQIeZ9cfp2ICTfriaQk67n-NSq7CnBF6SNL11IOt-zMJt18
El leproso no obró así. A pesar de cuanto se le había ordenado, “apenas salió, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones”. El Señor no va por ahí buscando aplausos, tanto que incluso evitaba entrar en las ciudades. Busca lo escondido, tanto “que se quedaba fuera, en descampado”. No obstante esto, su inmensa piedad hablaba de Él. Esta búsqueda del Señor parece una carrera para encontrarle. Indica el verdadero sentido de la vida. El sentido que sólo Él puede dar y que concede a quien lo busca con sincero corazón. Quien verdaderamente lo encuentra, no puede contener su felicidad y quiere hacer partícipe de ella a los demás. 
En el fragmento de San Lucas que leemos en el domingo de Quincuagésima, el ciego de Jericó grita reiteradamente y sin cesar pidiéndole a Jesús que tenga piedad de él: el Señor pide que se lo traigan delante y comienza con el infortunado un diálogo salvador que le lleva a la sanación y pone en relieve la fe de aquel invidente. Y acto seguido, apostilla el evangelista, le seguía dando gloria a Dios. Idéntica actitud de correspondencia.
\Users\Francesc\Desktop\conversion%20de%20san%20pablo%202.jpg
San Pablo (Pompeo Batoni 1742)
Pocos como San Pablo han comprendido el valor de esta búsqueda de manera que después del “encuentro”, para él vivir es vivir de Cristo. Por esa razón en la epístola de hoy puede afirmar: “seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo”. Entonces la vida se trasforma. Incluso las cosas más usuales y banales adquieren una perspectiva sagrada: “sea que comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios”. Esto es realmente el dar gracias y es lo que el Señor quiere de nosotros. 
El apóstol nos recuerda que Cristo únicamente nos pide una cosa: “no ser motivo de escándalo”. Les recomienda no sólo no escandalizar a los no-creyentes, sean éstos judíos o griegos, sino incluso a aquellos que forman parte de la “Iglesia de Dios”. Hay que ser edificantes respecto a todos. Aunque podemos preguntarnos qué es el escándalo. El apóstol nos da una respuesta, y al menos en este contexto nos recuerda qué es lo que él hace para no escandalizar: no busco “mi propio bien, sino el de ellos, para que todos se salven”. Esto es lo importante. Esa caridad sin límites que no pasa nunca. (I Cor. 13,12- epístola F. extraord.) 

Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet
Categorías: Iglesia

Corrupciones cruzadas

Jue, 2018/02/08 - 22:00
Estamos entreteniendo nuestra vacuidad con la corrupción económica, como si ésa fuese la gran corrupción. Que no, que no, que ése es el chocolate del loro. No son los dineros lo más valioso y cuantioso que nos roban los políticos a los ciudadanos (¡si supieran la gran oportunidad que se ha perdido el partido Ciudadanos de tener doctrina propia!), no es ésa la gran corrupción, sino el saqueo de nuestros derechos y libertades. Entre ellos nada menos que la LIBERTAD DE PENSAMIENTO, que se concreta en lo que la legislación llama libertad de ideas, libertad de religión, libertad de expresión y libertad de prensa.
Los políticos (no sólo aquí sino en todo el mundo) se han atrevido a robarnos el derecho a tener nuestras propias ideas y nuestras propias creencias. En consecuencia han entrado a saco en el santuario del pensamiento y de la religión. El Estado (no sólo el Islámico) tiene su propia ideología de estado, que en la mayoría de los casos presenta la forma de religión de Estado. Y a imagen y semejanza de todos los estados teocráticos que en el mundo son y han sido, dedica todo su poder para imponerles a los súbditos su ideología (sea religiosa o laica). Siempre y en todo caso, se trata de ideología impuesta desde el poder persuasivo (medios) y coactivo (leyes, fuerza armada y enseñanza) del Estado.
Frente al Estado, es decir frente al poder, que se impone siempre coactivamente (nadie puede elegir si paga impuestos ni si cumple las leyes) están las organizaciones sociales dedicadas a la ideología (partidos políticos) y a las creencias (religiones), que no tienen poder coactivo como el Estado, sino tan sólo persuasivo. Es la gran diferencia entre que promueva unas ideas o unas creencias una organización no estatal, y que las promueva el Estado.

¿Y qué pasa cuando una iglesia-religión (Islam por ejemplo) o un partido político (los comunistas de Podemos, p. ej.) toman el poder del Estado? Si nos creyésemos de verdad los derechos humanos y los derechos constitucionales y los aplicásemos, tendría que estarles rigurosamente vedado tanto al uno como al otro, utilizar el Boletín Oficial del Estado para imponer sus ideas a toda la población: porque eso es vulnerar sus derechos y libertades. Pero no ocurre así: tanto los islamistas como los comunistas, feministas e ideólogos de género, tan pronto como tienen en sus manos los instrumentos del poder, imponen sus respectivas ideologías. Y la verdad es que ni los unos ni los otros tienen legitimidad para imponer a los ciudadanos ni su ideología ni su religión mediante el poder coactivo del Estado.
Repito, que esto es de una importancia capital: ni los partidos políticos ni las religiones tienen legitimidad para imponer coactivamente sus ideas y sus formas de organización de la vida sirviéndose del poder del Estado (ésta es la diferencia: sirviéndose del poder del Estado). Porque eso no es administrar el poder, sino convertirse en régimen: totalitario por tanto. En un sistema de gobierno totalitario, el Estado impone sus creencias y sus ideas a los súbditos, mientras que en un Estado libre, la religión y la ideología es cosa de los ciudadanos, pertenece al área de los derechos individuales inalienables. Ésa es la razón por la cual el Estado como tal no puede ni favorecer unas ideologías ni perjudicar a otras, mientras no atenten contra el bien común. Porque si lo hace, engorda elefantiásicamente el poder del Estado a costa de los derechos de los ciudadanos, atropellándolos sin miramientos. ¿No es eso un delito? ¿O acaso deja de serlo porque lo cometan todos, absolutamente todos los políticos?
Ríanse de la corrupción económica (el latrocinio directo más el lastre del erario a causa de la ampliación ad infinitum de las ganaderías y de los respectivos pesebres). Ríanse de esta corrupción, ante la que representa la usurpación de la libertad de pensamiento por parte de esos mismos políticos que con tanta alegría disponen de nuestros recursos y de nuestros votos. Eso es tocar fondo en el sistema de esclavización. Mala es, en efecto, la esclavización económica; pero infinitamente peor es la ideológica, y de consecuencias absolutamente trágicas. En Alemania lo saben muy bien, porque costó mucha sangre; y en España también. Pero es la era y la hora de la tergiversación de la historia: así podrán repetirla impunemente.
Y eso ocurre también cuando las organizaciones religiosas emplean su bagaje ideológico y sus sedes para invadir el poder. Sistemas religiosos e ideológicos que invaden el poder. La historia nos ha dado y nos sigue dando numerosos ejemplos. Y no sólo en los países islámicos. Piénsese en lo que se está haciendo en ciertos lugares: en Cataluña por ejemplo. Cuántos pastores están metidos de hoz y coz en la conquista del poder político (aunque no para imponer, y ni tan siquiera para promocionar o para proteger la fe religiosa que le es propia: ¡valiente paradoja!).  Resulta que para la ley, la Iglesia católica y cualquier otra iglesia es intocable como ámbito ideológico, porque ese ámbito no es del Estado sino de las personas, que tienen derecho a organizarse al efecto con toda libertad.
Por eso es inevitable que nos preguntemos: ¿Acaso no delinquen tan gravemente las iglesias que se dedican a hacer política como los políticos que invaden el ámbito de libertad religiosa e ideológica de los ciudadanos? Estamos ante un fenómeno de corrupciones cruzadas: líderes religiosos que estafan a sus fieles utilizando su estatus y sus instalaciones (templos, locales parroquiales, medios de comunicación, escuelas…) para hacer política; y políticos que utilizan la fuerza del Estado para luchar contra la religión que les cae mal a los gobernantes de turno y para imponer desde el poder del Estado la ideología que les apetece, combatiendo a todas las demás.
Como ejemplo más flagrante de lo primero tenemos la tremenda corrupción de tantos eclesiásticos que al meterse en política justifican plenamente que la política se meta en la Iglesia, con el fin evidente de domesticarla y convertirla en su “iglesia nacional”. Y ahí está la connivencia: son bastantes los clérigos y religiosos que llevan tiempo en su esmero por agradar a los políticos, hasta el extremo de que se atienen al pacto tácito (¡claro, estas consignas no se pueden dar por escrito!) de procurar que su predicación no se salga de lo “políticamente correcto”. Recorte del Evangelio a la brava. El problema más grave es que no se trata de casos aislados, sino de que se ha adoptado en muchísimos lugares esta “prudente” forma de conducta.
Si empleamos como parámetro de esta corrupción los colegios confesionalmente católicos, es inevitable concluir que una amplísima mayoría de ellos están en ese cruce de corrupciones. Ellos dirán que es inevitable la connivencia, a tenor de la pasta que les llega vía conciertos educativos: la política infiltrándose en la religión con sus “obligatorios” programas de ideología de género -y desnaturalizando la fe cristiana hasta extremos lamentables-, y la religión metiéndose en tromba en la política… con lo que, aunque no consiga atenuar la corrupción institucional, cosa ya muy difícil dado su carácter evidentemente sistémico, sí que le prodiga sus bendiciones con entusiasmo y consigue darle a ésta carta de naturaleza. No olvidemos que el Molt Honorable -y corrupto- Jordi Pujol era presentado por algún prelado como cristiano y político ejemplar. Nada extraño en este contexto: es el inevitable efecto colateral de la corrupción (trasvase de religión a política) de aquellos que, de tanto ocuparse de la política, pueden llegar hasta a perder su esencia religiosa.
Eso es lo que tenemos: unos consagrados (al menos en su praxis) tan seducidos por la política, que han alterado su función. A tal extremo llega nuestra debilidad.
Y a pesar de todo deberíamos ser la luz del mundo porque una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo del celemín, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5, 14). Pero esa luz es la de Cristo, la luz de la Verdad que brilla en las tinieblas de un mundo que la rechaza. A lo largo de la historia la oscuridad nunca ha logrado apagar del todo esa luz (cf. Juan 1,5). No lo hagamos nosotros ahora. 

Gerásimo Fillat Bistuer
Categorías: Iglesia

Para ahorcarse, mejor un bonito lazo amarillo

Mié, 2018/02/07 - 22:00
La iglesia catalana finalmente ha decidido ahorcarse. Pero ha querido hacerlo con clase. El progresismo le hubiese inducido a hacerlo con una soga vulgar y corriente. Pero en el independentismo, los progres son unos sobrevenidos, unos que se han subido al carro de cuyo triunfo se sienten más esperanzados. El independentismo de los progres es contra natura: lo suyo nunca ha sido el supremacismo. Y la imagen cuenta mucho. Así que a la hora de ahorcarse, la episcopalia, la clericalla y la monacalia catalanas, volviendo a sus orígenes burgueses, han aparcado la soga y han optado por el nobilísimo lazo amarillo. Mucho más chic. He ahí pues las últimas voluntades de esa iglesia decrépita que como los antiguos nobles venidos a menos, hacen lo que sea por no apearse de su condición y sobre todo de su apariencia.

El problema es grave, porque estas gentes son más puigdemontanos que el mismísimo Puigdemon. Afrontan toda clase de trapicheos, trapisondas y travestismos con tal de no apearse de un tren averiado que no va a llegar a la estación anunciada. Y si algún día llega, no lo verán sus ojos. Son una generación frustrada para el Evangelio y frustrada para la independencia. Eso desquicia a cualquiera. Quizá por eso han elegido el color lívido. Y a su máximo representante luciendo la lividez más arcaica. Dejémoslo ahí.

Los observadores escépticos contemplamos el tablero de juego sin apasionarnos por un bando ni por otro. Vemos con absoluta claridad y transparencia la fugacidad de ambos contrincantes. En el bien entendido de que la pugna no es entre España (muy antigua) y la Cataluña recién inventada, con muy poco que ver con la Cataluña real, y ni siquiera con la Cataluña histórica. La pugna es entre dos bandas (nunca mejor dicho): la que se refugia bajo la bandera de España, y la que se cubre con la bandera de Cataluña, aunque aún no sepa muy bien con cuál de sus nuevos diseños. España sobrevivirá al bochornoso gobierno de Rajoy y de su PP, y Cataluña sobrevivirá a las aventuras suicidas de toda la ralea de independentistas y aficionados. Rajoy y el PP pasarán, a no mucho tardar. Y si el sistema de representación política sigue pudriéndose, no le faltará a la nación en que florecieron y sucumbieron Numancia y Sagunto, un alcalde de Móstoles que vuelva a poner a la nación en pie. Ni a Cataluña le faltará el ceño que la haga recapacitar ante su historia real.

Y en medio, la Iglesia. ¡Menudo castigo! España ha sufrido el martirio del terrorismo, ¡y la Iglesia en medio! ¿En medio? En su concepción, en su gestación y en su gestión. Es vocacional. La Iglesia (recordemos al incalificable Setién) metida en el terrorismo y en el independentismo vasco hasta las cachas. Toda la estructura de poder de la Iglesia al servicio de esa causa. ¡Y se salieron con la suya! Y el resto de la jerarquía española, guardando un “prudente” silencio y procurando no hacer ruido para no molestar. ¿Que el resultado fue la ruina de la Iglesia vasca y la división sangrienta de la sociedad? ¿Qué les va a contar a ellos? Ellos estaban en una gran operación… política y social. Sin nada que ver con el Evangelio: o mejor dicho, frontalmente contra el Evangelio. No pueden remediarlo. Es su condición: como el escorpión con la rana.

Y eso mismo, aunque gracias a Dios sin mártires, está ocurriendo en la Iglesia catalana. Su querencia por el independentismo es patológica. La realidad auténtica es que ellos han ido por delante, como la Iglesia vasca. Y son corresponsables de la división en dos de la sociedad catalana. Ellos están en el diseño. Y lo están de tal manera, que un buen puñado de sacerdotes, monjas y monjes y obispos son incapaces de contenerse y han de manifestarse públicamente (y si puede ser, impúdicamente) en favor de su opción independentista. Los sacerdotes, curas y monjas y obispos de su opción son muchísimos más, pero no tan alocados. A este puñado de camicaces en cambio, les puede la incontinencia. Es superior a ellos.

Y ahí los tenemos organizando veladas de oración presididas por los lazos amarillos, la liturgia amarilleando (es su nuevo color litúrgico) y toda su actividad “sacerdotal” en pos de la causa, que lucen también en sus fachadas y en sus campanarios. Y uno se maravilla de que al jefe de la empresa no le importe que sus subordinados se inclinen tan descaradamente por una opción que no es ni mucho menos la de todos los feligreses.

Las empresas tienen muy claro que sus empleados en la vida privada pueden hacer lo que les apetezca: llevar lazos tan ostentosos como quieran, enbufandarse en amarillo a placer, ponerse una bandera estrellada de turbante o de capa pluvial. Cualquier cosa que les apetezca. Pero no en la empresa de cara al público, porque los clientes no tienen por qué soportar que los empleados hagan ostentación ante ellos de su posicionamiento en un conflicto que levanta pasiones y ampollas. Los empresarios no están para atizar las pasiones de sus clientes. La Iglesia gobernada por Omella, por lo visto sí.

Es que ya está bien la guasa: la Iglesia ocultando y disimulando la cruz y demás signos religiosos en su acción social por no ofender, molestar o incomodar a los destinatarios de su caridad evidentemente de signo cristiano. ¿Ocultando su cristianismo al tiempo que exhibe su independentismo? ¿Pero qué es esa guasa?

¿Y qué hace el jefe de la empresa, es decir el eminentísimo cardenal-arzobispo? ¿Mira por el decoro de la empresa? Pues no, no le importa en absoluto que la Iglesia se arrastre por el fango. A él no le afecta en absoluto que se manche el buen nombre de la Iglesia. Le da lo mismo. ¿Por qué? ¡Él sabrá!

Aunque parece más cierto que no se trata de que le dé lo mismo lo que hagan sus curas con el lazo amarillo. Le encanta que le sientan afín a su causa. Por eso no se da cuenta de que ése es el lazo con que se está ahorcando la iglesia catalana. Con la inestimable ayuda de su ínclito cardenal arzobispo. ¿Por omisión? No, por acción. Porque la ilusión de su vida es que las dos bandas en litigio se pongan de acuerdo para encomendarle el insigne papel de mediador. Ponerse él en medio para que no se enfrenten la corrupción española y la corrupción catalana. Dice que porque no corra la sangre. No, tranquilo, monseñor, que aquí sangre hay poca; y gente dispuesta a arriesgarla, menos. Aquí lo que corre en enorme abundancia es lo que púdicamente llamamos basura. Y ésa sí que puede salpicarle y dejarle apestando. Pero siempre le quedará el final feliz de ahorcarse con un bonito lazo amarillo. 

Virtelius Temerarius
Categorías: Iglesia

Novell humillado en la Fiesta Mayor de Cervera por sus "amigos" nacionalistas

Mar, 2018/02/06 - 22:00
El obispo Novell y el alcalde de Cervera Ramon Royes, cuando la relación era cordial
Este fin de semana se ha celebrado la Fiesta Mayor de Cervera, que lleva el piadoso nombre de "Fiestas del Santísimo Misterio", y que concluyeron este lunes con el tradicional Oratorio de Completas. El protocolo festivo marca un papel relevante para el obispo titular de Solsona, en este caso Xavier Novell, pero este año se acabaron los parabienes con el prelado, como consecuencia de que el Ayuntamiento le declaró el pasado mes de mayo persona "non grata" por el escrito que publicó en la Hoja Dominical del Obispado, en que relacionaba la falta de figura paterna como una posible causa de la homosexualidad. 

Esta era la primera Fiesta Mayor, después de la declaración municipal, y el obispo ha podido comprobar que no se les ha olvidado, y tal como afirma la prensa local, Novell ha sido "castigado" por aquellas afirmaciones y se le ha menospreciado en el protocolo oficial de las Fiestas. De esta manera se ha suprimido el tradicional acto de recepción del prelado por parte del Consistorio, así como la firma del obispo en el libro de honor del Ayuntamiento. También se ha suprimido la tradicional comitiva en que los ediles y acompañantes se dirigían a la colegiata de Santa María para participar del Oratorio.
Momento de la votación en que Royes y otros concejales declaran persona "non grata" a Novell
No se vayan a pensar que el alcalde es de la CUP, de hecho esta formación anti-clerical sólo tiene un edil en el Ayuntamiento. La alcaldía la ostenta la coalición Convergència i Unió, ahora receonvertida mayoritariamente en PDeCAT. El alcalde Ramon Royes forma parte de este partido, aunque ya ha anunciado que no se presentará a las próximas elecciones. Fue él, el que impulsó la iniciativa y lógicamente uno de los votantes de la moción que salió adelante.

Aunque su partido mostró disgusto por la decisión del alcalde Royes, porque ya sabemos que a los hijos políticos de Pujol y Mas no les ha interesado nunca estar a mal con el clero y el episcopado nacionalista, y Novell es sin duda el obispo más nacionalista de Cataluña, la decisión de que el obispo de Solsona sea persona "non grata" en el municipio de Cervera sigue estando vigente.

No voy a ocultar mis pocas simpatías por Novell y no sólo porque no comparta sus ideas políticas independentistas, de las que hace gala de una forma impropia en un pastor de la Iglesia, que siempre debería ser neutral, sino porque creo que es un hombre que aunque tenga un brillante doctorado tiene mucho serrín en la cabeza, porque hace cosas que no tienen cabeza ni pies, venderse a un nacionalismo que quiere retirar a la Iglesia y a él mismo de la circulación, es de inconscientes por no decir de tontos. Al actual obispo de Solsona se le ha dicho muy clarito: "Si defiendes la independencia te aplaudiremos, pero si sacas a relucir la doctrina de la Iglesia, vamos a ir a por ti". Y él tan contento con esa situación.
Novell votando en el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017
Novell se ha caracterizado por declaraciones fuera de tono en favor del proceso secesionista y dejándose fotografiar votando en un referéndum ilegal y delictivo, cuyos impulsores están empezando a dar cuentas a la Justicia. Uno de los últimos  capítulos más vergonzosos es que se fue a la cárcel de Estremera a visitar al ex-vicepresidente golpista Oriol Junqueras, visita que además no sirvió de nada, sólo para perder el el tiempo, ya que no pudo entrevistrse con el encarcelado, porque Novell, por muy obispo que sea, tiene que pedir permiso, como todo hijo de vecino, para visitar un preso, algo que evidentemente no hizo.

Me gustaría saber a cuantos presos de su diócesis ha ido a ver Novell a las cárceles, porque Junqueras, nacido en Barcelona y afincado en Sant Vicenç dels Horts antes de su encierro, no puede considerarse de ninguna manera feligrés suyo. Y ese es el gran drama del clero y obispos nacionalistas, que el tiempo que deberían dedicar al Pueblo de Dios y a la evangelización lo dedican a hacer política partidista, no sólo olvidándose de más de la mitad de sus fieles, sinó que además en vez de enseñar el Evangelio, predican con la palabra y las obras, la desobediencia a la legalidad y el fomento de la división y el enfrentamiento entre hermanos.

Francesco Della Rovere
Categorías: Iglesia