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Jue, 1970/01/01 - 00:00
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La tensión godo-franca en la historia de España

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Lun, 2017/12/11 - 12:01
   Dentro de las empresas bélicas de Carlomagno tienen especial interés para España sus ataques a Al Ándalus. El control de Córdoba sobre las zonas islámicas inmediatas al sur de los Pirineos era precario, y algunos de sus rebeldes gobernantes o valíes pidieron ayuda militar a Carlomagno contra Abderramán. Según fuentes árabes, el monarca franco atacó simultáneamente por el este y el oeste de los Pirineos, en 778, pero fracasó en Zaragoza, lo que le obligó a abandonar allí la empresa. Cuando se retiraba por Roncesvalles, los vascones emboscaron a su retaguardia causando grandes bajas entre sus nobles, entre ellos el famoso Roldán (Rolland) que daría lugar  cosa de dos siglos después,  a un célebre cantar de gesta francés.    Este grave  revés no impidió nuevos ataques, y siete años después los francos tomaron Gerona y algo más al sur establecieron el límite de una Marca Hispánica, llamada también Gothia, tanto por estar en España su territorio como por componerse su población de hispanogodos bajo protección de los francos. Las marcas eran barreras fortificadas, de carácter defensivo-ofensivo frente a territorios hostiles. La Hispánica  debía haberse asentado en el Ebro, pero  no lo consiguió (La idea renacería mucho después, cuando Napoleón planeó establecer en el Ebro la frontera francesa). Se componía de unos quince condados, unos dirigidos por francos, otros por hispanos. Sin embargo, por servir a los intereses francos, ajenos al reino hispanogodo, la Marca fue concebida ante todo como barrera del reino franco ante Al Ándalus, no como embrión de una reconquista. En realidad solo se incorporaría a ella en la medida en que se liberase de la tutela franca, cosa que ocurrió pronto en los Pirineos occidentales, dando lugar al reino de Pamplona en el siglo siguiente, y mucho más despacio en la parte oriental. En cierto sentido, la Marca debilitó el proceso de reconquista al permitir a Córdoba concentrar el grueso de sus esfuerzos contra la España cantábrica.        De este modo, la parte española quedó dividida en dos: la cantábrica, independiente y hacia la que se dirigían la mayor parte de las arrasadoras aceifas cordobesas, y la pirenaica, bajo autoridad y protección de los francos. La España cantábrica  tuvo desde el principio un fuerte dinamismo reconquistador, mientras que la pirenaica quedaría semiparalizada durante largo tiempo. La causa de esta semiparálisis era precisamente la falta de independencia y por tanto de un sentimiento de legitimidad. Aunque los condes solían ser godos, dependían del poder franco, que aceptaban con desagrado, por el recuerdo de los viejos conflictos, fuentes de un sentimiento subterráneo de incomodidad y oposición. De este modo, entre los francos y los musulmanes, algunos condes preferían el acuerdo con los musulmanes, solo impedido por las razias y ataques de estos; y llegaban a sabotear las iniciativas francas que trataban en vano de extender la Marca hasta el Ebro.    No obstante, con la Marca Hispánica nace la influencia franca, luego francesa, en la historia de España. Cabe definir ese fenómeno, simplificando, como una tensión sobre la herencia goda y la influencia franca, extendida hasta la actualidad, si bien  hoy ha sido sustituida en enorme medida por la anglosajona. Conviene aclarar el concepto de  otro modo: la herencia debe considerarse más que goda hispanogoda pues culturalmente la parte latina fue dominante, e incluso en política muy relevante a través del aparato eclesial y de los concilios. La influencia franca fue muy variable según épocas, insignificante a veces, preponderante otras, hasta desplazar a lugar secundario la propia herencia hispánica. En tiempos recientes el peso cultural franco-francés ha llevado a menospreciar o denigrar la herencia hispanogoda, pero esta es realmente la raíz y el sustrato político, nacional  e intelectual no solo de la reconquista, basada en la legitimidad del reino de Toledo, sino de la historia de España en su conjunto.    La tensión godo-franca tiene otra dimensión. El reino de Toledo evolucionó a una fusión entre lo germánico y lo romano, mientras que los francos parecen haberse mantenido con más fuerza como una oligarquía sobre la masa galorromana (ha llegado a explicarse la Revolución francesa como una revuelta de los galos contra los francos, en lo que hay quizá un fondo de realidad). En esa diferenciación puede verse también la mayor dureza del feudalismo francés sobre el campesinado y su tendencia a la dispersión en poderes particulares, cosas ambas bastante menos acentuadas  en España, la opresión señorial por la necesidad de la repoblación y acaso otras causas; y la dispersión por  la motivación unitaria del reino de Toledo . Y más tarde en Francia nació el concepto aparentemente contrario de monarquía absoluta, poco homologable a la tradición hispanogótica.  Como veremos, la reconquista es también la historia de una tensión permanente entre las fuerzas integradoras y las disgregadoras, y estas últimas debieron bastante –aun si no todo ni mucho menos– a las influencias francas.
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ANSA

Notizia Ansa: “Nell’individuazione del regalo per i più piccoli – secondo quanto emerge da una ricerca di Toluna, società di digital market research, che ha intervistato mille persone, fra i genitori sarebbe disposto a regalare ai figli maschi i trucchi solo il 3%, le bambole il 11% e la cucina il 20%. Anche fra i genitori delle femmine non si riscontra grande apertura: solo il 7% accetterebbe di regalare alle figlie un’arma giocattolo e il 20% un dinosauro”. Insomma, poca “apertura”, ahimè, per l’Ansa. Tuttavia, oggi come oggi, regalare cucine-giocattolo ai maschi potrebbe assicurare loro una carriera da grande chef. I dinosauri alle bimbe? Risvegliare il pallino della paleontologia potrebbe essere una buona idea…

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España es diferente (I)

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Dom, 2017/12/10 - 08:39

Con Luis del Pino: https://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2017-12-09/involucion-permanente-el-proces-se-internacionaliza-120078.html

“Una hora con la Historia”. Las hazañas de Zapatero que cambiaron la historia: https://www.youtube.com/watch?v=c_8u6sjZEx8

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En el franquismo, con el auge turístico que no lograba impedir la hostilidad política casi general en Europa, se inventó el lema “España es diferente”, que enfurecía a los progres de entonces. Sin embargo, el contenido del lema era muy real, como he expuesto en Los mitos del franquismo. España era muy diferente del resto de Europa occidental, y voy a exponer por qué y en qué. 1. Casi toda Europa del oeste debe su actual democracia a los bombardeos del ejército useño. España la debe a una evolución social autónoma desde el desastre de la II República a la transición (dejando aparte que en la actualidad la democracia  ha degenerado  y tiene demasiado de farsa corrupta, y no por el franquismo o su herencia, sino por lo contrario). 2. La neutralidad española en la guerra mundial fue, por motivos geoestratégicos, una bendición para los anglosajones, que les ahorró  un río de sangre y sacrificios, por decirlo con moderación. Es una deuda que tienen ellos y el resto de Europa con España. Deuda que  pagaron, por cierto, con  chantajes y amenazas. 3. Casi toda Europa occidental debe su reconstrucción al Plan Marshall. España se la debe a sí misma, con sus propias fuerzas. Fue una reconstrucción realmente brillante, por esa razón y porque los datos lo demuestran: contra lo que pretenden muchos supuestos expertos, ya en los años 40 España superó ampliamente los índices de preguerra. Y eso partiendo no solo de una guerra civil sino de una sociedad que ya en la república había retrocedido en todos los órdenes económicos (también contra lo que insisten las propagandas). 4. La reconstrucción de España, a diferencia de la de Europa occidental, tiene aún otro mérito: se realizó en medio de una hostilidad exterior que cabe calificar de criminal, porque trataba de aislar al país y provocar hambre masiva. Y de un maquis que no era más que el intento de volver a la guerra civil mediante una guerra de guerrillas generalizada, y que no triunfó porque el pueblo no quería volver a la situación de preguerra. 5. En Europa occidental había después de la guerra un clima de ruina, no solo material, sino moral. Frente al sabotaje conjunto de los países demócratas, comunistas y dictaduras varias agrupados en la ONU, España se mantuvo firme  en un espíritu que reconoció Ortega y Gasset cuando volvió a España. El lema popular en la manifestaciones “Si ellos tienen UNO (siglas de ONU en inglés), nosotros tenemos dos”, aun con un toque algo vulgar, lo define. España aceptó los sacrificios impuestos y no se dejó intimidar. 6. Otra deuda que tiene Europa occidental con España es la contribución directa e indirecta para frenar el expansionismo soviético. De haber triunfado aquí el Frente Popular, los europeos se habrían visto atrapados en una tenaza comunista desde el este y desde el oeste. Y la aceptación de bases useñas hizo de España, junto con Inglaterra, la única retaguardia que habría permitido una contraofensiva en caso de que los tanques soviéticos empezasen a rodar hacia Alemania y Francia. Otra deuda que no se quiere reconocer, pero muy real. 7. España tampoco debe su paz desde entonces –la más larga de su historia y más prolongada que la del resto de Europa–, a las operaciones del ejército useño, sino a sí misma, a haber derrotado las fuerzas guerracivilistas en la guerra civil y en el maquis. Mientras que los países más fuertes de Europa occidental, y entre ellos los que más había colaborado con los nazis, como Holanda, Suecia o Francia, siguieron hostigando a España y apoyando a comunistas y terroristas en nuestro país. 8. Al revés que otras potencias europeas, España descolonizó con bastante destreza y escasos disturbios, sin enfangarse en largas guerras, por lo demás perdidas por esas potencias 9.  España, partiendo de unos niveles bajos heredados de un largo pasado, y sobre la base de la reconstrucción previa, fue capaz de acercarse con rapidez a los niveles económicos de  los países más desarrollados. 10. España no solo se colocó entre los dos o tres países de Europa con mayor esperanza de vida al nacer, sino que llegó a estar bastante mejor que prácticamente todos los demás en los índices de salud social: droga, alcoholismo, delincuencia, población penal, fracaso matrimonial o familiar, violencia doméstica, aborto, suicidios, embarazo de adolescentes, etc. –España es mucho más acreedora que deudora, sea de Europa occidental o de Usa. Y los  logros mencionados, y más que pudiéramos señalar, hacen de España una considerable excepción en la historia europea del siglo XX. Y todos fueron  alcanzados bajo otro régimen excepcional, el franquismo.  Por eso es necesario aclarar algunas cuestiones básicas sobre él. a) El franquismo surgió de la quiebra de las democracias en casi toda Europa después de la I Guerra Mundial. Aquí, la quiebra se superó en una guerra civil proporcionalmente poco sangrienta, pese a las leyendas. En el resto solo pudo superarse con la intervención de una potencia no europea, mediante una guerra muchísimo más brutal que la española, y dejando la mitad del continente en manos de regímenes totalitarios. b) El franquismo, durante la guerra y siempre, defendió la unidad nacional de España, la cultura cristiana, raíz principal de la europea, la propiedad privada y la libertad personal frente a las fuerzas representadas en el Frente Popular, que atacaban todos esos valores en nombre de otros pretendidamente superiores sobre los que no vamos a extendernos. c) Para asegurar aquellos valores fue preciso restringir, nunca anular del todo, las libertades políticas –pero no las personales–, porque de otro modo no se habría podido superar la profunda crisis de la república y el Frente  Popular. No fue un régimen fascista ni totalitario, tuvo que hacer frente en condiciones muy duras a la conjunción de regímenes comunistas, demócratas y dictaduras varias que siempre le mostraron odio y hostilidad. Cabe caracterizar al franquismo como autoritario y en proceso de liberalización conforme el país se iba estabilizando y alcanzando elevados índices de desarrollo económico. Fue esto lo que hizo posible una transición “de la ley a la ley”, de la legitimidad franquista a la democrática, sin mucho trauma. Transición progresivamente traicionada luego, aunque eso lo veremos en otro artículo

   En suma: por primera vez en dos siglos España, los españoles,  tuvieron muy fuertes razones para sentirse orgullosos de sí mismos, confiados en sus propias fuerzas.

    En Los mitos del franquismo me ha interesado dejar claras una serie de cuestiones casi nunca tratadas, porque los que podríamos llamar apologistas de aquel régimen, se centran casi siempre en demostrar que las críticas que se hacen al mismo son erróneas o exageradas, pero dando por supuesto que los críticos tienen cierta autoridad moral para hacerlas. Es decir, les dan explicaciones. Esto es un error. La propaganda antifranquista nace de los únicos que realmente lucharon contra él, comunistas y terroristas, y ha sido aceptada dentro y fuera de España, por fuerzas liberales y (más o menos) democráticas, quizá como reflejo condicionado de la alianza entre ellos para derrotar a la Alemania nazi. Pero es hora de ir viendo las cosas con más objetividad.

 

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“Adiós a un tiempo” Los deseos y la realidad.

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Jue, 2017/12/07 - 16:06

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 Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

–Ud se queja a menudo de que los medios periodísticos y académicos no le dan la cancha que, según usted, merecería, y ese resentimiento… –No me quejo, constato un hecho y el carácter de ese hecho en relación con la cultura y la democracia. –… Permita que siga: sin embargo en su libro de recuerdos “Adiós a un tiempo” no se percibe ese resentimiento que otras veces le asoma. –No se percibe porque no existe. No es que esté contento con ese vacío y silenciamiento, claro está,  pero tampoco me afecta especialmente. Tengo la certeza de que mis libros abordan temas que otros no  abordan, y que los abordan mucho mejor que prácticamente todos esos intelectuales, historiadores y académicos que aprovechan su posición para intentar silenciarme. Con ello revelan solamente su extrema mediocridad. Pero es lo que hay, es el panorama actual de la cultura española, y qué le vas a hacer. –Podría decirse que muestra usted un exceso de soberbia, como Azaña… –¿Es soberbia? Si digo que mis libros son mejores no es por autoadularme  o autoconsolarme, es porque he tenido que leer muchos libros de esa gente, los he criticado, he demostrado sus errores, y más aún, su falta de seriedad y de honradez intelectual. Ellos no han podido hacer lo mismo con los míos ni remotamente. No aguantan un debate medianamente serio. No los descalifico porque me sienta herido, ni mucho menos, es por la experiencia de muchos años. Y como he llegado a conocerlos, sé lo que puedo esperar de ellos. Lo que me duele de verdad es otra cosa… –Caramba, habla usted como si nada pusiera dolerle. –Me duele que el enorme esfuerzo que he hecho en estos años haya movido tan poca reacción entre los que manifiestan estar de acuerdo. Y es un problema no solo por eso, es la incapacidad del elemento conservador para… Vea usted las quejas sobre el cine acerca de la guerra civil. Es una auténtica porquería casi todo él, pero al mismo tiempo denota un intento de hacer arte, de transformar unas ideas, por erróneas o estúpidas que sean, en arte. Y eso es muy grave, no por lo que haga la izquierda o los progres, sino por lo que no hacen otros. Es como la campaña de los abuelitos: es normal que la izquierda saque los suyos a troche y moche, aunque mientan  desaforadamente. Lo que no debiera ser normal es que los del PP y similares se cisquen en las tumbas de sus propios abuelos y muchos otros intenten imponer un olvido fraudulento al respecto. Por supuesto, tampoco las personas que podrían compartir mis análisis parecen capaces de promover una acción política. Esto me preocupa mucho. Algunos incluso justifican su ineptitud con citas evangélicas o algo por el estilo, que los hijos de la oscuridad son más astutos o más hábiles que los de la luz. En fin, monsergas. Incluso he escrito una novela que no tiene nada que ver con la literatura actual y que ha sido muy apreciada por al menos algunos de sus lectores, pero de ahí… nada. Tampoco mis enfoques de la historia han generado escuela. Los jóvenes que estudian, aun apreciando mis libros, se someten tranquilamente a lo que entienden como una dictadura de profesores  peor que mediocres, porque lo absolutamente fundamental para ellos es aprobar la asignatura. Eso me asombra. En mis tiempos había más rebeldía, al menos por parte de algunos, una minoría, por más equivocada que estuviese. Pero la mentalidad predominante hoy es la del pesebre. Todo esto me duele o me preocupa, pero es lo que hay, hay que reconocer la realidad.  Pero cambiemos de tercio, si le parece. –Bien, hablamos antes de la presencia de la muerte en sus recuerdos… –Sí, pero ¿cómo está presente? No me parece que sea de manera triste o lúgubre… –Tampoco alegre, aunque la muerte no proporciona a nadie mucha alegría. –No, está presente porque está presente en la vida. Por ejemplo, visitando el gran cementerio de Atenas, mi hija, que tenía entonces diecisiete años, comentaba “qué paz se respira aquí”, o algo por el estilo. Y es verdad, pero no es toda la verdad. El hombre percibe allí su destino: puede aceptarlo, puede rebelarse, puede desesperarse, puede evadirse de la sensación, que es lo que hace casi todo el mundo, porque le hace sentirse mejor, y, fíjese: todas esas reacciones valen exactamente lo mismo, es decir, nada. Ahí sigue la figura de la muerte, impertérrita ante nuestras reacciones sean las que sean. En mis recuerdos está presente como un hecho objetivo, lo constato y no emito juicios, porque ninguno sirve. Es un tema muy poco popular en España,  que no cosechará muchos lectores, porque vivimos en la cultura del ji-jí jo-jó, pero, en fin… Creo que ya hemos hablado de eso. –También están presentes las canciones. –Sí, y también en mi novela. ¿Por qué? Porque las canciones marcan las épocas,  les dan un ambiente que no puede expresarse simplemente con palabras, solo con alusiones. –Son canciones extrañas a los ambientes españoles, varias de ellas rusas, esa de los pastelillos de la NEP, o la del cochero que apresura los caballos… – Es cierto, pocos aquí se identificarían con esa. Ni siquiera con “sous le ciel de Paris”, que en otro tiempo se escuchó en España algo, no mucho, tampoco.  Realmente mi juventud lo que vivió fue el paso de la canción propiamente española a una imitación de la anglosajona, que hizo estragos. No porque la canción anglosajona fuera mala, tiene música popular excelente,  y su éxito en casi todo el mundo es por algo. Lo digo porque su efecto sobre la española fue muy negativo, en mi opinión.  Es parte de ese proceso por el que la cultura española se está convirtiendo en un apéndice algo grotesco de la anglouseña. Por ahí empezó la cosa. Y por el cine. Y hoy no hay españolete cosmopaleto que no se presente en las redes en inglés o introduzca palabros ingleses a troche y moche en su habla… Y lo hacen por desprecio inconsciente, pero evidentísimo, de su propia cultura. –Podríamos dividir su libro en recuerdos de infancia, de juventud y de digamos madurez o hasta de vejez, ¿no? ¿Se siente usted la misma persona a través de todos los cambios y recuerdos’ –Buen tema. Ya hablaremos. Pero voy a insistir sobre lo que decía al principio. Tengo un programa de radio “Una hora con la Historia”. Por razones obvias, es poco visto, pero aún así no tendrá menos de quince mil seguidores. Constantemente hago llamadas a que lo apoyen difundiéndolo, aportando económicamente, formando tertulias de discusión… Sin apenas resultado. ¿Cuánta gente cree ud que colabora económicamente? ¡ochenta y tres personas! Y lo hacen desde el principio, sin apenas aumento. ¿Qué conclusiones sacar de ahí? ¿Que no hay nada que hacer?  Pues hay que hacerlo, a pesar de todo.

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CROCEROSSA

«Il direttore dell’associazione della cittadina belga di Verviers ha ricevuto una circolare dal comitato centrale della Croce Rossa belga che ordina di togliere i crocifissi dalle pareti delle succursali per risultare “più imparziali e neutri”. Più precisamente la circolare esige di “rispettare i principi fondamentali della Croce Rossa quali il divieto di discriminare le persone”» (da Maipiùcristianofobia). Be’, dovrebbero, allora, cambiare nome: Cosarossa?

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España y Europa (IV) La periferia y el centro de Europa.

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Mar, 2017/12/05 - 16:53
 introduccion a su historia-pio moa-9788490608449  ********* P. Dice usted que nunca España fue más España que en ese siglo y medio “de oro”. Sin embargo, incluso en esa época mostraba ya retraso con respecto a los países más avanzados de Europa. R.  Se ha tendido a explicar la historia de Europa mediante un centro, que sería grosso modo Francia, Inglaterra y Alemania, y una periferia en la que se incluiría a España, al menos desde mediados del siglo XVII. Pero incluso antes. El argumento es que España representaba una cultura tradicionalista, mientras que en el centro de Europa se desarrollaban elementos “modernos” o “modernistas”.  En mi opinión el concepto de “modernidad” es  muy ambiguo. Generalmente se lo presenta con los rasgos de  subjetivista, materialista, igualitarista, frente a la tradición de jerarquía social, catolicismo y monarquismo.  Yo creo que se trata de una confusión. Las evoluciones llamadas modernas culminarían en la Ilustración y la sustitución parcial del cristianismo por las ideologías, como expongo en el libro. Pero ese es otro tema. Como dije, en el siglo y medio largo que va desde los Reyes Católicos a Felipe IV, España no fue solo la potencia principal de Europa  en lo político y militar y  también propició una especie de revolución económica, sino que, como me interesa señalar especialmente, creó una cultura propia con injerto principalmente italiano, pero de gran originalidad. Lo he resumido en que España fue entonces más España que nunca, y eso puede decirse porque desde entonces su originalidad y creatividad se vinieron abajo en gran medida, quedando reducidas a un casticismo de bajo nivel, no despreciable, pero de bajo nivel. P. La pregunta sigue en pie: en esa época brillante, según usted, España cultivaba ya los gérmenes de su atraso posterior. Por ejemplo la expulsión de los judíos.  R. Bueno, para empezar la expulsión de los judíos correspondió a una especie de política bastante general en Europa, en todas partes se los veía como un elemento foráneo y parasitario, inasimilable, no digo que fuera justo, pero era así. La particularidad era que los judíos eran más numerosos en España, sin serlo mucho tampoco, y que hasta entonces gozaban de una situación mucho mejor que en el resto de Europa. La expulsión suscitó una gran aprobación en toda Europa, y se hizo en condiciones mucho más humanas que como se había hecho en Francia o Inglaterra. Pero esa no es la cuestión real. Se ha dicho que la expulsión de los judíos marcó el comienzo de la decadencia de España, al privarla de sus elementos más productivos. Eso se oye mucho. La realidad es más bien la contraria: España se convirtió en la primera potencia de Europa al mismo tiempo que expulsó a los judíos. No es que se convirtiese en primera potencia por haber expulsado a los judíos, es que no hay la menor relación entre una cosa y la otra. P. Dejando aparte el problema de los judíos, la Inquisición y demás, me refiero al excesivo peso del catolicismo, de la Iglesia en España   R. Ese es el fondo de la tesis de la modernización: España optó por defender el catolicismo mientras en gran parte de Europa se abandonaba o se perseguía o se dejaba en segundo término. Y ahí radicaría la causa de nuestro atraso posterior. En mi opinión, se trata de una distorsión enorme de la realidad. La defensa del catolicismo frente al protestantismo fue brillante, y no me refiero solo a los aspectos políticos, militares, incluso educativos por los jesuitas, sino más bien el aspecto intelectual, que culminó en el Concilio de Trento. P. Pero no negará usted que aquellos países que repudiaron el catolicismo, como Alemania o Inglaterra u Holanda, o que lo fueron dejando cada vez más en segundo término como Francia, son los que desde mediados del siglo XVII llevan la batuta por así decir, del despliegue cultural, del pensamiento, la ciencia, la técnica, mientras España quedaba atrasada. ¿No es inevitable ver ahí una relación con el catolicismo? R. Creo que no, o que debe matizarse mucho. El problema entraña otros aspectos que no deben pasarse por alto. España se defendía y defendía a Europa del avance otomano, mientras la “Europa modernista” la apuñalaba por la espalda, por decirlo así. Hay una relación que no es meramente intelectual, que es una relación de fuerza y que terminó agotando a España.  Creo que Trento fue un extraordinario logro intelectual, aparte del contenido religioso, es decir, el catolicismo fue muy bien defendido en el plano intelectual. Y no hay que olvidar que en el siglo XVI España gozaba a una enseñanza superior más numerosa que en el resto de Europa, cosa que casi siempre se olvida. La cuestión es: ¿por qué aquel catolicismo que dio el derecho internacional, la poesía mística, importantes teólogos, y que impregnó todo el arte y la literatura, etc., va quedando anquilosado después de Trento? ¿Es España o es el catolicismo lo que falla? Si es el catolicismo, no lo sé, pero España falla, desde luego, deja de producir cultura de primer orden como antes y queda rezagada  de lo que llaman el centro cultural y político europeo. P. Se lo cuestionaré de otro modo: puede entenderse que luchando contra tantos enemigos y en tantos frentes cualquier potencia termina agotándose militar y políticamente, pero ¿por qué ese agotamiento fue también cultural? ¿Por qué fue una cosa con la otra? R. Eso es ya más difícil de explicar.  No tenía por qué haber sido así. En realidad cuando empieza la decadencia en el siglo XVII hay un verdadero esplendor cultural, hasta Calderón y Velázquez, pero se va apagando. En el siglo siguiente, España pierde su genio y su originalidad, el XVIII es un siglo francés en España. Todavía da un Goya, pero en conjunto se entra en el casticismo, que ya es otra cosa. Feijoo tiene su importancia, pero comparado con lo que se da en Francia, Alemania o Inglaterra, España queda a la cola, como una imitación descolorida, y  los ataques de algunos a la Ilustración, aunque  a veces tienen enjundia, quedan a un nivel bajo.  Julián Marías apreciaba que por lo menos los ilustrados españoles no habían cometido los dislates intelectuales de los demás, pero es muy flaco consuelo. Tampoco “cometieron” sus aportaciones más que como seguidores medianos, obstaculizados además por un catolicismo sin brillo.  Marías ve el reinado de Carlos III como el paradigma de lo que sería una España plena, por decirlo así. Pero una de las hazañas de Carlos III fue dar un golpe tremendo a la enseñanza, con la expulsión de los jesuitas, en lo que no dejaba de seguir también un modelo francés. Siempre ha sido muy conflictiva y difícil la relación entre España y ese centro de Europa, que fue el centro desde el siglo XVII militar, política, económica e intelectualmente. Aunque identificar a Alemania, Inglaterra y Francia  como si fueran básicamente iguales,  con el criterio de la “modernidad” es abusar bastante de la historia.

 

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La lucha por la verdad histórica hoy

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Lun, 2017/12/04 - 13:34
 introduccion a su historia-pio moa-9788490608449 ****************   La transcendencia histórica de Zapatero es máxima. Lo que ha significado es, ni más ni menos que la inversión completa de la transición. Recordemos que esta se hizo desde el franquismo, de la ley a la ley, con reconocimiento implícito de la legitimidad franquista  y que la hicieron los franquistas, con un rey designado por Franco:  un hecho realmente insólito en el siglo XX, que una monarquía  derrocada volviera a establecerse. Recordemos que contra esa salida se articularon todas las fuerzas de la oposición en torno a un programa de ruptura, cuya sustancia consistía en declarar ilegítimo el franquismo para enlazar, implícita o explícitamente, con el Frente Popular derrotado en la guerra civil. Recordemos, cómo la opción rupturista fue completamente rechazada por votación popular en el referéndum de diciembre de 1976, lo que obligó a los rupturistas a calmarse y adaptarse, aguardando tiempos mejores. Recordemos, en fin,  cómo el mensaje popular fue progresivamente abandonado por las propias fuerzas salidas del franquismo, lo que llevó a cometer graves errores, manifiestos en una Constitución bastante defectuosa.     Observemos con perspectiva histórica lo que suponía la ruptura y por qué no triunfó entonces. El Frente Popular, en el que pretendía fundar la legitimidad democrática, había sido una alianza de totalitarios marxistas y stalinistas, de separatistas, anarquistas  y  golpistas de izquierda tipo Azaña. Aquella alianza había salido de unas elecciones fraudulentas, y a continuación había destruido la legalidad republicana, ya de por sí bastante caótica. Con lo cual abocó a la guerra civil, porque la ley está precisamente para que los diversos y opuestos intereses presentes en toda sociedad no degeneren en lucha abierta. En su vesania, los componentes del Frente Popular llegaron a matarse abundantemente entre ellos  al mismo tiempo que  combatían y llevaban las de perder contra los nacionales. Bien mirados los hechos, ¿cómo nadie en su sano juicio podía basar una democracia en aquella experiencia? Pues así lo pretendían los rupturistas. Y lo pretendían en gran parte por pura ignorancia de la historia, una ignorancia que se podía convertir fácilmente en tergiversación sistemática debido a que el franquismo nunca elaboró un discurso claro, más allá de algunas ideas correctas pero simples, poco elaboradas y a veces  muy toscas, que han facilitado mil equívocos. De ahí que el rupturismo, fracasado en 1976, se haya impuesto en los medios intelectuales y progresivamente en los políticos y periodísticos.    Ha sido necesaria una trabajosa reelaboración de la historia desde los hermanos Salas Larrazábal y Ricardo de la Cierva, entre otros, centrados en la guerra civil sobre todo; en cuanto al franquismo posterior y su dimensión histórica, los estudios han sido en general muy flojos y en su gran mayoría contrarios; y sin embargo era necesario clarificar el asunto incluso más que la guerra civil. Por mi parte he contribuido con dos libros recientes: Los mitos del franquismo y La guerra civil y los problemas de la democracia. Y de modo más indirecto, con Europa, una introducción a su historia. Y también contribuyo con el programa Una hora con la historia y con breves comentarios en mi blog y en algunos órganos de radio y televisión por desgracia menos escuchados o vistos de lo que deberían.  No hay que decir que esta reelaboración ha chocado con una oposición feroz por parte de numerosos historiadores, periodistas y políticos, que han procurado silenciarlas. El problema es que esos historiadores y demás son los que, por decirlo vulgarmente “cortan el bacalao”, es decir, disponen de una fuerte hegemonía en la universidad, los medios y la política en general. Y se explica porque durante decenios sus versiones no han encontrado apenas oposición, pues quienes realmente trajeron la democracia,  franquistas o ex franquistas, prefirieron olvidar el asunto y dejar vía libre a las versiones rupturistas. Por eso muchos de estos rupturistas llegaron a creerse sus propias versiones, a pesar de que al más elemental análisis crítico las ponía muy en duda. El franquismo quedaba como el gran mal, asimilable incluso al nazismo, y el antifranquismo como el gran bien, asimilable a la democracia. Una distorsión tan grotesca ilustra mucho sobre el clima creado en España en la política y sus grandes peligros.     Pero esas versiones distorsionadas, una vez asentadas, han fundamentado tantas carreras académicas, periodísticas o políticas, han generado tantos intereses prácticos, que reconocer su falsedad habría requerido un grado de honradez casi sobrehumano. Por lo que la reacción más esperable era la que ha sido: aferrarse a ellas con uñas y dientes y tratar de impedir por todos los medios la circulación de versiones contrarias, con insultos, silenciamientos,  acusaciones de fascismo, de neofranquismo y similares, métodos típicamente totalitarios. Otro calificativo, el de “revisionismo”, es particularmente revelador: la revisión es una exigencia absoluta del método científico, y de lo que se trata es de que las distorsiones oficializadas se conviertan en dogmas y nadie ose revisarlas, so pena de exclusión y, en lo posible, muerte civil. Y la aportación de Zapatero ha sido instalar oficialmente, por fin, el rupturismo; y lo ha hecho, como no podía ser menos entre admiradores de los vencidos de la guerra, mediante una ley totalitaria, contraria al estado de derecho, amenazante para la libertad intelectual y exaltadora de los chekistas y terroristas fusilados después de juicio y convertidos por esta gente en víctimas del franquismo o del fascismo,     Muchos dicen que no debemos preocuparnos porque de todas formas la verdad terminará imponiéndose. Esto es un optimismo vacuo y muy poco inteligente, porque las falsedades pueden durar larguísimo tiempo, y hacer entre tanto un daño enorme. Y las falsedades de que hablamos vienen  durando ya varias décadas y no tienen traza de disminuir, y su daño está bien a la vista. ¿Por qué se mantienen a pesar de todo? En medida muy importante por la falta de espíritu y de compromiso por parte de quienes deberían contribuir al esfuerzo contra ellas, que generalmente permanecen como meros espectadores. Esta tendencia tan extendida ya la señalaba el filósofo Julián Marías, muy preocupado por las peligrosas derivas que él percibía con claridad: “la gente se pregunta qué va a pasar, en lugar de qué puede hacer”. Y la  verdad es que todo el mundo puede hacer algo, incluso con poco esfuerzo, como no hace falta insistir en ello. Este programa de “Una hora con la historia” no está concebido como un mero ejercicio de ilustración, sino también y ante todo como un ariete contra la fortaleza de los dogmáticos que odian el revisionismo. Una vez más convocamos a nuestros oyentes para esta tarea común, divulgando el programa y contribuyendo económicamente a él.      En 1997, con gobierno del PP y bastante antes de la infame ley de memoria histórica, escribía Julián Marías el artículo “¿Por qué mienten?”: “En personas y grupos ha adquirido la mentira un carácter que se podría llamar “profesional”. La historia es objeto preferente de esa operación, lo que (…) encierra quizá los peligros más graves que nos amenazan. Todo lo que se haga para establecer –o restablecer—la verdad histórica me parece tan precioso como necesario. Pero, aunque existen, se cuentan con los dedos los que se entregan a fondo a esa urgente tarea”.

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Una hora con la Historia: Aznar y la ETA. La libertad en el franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=OWGkWjPSjOs&t=3s

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Para entender a Rajoy

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Dom, 2017/12/03 - 10:46
(Uno también peca de ingenuo, aunque poco a poco vaya entendiendo. Escrito el 16 de octubre de 2006) El capital político acumulado por Aznar –excluyendo su pésima explicación de la guerra de Iraq y su nefasta política de medios (también otras cosas, pero bueno)–, más el descrédito del PSOE, debieran haber dado a Rajoy una gran mayoría absoluta en 2004. Pero él prescindió de aquel capital y de la crítica a fondo a las majaderías de Zapo. Se dedicó a hacer promesas como si saliera de la oposición sin un pasado reciente que las respaldara; y permitió al PSOE presentar mil ofertas como si no las invalidase su pasado también muy reciente y nunca corregido. Zapo estuvo a la ofensiva y Rajoy a la defensiva. Solo las rentas de la gestión de Aznar, a las que él no añadía nada, daban a Rajoy una victoria mínima y probablemente insuficiente para gobernar. Y al final todo lo decidió una jugada oscura y sangrienta. Desde entonces no es que le hayan faltado a Rajoy buenas ocasiones. Por ejemplo, la nefasta Constitución europea fabricada por el corrupto etarrófilo Giscard d’Estaing. Por supuesto, Rajoy  la criticó severamente… para apoyarla al fin. En lugar de una gran victoria política compartió el fracaso de Zapo, y en la ridícula posición de peón de este. Vino la mayor traición perpetrada por Zapo hasta ahora, el mayor precio político pagado a la ETA y el separatismo: el estatuto de Cataluña. Rajoy demostró la ilegalidad del engendro, pero aceptó discutirlo en las Cortes y a continuación lo imitó en Valencia y Baleares… de momento. ¡Y poco después se ofreció al gobierno para ayudarle a evitar un “precio político” en los chanchullos con la ETA! Acabamos de ver la misma táctica con respecto al envío de tropas al Líbano: tras una crítica feroz… Rajoy apoya a Zapo. En torno a la investigación del 11-M, la misma llamémosle táctica: “No pero sí, o sí pero no”. En algún momento, ya no recuerdo por qué, Rajoy  rompió estrepitosamente la relación con el gobierno… y tres días después le estaba mendigando una reunión y quejándose de enterarse por la prensa de las decisiones gubernamentales. Difícil un mayor esperpento. Y encima soportando el regodeo de Zapo y su aparato mediático: “PP, extrema derecha”. En fin, para qué seguir. ¿Qué confianza puede dar esta conducta al electorado? (Ya se ha visto que le ha dado bastante)
Y sin embargo Rajoy  no es un Piqué o un Gallardón, dispuestos a traicionar cualquier principio y a colaborar con la Infame Alianza. Él ve la realidad, parece sentir la democracia y la unidad de España, seguramente supera a Zapo en inteligencia (ja, ja, ja…). Pero no es capaz de diseñar una estrategia acorde con los hechos y con sus sentimientos, y ahí reside la diferencia. Zapo obra con una estrategia, la haya elaborado él u otros, y Rajoy no. Su mensaje, contradictorio y desalentador hasta el patetismo, cabe resumirlo así: “El gobierno realiza una política horrorosa, anticonstitucional y antiespañola, pero nosotros estamos dispuestos a colaborar con él, para evitar males mayores”. ¿Qué males mayores? Obviamente, la pérdida de poltronas, obsesión de los Arriolas y tantos otros. Penúltimas encuestas: el PSOE aventaja en varios puntos al PP. ¡Y eso viviendo todavía el PP de las rentas de Aznar, porque nada nuevo o mejor se le ha ocurrido desde entonces! Parodiando a Churchill, cabría advertirles: “Aceptáis el deshonor por conservar las poltronas, y perderéis las poltronas con deshonor”. ¿Sabrá Rajoy aprender de la experiencia? _____________  (Aquí ya lo veía más claro. Escrito en mayo de 2008) Tal como mucha gente se empeña en no entender las fuertes y evidentes bases ideológicas de la colaboración del Gobierno (o del PNV) con los asesinos etarras, otras muchas personas se obstinan en cerrar los ojos ante la carrera de Rajoy, cuya lógica no acaban de percibir. Sería muy largo repasar las muchas ocasiones en que Rajoy se ha retratado, y alguien debería estudiar con detenimiento su trayectoria en estos cuatro años de oposición. Recordaré solo algunos casos clave. Aznar nombró a Rajoy pensando en unas elecciones prácticamente ganadas, tras las cuales se mantendría la estabilidad institucional, el pacto antiterrorista, etc. Pero Rajoy hizo dos cosas: echar a perder en pocas semanas la gran ventaja de partida sobre Zapatero heredada de Aznar, que rebajó hasta un dudoso punto y medio de ventaja en vísperas del 11-M (pudo haber perdido o quedado sin Gobierno, incluso sin la matanza); y traicionar el legado de Aznar, que prácticamente no mencionaba (como tampoco el pasado del PSOE), para, a base de promesas vacías de corte económico, presentarse como “algo nuevo”. Su oportunismo y falta de principios se manifestó también en su negativa al debate con su contrincante, calculando que clarificar las respectivas posturas ante los ciudadanos solo beneficiaría a quien por entonces parecía perdedor. Con todo ello ya dio su talla, su perfil no bajo, sino ínfimo, aunque por entonces muchos lo creímos producto de una corregible ingenuidad del principiante (si bien llevaba muchos años en la política), o de los célebres complejos derechistas, también corregibles en principio. Algo después dejó en claro su estilo marrullero ante la Constitución europea de Giscard, permanente (y corrupto) enemigo de España. Aquella Constitución dibujaba un eje reforzado París-Berlín a expensas de los demás socios y particularmente de España, que perdía la posición alcanzada por Aznar en Niza. Por supuesto, el antiespañol Gobierno apoyó a Giscard, y Rajoy tuvo una excelente oportunidad de defender el interés de su país. Pero no lo hizo. En medio de pequeñas protestas que causaban la hilaridad del PSOE, Rajoy apoyó a Giscard y al Gobierno, contribuyendo a la infame campaña totalitaria, diseñada para mentes infantilizadas. Rajoy obró así, y no por torpeza ni complejos, sino por la misma ausencia de honradez y de principios políticos ya demostrada en su campaña electoral. Tuvo el merecido castigo cuando casi un 60% de los ciudadanos se abstuvo, castigo remachado por el fracaso del engendro en otros países europeos. Sus patéticos, pero sobre todo nuevamente deshonestos, intentos de hacer recaer sobre Zapatero las consecuencias del “error” compartido solo ponían más de relieve su indignidad. Rajoy simplemente imitaba la desvergüenza de su antagonista, pero, ahora sí, con mayor torpeza.
 La experiencia pudo servir, pero no sirvió de lección al estadista, que se encontró con la abierta complicidad del Gobierno con la ETA y los partidos antiespañoles de algunas regiones, con la inversión del pacto antiterrorista, plasmado en el anticonstitucional estatuto catalán. ¿Qué hizo este hombre de principios ante tales actos? Tratar de engañar a la opinión pública ofreciéndose servilmente a Zapatero para ayudarle “cuando los demás le hubieran abandonado” y otras declaraciones de una abyección difícilmente superable, un auténtico fraude a la ciudadanía. El referéndum sobre el estatuto catalán fue un fracaso político para sus promotores, al ser aprobado por menos de la mitad del censo. Nuevamente tuvo Rajoy la oportunidad de defender unos principios claros, y nuevamente hizo lo contrario: tras molestar a la gente con la recogida de cuatro millones de firmas, las olvidó y entró en la carrera disgregadora de la unidad nacional, con una ampliación balcanizante de los estatutos de Valencia, Baleares o Andalucía, no planteada ni querida por la mayoría de la sociedad.
Ha sido toda una carrera de claudicaciones y engaños, trufada de algunos repentes sin plan ni consecuencia, como sus rupturas con Prisa y con el Gobierno, para mendigar al poco la atención de ambos. Por terminar de algún modo, el político acabó de mostrar sus principios –su radical carencia de ellos– con sus declaraciones sobre la economía como “el todo”, con la nena angloparlante que porta, el hombre, “en la cabeza y el corazón”, y con la constante afirmación de sus “ganas de ser presidente”. El discurso de un estadista. Estadista al nivel de Zapo; tal para cual, en verdad. Muchos erramos al principio, como dije, pensando en un político torpe o acomplejado que rectificaría. De ningún modo. Si ha seguido al Gobierno, con algunos matices, ha sido porque tiene con él cierta identificación de fondo, tal como el Gobierno la tiene con la ETA. Considera, por ejemplo, que la transformación ilegal del país en una confederación sumamente laxa y balcanizante es un hecho inevitable, al que no cabe hacer oposición; que la crítica a otras muchas disposiciones del Gobierno resulta, como piensa Gallardón, “poco moderna” y le identifica demasiado con las posturas de la Iglesia. Si nunca defendió con algún empeño a la AVT, a la COPE o a Jiménez Losantos frente a las asechanzas de los “rojos” no se debe simplemente a flojera, es que no se siente identificado con ellos. Y dentro del PP se está manifestando como hombre resuelto, con ganas de poder, está dando un auténtico golpe de partido, transformándolo al modo como Zapo transformó el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo en acuerdo con los terroristas y contra el estado de derecho. No hablo de la honradez personal de Rajoy, que aquí no viene al caso, sino de su falta de honradez política, de su oportunismo y su decisión bien demostrada de explotar la credulidad de sus votantes, de engañarlos. En las filas de la derecha crece el descontento, pero un descontento sin programa, plan de acción ni liderazgo, no lleva a ninguna parte.

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(Aunque se hace largo.: Otro artículo de 2008, cuatro años antes de que Rajoy llegase al poder: ¿No es Rajoy proetarra?)

Mi comentario de ayer sobre el Rajoy pro etarra ha suscitado críticas un tanto indignadas, a derecha e izquierda, etc., acusándome de mentir, insultar o delirar. Veamos. Un análisis político no debe partir de las palabras, sino de los hechos, o, mejor, de la relación entre unas y otros. Cuando los hechos no corresponden a las palabras o estas se contradicen demasiado, o los cambios de orientación se explican mediante buenas intenciones vacías, sabemos que estamos ante demagogos, los cuales, como también sabemos desde Aristóteles, constituyen el mayor peligro de las democracias. Zapo nunca dirá: “vamos a entrar en chanchullos con los asesinos a costa de la unidad de España y del estado de derecho”. Dirá más bien: “vamos a dialogar con todos sin excepción”, lo que en la práctica significa lo mismo, pero engaña a mucha más gente. No dirá: “lo que nos interesa realmente es ese “diálogo” con los asesinos y extorsionadores; con los contrarios y las víctimas directas, nada de diálogo, los silenciaremos y marginaremos”. Dirá, en cambio: “Algunos extremistas de derecha rechazan el diálogo, quieren la continuidad de la violencia, no hacen más que crispar”. Y tratará de acosar a los críticos en los medios, judicialmente o de otros modos. Y así sucesivamente. Rajoy acaba de emplear los dos términos reveladores: “diálogo” y ”con todos sin excepción”. La primera palabra ha dado buen resultado a Zapo porque la seudo oposición de nuestro futurista ha sido incapaz de explicar algo tan simple como esto: el diálogo con los terroristas implica la negación del diálogo con las víctimas y sobre todo la aceptación y premio al crimen como forma de hacer política. Esa negociación, ese “diálogo” solo puede hacerse, y se hace, a costa de la Constitución y del estado de derecho, y de la unidad de España. Rajoy, en lugar de explicarlo, trataba a Zapo de ingenuo y se ofrecía a ayudarle “cuando todos le abandonasen”. Simple exhibición de majadería, oficiosidad y servilismo, si no fuera acompañada del abandono, en la práctica, de la AVT o de quienes realmente criticaban la política de Zapo, a los cuales nunca defendió Rajoy con un mínimo de sinceridad y empeño. Pero ha habido cosas más graves. Desde siempre, la ETA ha buscado la disgregación de España, y su designio se ha visto favorecido por unos políticos banales y a menudo venales (cuando no compartían gran parte de la ideología etarra, como sucede con Zapo). La clave del “diálogo” con la ETA ha sido el desmantelamiento de la Constitución mediante los estatutos balcanizantes, con el catalán como modelo, que reducen el estado español a “residual”, dejando un ligero barniz unitario que permita a Zapo seguir en el poder (otra cosa es que los etarras quieran eliminar incluso ese barniz, pero eso ya son disputas peculiares entre los del tiro en la nuca y los “gorrinos”). Pues bien, Rajoy, tras denunciar el estatuto catalán, entró en la carrera de las reformas balcanizantes desencadenadas por el “diálogo”, no exigidas por la sociedad y sí por camarillas de politicastros regionales. Así, el Futurista se ha sumado a la política de Zapo para complacer a los separatistas y a la ETA (su casi nula resistencia a las maniobras socialistas en el Tribunal Constitucional va en la misma dirección). Rajoy, por tanto, sigue EN LOS HECHOS, como el gobierno, una política pro etarra, y no vamos a cerrar los ojos a los hechos para abrir enormes orejas de asno a la verborrea demagógica con que se orquesta la delictiva operación. ¿Por qué obra así Rajoy? Al revés que Zapo, él no concuerda con la ETA en casi nada. Pero ansía el poder, se siente “en forma” y “con ganas” de presidir el país para llevarlo al futuro de la nena angloparlante; y le han convencido de que solo puede alcanzar tan nobles objetivos imitando la demagogia de Zapo, aceptando el diseño balcanizante del actual gobierno e integrándose en él, entrando en la competición para complacer a los secesionistas. Por el poder ha renunciado a la honradez, y quedará sin poder y deshonrado. Y de paso, posiblemente destruya su partido. Mi comentario de ayer ha provocado críticas, con rasgado de vestiduras y tono injurioso, entre los mismos que solían tratar a Rajoy de ultraderechista: ¡Qué ternura repentina por el líder del PP, qué interés por salvar su honor, mancillado al parecer por mis palabras! ¿Cómo explicarlo? Pues porque ya casi sienten al futurista como uno de los suyos, y defendiéndole, se defienden. Navegan en el mismo barco. El barco de los farsantes.
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España y Europa (III) Nunca España fue más España…

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Vie, 2017/12/01 - 19:47
 de la II Guerra Púnica al siglo XXI (Historia Divulgativa) de [Rodríguez, Pío Moa]
P. Ortega decía que a un proceso tan largo no podía llamársele reconquista, y Castro y otros han insistido en los aspectos de tolerancia y conciliación entre las tres culturas, que quedarían frustrados por la acción de los cristianos. R. Se han dicho infinidad de estupideces, y lo son porque niegan los hechos más evidentes, a fin de sustentar teorías basadas en el carácter inferior por no europeo de España. Aquello de “España es el problema y Europa la solución” es una de las mayores gansadas que se han inventado, y sin embargo han sido muy influyentes. A Ortega le gustaba hacer frases rimbombantes, muchas veces vacías, meras ocurrencias, como le criticaba Azaña.  La Reconquista fue un fenómeno fundamentalmente bélico entre dos mundos radicalmente opuestos, como he explicado en Nueva historia de España y de ella ha dependido, repito, que estemos en España, en Europa, y no en Al Ándalus, una extensión del Magreb.  Y volviendo al afrancesamiento y al influjo franco-borgoñón con Alfonso VI, a la muerte de este se creó la posibilidad de unir a todos los reinos hispanos por el matrimonio de Urraca y Alfonso el Batallador, y la ocasión se frustró precisamente por las influencias de los borgoñones, que derivarían, además, en la separación de Portugal, en la cual intervino también el papado. A ellos, la inspiración en el reino hispanogodo no les decía nada. Que España sea europea no quiere decir que no haya tenido muy serios conflictos con otros europeos, especialmente con Francia e Inglaterra. P. Lo llamemos reconquista o no, creo que casi todo el mundo está de acuerdo en que aquella época influyó decisivamente en la formación de España. Pero ¿cómo fue esa influencia en concreto? R. Vamos a ver, debido a las circunstancias históricas, la Reconquista partió de distintos puntos y en su desarrollo creó varios reinos y condados. La cosa pudo terminar en una balcanización, con estados diversos y mal avenidos. Realmente eso es lo más lógico que hubiera sucedido. ¿Por qué no fue así? Porque al mismo tiempo había una fuerte tensión integradora. En todas las sociedades hay tensiones integradoras y desintegradoras, y en España terminaron triunfando las primeras, salvo en Portugal. Las alternativas de unificación y división son constantes a lo largo de esos siglos. Y, como dije, unas luchas tan especiales crearon un espíritu especial, arriesgado, con facilidad para organizarse, para mandar y obedecer,  también un interés por las artes y las letras, las universidades, en fin… Fue como una especie de acumulación y concentración  de fuerzas que se expandirían al terminar la Reconquista, en el siglo de oro… P. Siglo de oro. Tampoco van a estar muy de acuerdo muchos historiadores en denominar así a aquella época. R. Bueno, pasa como con la Reconquista. Los casi dos siglos que van desde el matrimonio de los Reyes Católicos hasta la Paz de Westfalia son simplemente asombrosos. Nunca España fue más España, más creativa y original en todos los aspectos. Entre la Celestina y Velázquez, pasando por el Quijote, la poesía mística, la picaresca,  el teatro, El Escorial, la Escuela de Salamanca, la música, la escultura, la teología, las leyes de Indias… La organización de los tercios, de los descubridores y conquistadores, de la orden jesuita, la teología… España creó una cultura magnífica, en todos los aspectos superior a cualquier otra española anterior o posterior, fue realmente el gran siglo de España, en realidad casi dos, y comparable a lo mejor que hubiera en cualquier otro país, excepto en el terreno científico.  Todo ello en medio de contiendas políticas y militares contra  enemigos materialmente mucho más poderosos, contra la extrema agresividad de los otomanos y berberiscos y de los protestantes, contra Inglaterra, los suecos… a menudo aliados entre sí…Y los venció reiteradamente, imponiéndoles los límites a su expansión. Sin contar el aguijoneo constante de la piratería berberisca, inglesa u holandesa…De paso descubrió no solamente América, sino el Pacífico y el mundo en su conjunto, desplegó la actividad naval más decisiva en toda la historia humana, conquistó y colonizó enormes extensiones, organizando un imperio que mientras duró, tres siglos, fue uno de los más pacíficos internamente que registra la historia, sino el que más… La cantidad de personajes destacados en todos los aspectos, en un país que no era ni el más poblado ni el de naturaleza más rica de Europa, simplemente  abruma. Todo ello parece producto de esa acumulación de fuerzas en la Reconquista, o así tiendo a creerlo. Lo que vino después parece muy mediocre por comparación. Y todo fue realizado por España en pésima relación con la mayor parte de Europa, a la que sin embargo  salvó de muchos peligros. La relación de España con gran parte de Europa siempre tuvo mucho de conflictiva, ya digo. Por otra parte los conflictos entre otros estados europeos han sido también muy frecuentes. P. Olvida usted los costes de todo ello, las hambres, las bancarrotas, el genocidio de los indios, la Inquisición. R. No lo olvido. Es cierto que todas las glorias tienen su reverso, pero hay que poner las cosas en su sitio. Las hambres eran recurrentes en toda Europa, las bancarrotas eran suspensiones de pagos motivadas por las enormes tareas impuestas por la necesidad histórica, y los demás países tuvieron también sus bancarrotas, el genocidio de los indios es una falsedad inventada por un monje compulsivamente calumniador y aprovechado por protestantes, ingleses y franceses, que sí cometían aquellas acciones de que acusaban a España. La Inquisición era propia de la época, cosas parecidas había en otros países, con la diferencia, si acaso, que la Inquisición española era mucho más garantista y menos mortífera, y que libró al país de bestialidades como la quema de brujas… Eso, como otras cosas, lo he analizado en Nueva historia de España. P. Luego, aquella época de España no tuvo ninguna tacha, fue perfecta, y los males, qué se le va a hacer, eran males generales, propios de los tiempos. R. Déjese de ironías tontas. En lo malo todos nos parecemos, es en lo bueno en lo que unos destacan y otros no. Y aquel siglo y medio, casi dos, merece la máxima estima no solo de nosotros sino de cualquier que se acerque a los hechos con espíritu libre de propagandas. A mí me asombra la arrogancia con que los mediocrísimos españoletes de hoy, tan serviles  y cosmopaletos, metidos en un hedonismo cutre y pedestre, se atreven a despreciar a unos antecesores que tanto les superaron en todo. No hay mayor prueba de decadencia que esa.
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PETS

«Il giro d’affari per accessori e cibo prima infanzia arriva a 825 milioni di euro, nel 2017. Gli animali domestici censiti sono circa 15 milioni, tanti quanti i pensionati over 65, più o meno. Quello per accessori (…) e cibo per animali a 2,6 miliardi. Tre volte abbondanti la spesa per gli animali rispetto a quella per neonati. Sono dati Nielsen». (Aleteia.org, 2.11.17).

►►► Le ultime novità in libreria di Rino Cammilleri.

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España y Europa (II) El espíritu de la Reconquista.

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Mié, 2017/11/29 - 20:28
https://www.youtube.com/watch?v=K_OmffWiP5Q&t=3s ************* P. Según usted, entonces, la europeización de España se hace rompiendo el impulso propiamente español, marcado por la llamada reconquista. A Creo entender que algo así ha sostenido en Nueva historia de España y ahora en su Introducción a la historia de Europa. R. Según yo, no. Según los que hablan de europeización, como si los reinos españoles de entonces no fueran europeos. Llaman europeización a  un afrancesamiento. O más bien un papal-afrancesamiento, porque en la base se encuentra el papado desde Gregorio VII. Cuando el papado se libera, al menos parcialmente, de la tutela del Imperio,  y Francia también se aparta del Imperio, ocurre la llamada revolución papal que tiene por instrumento principal la reforma de  Cluny, en la Borgoña francesa. No hay que olvidar que las relaciones entre Francia y el papado, relaciones políticas religiosas y culturales, han sido siempre muy especiales, desde Clodoveo hasta hoy mismo.  Por ejemplo, uno de los intelectuales más influyentes en el concilio Vaticano II  ha sido el francés Maritain, por cierto que muy poco amigo de España. El conspirador compulsivo Sainz Rodríguez  señala cómo en los años 30 a los intelectuales católicos franceses se les prestaba mucha atención en el Vaticano, y muy poca a  los españoles. Pero volviendo atrás, Cluny se convierte en un instrumento europeo del papado, instrumento cultural y político, porque los papas influyen mucho políticamente a través de su poder de excomulgar y porque diversos estados se declaran vasallos suyos, también en España. Por supuesto, la reforma papal o cluniacense se introduce con fuerza en España, sobre todo a través de los reyes, de Alfonso VI y su esposa Constanza de Borgoña. Es la época del Románico, que es todo un movimiento intelectual, no solo artístico. Europa se va formando  por sucesivos movimientos culturales, hasta la Ilustración y las ideologías derivadas.   Alfonso siempre eligió esposas francesas, exceptuando a la mora Zaida, y con él se produce en la reconquista un doble movimiento de afrancesamiento y de orientalización. P. Todo lo cual, insisto, lo juzga usted  contraproducente, antiespañol, digámoslo así. R. Mire, por supuesto que el Románico es un gran movimiento en el cual participa España de forma importante, pero no lo hace sin costes y sin resistencias. España tenía su propia trayectoria que en parte es frustrada y en parte enriquecida por aquel afrancesamiento. ¿Habría podido desarrollarse el país al margen de ese  movimiento de manera productiva y original? Probablemente sí, porque la reconquista fue a su vez un movimiento muy original en Europa. Ningún otro país ha experimentado algo parecido.  Los estados hispanos crearon algo tan original y culturalmente interesante como  el Camino de Santiago, del que se apoderaron, por así decir, los cluniacenses. ¿Fue bueno o malo? Simplemente fue así, pero no fue una sustitución, un desplazamiento… En aspectos parciales sí lo fue, pero en definitiva fue más bien un injerto que no alteró de manera decisiva la trayectoria anterior, y en parte la estimuló. En todo caso hubo también una simbiosis, porque Cluny pasó a depender en parte importante de las donaciones hispanas, que a su vez procedían de los tributos o parias impuestos a las taifas. Es irónico que los reinos moros subvencionasen aquel movimiento cristiano. Por supuesto no lo hacían por su gusto. Yo creo que, con sus pros y sus contras, el afrancesamiento terminó enriqueciendo al país en la medida en que fue asimilado. Lo mismo pasaría con el gótico. P. Creo que casi todo el mundo estará de acuerdo en que la reconquista, si insistimos en llamarla así, fue un proceso original en Europa, casi parece una obviedad, pero ¿en qué sentido lo fue?  ¿Cree usted que la reconquista formó a España como una realidad profundamente distinta del resto? R. La reconquista no formó a España, que estaba formada como nación desde antes de la invasión islámica. Si no hubiera existido previamente, la reconquista habría sido imposible y hoy no estaríamos en Europa, sino que seríamos una especie de prolongación del Magreb. Sin duda un proceso tan largo fue conformando unas mentalidades peculiares, un espíritu y una forma de actuar y ver el mundo, que luego se manifestarían con plena fuerza en la conquista y colonización de América y en otras empresas. También creó un espíritu especial de lucha con el islam, que no se daba en medida semejante al norte de los Pirineos, ya que allí estaban protegidos precisamente por la barrera antiislámica en España. La reconquista fue una empresa esencialmente bélica, con pocos préstamos mutuos con los musulmanes, aunque muchos autores han tratado de exagerarlos. Y después de la reconquista, España siguió siendo el bastión principal de Europa contra el Imperio otomano, y asediada siempre por la piratería berberisca, mucho más dañina que la de ingleses, franceses y holandeses. Eso, el estar libres de la amenaza musulmana, gracias a España, permitió, por ejemplo, que franceses, ingleses y protestantes colaborasen con los islámicos precisamente contra el país que les estaba librando de ellos. No cabe duda de que estos hechos, y podríamos extendernos mucho, dan a España un carácter muy especial en Europa. En una Europa en que cada nación tiene peculiaridades muy acentuadas, por lo demás. Podríamos compararlo con Rusia, que también fue condicionada por invasiones musulmanas, pero con resultados muy distintos.

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La otra dimensión o el más allá.

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Mié, 2017/11/29 - 07:13
La política exterior de Aznar / Lo que dejó el franquismo https://www.youtube.com/watch?v=K_OmffWiP5Q&t=2s

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Aunque sus recuerdos de Adiós a un tiempo no sean reflexiones, sino cortos relatos o descripciones de hechos, insistiré en un punto. Usted acaba de decir que el pasado es la muerte y el futuro también. ¿Qué es el presente, entonces? ¿Y qué es el recuerdo?  –¿Alguien lo sabe? Podemos describir el presente como la realidad, lo que podemos captar con nuestros sentidos… una realidad que se está esfumando constantemente. Que se está desvaneciendo. ¿Adónde va? ¿En qué se desvanece? Eso está fuera del poder de nuestros sentidos o de nuestra capacidad reflexiva. Es lo que llamamos el misterio. Sin embargo, ya que percibimos la realidad en presente, y la percibimos muy sólida, muy visible, audible y palpable, bien podemos suponer que no puede desaparecer así como así, que entra  en lo que se suele llamar “otra dimensión”, sea eso lo que fuere, en un “más allá”. Es razonable pensar eso pero no hay ninguna prueba realmente fiable de ello. –Pero el pasado permanece en nuestra memoria,  y el futuro, aunque no lo podemos palpar, sabemos que termina en la muerte. Algo sabemos con certeza. –Bien, ¿de qué manera permanece el pasado en nuestra memoria? Usted sabe, todos sabemos, que un mismo hecho muy reciente, no digamos si es antiguo, es visto y recordado de distintas maneras por distintas personas que estaban allí. Yo cuento, por ejemplo, un episodio cualquiera, como cuando Delgado de Codes y yo estábamos reorganizando la OMLE después de una gran caída por la represión policial, ¿cómo lo contaría él? Seguro que no de la misma forma.  O bien, ¡observe cómo cuentan los políticos los mismos hechos en sus memorias! Además, como demuestra la propaganda y la historiografía, un mismo suceso puede ser narrado en términos  sublimes o ridículos, no es que como en la frase de Napoleón, ¿es de Napoleón?, esa de que de lo sublime a lo ridículo solo hay un paso, es que lo más sublime puede ser narrado como ridículo, y viceversa. Parece como si fueran facetas de una misma cosa. Un suceso puede contarse en tono épico, en tono burlesco, en tono frío o indiferente, o lírico y sentimental,  etc. –En definitiva, el recuerdo es arbitrario, y lo que usted nos cuenta en el libro podemos creerlo o no, y en realidad carece de importancia. –El recuerdo nunca es arbitrario. Puede ser más o menos preciso y más o menos apegado a la realidad… incluso si es completamente inventado tiene una lógica, aunque quede oculta para el observador. Y tenemos capacidad de razonar y experiencia de muchas cosas para fiarnos más o menos de lo que nos cuentan. Pero el objetivo del libro no es que el lector lo crea o no, ciertamente yo estoy convencido de la realidad de lo que cuento, aun teniendo muy en cuenta lo engañosa que es la memoria, incluso la más detallista. – Si da igual creer o no creer lo que usted nos cuenta, pues ya me dirá usted… Todo el mundo quiere leer algo que le merezca confianza, no perder el tiempo con puros enredos o falsedades. – El fondo es el intento de hacer perdurar el pasado, aunque esté muerto, arrebatarlo a esa otra “dimensión” y convertirlo en parte del presente. Supongo que el fondo del arte es ese, sea de la pintura, la literatura o la misma música: retener el momento, luchar contra el tiempo. Fíjese, particularmente, en la música: oímos una canción que teníamos olvidada y de pronto nos trae al recuerdo escenas también olvidadas, acompañadas de un sentimiento que puede ser muy intenso. Pero aún es más curioso cuando escuchamos una música por primera vez y nos llena de sentimientos muy fuertes, como si tocara un resorte extraño que nos comunica con esa otra “dimensión”. Y nos sorprende que la misma música deje indiferentes o apenas afecte a otros… En fin, nunca acabamos de creer que el presente, la realidad, se esfumen por completo, ¡a algún sitio tienen que ir, puesto que las hemos percibido con tanta claridad o así nos parece! –En uno de sus recuerdos usted expresa la desesperación que le produjo constatar la inevitable muerte del pasado. Y en su Viaje por la Vía de la Plata menciona aquella vez que temió tener un tumor canceroso, la impresión de la vida como una enorme apisonadora indiferente que iba aplastándolo todo… –Aplastando lo mismo que ha creado… Bueno, pues hay las dos cosas, el deseo de creer en el más allá y la desesperación ante las pruebas de lo contrario o la ausencia de pruebas de ese más allá. Vemos a alguien definitivamente muerto y sabemos que nos tocará a nosotros estar igual. Pero ni aun así acabamos de resignarnos, si resignarse es la palabra.  Por ahí entramos en un problema moral. Recuerdo que Franco argumentaba que si no existe un más allá, la vida se reduce a una farsa trágica, o algo por el estilo… Es un viejo pensamiento. Esa idea sostiene muchas creencias pueriles, que pretenden una seguridad donde no puede haberla, simplemente porque esa creencia les hace sentirse bien, aunque en la vida práctica no la tengan en cuenta.  Podríamos decir: ¿y si la vida fuera realmente una farsa trágica? Pues decir eso es tan absurdo como afirmar lo contrario. Solo podemos decir tres cosas: que decidirlo está más allá de nuestras capacidades;  que a pesar de ello nuestro espíritu necesita encontrar alguna respuesta; y que esa necesidad o ansiedad  ha dado lugar a las creencias y explicaciones más variopintas y contradictorias, a menudo con resultados muy dolorosos. ******** Estas entrevistas lo son solo a medias. Son cuestiones planteadas por amigos o menos amigos en algunas tertulias, alguna grabada y otras recordadas.
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