Interesantes

Jue, 1970/01/01 - 00:00
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Bibliotecas para nada.

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Hace 5 horas 26 mins
Hace ya bastante años, cuando me puse a revisar críticamente algunos aspectos del marxismo, hice un estudio sobre una supuesta ley con la que Marx intentaba coronar el edificio de su teoría sobre el capital: la del descenso tendencial de la tasa de ganancia. Llegué a la conclusión de que se trataba de una imposibilidad lógica, por ser contradictoria en sus propios términos, y no precisamente a la manera dialéctica Lo que me maravilló fue que, si yo estaba acertado, entonces sería perfectamente inútil la copiosa bibliografía al respecto, que incluye largas polémicas entre doctrinarios, sesudas consideraciones teóricas sobre las implicaciones de la ley, complejos análisis sobre sus manifestaciones prácticas a lo largo de la historia del capitalismo, etc. “¡Bibliotecas enteras para nada!”, me dije… En fin, espero fervientemente haber acertado (incluyo mi estudio en La sociedad homosexual y otros ensayos, por si alguien tiene interés en rebatirme).

Me venía lo anterior a la cabeza con motivo de un artículo de Santos Juliá en Revista de libros, donde comenta indignado una negativa evaluación de Stanley Payne sobre la actual producción historiográfica española en torno a la república y la guerra civil. A juicio de Payne, la mayor parte de las tesis doctorales y otros estudios españoles resultan “predecible y penosamente estrechos y formulistas, y rara vez se plantean preguntas nuevas e interesantes. Los historiadores profesionales no son, a decir verdad, mucho mejores. Casi siempre evitan suscitar preguntas nuevas y fundamentales sobre el conflicto, bien ignorándolas, bien actuando como si casi todos los grandes temas ya se hubieran resuelto. Esto, por supuesto, está muy lejos de la realidad, ya que la Guerra Civil española seguirá constituyendo durante mucho tiempo un objeto de estudio muy problemático, en la línea de las revoluciones francesa o rusa”.

Juliá responde a este argumento cualitativo, por así decir, con otro meramente cuantitativo. En los últimos años, arguye, se ha publicado un gran número de libros, de los cuales enumera 37, españoles y extranjeros, y la marea no da señales de refluir. A su entender, ello demostraría la buena salud de la historiografía actual sobre la república y la guerra, aunque no explica bien ni mal por qué esa abundancia entraña calidad, salvo por algunas adjetivaciones elogiosas que se supone hemos de compartir por venir de él. Hay, no obstante, una explicación implícita en el hecho de que los libros seleccionados concuerdan con el estilo “políticamente correcto” del propio Juliá. Otros, ni se molesta en mencionarlos el altivo profesor.

Hoy proliferan, desde luego, los libros sobre aquel conflicto, pero una proporción muy elevada de ellos incide en la más simplona propaganda de guerra, resucitada en estos años con singular ímpetu. De muchos, el mero título, a veces estúpido, a veces truculento, exhibe ya su carácter propagandístico: Rojo, el general que humilló a Franco (perdiendo todas las batallas con éste) Maquis, el puño que golpeó al franquismo (y salió destrozado del golpe) Toda España era una cárcel, Los esclavos de Franco, La columna de la muerte y un largo etcétera.

Por supuesto, los hay mejores, pero en mi opinión, Payne tiene razón en lo esencial, e intentaré aclarar por qué. La mayoría de los estudios, incluso muchos con cierto rigor académico, parten de un fatal desenfoque que los echa a perder en gran medida. Buena parte de esos trabajos está enfocada desde la perspectiva marxista de la lucha de clases, según la cual la contienda enfrentó a la república y al fascismo o, más vagamente, a la reacción, que se habría alzado para impedir las reformas democráticas de la primera, tan beneficiosas para el “pueblo” o para la “clase obrera”.

A cualquier historiador reflexivo debería hacerle sospechar el dato de que ese esquema haya sido divulgado masivamente por una propaganda tan democrática como la staliniana, y que lleve a conclusiones tan improbables como que el Kremlin defendió la libertad política interna y externa de España, traicionada en cambio por las auténticas democracias. Y ésta es sólo una incongruencia entre muchas.

Pues, ¿cómo encaja en esa concepción de la república el hecho de que en octubre de 1934 las izquierdas (socialistas, nacionalistas catalanes, comunistas y bastantes anarquistas, apoyados políticamente por los republicanos jacobinos) se alzaran en armas contra un gobierno democrático de centro derecha, salido de las urnas? ¿O que, ante tal ataque, la derecha defendiera la Constitución? ¡Son hechos bien notables, pero inexplicables con el desenfoque dicho! ¿Y cómo explicar que, en cambio, ante la sublevación derechista de julio de 1936, el gobierno de izquierdas no defendiera la Constitución, sino que acabara de arrasarla al repartir las armas a las masas y abrir paso a una revolución en extremo violenta? ¿Cómo interpretar, además, que, entre febrero y julio del 36, el gobierno supuestamente democrático de izquierdas no pusiera coto a los avances revolucionarios y rehusara aplicar la ley a quienes imponían su propia ley desde la calle, como le pedían las derechas? Estos datos clave, y una infinidad más de menor enjundia, no hay modo de integrarlos en la interpretación de Juliá y los suyos.

Peor todavía es llamar democracia al Frente Popular durante la contienda. Quienes así desvirtúan la historia admiten unos primeros meses de “descontrol”, pero, aseguran, el gobierno democrático se recompuso en octubre. ¡Un gobierno dominado por quienes habían asaltado la democracia en 1934, acompañados bien pronto por los ácratas, auténticos verdugos de Azaña en el primer bienio y uno de los peores cánceres de la república! ¿Se volvieron demócratas de pronto todos ellos? ¿Y cómo explicar que entre tales “demócratas” se hiciera hegemónico el PCE, agente directo de Stalin?

Podríamos seguir así largamente, hasta llegar al suceso, igualmente inexplicable en el esquema de Juliá, de que gran parte de la misma izquierda terminase por preferir entrar en guerra civil con sus propios aliados y rendirse sin condiciones a un Franco inclemente, antes que seguir bajo la férula de Negrín y los comunistas.

Quien lea con espíritu crítico percibe fácilmente las continuas incoherencias, omisiones y distorsiones por parte de esa historiografía que quiere pasar por la última y definitiva palabra sobre la guerra civil. Y quien vea la prensa y documentación de la época, o simplemente estudie los diarios de Azaña, entiende cómo esa historiografía lastrada por la propaganda enturbia nuestro conocimiento de la realidad histórica. Y sin embargo multitud de historiadores insiste con asombrosa tenacidad en retorcer inverosímilmente los hechos para encajarlos en sus esquemas

Una vez más, ¡bibliotecas para nada! Aunque no todo se pierde, claro. La mera investigación siempre saca a la luz hechos y datos nuevos y aprovechables, pero el fatal desenfoque los priva de valor. Viene a ser como construir un barco deforme, con los costados desiguales y la proa cuadrada. Aunque los materiales de construcción sean de buena calidad, el engendro navegará muy mal, si es que navega. En cambio sus materiales siempre podrán utilizarse como material de desguace.

(En LD, 24-3-2003)

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aguijonazos

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Jue, 2018/02/22 - 19:45
*Todas las idiotas e histéricas van a la huelga feminista. Verán como la gran mayoría de las mujeres no son idiotas ni histéricas. *Hombres y mujeres solo somos iguales ante la ley, y desde hace mucho. En lo demás, desiguales y complementarios. Los feminostios quieren despojar a las mujeres de su feminidad, y a los hombres d su hombría. *Eso de la brecha salarial es uno de los muchos negocietes de unos-as espabilados para vivir de subvenciones. *¿Han oído a las feministas poner el grito en el cielo por las violaciones y asesinatos de mujeres y niñas cristianas por los islamistas en Oriente Próximo? *Las feministas exigen igualdad en la construcción, las minas, el cuidado de las carreteras, etc.  Hay que reconocer que son muy consecuentes. *Moscú a Londres: “Devuelvan las Malvinas, devuelvan Gibraltar. Así podrán acusar a otros con la conciencia más limpia” *No sé si saben uds que los antimisiles Patriot que desplegaba España en el Campo de Gibraltar los ha trasladado el gobierno lacayo del PP … ¡a Turquía! Para hostigar a Rusia, ¡Salgamos de la OTAN! *Después de perder seis años y una millonada porque Usa se oponía a que el satélite español se lanzase desde Rusia, ahora se envía por fin al espacio. *¿Por qué ningún partido pone en primer plano la permanente violación de España por Inglaterra en Gibraltar? ¿Tanto gusto les da? ¿Es que todos tienen negocios opacos en el peñón? *España no tiene por qué hacer de peón de brega de la OTAN, es decir, de Gibraltar. Rusia no nos ataca, y la OTAN está creando caos y guerras civiles en muchos países *El Congreso pide dejar de ser llamado “de los diputados”. Podría llamársele en adelante “de los putados” o algo así. * Dice Rajoy que en España no hay delitos políticos. ¿Cómo que no? ¿No es un delito sacar a la ETA de la ruina y convertirla en potencia política? ¿No es delito la inmersión lingüística? ¿No es delito la ley de memoria histórica? Nos mandan catervas de delincuentes. *Dicen los del PP que la ETA no logró nada. Aznar y Mayor Oreja la llevaron al borde de la ruina, y de allí la sacaron sus cómplices ZP y Rajoy para convertirla en una potencia política. Añaden al delito la desvergüenza. *Amnistía Internacional es un grupo un tanto estafador. ¿Ha visto ud que critiquen la propuesta de ley del PSOE contra la libertad de opinión, expresión, investigación y cátedra? En cambio dicen que aplicar algo de la ley a unos golpistas atenta contra la libertad de opinión. *¿Por qué fue Franco un verdadero genio? Porque venció durante 40 años, militar y políticamente, a unos enemigos inteligentísimos y talentosos: las izquierdas y los separatismos. http://www.piomoa.es/?p=6799 *La inmersión es ilegal, radicalmente. Y doblemente perjudicial al hacerse en una lengua regional infinitamente menos útil que el español común. Y es que los gobiernos PPSOE y la Generalidad llegan decenios delinquiendo en esta democracia fallida. *La cultura española en el franquismo es bastante superior a la posterior y actual, que es cada vez más un remedo lamentable de la anglosajona. El “páramo cultural” es el de hoy. *Es patético el intento de la monarquía de ocultar su origen en Franco. Se lo recordarán como un deshonor o ilegitimidad, cuando es todo lo contrario. Lo mismo con la democracia *No hay régimen más calumniado que el franquista. Pero reparen en sus calumniadores: separatistas, corruptos, totalitarios, hispanófobos… Qué fue el franquismo, en 15 puntos: http://www.piomoa.es/?p=6799
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La fe como creencia en lo inexistente

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Jue, 2018/02/22 - 10:17
Este sábado en “Una hora con la historia”, la Comisión de la verdad sobre el PSOE tratará el llamado “salvamento de los cuadros del Museo del Prado”, otra “hazaña” socialistas, junto con la destrucción de bibliotecas y obras de arte. Sesión pasada: https://www.youtube.com/watch?v=5KTanH1mvdc&t=4s …, **************** La vieja definición de la fe en el catecismo (“creer lo que no vimos”) apunta en la buena dirección, pero es un tanto tosca. Quiere decir que en la realidad hay aspectos que escapan a lo que vemos (a lo que nuestros sentidos nos indican o descubren). En ese sentido estrecho, la fe es un componente esencial de la actividad humana. De entrada, por lo que se refiere al futuro: tenemos fe en el éxito de una empresa, algo que no podemos ver y que puede resultar completamente falso; pero sin esa fe apenas realizaríamos esfuerzos, lo cual modificaría la propia realidad futura. Es decir, el futuro escapa a nuestras posibilidades de conocimiento, nos podemos hacer una idea de él basada en la experiencia del pasado, siempre insuficiente.    En cambio no decimos tener fe en sucesos que pensamos desgraciados o en fracasos. Más bien eso nos provoca angustia o miedo. Es decir, la fe va íntimamente ligada a la esperanza en algo bueno. Del futuro solo hay algo seguro, que es la muerte. No tenemos fe en la muerte, sino miedo o angustia por ella, una angustia que puede ser sublimada o simplemente apartada de la consciencia, aunque ni una cosa ni otra se consiguen del todo, porque es un suceso demasiado radical en relación con la vida.    Por otra parte hay muchas cosas que no vemos y que no precisan fe, simplemente tenemos un grado considerable de certeza sobre ellas porque otros nos lo han dicho, por comprobaciones indirectas, etc. Dado que nuestra experiencia es muy limitada, la mayoría de nuestras ideas sobre las cosas son lo que llamaba Tocqueville “ideas dogmáticas”, con un grado mayor o menor de incertidumbre, y que tampoco precisan fe. Creo que Chile existe o que la ley de la gravedad actúa de modo general, o que las estrellas están a la distancia que dicen los científicos, sin necesidad de fe, aunque no pueda comprobarlo. Todo esto, incluso el futuro, lo consideramos parte de la realidad, y aunque ello exija cierta dosis de fe, es una dosis por así decir reducida.     La realidad y lo existente son lo mismo. Se pueden definir como todo aquello que está presente u ocurre en el tiempo y el espacio. Sin embargo, cuando hablamos de fe nos referimos generalmente a otra cosa, a la fe en la divinidad. Hay una vieja discusión bizantina en torno a si Dios existe o no. Esto tiene que ver con la realidad: ¿tiene Dios realidad o no? Pero el propio concepto de existencia o de realidad parten de nuestros sentidos y experiencias, son ajenos a la idea de Dios y se precisarían otros conceptos para indicarla, por eso los judíos prohibían hasta nombrarla. La idea de Dios no podemos situarla en esas coordenadas, por lo tanto su objeto, la divinidad, escapa a la realidad, no existe. Para definirlo necesitaríamos otro verbo que el referido a la existencia; por  eso es algo indefinible, salvo por comparaciones imaginativas con lo que existe (“infinito, eterno, omnipotente, etc.)  A partir de ahí podemos pensar al modo llamado panteísta, en realidad ateísta: que el conjunto de la realidad (mundo, cosmos,  universo) se fundamenta en sí mismo, consiste en un conjunto de cambios y evoluciones sin fin ni finalidad. Esta idea está presente en ideas como la de la reencarnación, el eterno retorno, etc. Esto resulta angustioso, pues los cambios no tendrían otro sentido, en definitiva, que el cambio en sí mismo. Pero no solo resulta angustiosa, sino que no puede ser cierta: la ciencia indica que toda realidad, la parcial de los sucesos y la total del cosmos, tiene principio, por tanto ha de tener fin, y por ello no puede sustentarse en sí misma. Razonamos, pues, que debe haber algo externo, una fuerza, llamémosla así, que ha producido el mundo, tal como cada suceso dentro de él es efímero y producido por fuerzas ajenas a él mismo: cada uno de nosotros no existe por sí mismo, no ha venido al mundo por sí mismo, etc: “si el mundo no puede fundamentarse en sí mismo por tener principio y fin, su fundamento debe estar en “algo” ajeno a él”. Esta es una conclusión de aspecto bastante racional    Pero no es lo mismo fin (por tanto principio) que finalidad. Y nos preguntamos necesariamente por la finalidad de todo este inmenso despliegue de fuerzas y sucesos en perpetuo cambio, sucesos y cambios en el entorno y en nuestras propias vidas. Aquí la razón fracasa. Porque la fe, racional al menos hasta cierto punto, va unida, como decíamos a la esperanza: la esperanza en una divinidad buena para nosotros y para el mundo en general. Si el cosmos ha de tener finalidad, la divinidad que lo ha creado debe ser buena para nosotros incluso por encima de nuestra comprensión, inevitablemente limitada. Dicho de otro modo, la divinidad debe dar una finalidad, es decir, un sentido, al mundo y a nuestras propias vidas. Pero dada la combinación inextricable de sucesos que nos parecen buenos y malos, de desdichas y alegrías, no tenemos modo de comprobarlo. La angustia nunca se aplaca del todo. (la felicidad como ausencia de angustia). Aun así, cabe suponer que la angustia tiene varios tratamientos, destructivos o lo contrario. Es otra cuestión.

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La evolución cultural europea expuesta como resultado de la tensión entre razón y fe propia del cristianismo. Tensión implica conflicto, que recorre toda la historia de Europa. La difícil convivencia entre ambas dio lugar a dos rupturas: el protestantismo como rebelión de la fe contra la razón, y la Ilustración como rebelión de la razón contra la fe:

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El moralismo español

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Mié, 2018/02/21 - 17:44
“Una hora con la Historia”. Azaña en la guerra civil, la caída de un mito. https://www.youtube.com/watch?v=5KTanH1mvdc&t=2s

**Este sábado empezaremos con la Comisión de la verdad sobre el PSOE: El “salvamento” de los cuadros del Museo del Prado

*************** José María Pemán, uno de los teorizadores de la dictadura de Primo de Rivera, señalaba como rasgo característico de los españoles una acusada exigencia moral. Esto no sólo lo decía él, pues cita de Keyserling: “En lo ético, España se encuentra a la cabeza de la actual humanidad europea”. Y lo han apreciado otros muchos observadores, como se trasluce en la manera como Brenan analiza el anarquismo hispano (podría sostenerse que el anarquismo arraigó en España ante todo por su moralismo). Es también cierto que en la propaganda de las izquierdas —en menor medida, quizá, de las derechas— la apelación moral  surge con extraordinaria fuerza a cada instante. Como señala Pemán, “en otros países de Europa existe una mayor frialdad para separar lo utilizable de cada persona (su talento, su habilidad), de su fondo moral”; en España, “ni el talento ni la elocuencia, ni el acierto político bastaron nunca, al cabo, para hacer olvidar las claudicaciones éticas”. Aquí, por ejemplo, un tanto fundamental en la apreciación de los líderes políticos era la de su austeridad y limpieza moral (25).

En apariencia esto es buena cosa, si consideramos que el ser humano es ante todo un animal moral, antes que intelectual. Pero ya Ortega señaló cómo la popularidad de algunos políticos y teorizadores republicanos, creo que se refería a Pi y Margall, se asentaba en el prestigio de su personal sobriedad, y no, desde luego, en el fundamento de sus ideas, mediocres cuando no disparatadas. Así como innumerables estupideces ideológicas han colado en todas partes gracias a venir presentadas en un envoltorio de cursilería, en España el envoltorio preferido de la necedad ha sido la pretensión moral.

Ello, insisto, se ha dado de manera preferente en la izquierda, incluso en la comunista, para la cual, al revés que para la anarquista, la ética no pasaba de ser un aspecto accesorio, convencional, una espuma de la sociedad de clases. Pero su propaganda radicaba en la maldad, le bellaquería, la bajeza moral, en definitiva, atribuida al enemigo, más bien que en el análisis de la “explotación” o de las relaciones sociales.

 Podríamos ver ahí una especie de superioridad moral de la izquierda. De hecho, en la mala conciencia y los complejos que muestra habitualmente la derecha se percibe el influjo de esa permanente acusación moral desde la izquierda, ante la que los acusados no han sabido replicar muchas veces, o se han batido a la defensiva. La ideología y política derechistas, coincidían incluso algunos conservadores, sólo expresaban los intereses de los “ricos”, y los ricos, en general, disfrutaban de unos bienes ganados indebidamente, por medio de la explotación y el expolio de los pobres. Las derechas resultan, por definición, ladronas y corruptas, y quienes, no siendo ricos, las apoyan, sólo revelan imbecilidad y abyecto servilismo ante la injusticia, o deseos de participar en el botín.

Pero si esos rasgos podían predicarse de las derechas en todo el mundo, cuando llegábamos a España empeoraban hasta los indecible. Los “ricos” españoles, y quienes les apoyaban (“los militares y los curas”, en cabeza) eran los más miserables, crueles, oscurantistas y chulos de todo el mundo, o por lo menos de toda Europa. Esta concepción arcaica sigue vigente en muchos ámbitos populares, y sus ecos resuenan con fuerza en episodios como la propaganda de Simancas en el reciente rifirrafe por la Comunidad de Madrid. Pero no sólo se “piensa” así en ambientes populares sino también, y aun diría que de preferencia, en los intelectuales. Así sigue siendo la línea hegemónica en la historiografía “profesional” y “académica” sobre la guerra civil, espoleada desde fuera por los Preston, Jackson y compañía.

Por cierto, la conducta de los potentados rara vez es ejemplar, y si no se le pusieran trabas legales tendería en general al abuso; también las observaciones de Cambó sobre la ruindad y ostentación vanidosa de los catalanes adinerados —extensibles al resto de España— tienen una gran parte de verdad. Pero eso no hace menos absurdos los juicios absolutos típicos de la izquierda, ni vuelve virtuosos a quienes los emiten.

Si miramos más de cerca ese moralismo español, enseguida le vemos unas cuantas fallas. Empieza por ser fundamentalmente negativo. Las diatribas feroces contra el enemigo carecen del equilibrio y de los matices que caracterizan un auténtico juicio moral. Los acusadores están predicando de sí mismos, implícitamente y por contraste, virtudes tan excelsas como viles serían los vicios denunciados, pero a menudo eso es secundario. El papel de esas diatribas suele ser más bien el de encubrir un deseo de agresión y una avidez extrema de esos bienes poseídos por otros con supuesta ilegitimidad. Durante la guerra civil, o en tiempos más recientes, pudo comprobarse cómo el comportamiento de aquellos virtuosos denunciadores de la maldad ajena imitaba, precisamente, los peores actos atribuidos —no siempre sin razón pero muchas veces sin ella—, a “los ricos”.

Por otra parte ese moralismo se extiende porque halaga la vanidad de cada individuo de sentirse el juez de los demás, especialmente de quienes, en el plano material o en otros, se encuentran por encima de él. Esta especie de envidia, ya se exprese positivamente como espíritu de superación, o negativamente como impulso destructivo hacia el prójimo más favorecido, o de simple pasividad rencorosa, parece constitucional en el ser humano, y será siempre una fuente de motivación para sus actos. Tengo la impresión de que el moralismo español, sobre todo en la izquierda, ha tendido más bien a despertar actitudes negativas.

No estoy muy seguro de que el impulso ético español sea más fuerte que el de otros pueblos —actualmente parece más bien lo contrario, basta mirar la televisión, por poner un ejemplo—, pero en todo caso sólo tendrá valor si pierde algo de la rudeza y negatividad que lo han acompañado, al menos en el siglo XX y ahora mismo.

(LD, 28-11-2003)

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¿De qué trata la novela “Sonaron gritos y golpes a la puerta”? La opinión de Aquilino Duque, premio nacional de literatura: http://vinamarina.blogspot.com.es/2012/07/una-novela-dantesca.html …pic.twitter.com/LyAYI6k0kY

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Cinco minutos de risa

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Mar, 2018/02/20 - 18:23
Me reprocha alguien que en Adiós a un tiempo, en uno de los relatos, atribuya el juego “cinco minutos de risa” al barrio de Vigo en que vivía. Bueno, en parte tiene razón. En nuestra calle no se jugaba a eso. En otras más próximas al puerto (calle Real y aledaños) sí se jugaba.  La cosa consistía en encerrarse en un portal a oscuras y empezar a tortas indiscriminadamente unos con otros. Claro que cinco minutos eran una eternidad para los niños, y la puerta se abría al cabo de un minuto o así, y la gracia consistía en ver a los que se habían refugiado en algún rincón para que no les alcanzasen las tortas. En fin, perdonen el desliz. Lo que sí había con cierta frecuencia eran “batallas” como las llamábamos ( “pedreas” en otros sitios), en las que los de mi calle (Pilar y travesía de Finisterre) llevábamos siempre las de perder, porque eran calles muy cortas. Entonces no nos  parecían cortas, pero volví a verlas de mayor y me sorprendió lo pequeñas que eran. Pasó lo mismo con el piso en que vivíamos mis padres, cuatro hermanos (al final cinco, dos chicos y tres chicas) una tía y una prima, y por un tiempo otra tía que marchó a Río de Janeiro. Cuando, con veinte años  subí a la casa – estaba en vías de demolición–, me asombré de cómo podíamos caber tantos allí. De pequeño me parecía bastante grande.    Como nuestras dos calles eran muy cortas, éramos pocos niños frente a los que subían de la calle de Núñez y de la Falperra, que no solo eran más, sino más golfos, quizá porque lindaban con calles de putas. Y solían ser mayores, nosotros ente seis y nueve años, mientras que entre ellos había “mangallones” de hasta quince.  A veces nos ayudaban los de Taboada Leal, que era una calle algo más larga y poblada. En aquellas batallas yo recibí unas cuantas pedradas en la cabeza, porque me quedaba de los últimos  antes de emprender la huida. No porque fuera especialmente valiente, sino porque calculaba bastante bien el espacio necesario para escapar sin que me alcanzasen. Claro que las piedras volaban más rápido que las piernas de los perseguidores. La calle del Pilar, hoy tan transformada que no se la imagina uno de entonces, era muy apropiada para las batallas, porque apenas tenía tráfico, ya que un extremo de ella  no comunicaba con otras calles, sino que lindaba con un descampado donde jugábamos también a indios siux contra apaches (los vaqueros dejaron de simpatizarnos desde que alguien nos informó que robaban las tierras a los indios). Bueno, pues eso. Eran otros tiempos.
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SUDSUDAN

«Il 27 gennaio il governo ha annunciato di aver finalmente accettato, al fine di incoraggiare gli aiuti umanitari, di sospendere temporaneamente le tasse a carico delle organizzazioni non governative. Finora per essere autorizzate a operare in territorio sud sudanese le ong internazionali pagavano 3.500 dollari all’anno, quelle locali 500. A ciò si aggiungono i permessi di lavoro per lo staff internazionale che vanno dai 2.000 ai 4.000 dollari per persona» (LaNuovaBussolaQuotidiana, 7 febbraio 2018). E poi dicono di aiutarli a casa loro…

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15 tesis básicas sobre el franquismo

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Lun, 2018/02/19 - 12:07
Como podrán comprobar, las siguientes tesis suponen una revisión en profundidad o reenfoque del régimen anterior, que he detallado en mi libro Los mitos del franquismo Creo que sin esa imprescindible revisión, la democracia continuará involucionando y poniendo en peligro nuevamente la propia existencia de España, como ocurrió con el Frente Popular. Va siendo hora de aclarar la realidad histórica de la que venimos a la gran turba de ilusos de izquierda y separatistas que tanto embuste han tragado, y a los aún más necios derechistas que dicen que hay que olvidarla 1. El franquismo derrotó a un Frente Popular compuesto de totalitarios y separatistas. Sin ser democrático, salvó elementos más fundamentales que un determinado sistema político: la unidad nacional, la cultura cristiana, la libertad personal y la propiedad privada. Esta es una gran deuda que tenemos los españoles con aquel régimen. 2. Al derrotar al Frente Popular, el franquismo evitó que Europa se viese emparedada al este y al oeste por regímenes soviéticos, con el añadido de una Francia izquierdista muy simpatizante de ellos. Esta es una deuda que tienen los europeos con aquel régimen español. 3. El franquismo permitió a España librarse de la II Guerra Mundial, lo que por lo pronto ha significado dos cosas: evitó a los españoles víctimas y destrucciones sin cuento; y ahorró a España la carga moral de las atrocidades cometidas por nazis, soviéticos y también por los aliados anglosajones. 4. En el plano internacional, la no participación de España en aquella contienda benefició estratégicamente y en gran medida  a los Aliados, beneficio que estos pagaron con mil provocaciones y un aislamiento no ya injusto sino criminal, pues intentaba crear en España una hambruna masiva para derribar a un régimen que los españoles se empeñaban en no derribar.  5. Junto con el aislamiento, España tuvo que soportar una guerra de guerrillas comunista, el maquis, que fue vencido al no conseguir apoyo popular. Lo que revela que la reconciliación era ya un hecho para la gran mayoría. Por contraste, en Grecia, otra guerra de guerrillas comunista obligó a Inglaterra a darse por vencida en su apoyo al gobierno griego, siendo relevada por Usa, y solo así lograron vencer a los comunistas. 6. Al terminar la II Guerra Mundial, Europa quedó dividida en una parte occidental bajo tutela de Usa, y otra oriental bajo el poder directo de Moscú. Fue el resultado de la inevitable colaboración de los anglosajones con Stalin para derrotar a Alemania. Por ello Europa Occidental tiene una deuda moral y política con el ejército de Usa, deuda de la que está libre España, gracias al franquismo. 7.- Asimismo, Europa occidental y los aliados tienen una gran deuda con la URSS de Stalin, que corrió con el grueso del esfuerzo y el sacrificio de la guerra. España también está libre de esa deuda, pues derrotó indirectamente a Stalin en España. 8.- En la posguerra, la España de Franco debió reconstruirse en condiciones extremadamente adversas. Y, contra lo que pretenden historiadores propagandistas pero demuestran las estadísticas, consiguió reconstruirse con verdadera brillantez dadas las circunstancias, sin deber nada al Plan Marshall, es decir, sin la deuda económica que, sumada a la moral y política, pesa sobre Europa occidental. Y al mismo tiempo que se reconstruía, derrotaba al maquis, frustraba los peores estragos del aislamiento y finalmente derrotaba también a este en la escena internacional. Nunca desde hacía siglos podían estar los españoles más satisfechos de sí mismos  y confiar tanto en sus propias fuerzas 9. Una vez liberado del aislamiento, y aprovechando la base económica creada en los años 40 y 50, España se convirtió en uno de los países de más rápido crecimiento económico del mundo, reduciendo con rapidez la brecha con los países ricos de Europa. Fue otra victoria de máximo alcance, pues permitiría el paso a una democracia sin convulsiones, hoy puesta en serio peligro por los antifranquistas nostálgicos del Frente Popular.

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10. El franquismo, sin ser democrático, careció de oposición democrática. No hubo un solo demócrata en sus cárceles. La oposición fue siempre totalitaria: comunista y/o terrorista. Fue un régimen que frente a los totalitarismos mantuvo un alto grado de libertad personal, aunque para ello y para preservar la unidad nacional y las bases cristianas de la cultura europea, necesitó restringir –pero no anular–, las libertades políticas de los partidos. 11. A falta de oposición democrática interna, el franquismo debió afrontar siempre la hostilidad de diversas democracias de Europa occidental. De países que no se debían a sí mismas ni su democracia ni su prosperidad, sino a la intervención militar useña y a la ayuda económica posterior.   12. En la lucha contra el expansionismo soviético de la guerra fría,  la España franquista colaboró de manera invalorable no solo permitiendo bases militares useñas – sin perder soberanía– sino, más aún, asegurando en la retaguardia eurooccidental un país estable, fiable, sin las poderosas quintas columnas comunistas existentes en Francia o Italia, y sin convulsiones periódicas de huelgas generales y disturbios graves como los que culminaron en el Mayo francés. Por supuesto, los países de Europa occidental jamás agradecieron tampoco este importante beneficio   13. El franquismo se volvió improrrogable, no por oposición política interna ni por la hostilidad exterior, sino por dos razones muy distintas: a) porque el Concilio Vaticano II vació ideológicamente al régimen que había salvado a la Iglesia del exterminio y se había declarado católico. Dicho vaciamiento pudo haber provocado un derrumbe catastrófico del régimen.  b) Si el derrumbe, con el consiguiente caos, no ocurrió, se debió a que el franquismo había creado una sociedad muy distinta a la de la república, una sociedad próspera, mucho más culta e ilustrada que antes, políticamente moderada y sin los odios que condujeron a la guerra civil, y que por lo tanto ya no precisaba las restricciones políticas anteriores. Ello hizo posible el paso a la democracia de la ley a la ley, por la evolución propia y no por intervenciones militares useñas, como en el resto de Europa occidental. 14. En suma, el franquismo venció todo lo que el Frente Popular significaba por su propia composición política: separatismo, totalitarismo, persecución religiosa, destrucción del patrimonio histórico y artístico del país, anulación de las libertades personales y políticas; rehízo material y moralmente a España en las condiciones más arduas; desafió y venció las agresiones y las peores presiones internacionales; libró al país de las tremendas cargas morales y políticas que contrajeron los demás países de Europa occidental; y ayudó a estos frente al expansionismo soviético, pese a la hostilidad que le manifestaban los propios ayudados; y finalmente dejó un país próspero, reconciliado, libre de los odios que destrozaron la república, apto para una democracia no convulsa. 15. Pese a todos esos logros históricos sin parangón en al menos dos siglos de España, no ha habido régimen más calumniado y sobre el que se han contado tantas mentiras a los españoles. Todo ello a cargo de los nostálgicos del Frente Popular, cuyas señas de identidad son, como lo fueron en la guerra y antes, una enorme corrupción; promoción y financiación de los separatismos; ataque permanente a las libertades políticas y personales con leyes antidemocráticas; cesión ilegal de la independencia y soberanía, antaño a Stalin, hoy a oscuras burocracias exteriores; falsificación sistemática de la historia y recuperación de los viejos odios republicanos. Y hay que añadir  actualmente:  acelerada colonización cultural por el inglés y desplazamiento progresivo del español como lengua de cultura; conversión de las fuerzas armadas en un ejército inmerso en operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en idioma ajeno; conversión de la colonia de Gibraltar en un emporio de negocios opacos, siendo el peñón la única colonia en territorio europeo, que invade nuestro país en un punto estratégico, verdadera violación permanente de España por un país a quien tienen por amigo y aliado tales partidos y políticos…   Urge, evidentemente, una reacción, que debe pasar por restablecer la verdad histórica. Nada hay más peligroso para la cultura, la democracia y la integridad de España que el continuo ataque y falsificación de su historia, que no se limita al franquismo sino que llega a todas sus épocas, para desmoralizar a los españoles con una visión negativa y envilecedora de su pasado y oscurecer su presente y su porvenir. ******************

Es llamativo cómo la figura de Azaña fue convertida en una especie de ídolo o santo laico tanto por la izquierda como por la derecha desde la Transición,  queriendo algunos (Marichal, por ejemplo) elevarlo a la categoría de estadista comparable a Churchill, etc. Sin embargo basta leer con algo de espíritu crítico sus diarios para comprobar cuán arbitraria y errados eran tales supuestos. En “Una hora con la Historia”:  https://www.youtube.com/watch?v=5KTanH1mvdc&t=1s

 

 

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La Cheka historiográfica

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Dom, 2018/02/18 - 12:38
   En Memoria del comunismo, Jiménez Losantos caracteriza “a los Juliá, Preston, Moradiellos, Viñas, Casanova y demás figurones como la Cheka historiográfica” (p. 399). No se me había ocurrido la definición, pero es realmente ajustada. Podrían añadírseles un buen número de “chekistas” más.    ¿Por qué es adecuada esta definición? Al menos por tres razones: en primer lugar por su punto de vista sobre la guerra civil, defendiendo como democrático al Frente Popular,  un régimen directamente criminal formado por izquierdas y separatistas, salido de unas elecciones violentas y fraudulentas, dinamitador de la legalidad republicana, terrorista, que en solo cinco meses hundió la economía y  cuya mayor aportación institucional fueron las chekas, aquellas cárceles de partido, de sindicato y de gobierno en las que fueron torturados, asesinados y robados miles de personas tanto de ideas derechistas como de actos izquierdistas pero rivales. Porque siempre se olvida que aquellas izquierdas y separatistas se asesinaron generosamente entre ellos mismos. Para esos historiadores de trata de peccata minuta ¿Por qué? Porque en lo esencial  comparten las mismas ideas corruptas del Frente Popular .     Esta aberración se percibe igualmente en su actitud ante las leyes de memoria histórica a y b, que son, precisamente, leyes chekistas, en las que los asesinos y torturadores son ensalzados como luchadores por la libertad y la democracia, víctimas del franquismo, cuando si de alguien fueron víctimas fue de sus jefes, que huyeron de España llevándose enormes tesoros y abandonando a sus “luchadores”para que se apañasen como pudiesen con los nacionales. Y como la cheka siempre fue asociada al robo, nuevamente estos peculiares historiadores callan ante la infamia de obligarnos a todos a pagar “indemnizaciones” a los familiares de las “víctimas”,  que, lógicamente, se muestran muy dispuestos a “recordar” y denunciar los crímenes del franquismo, el mayor de ellos haber hecho pagar los suyos a tales “demócratas”. El silencio es a menudo la forma más vil de la complicidad,    Y en tercer lugar por la actitud de estos individuos ante el actual proyecto de silenciar con amenazas de cárcel y multas a cuantos no tragamos su “Himalaya de falsedades”. Pues no es que ellos discrepen de nuestras investigaciones y estudios: saben perfectamente que son mucho más veraces que los suyos. Y saben perfectamente que sus lamentables libros de “historia” son un compendio de embustes, pero los defienden con uñas y dientes porque viven de ellos, viven no en la mentira, sino DE la mentira. Y en consecuencia no pueden aceptar el debate intelectual honrado y abierto: saben bien que quedarían pronto en evidencia. Por consiguiente adoptan la actitud chekista del ninguneo personal, el silencio y ahora la complicidad de hecho con el proyecto de ley contra la libertad de opinión, de expresión, de investigación y de cátedra. Tan “demócratas” como siempre.

   Porque ellos, que tantos años han vivido, subvencionados a menudo por el poder, ansían ahora que el poder despótico, el poder chekista, el poder totalitario, impida cualquier oposición a sus versiones tan cargadas de falsedad como de odio. Y uno tiene que preguntarse cómo es posible que durante décadas hayan monopolizado  prácticamente la enseñanza y los medios de masas. Claro que han disfrutado del dinero y el amparo del poder. Pero mucho más importante y grave ha sido que numerosos historiadores e intelectuales que no comulgaban con tales “historias” hayan sido sido totalmente incapaces, por pura cobardía moral, de hacerles frente en el terreno de las ideas. Y  no es solo que hayan callado o desviado la atención, o aplicado pellizcos de monja como si fuera un asunto menor. Han hecho más,  han sido cómplices, al menos con el eficaz silencio, en la labor chekista de aislar y marginar a cuantos sí hemos afrontado abierta,  clara y documentadamente ”esa constante mentira de la izquierda”, como decía Gregorio Marañón.  Y ahí está lo peor del mal. Ese mal que envilece a la universidad, la academia y en definitiva la cultura española. Pero ahora, ante la nueva ley totalitaria de memoria histórica, todos van a tener que retratarse.

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La conducta de Azaña con el Frente Popular ya antes del 18 de julio revela una mezcla de complicidad con los totalitarios y su terrorismo, y de pérdida de sentido de la realidad https://www.youtube.com/watch?v=5KTanH1mvdc

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Amazon. Recuerdos y algunos poemas: http://amazon.es/Adi%C3%B3s-tiempo-Recuerdos-sueltos-relatos-ebook/dp/B075L82G5B/ …

 Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

Con la Transición se han querido olvidar muchas cosas, entre ellas los movimientos llamados maoístas, muy activos en los años  anteriores. Y sobre todo el hecho realmente crucial de que el franquismo no tuvo oposición democrática sino, principalmente comunista y/o terrorista. En torno a estos partidos  y al PCE de Carrillo pululaba cierto número de simpatizantes o colaboradores que luego han querido pasarse por “demócratas”, y cuya especialidad era pintar al régimen de Franco con los colores más oscuros, que justificaban cualquier acción contra él, incluida la terrorista, aunque, desde luego, ellos se limitaban a parlotear, pasar alguna ayuda y, en la medida de lo posible, prosperar y trepar en el aparato de aquella según ellos, terrorífica dictadura. (la ETA se hizo muy popular entre ellos, así como el Che Guevara, que nunca dejó de ser un practicante del terror).  Otro mito sin el menor fundamento real es la pretensión de que muchos estaban dentro de PCE de Carrillo sin ser comunistas sino solo amantes de la democracia. Carrillo y su PCE eran marxistas-leninistas, y si aparentaban ser más o menos pacíficos se debía exclusivamente al fracaso de su maquis, que fue un movimiento también esencialmente terrorista. El escarmiento le obligó a cambiar de táctica, infiltrándose especialmente en la universidad, un hecho histórico importante porque sus consecuencias duran hasta hoy. Y su tan encomiada “reconciliación nacional” pretendía simplemente que el pueblo se reconciliase con los comunistas para aplastar con más eficacia a quienes les habían vencido    En cuanto a los comunistas mismos, en los años en que tantos desmemoriados dicen haber luchado en el PCE o sus aledaños “por las libertades”, circulaba en España una gran cantidad de literatura marxista y quien entraba en “el partido” sabía de sobra la clase de “libertades” por las que luchaba, por lo demás a la vista de todos en el muro de Berlín. Luchaban por una tiranía de terror de la que, paradójicamente, se esperaba una especie de plena liberación de la humanidad.
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Contra el ataque a la libertad, movilización

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Vie, 2018/02/16 - 07:11
Con todo, parece imposible que una ley así cuaje. Todo el mundo con quien he hablado coincide en que es una monstruosidad. –Si ese “todo el mundo” dice que es una monstruosidad, y se queda ahí, es que está dispuesto a aceptar la monstruosidad. En la degradación a que ha llegado esta democracia fallida, que ha embrutecido a la mayoría de la gente, ello es perfectamente posible. Para empezar, la ley de memoria histórica de Zapatero es lo mismo que la que proponen ahora. La única diferencia es que en aquella la amenaza sobre las libertades quedaba pendiente, como una espada de Damocles, y en esta ya se explicita sin lugar a dudas: quien no piense como la pandilla de matones y delincuentes de la izquierda y los separatistas, puede ser encarcelado o arruinado a multas por orden de cualquier mangante de la política;  y el espacio público será ocupado exclusivamente por esa caterva de rufianes. Es que la ley anterior era una monstruosidad exactamente como esta. Era una ley totalitaria y de apología de los torturadores, ladrones y asesinos de las chekas. ¡Y fue promulgada y cumplida también por el PP! Usted no deja títere con cabeza entre los partidos. El PP se opuso a aquella ley. –Vamos a ver: el PP no se opuso ni se opone. Decir que “hay que mirar al futuro” ante un ataque semejante a la libertad de todos y a la verdad de la historia es colaborar de entrada con los matones, haciendo un paripé para seguir embaucando a los votantes más obtusos o más ilusos. Como se demuestra cuando, ya en el poder y con mayoría absoluta, el PP cumple esa ley de la cheka con  el mismo celo que el PSOE. Pero déjeme seguir con la monstruosidad. Que una ley así haya sido aceptada para discusión en el Congreso ya revela la gentuza que se ha mentido en el Congreso, unos personajes que no son simplemente corruptos en el sentido económico, sino que lo son mucho más en el sentido político, intelectual y moral. Unos supuestos representantes del pueblo, que han llegado ahí engañando desvergonzadamente a la gente, votan leyes contra las libertades más elementales del pueblo. ¿Cómo es posible? Pues así es. Lo hacen con todo descaro ante nuestras narices. Esos cuatro partidos más los separatistas forman desde el punto de vista ideológico un solo partido, un partido zapaterista. A eso hemos llegado. Esta ley los retrata a todos sin el menor lugar a dudas. O España y la democracia se libran de esa chusma, o España y la democracia estarán acabados dentro de no mucho tiempo. Su lenguaje es muy fuerte, muy irrespetuoso, sonará excesivamente radical a mucha gente –Mire usted, cuando estamos ante un ataque de esta envergadura no caben eufemismos ni respetos. En España la derecha,  la gente común de derecha, resulta muy “respetuosa”. En concreto, sienten enorme respeto por los matones. Y cuando se respeta lo que no es respetable se pierde el respeto a lo que sí lo es. Y este es uno de los grandes males que sufrimos. Porque ya el franquismo, aunque excelente en muchos aspectos prácticos,  era muy débil intelectualmente, y la derecha posterior lo es más aún. Como es muy inculta e ignora la historia, empieza por considerar “con respeto” el vocerío y la demagogia de izquierda y separatistas, es incapaz de aclarar sus sofismas y enredos intelectuales, y termina por aceptar en gran parte sus ideas. ¿Qué habría que hacer, en su opinión?^ –Partamos de la realidad. Esa ley puede ser aprobada lo mismo que la anterior, porque viene impulsada por un partido que sigue siendo muy fuerte y que se está radicalizando en un sentido bolivariano, porque será apoyada por los comunistoides de Podemos, y muy probablemente también por Ciudadanos. Y, por supuesto, por los separatistas. Y el PP no se va a oponer, no ha dicho ni una palabra porque ni la democracia, ni la verdad ni España le importan un pepino, como ha demostrado de sobra. Se harán los locos, como con la ley de Zapatero.  Hay además otra cuestión: esa ley explota el antifranquismo cultivado por todos los partidos y por el PP de forma especialmente eficaz, por hipócrita, para atacar la libertad de todos. Ya es significativo que para atacar el franquismo tengan que demoler los principios más elementales de la democracia. Porque no viven en la mentira sino DE la mentira. En otras palabras, el antifranquismo viene siendo el cáncer de la democracia, la coartada o el pretexto para reducir la democracia a una caricatura.    Muy bien, pero ¿qué hay que hacer? Pues mire usted: la respuesta la tiene  con el golpe separatista, que ha movilizado espontáneamente a millones de españoles que parecían totalmente adormecidos por la demagogia de la chusma política. La movilización de la gente puede y debe dar al traste con esta ley, y de paso con los partidos que la defienden. Solo si hay una movilización esos partidos pueden dar marcha atrás, desacreditándose de paso. Y la movilización debe pasar de la pura espontaneidad a la organización. Si hubiera un partido realmente alternativo cogería la oportunidad, como Ciudadanos ha cogido de manera oportunista la oportunidad del golpe separatista. Me gustaría creer que VOX podría cumplir ese papel, pero lo veo con muy pocos ánimos, muy poca capacidad política. Por consiguiente, la movilización debe partir de nosotros mismos, de los ciudadanos de a pie que vemos con claridad lo que pasa. Es preciso ganar la opinión pública y la calle. El descontento está muy extendido en la sociedad, pero es difuso, desorganizado y sin claridad de objetivos. Difundamos el manifiesto masivamente, preparemos acciones en la calle que obliguen a los degenerados medios de masas a mencionarlos. En fin, esto debe ser el comienzo de un movimiento de resistencia que sea también de regeneración con el lema MÁS ESPAÑA Y MÁS DEMOCRACIA

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Manifiesto

“No se puede imponer por ley un único relato de la historia. No se debe borrar por ley  la cultura e historia de un pueblo, por razones ideológicas. El “historicidio” viene perpetrándose en España, con total impunidad, desde 2007. Ninguna razón moral, ni derecho subyacente, puede primar sobre la analítica verdad de los hechos, en las circunstancias en que se produjeron. Ninguna ley variará los hechos de la historia. La verdad interpretada de unos hechos, cualquiera que sea, no puede ceder a ninguna interesada propaganda política. Resulta del más puro estilo totalitario legislar sobre la historia o contra la historia.  La nueva ley de memoria histórica propuesta por el PSOE, consecuencia y empeoramiento de la anterior, pretende ilegalizar cualquier  asociación o fundación que sostenga puntos de vista contrarios a los de ese y otros partidos sobre la historia reciente de España. Y amenaza con penas de cárcel y elevadas multas a quienes sostengan opiniones o estudios favorables a la figura de Franco y a su régimen. Intenta asimismo expropiar, destruir o transformar el patrimonio histórico y artístico procedente de aquel régimen.      Esta proposición ataca directamente los fundamentos de la Constitución y los valores superiores que su ordenamiento jurídico consagra: la libertad (de opinión, expresión, investigación y cátedra); la justicia (sólo atribuible a jueces y tribunales);  la igualdad (que impide la discriminación ideológica, de sexo, raza, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social);  el pluralismo político (ejercido como actividad libre dentro del respeto a la constitución).    El proyecto de ley viola  asimismo el artículo 19  del Pacto de Naciones Unidas sobre derechos cívicos y políticos, suscrito por España, que en su apartado 49 especifica: “Las leyes que penalizan la expresión de opiniones sobre hechos históricos son incompatibles con las obligaciones que el Pacto impone a los Estados partes en lo tocante al respeto de las libertades de opinión y expresión. El Pacto no autoriza las prohibiciones penales de la expresión de opiniones erróneas o interpretaciones incorrectas de acontecimientos pasados”.  Se trata por tanto de un proyecto radicalmente antidemocrático, por cuanto pretende decidir desde el poder la realidad de la historia. Esto solo ocurre en regímenes totalitarios tipo Cuba, Corea del Norte, Venezuela y similares, hacia los que no estamos dispuestos a transitar.   El proyecto vulnera asimismo la verdad documentada de la historia, como demuestra el mero hecho de que su versión quiera imponerse por la fuerza y la violencia del estado, al ser incapaz de sostenerse en un debate e investigación libres e  independientes. Sus argucias invocando la dignidad de las víctimas o equiparando el franquismo al nazismo y similares son solo el envoltorio sentimental y falso de una ofensiva contra la libertad de los españoles, contra la democracia y la verdad histórica. E incita además al odio contra cuantos no compartan la opinión del PSOE sobre estas cuestiones.      Es obvio que un proyecto de ley semejante no puede provenir de un partido democrático. La historia del PSOE no es democrática. Muchos esperaban que después de la transición ese partido hubiera cambiado su trayectoria anterior, pero comprobamos que  muchas tendencias  antiguas siguen en él peligrosamente arraigadas. Además es bien sabido que ese partido no hizo prácticamente oposición al régimen franquista, en el que medraron muchos de sus líderes posteriores, lo que hace especialmente grotesca su pretensión de derrotar a aquel régimen cuarenta años después de su desaparición.  Y que su virulento antifranquismo actual le exija atacar la libertad de los españoles y la democracia.     Esta propuesta debe ser rechazada radicalmente por toda la sociedad, pues España no puede permitirse una involución hacia regímenes del tipo implícito en ella.

 

 

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VOX

«Un uomo armato irrompe durante la Messa di Natale al grido di “Allah akbar!”. L’uomo, poi ovviamente descritto come squilibrato (ormai un ‘must’), era armato di cesoie ed è stato bloccato prima che potesse ferire i fedeli. Ha fatto irruzione nella chiesa Notre-Dame-de-la-Garde a Marsiglia armato di un paio di grosse forbici da pota, al grido “Allah Akbar!”. E’ stato fermato da alcuni agenti di polizia. Anche questo Natale, infatti, pattuglie di militari e agenti sono schierati davanti e dentro le chiese e le sinagoghe in Francia. In molti casi controllano le borse di chi entra all’ingresso. Perché ormai, nella società multietnica con annesso ius soli, si va alla messa con la scorta» (dal sito «Vox»).

►►► Le ultime novità in libreria di Rino Cammilleri.

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La debilidad intelectual del franquismo

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Jue, 2018/02/15 - 12:38
En su libro Memoria del comunismo, de Jiménez Losantos se toca de pasada, porque tampoco es su  tema central, la actitud del franquismo ante el libro de El Campesino  sobre su experiencia en el GULAG  y otras peripecias:  Si la derecha no entendió bien la naturaleza del comunismo antes de la guerra, once años después de terminada seguía sin enterarse ¡Bastantes checas hemos tenido en España –se lee entre líneas como para que nos cuentes tú, precisamente tú, cómo son las de Rusia! Y sin embargo debió pasarse de lo particular a lo general. La consecuencia de no hacerlo fue, que, como vimos a propósito de Paracuellos y Fernández de la Mora, la guerra se convirtió en una peripecia familiar, sin alcance ideológico”.    Ni la derecha, ni tampoco los republicanos de izquierda, como Azaña, tenían más que una idea muy vaga sobre el marxismo, que generalmente no iba más allá de lo anecdótico y personal. Y la cosa sigue más o menos parecida. El franquismo ha sido singularmente inepto en el terreno intelectual, como en el estético –excluyendo alguna obra tan realmente extraordinaria como el Valle de los Caídos– Y es una lástima, porque aquel régimen fue en casi todos los demás aspectos realmente espléndido, libre, además de la tremenda carga de la deuda moral, política y económica, del resto de Europa occidental hacia Usa. Ortega y Gasset hizo una observación general muy acertada al volver a España desde el exilio: “Mientras los demás pueblos se hallan enfermos el nuestro, lleno sin duda de defectos y pésimos hábitos, da la casualidad de que ha salido de esta turbia y turbulenta época con una sorprendente, casi indecente salud. Hoy no se podría decir lo mismo Pero empecemos por aclarar que eso no tiene nada que ver con el cuento del “páramo cultural del franquismo”, inventado y explotado a fondo por los parameros del posfranquismo, fueran los comunistas o los venenosos cantamañanas de El País. El hecho es que en la cultura, como en la economía, el franquismo fue notablemente liberal, de modo que el grueso de la cultura producida en su época fue más bien a-franquista, es decir, ni franquista ni lo contrario.    Para entender el franquismo hay que empezar por señalar que, contra lo que se dice habitualmente, no fue un régimen de partido único. Dentro de él había al menos cuatro tendencias, cada una de ellas con un sector minoritario antifranquista: carlistas, falangistas, monárquicos y católicos episcopales, por definirlos de algún modo.  Se las llamaba “familias” por no llamarlas partidos, pero todas tenían bastante de partido: órganos de expresión propios, organizaciones propias, incluso juveniles u obreras al margen del Sindicato Vertical. Lo único que tenían en común era el catolicismo, y el régimen se definió como tal. Ya sabemos que esto terminó siendo su suicidio, por mucho que las corrientes digamos menendezpelayistas siguieron y siguen empeñadas en identificar España con el catolicismo.     Pues bien, las dos “familias” intelectualmente más inquietas y robustas fueron la falangista y la episcopal (la carlista simplemente seguía aferrada a ideas “tradicionales” (una parte evolucionó hacia el trostkismo) y los monárquicos siempre fueron muy “pragmáticos” a un nivel muy mediocre. Desde muy pronto hubo una fuerte tensión entre falangistas y episcopales, en la que solieron ganar los segundos, aunque Franco procuró cierto equilibrio.   Y precisamente entre ellas se dio la interesante polémica en torno a Ortega y otras cuestiones, a las que ha dedicado un estudio A. Martín Puerta. Polémica  que podríamos definir como “orteguistas” (falangistas, más Julián Marías) contra menendezpelayistas (episcopales, realmente Opus y jesuitas). La posición  de los primeros era intelectualmente más abierta, y la de los segundos más dogmática, reducida finalmente a demostrar que Ortega no solo no era católico, sino que era anticatólico, lo que en parte era cierto; y por tanto antiespañol o ajeno a España. La polémica, aunque muy interesante, no salió de ciertos carriles estrechos, llegó a un callejón sin salida con el Vaticano II, y se extinguió  sin dejar un rastro muy preciso.  Hace poco comentaba en el blog: “Dos buenos motivos de reflexión: la jerarquía católica española, después de las durísimas pruebas de la guerra y de los privilegios que recibió en el franquismo, debía tener un peso moral e intelectual muy elevado en el conjunto de la Iglesia. Pero llegó el Vaticano II y demostró que su peso era mínimo. Y el diálogo (evidentemente intelectual) con los marxistas, salido del Vaticano II: muchísimos católicos se hicieron marxistas o marxistoides. Prácticamente ningún marxista de hizo católico. Esto debiera dar qué pensar, pero no da que pensar nada en el presente páramo cultural”. Debe reconocerse que aquel concilio fue el intento de salir de una crisis creciente y “aggiornarse”, como se decía.  Que la crisis se profundizase desde entonces es otra cuestión. La Iglesia en España pasó a colaborar o admitir la colaboración con separatistas, terroristas y comunistas, pensando que el futuro les pertenecía y había que adaptarse. El sector menos influyente que trató de guardar las esencias demostró el mismo vigor intelectual que la representación española en el Vaticano II, es decir, muy poco: creía que la solución era mantenerse en lo  anterior.    En cuanto a los falangistas, su evolución no resultó menos patética: dejando aparte a alguna minoría aferrada a los viejos dogmas, esa familia resultó un venero de anarquistas, comunistas, socialdemócratas, liberales y finalmente su Movimiento sirvió de base para organizar una transición que trató de olvidar muy pronto de dónde procedía.     Todo  esto, en particular las derivas eclesiásticas, resulta penoso, porque las  ideologías que han venido sustituyendo la religión tradicional están abocando a España, y no solo a España, a un callejón sin salida. Creo que el franquismo debería ser reestudiado y reenfocado de otro modo, porque en él es muy posible que se encuentren elemento utilizables ante la crisis de hoy.

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En esto no se le pueden poner pegas: ha cumplido: la deuda pública sobrepasa ya al PIBpic.twitter.com/Sr7qmEFgDl

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Ante un ataque frontal a la democracia y a España

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Mié, 2018/02/14 - 11:18
Usted ha sido el primero en denunciar públicamente una ley que considera totalitaria, o bolivariana. –No sé si he sido el primero, pero desde luego uno de los primeros. Y eso me alarma, como me alarma el hecho de que hasta ahora las reacciones hayan sido mínimas. Hay muchos idiotas, sí auténticos idiotas listillos que dicen que no vale la pena hacer nada, porque ese proyecto de ley no se aprobará y no va a ninguna parte, que es solo demagogia para quitar votos a Podemos, y cosas por el estilo. Esos memos son peores que los que defienden todo lo que está contenido en esa ley, porque desarman de antemano cualquier reacción. Es un proyecto de ley contra la libertad de todos y por imponer desde el poder la falsedad histórica institucionalizada. Pero usted admitirá que, efectivamente, puede haber algo de verdad en lo de que el PSOE está perdiendo votos a favor de Podemos y que esto es una maniobra para recobrarlos. –No me importa absolutamente nada si es una maniobra o si son cien maniobras. Lo que importa es el contenido de la ley, y eso está clarísimo. Esta ley no es más que la conclusión  lógica de la anterior,  que ya  por sí era  totalitaria deslegitima la transición y la monarquía y trataba de imponer desde el poder una versión de la  historia y convertir a los asesinos de las chekas en luchadores por la libertad víctimas del franquismo. Pues aquella ley miserable pasó, fue aprobada por un Congreso igual de miserable. Y todo el mundo hace como que no se da cuenta, y el PP la aplica a conciencia con el cuento de que las leyes hay que cumplirlas. Una ley tiránica, despótica y falsaria, que atenta contra la democracia,  debe aplicarse, dicen esos tiparracos…  Cuando han visto cómo la izquierda se ha opuesto con eficacia a sus leyes como la de enseñanza… Ahora está ese partido metido hasta el cuello en la corrupción, y Granados está destapando parte del chanchullo institucionalizado. ¿Cómo responden los del PP? Acusando a Granados, textualmente: “cínico, mentiroso,  presunto corrupto y cobarde como una rata”. He comentado  en tuíter: “vaya, parece un retrato robot del político medio del PP”. Habría que añadir, “y frívolo y chulo”.

 

¿No está usted exagerando? Se vienen diciendo muchas cosas apocalípticas desde hace años, y el país sigue más o menos igual, y hay libertades, etc. –Mire, desde el principio de la Transición, desde Suárez, los gobiernos y los partidos vienen infringiendo la Constitución y con la llegada del PSOE llegó la corrupción a lo grande. Esto es muy grave, pues la convivencia pacífica y libre en cualquier sociedad, en la que siempre hay intereses, sentimientos  e ideas contrarias,  se basa en el cumplimiento de la ley, una ley, claro, que respete los principios de libertad, etc. Y es muy grave vulnerar la ley como se ha hecho sistemáticamente, solo tiene que pensar en Cataluña y Vascongadas, y por tanto en el conjunto de España, porque un gobierno que permite a los separatistas, decenio tras decenio, hacer lo que hacen y encima financiarlo, ese gobierno es cómplice e igual de delincuente. La experiencia histórica demuestra lo peligroso que es eso, porque la guerra civil  llegó, en definitiva por la destrucción de la ley republicana por los mismos que con todo descaro y falsedad se presentan como “el bando republicano”. Pero en España la historia no sirve de nada, o es ignorada o es falseada.  Pero, le insisto, aquí estamos muy lejos de una guerra civil, pese a las denuncias que usted hace, y que muchos podrían considerar histéricas, –Es cierto, estamos aún lejos de ello, y es muy improbable que lleguemos hasta ahí. Pero lo  improbable no es imposible y la historia está llena de cosas improbables que sin embargo ocurrieron. No hay que ser frívolos con estas cosas. En cualquier caso debemos preguntarnos por qué, a pesar de la crispación y el odio que separatistas e izquierdas vienen fomentando y convirtiendo en un auténtico negocio, no parece creíble un enfrentamiento violento dentro de la sociedad. Cómo es posible que con unos políticos tan extremadamente ruines como los que tenemos, la sociedad marche medianamente bien. Pues es posible porque el franquismo dejó un país libre de los odios que acabaron con  la república. Se habla mucho de la prosperidad legada por el franquismo, pero aún más importante es la reconciliación de la gran mayoría, que por cierto ya se alcanzó en los años 40, gracias a que nadie en sus cabales quería repetir la experiencia del Frente Popular.  Gracias a esa herencia es muy difícil hoy llegar a aquella explosión de odios que acabó en guerra civil. Pero las cosas van a peor, y el proyecto de ley de que hablamos es un paso muy fuerte en la misma dirección del Frente Popular, es la liquidación de las más elementales libertades  políticas. Y, por cierto, algo así se está aplicando ya en Andalucía, con el silencio cómplice del PP, Ciudadanos, etc. La llaman “memoria democrática”, para más injuria.

Hay gente que dice que nunca firmaría un manifiesto propuesto por usted –Pues que no lo firmen, otros muchos sí lo harán.  Y que hagan otro manifiesto, si quieren,  que no tendrá más remedio que decir las mismas cosas que yo. Pero esa excusa es claramente un pretexto para no hacer nada en la mayoría de los casos. Porque lo más grave no es el proyecto de ley, propio de unos gangsters políticos. Lo más grave es que haya sido admitido para discutirse en las Cortes, y que no haya suscitado la menor reacción  en mucha gente, políticos, periodistas, historiadores o escritores que crean opinión pública y a los que se supone cierta sensibilidad democrática. Pero el hecho real, y de ahí el peligro, es que la sensibilidad democrática de la gran mayoría de intelectuales, periodistas y políticos es tan inexistente como su respeto por la historia. Y así estamos, dando vueltas a la noria sin que la experiencia del pasado sirva de nada. Y de ahí resulta una democracia fallida, que es preciso reconducir o si lo prefiere, regenerar. Algo que se viene proponiendo desde la derrota de Felipe González, pero que no se hace.  Ahora necesitamos reaccionar ante esta ley, y eso puede ser parte de una regeneración.

 

 

 

 

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Las revoluciones imaginarias

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Mar, 2018/02/13 - 15:26

Las revoluciones imaginarias.  Los cambios políticos en la España contemporánea

José Miguel Ortí Bordás, ediciones Encuentro

**************** En contra de lo que en ocasiones  equivocadamente se ha manifestado, el fenómeno revolucionario es un fenómeno rigurosamente impredecible. Nadie es capaz de adivinarlo, de anticiparlo o de pronosticarlo. Por muchos y muy fuertes que sean los síntomas que al respecto aparezcan en la etapa prerrevolucionaria  (…) Dicho de otro modo, la revolución no se anuncia: prorrumpe, simplemente.    Por otra parte, nadie ni nada es capaz de controlar realmente el proceso revolucionario una vez que este se ha puesto en marcha. Pese a no ser lineal y pese a mostrarse las más de las veces como caótica e incongruente en su desarrollo, la revolución tiene su particular dinámica interna e impone a todos su propio interés y su propia voluntad. Se desencadena por sí misma y en la forma que ella misma dispone, con independencia la mayoría de las veces de la intención, de los deseos y de los proyectos de los movimientos revolucionarios y de sus dirigentes, por muy preparados que estos estén, por perfilada que sea su estrategia y por abundantes que sean sus conocimientos teóricos (…)  Hay que señalar, además, que las revoluciones clásicas afectaron todas ellas al régimen de propiedad. Tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos, tanto en Francia como en Rusia, se procedió rápidamente a una más o menos amplia confiscación de la tierra, de la que, como es de presumir, se derivaron sustanciales ventajas patrimoniales para los revolucionarios, como Crane Brinton afirma”.      En la mayoría de los casos se observa también que el triunfo de la revolución conlleva  no solo un mayor sino también un mucho más intenso grado de centralización en la organización territorial del Estado”.    Con estos rasgos   no es de extrañar que el autor señale que no se ha producido ninguna revolución real en España en los siglos XIX y XX, a cuyo efecto examina las llamadas revoluciones de 1820 y  1868. La primera solo lo fue en la medida en que garantizó el hundimiento de casi todo el Imperio español, pero, como observa Ortí, los “revolucionarios” no solo respetaron al rey, sino que declararon su intención de ser lo menos revolucionarios y lo más respetuosos posible con el orden establecido. El golpe de Riego dio lugar a un trienio un tanto demencial terminado con una vuelta al orden por imposición de un ejército extranjero, que en esta ocasión no vieron como enemigo la mayoría de los españoles.  La de 1868 sí considera Ortí, acertadamente, que fue una revolución política, si bien fracasada por su deficiencia social. Muy ligada a la figura de Prim, el asesinato de este la terminó, despeñándose poco después por la I República, aún más demencial que el trienio.    Quizá habría que decir que, por lo común, los revolucionarios  estaban enfermos de retórica y solo tenían “clara” una cosa: la eliminación de la Iglesia de la política y, en lo posible, de la sociedad española, tal como había ocurrido con la revolución francesa –aunque no en Inglaterra con la anglicana–. Una revolución a un tiempo culminada y abortada en la I República.      Como hilo conductor de su ensayo, Ortí Bordás recoge la definición de Ortega sobre España como un país no revolucionario,  como queda expuesto, tardígrado (es decir, de movimiento políticos muy lentos),  y constitutivamente gubernamental.   El carácter tardígrado queda descrito así: Es un pueblo que no reacciona con prontitud o no reacciona en absoluto ante las incitaciones. Las invitaciones que objetivamente le hace la historia para cambiar no las atiende con la presteza debida (…) Carece de capacidad de movilización. No reaccionó ante la incitación política que, a principios del XIX, supuso la pérdida de legitimidad de ejercicio de la monarquía, si tan siquiera hizo frente a la enorme e irrepetible conmoción histórica que objetivamente representó la emancipación de América. No reaccionó políticamente ante el desastre del 98 ni frente al expediente dictatorial al que la Primera Restauración recurrió en los años veinte del pasado siglo. No reaccionó tampoco ante el estímulo que constituyó la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, ni tan siquiera frente al declive tanto físico como político del general Franco y, con él, del franquismo.     Creo que todo esto es muy discutible. Cada país tiene su ritmo histórico. Si lo comparamos con el francés, este ha sido mucho más “reactivo”, aunque no siempre. Una reactividad poco envidiable si tenemos en cuenta cosas como la tremenda brutalidad de la Revolución francesa y de las guerras napoleónicas que siguieron. Precisamente la invasión del “reactivo” pueblo francés dejó a España agotada, casi en ruinas, con inminente pérdida del imperio y dividida internamente con propensión a guerras civiles y pronunciamientos. Su derrota frente a Prusia en 1870 dio lugar a una poco estimable y sangrienta revolución de la Comuna, y a un sistema republicano un tanto  despótico y posteriormente a la I Guerra Mundial, de la que España se libró, por suerte. Francia construyó su imperio en el siglo XIX y lo perdió en el XX sin ninguna reacción especial salvo el golpe de De Gaulle. Y en el siglo XX volvió a ser vencida con increíble facilidad por Alemania, de nuevo sin reacción especial, pues debió su liberación al ejército useño fundamentalmente. Quizá pueda decirse que Francia o Alemania han sido mucho más “reactivos” que España, pero no estoy seguro de que esas reacciones sean muy deseables. Gracias a la tardigradez, que decía Ortega, España pudo reponerse de las convulsiones republicanas y vivir los cuarenta  años más fructíferos de su historia en al menos dos siglos.     Característica del pueblo español sería asimismo la tradicional pasividad antes, en medio  e incluso después de cada cambio político (…) El protagonismo de los cambios políticos corresponde inalterablemente a reducidas minorías, instaladas, por si fuera poco y en no pocas ocasiones, en el Poder  que se altera o modifica o en sus proximidades y aledaños.  El diagnóstico es, como antes, muy cierto,  aunque tengo la impresión de que  ocurre lo mismo en todos los países, por más que “el pueblo” se mueva ocasionalmente como comparsa. Porque además nunca es el pueblo, sino una parte muy pequeña de él, que llena de gente un par de plazas y calles de la capital del país, como llenó la Puerta del Sol al llegar la II República. La pasividad popular puede ser una ventaja en ocasiones de efervescencia demagógica, como ya observaba Julián Marías de la agitación política de los años 60 entre tantos jóvenes y estudiantes de Europa occidental y Usa.      Cita Ortí de Ortega: “Este es el secreto hondo y por demás interesante de los destinos españoles: somos un pueblo sustancialmente gubernamental”, pues, explica el autor, “ No nos limitamos a respetar el principio de autoridad, acatar el Poder y obedecer al Gobierno. Ni tan siquiera nos circunscribimos a mostrarnos comprensivos con él y sus decisiones. Nos inclinamos ante el Poder y nos sometemos al Gobierno, cualquiera que este sea y por el solo hecho de serlo (…) Nos comportamos como sujetos pasivos del Poder. Esto parece algo excesivo: no hay más que recordar las enormes movilizaciones aún recientes por el Prestige, la guerra de Irak, las complicidades con la ETA… Podríamos decir que las movilizaciones se producen solo contra gobiernos de izquierda, pero también el PSOE sufrió huelgas generales, mientras que el PP lleva mucho tiempo sin apenas oposición callejera. Lo que sí es verdad es que hay una gran masa de españoles dispuestos a aceptar cualquier gobierno, incluido el más tiránico, y que apenas se dan cuenta de los peligros que corre la libertad, como ahora mismo por la infame ley de memoria histórica. Es un grave problema  porque no se limita a personas de bajo nivel cultural, sino que se encuentra igualmente en políticos profesionales e intelectuales. Apenas ha habido hasta ahora reacciones sobre el nuevo proyecto de ley bolivariana, aunque algo empieza a haber, en gran medida por mi intensa agitación al respecto. Lo digo porque así es.    Ortí Bordás procede de la Falange y del SEU, tan admiradores de Ortega (una admiración que no comparto, desde luego, en cuanto al Ortega ensayista político o histórico, como he explicado muchas veces) . Y suele olvidarse que fue precisamente el Movimiento el que realizó fundamentalmente el paso a la democracia, que de otro modo habría sido imposible. Ortí pudo haber sido incluso quien la encabezase, pues llevaba años trabajando en esa dirección. En su opinión fue fundamentalmente un gran logro que dio más protagonismo al pueblo,  corrigió la “tardigradez” tradicional y nos integró “en Europa” No obstante, como cita de Julián Marías sobre la Constitución,  este no la veía capaz de “despertar el menor entusiasmo” de ningún tipo y temía que los compromisos con que había sido alumbrada “comprometiesen la realidad política de España”, por lo que no tenía reparo alguno en calificarlo como “La gran renuncia”.    En cuanto a la integración en Europa, constata cómo  La auténtica mutación (…) es la del rapto cultural por Europa. Nuestra cultura ha sido absorbida por la del Continente (…) Al revés de lo que ha venido aconteciendo hasta hace poco. Recuérdese al respecto la afirmación de que la cultura propiamente española se determina en gran parte  por un proceso de asimilación e hispanización de las influencias europeas. Peo ahora (…) nos diluimos y disolvemos en ella (…) Somos integrantes de una sociedad blanca como la europea, sin fibra moral (…) Claudicación y decadencia son las dos palabras clave que la definen”    Esta es otra evidencia, si bien debemos recordar que la cultura europea entra en decadencia profunda después de la II Guerra Mundial y que lo que pasa hoy por cultura europea es más bien un seguidismo de la dinámica y avasalladora cultura useña.    Y rasgo de esta decadencia en España es el resurgimiento de los “demonios familiares”. Bien visible en este mismo momento.    Ortí Bordás es un ex político ensayista que razona sobre lo que ha venido pasando y sobre las perspectivas, nada satisfactorias, de la historia presente. Una excepción en el panorama de políticos mediocres y golfos que hoy nos aqueja. Por mi parte, como he explicado muchas.
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Por una Comisión de la Verdad independiente del poder

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Lun, 2018/02/12 - 21:09
   Los liberticidas que han elaborado el proyecto de ley de Memoria histórica hablan, con su retórica falsaria, de crear una “comisión de la verdad” con personajes de su cuerda a los que llaman “prestigiosos” y demás. Pero la idea no es mala. Es precisa una comisión de la verdad. Uno de los graves problemas que tiene la democracia en España es la ignorancia de la historia, y en concreto de la historia del PSOE. Esta es la razón por la que muchas personas creen que un partido capaz de proponer una ley despótica como esta es democrático, cuando ese partido, el PSOE, es, ahora como en la república, el peligro más grave  para la convivencia de los españoles en paz y en libertad. Uno de los pocos socialistas decentes, Besteiro, describió la propaganda del Frente Popular, especialmente la socialista, como “un Himalaya de falsedades”. Y ese Himalaya pretenden echarlo nuevamente encima de todos para aplastar nuestras libertades más elementales.    Pues bien, de momento la comisión está creada. Soy yo mismo más cuantos quieran sumarse al movimiento de aclaración de la historia, en particular  la del PSOE. ¿Cómo haremos? En principio nuestros medios son escasos. No somos personajes subvencionados como los que pretende alquilar el PSOE… y subvencionados quiere decir que nos obligan a todos a pagarles sus falsedades. Tampoco disponemos de los grandes medios de masas, por lo común subvencionados de la misma forma, directa o indirectamente,  en esta democracia fallida. Sin embargo la verdad debe ser defendida, y tenemos muchos más medios de los que parece, máxime en una época en que las redes sociales  permiten una difusión mucho más allá de dichos medios corruptos.  Las propias redes están tremendamente contaminadas por gente afín a os trepadores del Himalaya, pero ahí cada uno de nosotros tiene voz, no puede ser silenciado fácilmente, y se trata simplemente de combatir a los del Himalaya de manera sistemática y lo más masiva posible.

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   Mientras dure esta campaña, el editorial del programa “Una hora con la Historia” versará sobre el pasado y el presente del PSOE. El editorial  puede ser difundido tal cual en Facebook. Y acompañaré frases cortas para  tuíter y otra redes.    Ahora repetiremos un resumen, que ya hicimos hace unas semanas: Es muy preciso, por tanto, que la opinión pública conozca la ocultada historia de ese partido, hoy bastante bien estudiada, aunque todavía pocos la conozcan. Muy en breve,  en los años 30 el PSOE quiso, buscó y organizó la guerra civil, textualmente, para imponer en España un régimen de tipo soviético. La preparación de la guerra incluyó abundante uso del terrorismo. Fracasado el intento en octubre de 1934, volvió a la violencia tras  las elecciones de febrero de 1936, demostradamente fraudulentas, para destruir la legalidad republicana, con uso abundante de un terrorismo que culminó en el asesinato del líder de la oposición Calvo Sotelo; y ya durante la guerra fueron actos suyos el terror de las chekas, el envío de las reservas de oro a Moscú — haciendo de Stalin el jefe real del bando llamado republicano–  y el robo sistemático de bienes nacionales y particulares, que suscitaría luego peleas sórdidas entre sus líderes en el exilio.   Si hay alguien responsable de la guerra civil, es el partido que ahora intenta arruinar del todo la democracia mediante la violencia del estado combinada con ”esa constante mentira”, que decía Gregorio Marañón. Volviendo a Besteiro recordemos que fue  el socialista que denunció la guerra civil y el baño de sangre que preparaba su partido en 1934, y que por eso fue calumniado y marginado en su propio partido.  Por desgracia permaneció en él y eso le valió una condena a cadena perpetua al terminar la guerra, aunque como deben saber, aquellas cadenas perpetuas podían durar de cuatro a seis años.  Besteiro fue, además,  el único líder socialista que no huyó al extranjero. Los otros se fugaron con tesoros expoliados y dejado a sus sicarios que se arreglaran como pudieran con los vencedores. Personas comprometidas en delitos de sangre a veces terribles y a quienes los de la memoria histórica quieren hacer pasar por luchadores demócratas y víctimas del franquismo. Todo esto  no es un panfleto del tipo de los de la memoria histórica. Es un resumen de hechos abundantemente investigados y documentados, entre otros por mí mismo en mi trilogía sobre la república y la guerra civil.    Luego, durante el franquismo, el PSOE no hizo la menor oposición digna de reseña, al revés que los comunistas. Y es ahora, ochenta años después de la guerra y cuarenta de la transición a la democracia, cuando este partido intenta derrotar a aquel régimen a base de derrotar al mismo tiempo la libertad de los españoles e instalar en la sociedad los mismos odios que llevaron a la destrucción de la república.   El PSOE se ha venido presentando como partido democrático, cuando la verdad es que solo se ha resignado  a una democracia llegada históricamente desde el franquismo, “de la ley a la ley”. La democracia no debe nada al PSOE, sino que, al revés, ese partido debe todo a una democracia a la que en cambio  ha aportado grandes dosis de corrupción, “comprensión” hacia los separatismos y los crímenes de la ETA,  y leyes siniestras como las de  su fantástica memoria histórica.  Por falta de fuerza ha tenido que aceptar un régimen de libertades,  pero manteniendo su ideología contraria en espera de ocasión, que parece creer llegada ahora.     Estamos, por tanto, ante un proyecto de ley orientado directamente contra los derechos de los españoles, contra las libertades más elementales y contra la verdad mejor documentada sobre nuestro pasado. Un proyecto hecho, como no podía ser menos, por un partido de historial e ideología radicalmente antidemocráticos.    Y contra estas derivas nos toca movilizarnos muy en serio a cuantos amamos la libertad, la verdad y a España. Es preciso demostrar a los totalitarios que no somos un pueblo de borregos que se deje embaucar por su turbia charlatanería ni amedrentar por sus amenazas.    Y ahora, unas frases, solo tres, para poner en marcha en tuíter: *La nueva ley de memoria histórica materializa en persecución totalitaria lo que en la antigua ley quedaba como simple amenaza *La histeria antifranquista no habría tenido curso sin la inhibición culpable  de quienes deberían defender la verdad, y sin la corrupción despótica que ha significado obligarnos a todos a subvencionar sus mentiras *¿Quieren una prueba irrefutable de que la “memoria histórica” es falsa de arriba abajo? Reparen en que se ha impuesto a base de subvenciones que nos han obligado a pagar a todos, y ahora amenazan con la violencia del estado a quienes piensen de otro modo    Obviamente, mientras ustedes escuchan no pueden copiarlas, pero pueden hacerlo en mi blog www.piomoa.es u oyéndolas en YouTube “Una hora con la historia”.

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Azaña, el falso mito de izquierdas y derechas: https://www.youtube.com/watch?v=tM1ej5f4snc&t=8s

 

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La cuestión judía

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Lun, 2018/02/12 - 09:48

*Los manejos de Companys en París y Londres, traicionando a Azaña y a sus aliados del Frente Popular: https://www.youtube.com/watch?v=BXEMHPIlC7M

*Azaña en la guerra: Quizá no fue el principal, pero sí uno de los principales causantes de la guerra: https://www.youtube.com/watch?v=tM1ej5f4snc&t=7s

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La “cuestión judía” se puede resumir así: existe una minoría inasimilable y dispersa por medio mundo,  que aspira a dominar al resto de los pueblos y ejerce una constante labor de corrosión de los valores tradicionales (aquí se pueden interpretar como cristianos, “occidentales” en un sentido vago, o raciales). Por tanto,  se comportan como una especie de sociedad secreta y, pese a su escaso número, se les encuentra en todos los medios de la alta cultura, de las finanzas y, directa o indirectamente, de la política, dominándolos en general. ¿Qué hay de verdad en todo ello? Es cierto que se trata de un pueblo con casi increíble resistencia a la asimilación, pese a haber vivido en condiciones a menudo muy malas o sufriendo persecuciones. Un caso semejante al de los gitanos, en ese aspecto, pero solo en él. La razón de esta resistencia radica probablemente en la fuerza de sentirse o creerse, pese a todo, el pueblo elegido por Dios, nada menos. Aunque de manera implícita o explícita, otros se han considerado algo  parecido, al menos en algunas épocas, ninguno, que yo sepa, lo ha teorizado como una decisión directamente divina comunicada a los judíos primigenios. Es cierto también que su representación en casi todos los medios de cultura, finanzas, de la diversión, etc., está muy por encima de lo que cabría esperar de su número en una sociedad.  Se trata de un fenómeno históricamente nuevo, desde el siglo XIX, pues, aunque siempre hubo algunos judíos intelectualmente destacados, la gran mayoría de ellos vivieron acompañados de la pobreza, a menudo del miedo y sin logros culturales de interés. No obstante siempre hubo una pequeña minoría entre ellos mismos que, por medio de la usura, conseguían gran riqueza e influencia. En Castilla, antes de la expulsión, estos eran muy criticados por su arrogancia y negocios sucios, tanto por los cristianos (conversos incluidos) como por muchos de los propios judíos. Creo que la raíz de este fenómeno se encuentra en la Biblia, o más bien en el estudio casi obsesivo de la Biblia, por suponérsela la palabra de Dios. En realidad se trata de un libro misterioso o, si se prefiere, como lo harán los ateos, estrafalario, repleto de contradicciones. Lo mismo predica la compasión y la bondad con el prójimo que ordena su exterminio, o insiste en la justicia y describe sin el menor empacho cómo una tribu judía que tenía poco espacio, se enteró de que unos vecinos vivían sin murallas de protección, por lo que fueron sobre ellos, los masacraron y se apoderaron del territorio. Ni una crítica. Estas cosas han obligado a un esfuerzo interpretativo y especulativo ya desde muy antiguo, habiendo rabinos proponían que el mensaje bíblico se refería en realidad a la lucha interna dentro del alma humana, debiendo interpretarse así, por ejemplo, la cautividad y salida de Egipto… Este esfuerzo especulativo no es exclusivo de los judíos, desde luego,  y los griegos, por ejemplo, lo elevaron a la cumbre; pero se ha hecho especialmente intenso en los judíos precisamente por sus especiales circunstancias de minorías segregadas y despreciadas u odiadas, sin país propio,  siendo al mismo tiempo el pueblo elegido de Dios y tan duramente tratado por este, como les reprochaba el príncipe Vladímir de Kíef . Ello ha forzado, en mi opinión, tanto el afán especulativo, de instrucción y de dinero (un bien parcialmente independiente de la riqueza basada en la posesión directa de tierras o mercancías), como una peculiar neurosis señalada por muchos judíos, que ha llevado a algunos muy destacados (Marx, por ejemplo) a compartir el odio y desprecio de los gentiles hacia su  pueblo.  Y de ahí también su sobrerrepresentación en los terrenos de la cultura o las finanzas: un pueblo particularmente inquieto en esos campos Creo que los judíos, por su historial a menudo atormentado, son especialmente sensibles a la incertidumbre de la condición humana.  Y de esa inquietud  también el efecto corrosivo de algunas de sus especulaciones  sobre las ideas, valores y tendencias tradicionales, incluidas las propias judaicas, desde luego. Esa inquietud resulta perturbadora para el afán contrario, que quiere tener “la vida tranquila” y aferrarse a unos principios o verdades que den sentido a lo que hace.  Hitler decía haber descubierto que en toda la industria de la pornografía y la literatura deletérea, subversiva  y revolucionaria  que destruía el nervio moral de los alemanes, se encontraban siempre los judíos. Pero muchos judíos denunciaban también aquella literatura y degradación de las costumbres,  y eran de mentalidad muy conservadora. Y aparte de eso, los valores que propugnaba Hitler eran  también subversivos, a  su manera revolucionarios y muy poco tradicionales, es decir, cristianos. Parece que quería una vuelta al paganismo, por lo demás imposible después de la larga experiencia cristiana: una postura en el fondo nihilista que no por casualidad acabó en la destrucción de su país. La contradicción aparece también en Jesús: “No he venido a cambiar la lay, sino a cumplirla”. Pero veamos: “Quien esté libre de culpa, tire la primera piedra”. La ley no dice eso, ni mucho menos. Dice textualmente lo contrario, que con culpa o sin culpa de los apedreadores,  se lapide a la adúltera.  Es más, si la aplicación de la justicia dependiera de las culpas de de los aplicantes, no habría justicia posible. O bien sus prédicas del amor no brillaban demasiado cuando se refería a la “raza de víboras”  de los fariseos, con quienes compartía tantas concepciones religiosas, mientras que deja a los saduceos irse  más bien de rositas. Cosa que algunos han explicado por interés político. Pero la vida está llena de contradicciones difíciles de interpretar.
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La OMLE y el 68

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Dom, 2018/02/11 - 05:14
Si al cristianismo se le encontraba un tinte plúmbeo, opresivo y demasiado irracional, el liberalismo era visto como la ideología burguesa por excelencia, ideología de la competencia comercial justificada en un trivial consumismo, insaciable e interminable;  y mucha gente, muchos jóvenes, aspiraban vagamente “a más”, sin saber muy bien a qué (algún cínico podría señalar: “a todos los derechos sin ninguna obligación”, lo que tenía algo de cierto, pero no todo); y por otra ignoraban el gran esfuerzo y disciplina social  exigidos por aquellos privilegios de que gozaban. El liberalismo parecía hacer girar la vida en  torno al dinero: quien tenía más dinero sería más libre y por tanto más “humano”. Ideología diríase “prometeica”, aunque por entonces nadie usaba este término o lo usaba de manera laudatoria: la rebelión contra los dioses, liberadora del hombre. El propio liberalismo, además, había tenido que aceptar para sobrevivir gran parte de la ideología socialdemócrata después de la guerra mundial. Y es interesante constatar cómo una idea de posguerra, el “europeísmo”, originariamente democristiana, iba tomando a su vez un tinte socialdemócrata, que en su desarrollo tiende a eliminar la libertad humana, como ya había advertido Tocqueville. Por tanto, se buscaba el remedio en otras religiones sucedáneas como el marxismo, la revolución sexual, el yoga, el zen, la meditación, la droga entendida como un camino de liberación… Cabría decir que la deriva tomada por aquella rebeldía respondía a una falta de “pouvoir spirituel”, como caracterizaba Ortega  otra situación. De ahí sus manifestaciones en el fondo nihilistas y autodestructivas.          La OMLE y lo que le siguió  entran en una corriente que hoy pocos identificarían  con el “68”, ya que sus premisas era las típicas bolcheviques de disciplina,  sacrificio, trabajo duro, lucha sacrificada,  ateísmo militante, nada de drogas, nada de “cachondeo sexual pequeñoburgués”, nada de misticismos orientales ni occidentales, nada de pacifismos, etc. Sin embargo, como digo, nació de allí como una derivación del “mayo francés”, como también lo hicieron grupos stalinistas  o terroristas como el alemán Baader-Meinhof, el italiano Brigadas Rojas, alguno menor francés, sin olvidar que la ETA empezó a asesinar el mismo 68. Y debe recordarse la admiración del sesentayochismo, pese a su proclamado ultralibertarismo, por la tiranías totalitarias de orientación comunista. ¿Pese? No tanto. Una clave de aquella aparente oposición la vuelve a proporcionar Paul Diel, a mi juicio: la degradación de las cualidades psíquicas se expresa por pares acusatorios y sentimentales, al mismo tiempo opuestos y complementarios que se refuerzan. Creo que en el plano de las ideologías ocurre algo semejante. El libertarismo era fundamentalmente sentimental, cultivaba de modo exacerbado el pacifismo y el victimismo. Según él, prácticamente todo el mundo, mujeres, niños, jóvenes, obreros, empleados, negros, homosexuales, prostitutas, locos, países enteros del “Tercer Mundo”, etc., habían estado durante toda la historia brutalmente explotados, alienados y oprimidos, a pesar de representar los valores más elevados de dignidad humana y progreso. Las ínfimas minorías opresoras se componían generalmente de un número de hombres blancos. Los comunistas tipo OMLE y similares eran más abiertamente agresivos y acusadores. Cultivaban menos el victimismo y su postura podría definirse así: el pasado era un cúmulo de explotación y crímenes, cierto, pero las condiciones económicas lo habían hecho inevitable y no había que perder mucha energía en lamentarlo. De lo que se trataba entonces era de actuar de manera decisiva contra los explotadores y demás, arrostrando los sacrificios necesarios por la liberación humana.     Así que las dos posturas, aunque opuestas, eran también complementarias, se reforzaban mutuamente y terminaban generando una especie de pensamiento histérico contra la realidad  histórica y presente, en el que se mezclan inextricablemente  la cursilería y el odio, como vemos a diario. Y  ello explica la admiración de los sentimentales por los agresivos (terroristas, totalitarios…), mientras que estos últimos les correspondían con cierto desprecio, aunque estuvieran siempre dispuestos a utilizar a los “tontos útiles”.  Los sentimentales, mientras denunciaban aquellas cosas terribles, aparte de pacifistas no les importaba integrarse en “el sistema” y gozar de  las mil ventajas políticas y económicas  que les proporcionaban los según ellos opresores y criminales, ni les importaba aliarse con los curas “progresistas” o caer en drogas y misticismos, cosas todas ellas despreciadas por los agresivos. Pero debe reconocerse que los sentimentales han tenido mucho más éxito en demoler  o al menos  llevar a una crisis profunda la sociedad tradicional.

 

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«E parlo della storia della ventinovenne marocchina di Pesaro, in Italia da quando ha 11 anni, che decide di sposare un ingegnere pesarese di 41 anni ma all’atto di richiedere il nulla-osta al Consolato marocchino di Bologna trova per tutta risposta l’obbligo a ”convertire il marito all’islam”, altrimenti niente nulla-osta» (Souad Sbai, La Nuova Bussola Quotidiana, 28.12.17). La donna si è rifiutata ed è stata cacciata in malo modo.

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El mayo francés, Woodstock, como síntomas

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Sáb, 2018/02/10 - 09:04
*Los manejos de Companys en París y Londres, traicionando a Azaña y a sus aliados del Frente Popular: https://www.youtube.com/watch?v=BXEMHPIlC7M **Esta semana trataremos la conducta política de Azaña durante la guerra ******** En fin, si en España el 68 resultó un tanto deslucido, en Francia fue otra cosa. Allí, una repentina oleada de radicalismo estudiantil, secundariamente obrerista, logró sacudir, en aquel renombrado año, un sistema democrático tan asentado en apariencia como el francés. El fenómeno fue tan extraño que los análisis no acaban de dar con su clave. Además nunca contó con algo parecido a un pensamiento o una doctrina, más allá de frases y consignas, muchas de ellas notables solo por su estupidez. Fue un movimiento a la vez prosoviético, maoísta,  anarquista, trotskista, de revolución sexual, feminista, juvenilista… Es decir,  perfectamente contradictorio, pero con una base común: oposición total al sistema “burgués”.  A un sistema que les había proporcionado unos privilegios nunca vistos en la historia: bienestar económico, independencia, enseñanza gratuita o casi, facilidades para viajar, divertirse, comprar música, ropa,  los libros más variados, notable seguridad jurídica. Y esto resulta muy interesante.  Claro está que aquellas ventajas no se las debían a sí mismos, sino al trabajo duro de posguerra   de la generación anterior, pero los nuevos revolucionarios no mostraban ni pizca de agradecimiento al respecto.  Disfrutaban de sus ventajas como si hubieran caído del cielo y despreciaban los tiempos anteriores como “los años de plomo” y a sus padres como reaccionarios reprimidos y represores. La paradoja es sorprendente. El “mayo francés fue vencido con bastante facilidad y pocas víctimas mortales, pero iba a influir enormemente en la evolución posterior europea hasta colorear como hoy hace la cultura occidental En mi ensayo Europa, una introducción  a su historia,  al enfocar la edad de decadencia europea después de la II Guerra Mundial, exponía: ” ¿Estaba superando Europa (occidental) su decadencia gracias al éxito económico? Mas bien no. Donde mejor se aprecia esa decadencia es en aquellos puntos en que descollaba desde varios siglos atrás: el pensamiento, la filosofía, el arte, la ciencia, la técnica. En todos estos campos, también en las modas populares y juveniles, la vanguardia y la iniciativa pasaron a Usa después de 1945, siguiendo Europa con más o menos matices y escasa originalidad. También el marxismo soviético siguió influyendo con fuerza por medio de partidos comunistas de masas como los de Italia y Francia, y asimismo en la universidad y medios intelectuales. La Escuela de Frankfurt, asentada en Usa después del triunfo nazi, intentó un nuevo materialismo combinando a Marx con Freud.  Luego se dijo que los ideólogos del movimiento eran las tres “m”: Marx, Mao y Marcuse,  que realmente tenían poco que ver unos con otros, siendo la popularidad de Marcuse en Europa posterior el “mayo”. Otro rasgo de la época fue la popularidad del existencialismo de Sartre, puro nihilismo voluntarista: el hombre está “condenado a ser libre” en un mundo sin sentido, por lo que puede construir su moral y su vida al margen de cualquier constricción externa o transcendente, aunque en definitiva se trata de una “pasión inútil”.  Sartre terminó defendiendo el comunismo extremo, algo no tan contradictorio como pudiera sonar. En general, el pensamiento europeo de posguerra tiene un aire de epigonismo un tanto gris. El contraste entre la boyante economía y la pobreza cultural significó algo.

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Pero creo que en la base de todo ese movimiento confuso estaba la mencionada insatisfacción con la ideología consumista y economicista que parecía llenarlo todo y colmar supuestamente las aspiraciones humanas: ahí se encuentra el sentido profundo de la rebeldía. En el mencionado ensayo sobre Europa señalé cómo la Ilustración fue el venero de las ideologías posteriores, muy contradictorias entre sí, pero todas basadas pretendidamente en la razón y en la capacidad técnica del ser humano. Las ideologías son “prometeicas” en el mismo sentido que advertía el mito griego de la creación del hombre, según explica Paul Diel. Prometeo simboliza al propio ser humano, nacido de la tierra y dotado de una poderosa capacidad técnica y previsora (de la razón). “Prometeo” significa precisamente el que “piensa antes”, el previsor.  Por todo ello se burla de los dioses, rechaza al espíritu y convierte la vida humana en algo trivial y falto de sentido. Prometeo, es decir, el hombre prometeico, se ve atado a la roca, es decir, a la tierra, a los deseos triviales insaciables, y el águila de Zeus (enviada del espíritu) le atormenta: el remordimiento por el rechazo prometeico de una vida superior a la mera satisfacción técnica de los deseos materiales. Por otra parte, la limitación de la razón humana, su corta capacidad de previsión y contradicciones, viene simbolizada por el hermano del titán, Epimeteo “el que piensa después”. La rebeldía juvenil expresaba, por tanto, el descontento con el estilo de vida que prevalecía en Occidente. Pero ¿por qué adoptaba aquellas expresiones concretadas en el “mayo francés” o en Woodstock, como hechos emblemáticos, y no otras? Creo que ello se debía a la crisis de los valores espirituales tradicionales. La raíz espiritual de Europa era el cristianismo, pero la crítica incansable a que lo había sometido la Ilustración lo había hecho retroceder y desde entonces no había conseguido encontrar un lenguaje capaz de dar respuesta a muchas inquietudes. Insistir en los dogmas y en una moral que no cumplía, según se le acusaba, daban a aquella religión y a la Iglesia un tono pesado y mortecino o milagrero y contrario a la razón, que encontraba una aceptación decreciente. Tampoco el liberalismo, visto como la ideología de la competencia comercial justificada en un consumismo insaciable e interminable, exponía un discurso y un lenguaje capaces de sugestionar a mucha gente, y desde luego a los jóvenes, que por una parte aspiraban vagamente “a más” y por otra ignoraban el gran esfuerzo y disciplina para alcanzar aquellos privilegios de que gozaban.  Por tanto, se buscaba el remedio en otras religiones sucedáneas como el marxismo, la revolución sexual, el yoga, el zen, la meditación… En realidad, por falta de fuerza espiritual, como decía Ortega de otra situación, el descontento empujaba a aquellas manifestaciones en el fondo nihilistas y autodestructivas.
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