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Jue, 1970/01/01 - 00:00
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Contra el ataque a la libertad, movilización

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Vie, 2018/02/16 - 07:11
Con todo, parece imposible que una ley así cuaje. Todo el mundo con quien he hablado coincide en que es una monstruosidad. –Si ese “todo el mundo” dice que es una monstruosidad, y se queda ahí, es que está dispuesto a aceptar la monstruosidad. En la degradación a que ha llegado esta democracia fallida, que ha embrutecido a la mayoría de la gente, ello es perfectamente posible. Para empezar, la ley de memoria histórica de Zapatero es lo mismo que la que proponen ahora. La única diferencia es que en aquella la amenaza sobre las libertades quedaba pendiente, como una espada de Damocles, y en esta ya se explicita sin lugar a dudas: quien no piense como la pandilla de matones y delincuentes de la izquierda y los separatistas, puede ser encarcelado o arruinado a multas por orden de cualquier mangante de la política;  y el espacio público será ocupado exclusivamente por esa caterva de rufianes. Es que la ley anterior era una monstruosidad exactamente como esta. Era una ley totalitaria y de apología de los torturadores, ladrones y asesinos de las chekas. ¡Y fue promulgada y cumplida también por el PP! Usted no deja títere con cabeza entre los partidos. El PP se opuso a aquella ley. –Vamos a ver: el PP no se opuso ni se opone. Decir que “hay que mirar al futuro” ante un ataque semejante a la libertad de todos y a la verdad de la historia es colaborar de entrada con los matones, haciendo un paripé para seguir embaucando a los votantes más obtusos o más ilusos. Como se demuestra cuando, ya en el poder y con mayoría absoluta, el PP cumple esa ley de la cheka con  el mismo celo que el PSOE. Pero déjeme seguir con la monstruosidad. Que una ley así haya sido aceptada para discusión en el Congreso ya revela la gentuza que se ha mentido en el Congreso, unos personajes que no son simplemente corruptos en el sentido económico, sino que lo son mucho más en el sentido político, intelectual y moral. Unos supuestos representantes del pueblo, que han llegado ahí engañando desvergonzadamente a la gente, votan leyes contra las libertades más elementales del pueblo. ¿Cómo es posible? Pues así es. Lo hacen con todo descaro ante nuestras narices. Esos cuatro partidos más los separatistas forman desde el punto de vista ideológico un solo partido, un partido zapaterista. A eso hemos llegado. Esta ley los retrata a todos sin el menor lugar a dudas. O España y la democracia se libran de esa chusma, o España y la democracia estarán acabados dentro de no mucho tiempo. Su lenguaje es muy fuerte, muy irrespetuoso, sonará excesivamente radical a mucha gente –Mire usted, cuando estamos ante un ataque de esta envergadura no caben eufemismos ni respetos. En España la derecha,  la gente común de derecha, resulta muy “respetuosa”. En concreto, sienten enorme respeto por los matones. Y cuando se respeta lo que no es respetable se pierde el respeto a lo que sí lo es. Y este es uno de los grandes males que sufrimos. Porque ya el franquismo, aunque excelente en muchos aspectos prácticos,  era muy débil intelectualmente, y la derecha posterior lo es más aún. Como es muy inculta e ignora la historia, empieza por considerar “con respeto” el vocerío y la demagogia de izquierda y separatistas, es incapaz de aclarar sus sofismas y enredos intelectuales, y termina por aceptar en gran parte sus ideas. ¿Qué habría que hacer, en su opinión?^ –Partamos de la realidad. Esa ley puede ser aprobada lo mismo que la anterior, porque viene impulsada por un partido que sigue siendo muy fuerte y que se está radicalizando en un sentido bolivariano, porque será apoyada por los comunistoides de Podemos, y muy probablemente también por Ciudadanos. Y, por supuesto, por los separatistas. Y el PP no se va a oponer, no ha dicho ni una palabra porque ni la democracia, ni la verdad ni España le importan un pepino, como ha demostrado de sobra. Se harán los locos, como con la ley de Zapatero.  Hay además otra cuestión: esa ley explota el antifranquismo cultivado por todos los partidos y por el PP de forma especialmente eficaz, por hipócrita, para atacar la libertad de todos. Ya es significativo que para atacar el franquismo tengan que demoler los principios más elementales de la democracia. Porque no viven en la mentira sino DE la mentira. En otras palabras, el antifranquismo viene siendo el cáncer de la democracia, la coartada o el pretexto para reducir la democracia a una caricatura.    Muy bien, pero ¿qué hay que hacer? Pues mire usted: la respuesta la tiene  con el golpe separatista, que ha movilizado espontáneamente a millones de españoles que parecían totalmente adormecidos por la demagogia de la chusma política. La movilización de la gente puede y debe dar al traste con esta ley, y de paso con los partidos que la defienden. Solo si hay una movilización esos partidos pueden dar marcha atrás, desacreditándose de paso. Y la movilización debe pasar de la pura espontaneidad a la organización. Si hubiera un partido realmente alternativo cogería la oportunidad, como Ciudadanos ha cogido de manera oportunista la oportunidad del golpe separatista. Me gustaría creer que VOX podría cumplir ese papel, pero lo veo con muy pocos ánimos, muy poca capacidad política. Por consiguiente, la movilización debe partir de nosotros mismos, de los ciudadanos de a pie que vemos con claridad lo que pasa. Es preciso ganar la opinión pública y la calle. El descontento está muy extendido en la sociedad, pero es difuso, desorganizado y sin claridad de objetivos. Difundamos el manifiesto masivamente, preparemos acciones en la calle que obliguen a los degenerados medios de masas a mencionarlos. En fin, esto debe ser el comienzo de un movimiento de resistencia que sea también de regeneración con el lema MÁS ESPAÑA Y MÁS DEMOCRACIA

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Manifiesto

“No se puede imponer por ley un único relato de la historia. No se debe borrar por ley  la cultura e historia de un pueblo, por razones ideológicas. El “historicidio” viene perpetrándose en España, con total impunidad, desde 2007. Ninguna razón moral, ni derecho subyacente, puede primar sobre la analítica verdad de los hechos, en las circunstancias en que se produjeron. Ninguna ley variará los hechos de la historia. La verdad interpretada de unos hechos, cualquiera que sea, no puede ceder a ninguna interesada propaganda política. Resulta del más puro estilo totalitario legislar sobre la historia o contra la historia.  La nueva ley de memoria histórica propuesta por el PSOE, consecuencia y empeoramiento de la anterior, pretende ilegalizar cualquier  asociación o fundación que sostenga puntos de vista contrarios a los de ese y otros partidos sobre la historia reciente de España. Y amenaza con penas de cárcel y elevadas multas a quienes sostengan opiniones o estudios favorables a la figura de Franco y a su régimen. Intenta asimismo expropiar, destruir o transformar el patrimonio histórico y artístico procedente de aquel régimen.      Esta proposición ataca directamente los fundamentos de la Constitución y los valores superiores que su ordenamiento jurídico consagra: la libertad (de opinión, expresión, investigación y cátedra); la justicia (sólo atribuible a jueces y tribunales);  la igualdad (que impide la discriminación ideológica, de sexo, raza, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social);  el pluralismo político (ejercido como actividad libre dentro del respeto a la constitución).    El proyecto de ley viola  asimismo el artículo 19  del Pacto de Naciones Unidas sobre derechos cívicos y políticos, suscrito por España, que en su apartado 49 especifica: “Las leyes que penalizan la expresión de opiniones sobre hechos históricos son incompatibles con las obligaciones que el Pacto impone a los Estados partes en lo tocante al respeto de las libertades de opinión y expresión. El Pacto no autoriza las prohibiciones penales de la expresión de opiniones erróneas o interpretaciones incorrectas de acontecimientos pasados”.  Se trata por tanto de un proyecto radicalmente antidemocrático, por cuanto pretende decidir desde el poder la realidad de la historia. Esto solo ocurre en regímenes totalitarios tipo Cuba, Corea del Norte, Venezuela y similares, hacia los que no estamos dispuestos a transitar.   El proyecto vulnera asimismo la verdad documentada de la historia, como demuestra el mero hecho de que su versión quiera imponerse por la fuerza y la violencia del estado, al ser incapaz de sostenerse en un debate e investigación libres e  independientes. Sus argucias invocando la dignidad de las víctimas o equiparando el franquismo al nazismo y similares son solo el envoltorio sentimental y falso de una ofensiva contra la libertad de los españoles, contra la democracia y la verdad histórica. E incita además al odio contra cuantos no compartan la opinión del PSOE sobre estas cuestiones.      Es obvio que un proyecto de ley semejante no puede provenir de un partido democrático. La historia del PSOE no es democrática. Muchos esperaban que después de la transición ese partido hubiera cambiado su trayectoria anterior, pero comprobamos que  muchas tendencias  antiguas siguen en él peligrosamente arraigadas. Además es bien sabido que ese partido no hizo prácticamente oposición al régimen franquista, en el que medraron muchos de sus líderes posteriores, lo que hace especialmente grotesca su pretensión de derrotar a aquel régimen cuarenta años después de su desaparición.  Y que su virulento antifranquismo actual le exija atacar la libertad de los españoles y la democracia.     Esta propuesta debe ser rechazada radicalmente por toda la sociedad, pues España no puede permitirse una involución hacia regímenes del tipo implícito en ella.

 

 

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VOX

«Un uomo armato irrompe durante la Messa di Natale al grido di “Allah akbar!”. L’uomo, poi ovviamente descritto come squilibrato (ormai un ‘must’), era armato di cesoie ed è stato bloccato prima che potesse ferire i fedeli. Ha fatto irruzione nella chiesa Notre-Dame-de-la-Garde a Marsiglia armato di un paio di grosse forbici da pota, al grido “Allah Akbar!”. E’ stato fermato da alcuni agenti di polizia. Anche questo Natale, infatti, pattuglie di militari e agenti sono schierati davanti e dentro le chiese e le sinagoghe in Francia. In molti casi controllano le borse di chi entra all’ingresso. Perché ormai, nella società multietnica con annesso ius soli, si va alla messa con la scorta» (dal sito «Vox»).

►►► Le ultime novità in libreria di Rino Cammilleri.

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La debilidad intelectual del franquismo

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Jue, 2018/02/15 - 12:38
En su libro Memoria del comunismo, de Jiménez Losantos se toca de pasada, porque tampoco es su  tema central, la actitud del franquismo ante el libro de El Campesino  sobre su experiencia en el GULAG  y otras peripecias:  Si la derecha no entendió bien la naturaleza del comunismo antes de la guerra, once años después de terminada seguía sin enterarse ¡Bastantes checas hemos tenido en España –se lee entre líneas como para que nos cuentes tú, precisamente tú, cómo son las de Rusia! Y sin embargo debió pasarse de lo particular a lo general. La consecuencia de no hacerlo fue, que, como vimos a propósito de Paracuellos y Fernández de la Mora, la guerra se convirtió en una peripecia familiar, sin alcance ideológico”.    Ni la derecha, ni tampoco los republicanos de izquierda, como Azaña, tenían más que una idea muy vaga sobre el marxismo, que generalmente no iba más allá de lo anecdótico y personal. Y la cosa sigue más o menos parecida. El franquismo ha sido singularmente inepto en el terreno intelectual, como en el estético –excluyendo alguna obra tan realmente extraordinaria como el Valle de los Caídos– Y es una lástima, porque aquel régimen fue en casi todos los demás aspectos realmente espléndido, libre, además de la tremenda carga de la deuda moral, política y económica, del resto de Europa occidental hacia Usa. Ortega y Gasset hizo una observación general muy acertada al volver a España desde el exilio: “Mientras los demás pueblos se hallan enfermos el nuestro, lleno sin duda de defectos y pésimos hábitos, da la casualidad de que ha salido de esta turbia y turbulenta época con una sorprendente, casi indecente salud. Hoy no se podría decir lo mismo Pero empecemos por aclarar que eso no tiene nada que ver con el cuento del “páramo cultural del franquismo”, inventado y explotado a fondo por los parameros del posfranquismo, fueran los comunistas o los venenosos cantamañanas de El País. El hecho es que en la cultura, como en la economía, el franquismo fue notablemente liberal, de modo que el grueso de la cultura producida en su época fue más bien a-franquista, es decir, ni franquista ni lo contrario.    Para entender el franquismo hay que empezar por señalar que, contra lo que se dice habitualmente, no fue un régimen de partido único. Dentro de él había al menos cuatro tendencias, cada una de ellas con un sector minoritario antifranquista: carlistas, falangistas, monárquicos y católicos episcopales, por definirlos de algún modo.  Se las llamaba “familias” por no llamarlas partidos, pero todas tenían bastante de partido: órganos de expresión propios, organizaciones propias, incluso juveniles u obreras al margen del Sindicato Vertical. Lo único que tenían en común era el catolicismo, y el régimen se definió como tal. Ya sabemos que esto terminó siendo su suicidio, por mucho que las corrientes digamos menendezpelayistas siguieron y siguen empeñadas en identificar España con el catolicismo.     Pues bien, las dos “familias” intelectualmente más inquietas y robustas fueron la falangista y la episcopal (la carlista simplemente seguía aferrada a ideas “tradicionales” (una parte evolucionó hacia el trostkismo) y los monárquicos siempre fueron muy “pragmáticos” a un nivel muy mediocre. Desde muy pronto hubo una fuerte tensión entre falangistas y episcopales, en la que solieron ganar los segundos, aunque Franco procuró cierto equilibrio.   Y precisamente entre ellas se dio la interesante polémica en torno a Ortega y otras cuestiones, a las que ha dedicado un estudio A. Martín Puerta. Polémica  que podríamos definir como “orteguistas” (falangistas, más Julián Marías) contra menendezpelayistas (episcopales, realmente Opus y jesuitas). La posición  de los primeros era intelectualmente más abierta, y la de los segundos más dogmática, reducida finalmente a demostrar que Ortega no solo no era católico, sino que era anticatólico, lo que en parte era cierto; y por tanto antiespañol o ajeno a España. La polémica, aunque muy interesante, no salió de ciertos carriles estrechos, llegó a un callejón sin salida con el Vaticano II, y se extinguió  sin dejar un rastro muy preciso.  Hace poco comentaba en el blog: “Dos buenos motivos de reflexión: la jerarquía católica española, después de las durísimas pruebas de la guerra y de los privilegios que recibió en el franquismo, debía tener un peso moral e intelectual muy elevado en el conjunto de la Iglesia. Pero llegó el Vaticano II y demostró que su peso era mínimo. Y el diálogo (evidentemente intelectual) con los marxistas, salido del Vaticano II: muchísimos católicos se hicieron marxistas o marxistoides. Prácticamente ningún marxista de hizo católico. Esto debiera dar qué pensar, pero no da que pensar nada en el presente páramo cultural”. Debe reconocerse que aquel concilio fue el intento de salir de una crisis creciente y “aggiornarse”, como se decía.  Que la crisis se profundizase desde entonces es otra cuestión. La Iglesia en España pasó a colaborar o admitir la colaboración con separatistas, terroristas y comunistas, pensando que el futuro les pertenecía y había que adaptarse. El sector menos influyente que trató de guardar las esencias demostró el mismo vigor intelectual que la representación española en el Vaticano II, es decir, muy poco: creía que la solución era mantenerse en lo  anterior.    En cuanto a los falangistas, su evolución no resultó menos patética: dejando aparte a alguna minoría aferrada a los viejos dogmas, esa familia resultó un venero de anarquistas, comunistas, socialdemócratas, liberales y finalmente su Movimiento sirvió de base para organizar una transición que trató de olvidar muy pronto de dónde procedía.     Todo  esto, en particular las derivas eclesiásticas, resulta penoso, porque las  ideologías que han venido sustituyendo la religión tradicional están abocando a España, y no solo a España, a un callejón sin salida. Creo que el franquismo debería ser reestudiado y reenfocado de otro modo, porque en él es muy posible que se encuentren elemento utilizables ante la crisis de hoy.

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En esto no se le pueden poner pegas: ha cumplido: la deuda pública sobrepasa ya al PIBpic.twitter.com/Sr7qmEFgDl

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Ante un ataque frontal a la democracia y a España

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Mié, 2018/02/14 - 11:18
Usted ha sido el primero en denunciar públicamente una ley que considera totalitaria, o bolivariana. –No sé si he sido el primero, pero desde luego uno de los primeros. Y eso me alarma, como me alarma el hecho de que hasta ahora las reacciones hayan sido mínimas. Hay muchos idiotas, sí auténticos idiotas listillos que dicen que no vale la pena hacer nada, porque ese proyecto de ley no se aprobará y no va a ninguna parte, que es solo demagogia para quitar votos a Podemos, y cosas por el estilo. Esos memos son peores que los que defienden todo lo que está contenido en esa ley, porque desarman de antemano cualquier reacción. Es un proyecto de ley contra la libertad de todos y por imponer desde el poder la falsedad histórica institucionalizada. Pero usted admitirá que, efectivamente, puede haber algo de verdad en lo de que el PSOE está perdiendo votos a favor de Podemos y que esto es una maniobra para recobrarlos. –No me importa absolutamente nada si es una maniobra o si son cien maniobras. Lo que importa es el contenido de la ley, y eso está clarísimo. Esta ley no es más que la conclusión  lógica de la anterior,  que ya  por sí era  totalitaria deslegitima la transición y la monarquía y trataba de imponer desde el poder una versión de la  historia y convertir a los asesinos de las chekas en luchadores por la libertad víctimas del franquismo. Pues aquella ley miserable pasó, fue aprobada por un Congreso igual de miserable. Y todo el mundo hace como que no se da cuenta, y el PP la aplica a conciencia con el cuento de que las leyes hay que cumplirlas. Una ley tiránica, despótica y falsaria, que atenta contra la democracia,  debe aplicarse, dicen esos tiparracos…  Cuando han visto cómo la izquierda se ha opuesto con eficacia a sus leyes como la de enseñanza… Ahora está ese partido metido hasta el cuello en la corrupción, y Granados está destapando parte del chanchullo institucionalizado. ¿Cómo responden los del PP? Acusando a Granados, textualmente: “cínico, mentiroso,  presunto corrupto y cobarde como una rata”. He comentado  en tuíter: “vaya, parece un retrato robot del político medio del PP”. Habría que añadir, “y frívolo y chulo”.

 

¿No está usted exagerando? Se vienen diciendo muchas cosas apocalípticas desde hace años, y el país sigue más o menos igual, y hay libertades, etc. –Mire, desde el principio de la Transición, desde Suárez, los gobiernos y los partidos vienen infringiendo la Constitución y con la llegada del PSOE llegó la corrupción a lo grande. Esto es muy grave, pues la convivencia pacífica y libre en cualquier sociedad, en la que siempre hay intereses, sentimientos  e ideas contrarias,  se basa en el cumplimiento de la ley, una ley, claro, que respete los principios de libertad, etc. Y es muy grave vulnerar la ley como se ha hecho sistemáticamente, solo tiene que pensar en Cataluña y Vascongadas, y por tanto en el conjunto de España, porque un gobierno que permite a los separatistas, decenio tras decenio, hacer lo que hacen y encima financiarlo, ese gobierno es cómplice e igual de delincuente. La experiencia histórica demuestra lo peligroso que es eso, porque la guerra civil  llegó, en definitiva por la destrucción de la ley republicana por los mismos que con todo descaro y falsedad se presentan como “el bando republicano”. Pero en España la historia no sirve de nada, o es ignorada o es falseada.  Pero, le insisto, aquí estamos muy lejos de una guerra civil, pese a las denuncias que usted hace, y que muchos podrían considerar histéricas, –Es cierto, estamos aún lejos de ello, y es muy improbable que lleguemos hasta ahí. Pero lo  improbable no es imposible y la historia está llena de cosas improbables que sin embargo ocurrieron. No hay que ser frívolos con estas cosas. En cualquier caso debemos preguntarnos por qué, a pesar de la crispación y el odio que separatistas e izquierdas vienen fomentando y convirtiendo en un auténtico negocio, no parece creíble un enfrentamiento violento dentro de la sociedad. Cómo es posible que con unos políticos tan extremadamente ruines como los que tenemos, la sociedad marche medianamente bien. Pues es posible porque el franquismo dejó un país libre de los odios que acabaron con  la república. Se habla mucho de la prosperidad legada por el franquismo, pero aún más importante es la reconciliación de la gran mayoría, que por cierto ya se alcanzó en los años 40, gracias a que nadie en sus cabales quería repetir la experiencia del Frente Popular.  Gracias a esa herencia es muy difícil hoy llegar a aquella explosión de odios que acabó en guerra civil. Pero las cosas van a peor, y el proyecto de ley de que hablamos es un paso muy fuerte en la misma dirección del Frente Popular, es la liquidación de las más elementales libertades  políticas. Y, por cierto, algo así se está aplicando ya en Andalucía, con el silencio cómplice del PP, Ciudadanos, etc. La llaman “memoria democrática”, para más injuria.

Hay gente que dice que nunca firmaría un manifiesto propuesto por usted –Pues que no lo firmen, otros muchos sí lo harán.  Y que hagan otro manifiesto, si quieren,  que no tendrá más remedio que decir las mismas cosas que yo. Pero esa excusa es claramente un pretexto para no hacer nada en la mayoría de los casos. Porque lo más grave no es el proyecto de ley, propio de unos gangsters políticos. Lo más grave es que haya sido admitido para discutirse en las Cortes, y que no haya suscitado la menor reacción  en mucha gente, políticos, periodistas, historiadores o escritores que crean opinión pública y a los que se supone cierta sensibilidad democrática. Pero el hecho real, y de ahí el peligro, es que la sensibilidad democrática de la gran mayoría de intelectuales, periodistas y políticos es tan inexistente como su respeto por la historia. Y así estamos, dando vueltas a la noria sin que la experiencia del pasado sirva de nada. Y de ahí resulta una democracia fallida, que es preciso reconducir o si lo prefiere, regenerar. Algo que se viene proponiendo desde la derrota de Felipe González, pero que no se hace.  Ahora necesitamos reaccionar ante esta ley, y eso puede ser parte de una regeneración.

 

 

 

 

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Las revoluciones imaginarias

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Mar, 2018/02/13 - 15:26

Las revoluciones imaginarias.  Los cambios políticos en la España contemporánea

José Miguel Ortí Bordás, ediciones Encuentro

**************** En contra de lo que en ocasiones  equivocadamente se ha manifestado, el fenómeno revolucionario es un fenómeno rigurosamente impredecible. Nadie es capaz de adivinarlo, de anticiparlo o de pronosticarlo. Por muchos y muy fuertes que sean los síntomas que al respecto aparezcan en la etapa prerrevolucionaria  (…) Dicho de otro modo, la revolución no se anuncia: prorrumpe, simplemente.    Por otra parte, nadie ni nada es capaz de controlar realmente el proceso revolucionario una vez que este se ha puesto en marcha. Pese a no ser lineal y pese a mostrarse las más de las veces como caótica e incongruente en su desarrollo, la revolución tiene su particular dinámica interna e impone a todos su propio interés y su propia voluntad. Se desencadena por sí misma y en la forma que ella misma dispone, con independencia la mayoría de las veces de la intención, de los deseos y de los proyectos de los movimientos revolucionarios y de sus dirigentes, por muy preparados que estos estén, por perfilada que sea su estrategia y por abundantes que sean sus conocimientos teóricos (…)  Hay que señalar, además, que las revoluciones clásicas afectaron todas ellas al régimen de propiedad. Tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos, tanto en Francia como en Rusia, se procedió rápidamente a una más o menos amplia confiscación de la tierra, de la que, como es de presumir, se derivaron sustanciales ventajas patrimoniales para los revolucionarios, como Crane Brinton afirma”.      En la mayoría de los casos se observa también que el triunfo de la revolución conlleva  no solo un mayor sino también un mucho más intenso grado de centralización en la organización territorial del Estado”.    Con estos rasgos   no es de extrañar que el autor señale que no se ha producido ninguna revolución real en España en los siglos XIX y XX, a cuyo efecto examina las llamadas revoluciones de 1820 y  1868. La primera solo lo fue en la medida en que garantizó el hundimiento de casi todo el Imperio español, pero, como observa Ortí, los “revolucionarios” no solo respetaron al rey, sino que declararon su intención de ser lo menos revolucionarios y lo más respetuosos posible con el orden establecido. El golpe de Riego dio lugar a un trienio un tanto demencial terminado con una vuelta al orden por imposición de un ejército extranjero, que en esta ocasión no vieron como enemigo la mayoría de los españoles.  La de 1868 sí considera Ortí, acertadamente, que fue una revolución política, si bien fracasada por su deficiencia social. Muy ligada a la figura de Prim, el asesinato de este la terminó, despeñándose poco después por la I República, aún más demencial que el trienio.    Quizá habría que decir que, por lo común, los revolucionarios  estaban enfermos de retórica y solo tenían “clara” una cosa: la eliminación de la Iglesia de la política y, en lo posible, de la sociedad española, tal como había ocurrido con la revolución francesa –aunque no en Inglaterra con la anglicana–. Una revolución a un tiempo culminada y abortada en la I República.      Como hilo conductor de su ensayo, Ortí Bordás recoge la definición de Ortega sobre España como un país no revolucionario,  como queda expuesto, tardígrado (es decir, de movimiento políticos muy lentos),  y constitutivamente gubernamental.   El carácter tardígrado queda descrito así: Es un pueblo que no reacciona con prontitud o no reacciona en absoluto ante las incitaciones. Las invitaciones que objetivamente le hace la historia para cambiar no las atiende con la presteza debida (…) Carece de capacidad de movilización. No reaccionó ante la incitación política que, a principios del XIX, supuso la pérdida de legitimidad de ejercicio de la monarquía, si tan siquiera hizo frente a la enorme e irrepetible conmoción histórica que objetivamente representó la emancipación de América. No reaccionó políticamente ante el desastre del 98 ni frente al expediente dictatorial al que la Primera Restauración recurrió en los años veinte del pasado siglo. No reaccionó tampoco ante el estímulo que constituyó la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, ni tan siquiera frente al declive tanto físico como político del general Franco y, con él, del franquismo.     Creo que todo esto es muy discutible. Cada país tiene su ritmo histórico. Si lo comparamos con el francés, este ha sido mucho más “reactivo”, aunque no siempre. Una reactividad poco envidiable si tenemos en cuenta cosas como la tremenda brutalidad de la Revolución francesa y de las guerras napoleónicas que siguieron. Precisamente la invasión del “reactivo” pueblo francés dejó a España agotada, casi en ruinas, con inminente pérdida del imperio y dividida internamente con propensión a guerras civiles y pronunciamientos. Su derrota frente a Prusia en 1870 dio lugar a una poco estimable y sangrienta revolución de la Comuna, y a un sistema republicano un tanto  despótico y posteriormente a la I Guerra Mundial, de la que España se libró, por suerte. Francia construyó su imperio en el siglo XIX y lo perdió en el XX sin ninguna reacción especial salvo el golpe de De Gaulle. Y en el siglo XX volvió a ser vencida con increíble facilidad por Alemania, de nuevo sin reacción especial, pues debió su liberación al ejército useño fundamentalmente. Quizá pueda decirse que Francia o Alemania han sido mucho más “reactivos” que España, pero no estoy seguro de que esas reacciones sean muy deseables. Gracias a la tardigradez, que decía Ortega, España pudo reponerse de las convulsiones republicanas y vivir los cuarenta  años más fructíferos de su historia en al menos dos siglos.     Característica del pueblo español sería asimismo la tradicional pasividad antes, en medio  e incluso después de cada cambio político (…) El protagonismo de los cambios políticos corresponde inalterablemente a reducidas minorías, instaladas, por si fuera poco y en no pocas ocasiones, en el Poder  que se altera o modifica o en sus proximidades y aledaños.  El diagnóstico es, como antes, muy cierto,  aunque tengo la impresión de que  ocurre lo mismo en todos los países, por más que “el pueblo” se mueva ocasionalmente como comparsa. Porque además nunca es el pueblo, sino una parte muy pequeña de él, que llena de gente un par de plazas y calles de la capital del país, como llenó la Puerta del Sol al llegar la II República. La pasividad popular puede ser una ventaja en ocasiones de efervescencia demagógica, como ya observaba Julián Marías de la agitación política de los años 60 entre tantos jóvenes y estudiantes de Europa occidental y Usa.      Cita Ortí de Ortega: “Este es el secreto hondo y por demás interesante de los destinos españoles: somos un pueblo sustancialmente gubernamental”, pues, explica el autor, “ No nos limitamos a respetar el principio de autoridad, acatar el Poder y obedecer al Gobierno. Ni tan siquiera nos circunscribimos a mostrarnos comprensivos con él y sus decisiones. Nos inclinamos ante el Poder y nos sometemos al Gobierno, cualquiera que este sea y por el solo hecho de serlo (…) Nos comportamos como sujetos pasivos del Poder. Esto parece algo excesivo: no hay más que recordar las enormes movilizaciones aún recientes por el Prestige, la guerra de Irak, las complicidades con la ETA… Podríamos decir que las movilizaciones se producen solo contra gobiernos de izquierda, pero también el PSOE sufrió huelgas generales, mientras que el PP lleva mucho tiempo sin apenas oposición callejera. Lo que sí es verdad es que hay una gran masa de españoles dispuestos a aceptar cualquier gobierno, incluido el más tiránico, y que apenas se dan cuenta de los peligros que corre la libertad, como ahora mismo por la infame ley de memoria histórica. Es un grave problema  porque no se limita a personas de bajo nivel cultural, sino que se encuentra igualmente en políticos profesionales e intelectuales. Apenas ha habido hasta ahora reacciones sobre el nuevo proyecto de ley bolivariana, aunque algo empieza a haber, en gran medida por mi intensa agitación al respecto. Lo digo porque así es.    Ortí Bordás procede de la Falange y del SEU, tan admiradores de Ortega (una admiración que no comparto, desde luego, en cuanto al Ortega ensayista político o histórico, como he explicado muchas veces) . Y suele olvidarse que fue precisamente el Movimiento el que realizó fundamentalmente el paso a la democracia, que de otro modo habría sido imposible. Ortí pudo haber sido incluso quien la encabezase, pues llevaba años trabajando en esa dirección. En su opinión fue fundamentalmente un gran logro que dio más protagonismo al pueblo,  corrigió la “tardigradez” tradicional y nos integró “en Europa” No obstante, como cita de Julián Marías sobre la Constitución,  este no la veía capaz de “despertar el menor entusiasmo” de ningún tipo y temía que los compromisos con que había sido alumbrada “comprometiesen la realidad política de España”, por lo que no tenía reparo alguno en calificarlo como “La gran renuncia”.    En cuanto a la integración en Europa, constata cómo  La auténtica mutación (…) es la del rapto cultural por Europa. Nuestra cultura ha sido absorbida por la del Continente (…) Al revés de lo que ha venido aconteciendo hasta hace poco. Recuérdese al respecto la afirmación de que la cultura propiamente española se determina en gran parte  por un proceso de asimilación e hispanización de las influencias europeas. Peo ahora (…) nos diluimos y disolvemos en ella (…) Somos integrantes de una sociedad blanca como la europea, sin fibra moral (…) Claudicación y decadencia son las dos palabras clave que la definen”    Esta es otra evidencia, si bien debemos recordar que la cultura europea entra en decadencia profunda después de la II Guerra Mundial y que lo que pasa hoy por cultura europea es más bien un seguidismo de la dinámica y avasalladora cultura useña.    Y rasgo de esta decadencia en España es el resurgimiento de los “demonios familiares”. Bien visible en este mismo momento.    Ortí Bordás es un ex político ensayista que razona sobre lo que ha venido pasando y sobre las perspectivas, nada satisfactorias, de la historia presente. Una excepción en el panorama de políticos mediocres y golfos que hoy nos aqueja. Por mi parte, como he explicado muchas.
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Por una Comisión de la Verdad independiente del poder

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Lun, 2018/02/12 - 21:09
   Los liberticidas que han elaborado el proyecto de ley de Memoria histórica hablan, con su retórica falsaria, de crear una “comisión de la verdad” con personajes de su cuerda a los que llaman “prestigiosos” y demás. Pero la idea no es mala. Es precisa una comisión de la verdad. Uno de los graves problemas que tiene la democracia en España es la ignorancia de la historia, y en concreto de la historia del PSOE. Esta es la razón por la que muchas personas creen que un partido capaz de proponer una ley despótica como esta es democrático, cuando ese partido, el PSOE, es, ahora como en la república, el peligro más grave  para la convivencia de los españoles en paz y en libertad. Uno de los pocos socialistas decentes, Besteiro, describió la propaganda del Frente Popular, especialmente la socialista, como “un Himalaya de falsedades”. Y ese Himalaya pretenden echarlo nuevamente encima de todos para aplastar nuestras libertades más elementales.    Pues bien, de momento la comisión está creada. Soy yo mismo más cuantos quieran sumarse al movimiento de aclaración de la historia, en particular  la del PSOE. ¿Cómo haremos? En principio nuestros medios son escasos. No somos personajes subvencionados como los que pretende alquilar el PSOE… y subvencionados quiere decir que nos obligan a todos a pagarles sus falsedades. Tampoco disponemos de los grandes medios de masas, por lo común subvencionados de la misma forma, directa o indirectamente,  en esta democracia fallida. Sin embargo la verdad debe ser defendida, y tenemos muchos más medios de los que parece, máxime en una época en que las redes sociales  permiten una difusión mucho más allá de dichos medios corruptos.  Las propias redes están tremendamente contaminadas por gente afín a os trepadores del Himalaya, pero ahí cada uno de nosotros tiene voz, no puede ser silenciado fácilmente, y se trata simplemente de combatir a los del Himalaya de manera sistemática y lo más masiva posible.

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   Mientras dure esta campaña, el editorial del programa “Una hora con la Historia” versará sobre el pasado y el presente del PSOE. El editorial  puede ser difundido tal cual en Facebook. Y acompañaré frases cortas para  tuíter y otra redes.    Ahora repetiremos un resumen, que ya hicimos hace unas semanas: Es muy preciso, por tanto, que la opinión pública conozca la ocultada historia de ese partido, hoy bastante bien estudiada, aunque todavía pocos la conozcan. Muy en breve,  en los años 30 el PSOE quiso, buscó y organizó la guerra civil, textualmente, para imponer en España un régimen de tipo soviético. La preparación de la guerra incluyó abundante uso del terrorismo. Fracasado el intento en octubre de 1934, volvió a la violencia tras  las elecciones de febrero de 1936, demostradamente fraudulentas, para destruir la legalidad republicana, con uso abundante de un terrorismo que culminó en el asesinato del líder de la oposición Calvo Sotelo; y ya durante la guerra fueron actos suyos el terror de las chekas, el envío de las reservas de oro a Moscú — haciendo de Stalin el jefe real del bando llamado republicano–  y el robo sistemático de bienes nacionales y particulares, que suscitaría luego peleas sórdidas entre sus líderes en el exilio.   Si hay alguien responsable de la guerra civil, es el partido que ahora intenta arruinar del todo la democracia mediante la violencia del estado combinada con ”esa constante mentira”, que decía Gregorio Marañón. Volviendo a Besteiro recordemos que fue  el socialista que denunció la guerra civil y el baño de sangre que preparaba su partido en 1934, y que por eso fue calumniado y marginado en su propio partido.  Por desgracia permaneció en él y eso le valió una condena a cadena perpetua al terminar la guerra, aunque como deben saber, aquellas cadenas perpetuas podían durar de cuatro a seis años.  Besteiro fue, además,  el único líder socialista que no huyó al extranjero. Los otros se fugaron con tesoros expoliados y dejado a sus sicarios que se arreglaran como pudieran con los vencedores. Personas comprometidas en delitos de sangre a veces terribles y a quienes los de la memoria histórica quieren hacer pasar por luchadores demócratas y víctimas del franquismo. Todo esto  no es un panfleto del tipo de los de la memoria histórica. Es un resumen de hechos abundantemente investigados y documentados, entre otros por mí mismo en mi trilogía sobre la república y la guerra civil.    Luego, durante el franquismo, el PSOE no hizo la menor oposición digna de reseña, al revés que los comunistas. Y es ahora, ochenta años después de la guerra y cuarenta de la transición a la democracia, cuando este partido intenta derrotar a aquel régimen a base de derrotar al mismo tiempo la libertad de los españoles e instalar en la sociedad los mismos odios que llevaron a la destrucción de la república.   El PSOE se ha venido presentando como partido democrático, cuando la verdad es que solo se ha resignado  a una democracia llegada históricamente desde el franquismo, “de la ley a la ley”. La democracia no debe nada al PSOE, sino que, al revés, ese partido debe todo a una democracia a la que en cambio  ha aportado grandes dosis de corrupción, “comprensión” hacia los separatismos y los crímenes de la ETA,  y leyes siniestras como las de  su fantástica memoria histórica.  Por falta de fuerza ha tenido que aceptar un régimen de libertades,  pero manteniendo su ideología contraria en espera de ocasión, que parece creer llegada ahora.     Estamos, por tanto, ante un proyecto de ley orientado directamente contra los derechos de los españoles, contra las libertades más elementales y contra la verdad mejor documentada sobre nuestro pasado. Un proyecto hecho, como no podía ser menos, por un partido de historial e ideología radicalmente antidemocráticos.    Y contra estas derivas nos toca movilizarnos muy en serio a cuantos amamos la libertad, la verdad y a España. Es preciso demostrar a los totalitarios que no somos un pueblo de borregos que se deje embaucar por su turbia charlatanería ni amedrentar por sus amenazas.    Y ahora, unas frases, solo tres, para poner en marcha en tuíter: *La nueva ley de memoria histórica materializa en persecución totalitaria lo que en la antigua ley quedaba como simple amenaza *La histeria antifranquista no habría tenido curso sin la inhibición culpable  de quienes deberían defender la verdad, y sin la corrupción despótica que ha significado obligarnos a todos a subvencionar sus mentiras *¿Quieren una prueba irrefutable de que la “memoria histórica” es falsa de arriba abajo? Reparen en que se ha impuesto a base de subvenciones que nos han obligado a pagar a todos, y ahora amenazan con la violencia del estado a quienes piensen de otro modo    Obviamente, mientras ustedes escuchan no pueden copiarlas, pero pueden hacerlo en mi blog www.piomoa.es u oyéndolas en YouTube “Una hora con la historia”.

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Azaña, el falso mito de izquierdas y derechas: https://www.youtube.com/watch?v=tM1ej5f4snc&t=8s

 

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La cuestión judía

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Lun, 2018/02/12 - 09:48

*Los manejos de Companys en París y Londres, traicionando a Azaña y a sus aliados del Frente Popular: https://www.youtube.com/watch?v=BXEMHPIlC7M

*Azaña en la guerra: Quizá no fue el principal, pero sí uno de los principales causantes de la guerra: https://www.youtube.com/watch?v=tM1ej5f4snc&t=7s

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La “cuestión judía” se puede resumir así: existe una minoría inasimilable y dispersa por medio mundo,  que aspira a dominar al resto de los pueblos y ejerce una constante labor de corrosión de los valores tradicionales (aquí se pueden interpretar como cristianos, “occidentales” en un sentido vago, o raciales). Por tanto,  se comportan como una especie de sociedad secreta y, pese a su escaso número, se les encuentra en todos los medios de la alta cultura, de las finanzas y, directa o indirectamente, de la política, dominándolos en general. ¿Qué hay de verdad en todo ello? Es cierto que se trata de un pueblo con casi increíble resistencia a la asimilación, pese a haber vivido en condiciones a menudo muy malas o sufriendo persecuciones. Un caso semejante al de los gitanos, en ese aspecto, pero solo en él. La razón de esta resistencia radica probablemente en la fuerza de sentirse o creerse, pese a todo, el pueblo elegido por Dios, nada menos. Aunque de manera implícita o explícita, otros se han considerado algo  parecido, al menos en algunas épocas, ninguno, que yo sepa, lo ha teorizado como una decisión directamente divina comunicada a los judíos primigenios. Es cierto también que su representación en casi todos los medios de cultura, finanzas, de la diversión, etc., está muy por encima de lo que cabría esperar de su número en una sociedad.  Se trata de un fenómeno históricamente nuevo, desde el siglo XIX, pues, aunque siempre hubo algunos judíos intelectualmente destacados, la gran mayoría de ellos vivieron acompañados de la pobreza, a menudo del miedo y sin logros culturales de interés. No obstante siempre hubo una pequeña minoría entre ellos mismos que, por medio de la usura, conseguían gran riqueza e influencia. En Castilla, antes de la expulsión, estos eran muy criticados por su arrogancia y negocios sucios, tanto por los cristianos (conversos incluidos) como por muchos de los propios judíos. Creo que la raíz de este fenómeno se encuentra en la Biblia, o más bien en el estudio casi obsesivo de la Biblia, por suponérsela la palabra de Dios. En realidad se trata de un libro misterioso o, si se prefiere, como lo harán los ateos, estrafalario, repleto de contradicciones. Lo mismo predica la compasión y la bondad con el prójimo que ordena su exterminio, o insiste en la justicia y describe sin el menor empacho cómo una tribu judía que tenía poco espacio, se enteró de que unos vecinos vivían sin murallas de protección, por lo que fueron sobre ellos, los masacraron y se apoderaron del territorio. Ni una crítica. Estas cosas han obligado a un esfuerzo interpretativo y especulativo ya desde muy antiguo, habiendo rabinos proponían que el mensaje bíblico se refería en realidad a la lucha interna dentro del alma humana, debiendo interpretarse así, por ejemplo, la cautividad y salida de Egipto… Este esfuerzo especulativo no es exclusivo de los judíos, desde luego,  y los griegos, por ejemplo, lo elevaron a la cumbre; pero se ha hecho especialmente intenso en los judíos precisamente por sus especiales circunstancias de minorías segregadas y despreciadas u odiadas, sin país propio,  siendo al mismo tiempo el pueblo elegido de Dios y tan duramente tratado por este, como les reprochaba el príncipe Vladímir de Kíef . Ello ha forzado, en mi opinión, tanto el afán especulativo, de instrucción y de dinero (un bien parcialmente independiente de la riqueza basada en la posesión directa de tierras o mercancías), como una peculiar neurosis señalada por muchos judíos, que ha llevado a algunos muy destacados (Marx, por ejemplo) a compartir el odio y desprecio de los gentiles hacia su  pueblo.  Y de ahí también su sobrerrepresentación en los terrenos de la cultura o las finanzas: un pueblo particularmente inquieto en esos campos Creo que los judíos, por su historial a menudo atormentado, son especialmente sensibles a la incertidumbre de la condición humana.  Y de esa inquietud  también el efecto corrosivo de algunas de sus especulaciones  sobre las ideas, valores y tendencias tradicionales, incluidas las propias judaicas, desde luego. Esa inquietud resulta perturbadora para el afán contrario, que quiere tener “la vida tranquila” y aferrarse a unos principios o verdades que den sentido a lo que hace.  Hitler decía haber descubierto que en toda la industria de la pornografía y la literatura deletérea, subversiva  y revolucionaria  que destruía el nervio moral de los alemanes, se encontraban siempre los judíos. Pero muchos judíos denunciaban también aquella literatura y degradación de las costumbres,  y eran de mentalidad muy conservadora. Y aparte de eso, los valores que propugnaba Hitler eran  también subversivos, a  su manera revolucionarios y muy poco tradicionales, es decir, cristianos. Parece que quería una vuelta al paganismo, por lo demás imposible después de la larga experiencia cristiana: una postura en el fondo nihilista que no por casualidad acabó en la destrucción de su país. La contradicción aparece también en Jesús: “No he venido a cambiar la lay, sino a cumplirla”. Pero veamos: “Quien esté libre de culpa, tire la primera piedra”. La ley no dice eso, ni mucho menos. Dice textualmente lo contrario, que con culpa o sin culpa de los apedreadores,  se lapide a la adúltera.  Es más, si la aplicación de la justicia dependiera de las culpas de de los aplicantes, no habría justicia posible. O bien sus prédicas del amor no brillaban demasiado cuando se refería a la “raza de víboras”  de los fariseos, con quienes compartía tantas concepciones religiosas, mientras que deja a los saduceos irse  más bien de rositas. Cosa que algunos han explicado por interés político. Pero la vida está llena de contradicciones difíciles de interpretar.
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La OMLE y el 68

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Dom, 2018/02/11 - 05:14
Si al cristianismo se le encontraba un tinte plúmbeo, opresivo y demasiado irracional, el liberalismo era visto como la ideología burguesa por excelencia, ideología de la competencia comercial justificada en un trivial consumismo, insaciable e interminable;  y mucha gente, muchos jóvenes, aspiraban vagamente “a más”, sin saber muy bien a qué (algún cínico podría señalar: “a todos los derechos sin ninguna obligación”, lo que tenía algo de cierto, pero no todo); y por otra ignoraban el gran esfuerzo y disciplina social  exigidos por aquellos privilegios de que gozaban. El liberalismo parecía hacer girar la vida en  torno al dinero: quien tenía más dinero sería más libre y por tanto más “humano”. Ideología diríase “prometeica”, aunque por entonces nadie usaba este término o lo usaba de manera laudatoria: la rebelión contra los dioses, liberadora del hombre. El propio liberalismo, además, había tenido que aceptar para sobrevivir gran parte de la ideología socialdemócrata después de la guerra mundial. Y es interesante constatar cómo una idea de posguerra, el “europeísmo”, originariamente democristiana, iba tomando a su vez un tinte socialdemócrata, que en su desarrollo tiende a eliminar la libertad humana, como ya había advertido Tocqueville. Por tanto, se buscaba el remedio en otras religiones sucedáneas como el marxismo, la revolución sexual, el yoga, el zen, la meditación, la droga entendida como un camino de liberación… Cabría decir que la deriva tomada por aquella rebeldía respondía a una falta de “pouvoir spirituel”, como caracterizaba Ortega  otra situación. De ahí sus manifestaciones en el fondo nihilistas y autodestructivas.          La OMLE y lo que le siguió  entran en una corriente que hoy pocos identificarían  con el “68”, ya que sus premisas era las típicas bolcheviques de disciplina,  sacrificio, trabajo duro, lucha sacrificada,  ateísmo militante, nada de drogas, nada de “cachondeo sexual pequeñoburgués”, nada de misticismos orientales ni occidentales, nada de pacifismos, etc. Sin embargo, como digo, nació de allí como una derivación del “mayo francés”, como también lo hicieron grupos stalinistas  o terroristas como el alemán Baader-Meinhof, el italiano Brigadas Rojas, alguno menor francés, sin olvidar que la ETA empezó a asesinar el mismo 68. Y debe recordarse la admiración del sesentayochismo, pese a su proclamado ultralibertarismo, por la tiranías totalitarias de orientación comunista. ¿Pese? No tanto. Una clave de aquella aparente oposición la vuelve a proporcionar Paul Diel, a mi juicio: la degradación de las cualidades psíquicas se expresa por pares acusatorios y sentimentales, al mismo tiempo opuestos y complementarios que se refuerzan. Creo que en el plano de las ideologías ocurre algo semejante. El libertarismo era fundamentalmente sentimental, cultivaba de modo exacerbado el pacifismo y el victimismo. Según él, prácticamente todo el mundo, mujeres, niños, jóvenes, obreros, empleados, negros, homosexuales, prostitutas, locos, países enteros del “Tercer Mundo”, etc., habían estado durante toda la historia brutalmente explotados, alienados y oprimidos, a pesar de representar los valores más elevados de dignidad humana y progreso. Las ínfimas minorías opresoras se componían generalmente de un número de hombres blancos. Los comunistas tipo OMLE y similares eran más abiertamente agresivos y acusadores. Cultivaban menos el victimismo y su postura podría definirse así: el pasado era un cúmulo de explotación y crímenes, cierto, pero las condiciones económicas lo habían hecho inevitable y no había que perder mucha energía en lamentarlo. De lo que se trataba entonces era de actuar de manera decisiva contra los explotadores y demás, arrostrando los sacrificios necesarios por la liberación humana.     Así que las dos posturas, aunque opuestas, eran también complementarias, se reforzaban mutuamente y terminaban generando una especie de pensamiento histérico contra la realidad  histórica y presente, en el que se mezclan inextricablemente  la cursilería y el odio, como vemos a diario. Y  ello explica la admiración de los sentimentales por los agresivos (terroristas, totalitarios…), mientras que estos últimos les correspondían con cierto desprecio, aunque estuvieran siempre dispuestos a utilizar a los “tontos útiles”.  Los sentimentales, mientras denunciaban aquellas cosas terribles, aparte de pacifistas no les importaba integrarse en “el sistema” y gozar de  las mil ventajas políticas y económicas  que les proporcionaban los según ellos opresores y criminales, ni les importaba aliarse con los curas “progresistas” o caer en drogas y misticismos, cosas todas ellas despreciadas por los agresivos. Pero debe reconocerse que los sentimentales han tenido mucho más éxito en demoler  o al menos  llevar a una crisis profunda la sociedad tradicional.

 

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questanonlasapevo

«E parlo della storia della ventinovenne marocchina di Pesaro, in Italia da quando ha 11 anni, che decide di sposare un ingegnere pesarese di 41 anni ma all’atto di richiedere il nulla-osta al Consolato marocchino di Bologna trova per tutta risposta l’obbligo a ”convertire il marito all’islam”, altrimenti niente nulla-osta» (Souad Sbai, La Nuova Bussola Quotidiana, 28.12.17). La donna si è rifiutata ed è stata cacciata in malo modo.

►►► Le ultime novità in libreria di Rino Cammilleri.

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El mayo francés, Woodstock, como síntomas

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Sáb, 2018/02/10 - 09:04
*Los manejos de Companys en París y Londres, traicionando a Azaña y a sus aliados del Frente Popular: https://www.youtube.com/watch?v=BXEMHPIlC7M **Esta semana trataremos la conducta política de Azaña durante la guerra ******** En fin, si en España el 68 resultó un tanto deslucido, en Francia fue otra cosa. Allí, una repentina oleada de radicalismo estudiantil, secundariamente obrerista, logró sacudir, en aquel renombrado año, un sistema democrático tan asentado en apariencia como el francés. El fenómeno fue tan extraño que los análisis no acaban de dar con su clave. Además nunca contó con algo parecido a un pensamiento o una doctrina, más allá de frases y consignas, muchas de ellas notables solo por su estupidez. Fue un movimiento a la vez prosoviético, maoísta,  anarquista, trotskista, de revolución sexual, feminista, juvenilista… Es decir,  perfectamente contradictorio, pero con una base común: oposición total al sistema “burgués”.  A un sistema que les había proporcionado unos privilegios nunca vistos en la historia: bienestar económico, independencia, enseñanza gratuita o casi, facilidades para viajar, divertirse, comprar música, ropa,  los libros más variados, notable seguridad jurídica. Y esto resulta muy interesante.  Claro está que aquellas ventajas no se las debían a sí mismos, sino al trabajo duro de posguerra   de la generación anterior, pero los nuevos revolucionarios no mostraban ni pizca de agradecimiento al respecto.  Disfrutaban de sus ventajas como si hubieran caído del cielo y despreciaban los tiempos anteriores como “los años de plomo” y a sus padres como reaccionarios reprimidos y represores. La paradoja es sorprendente. El “mayo francés fue vencido con bastante facilidad y pocas víctimas mortales, pero iba a influir enormemente en la evolución posterior europea hasta colorear como hoy hace la cultura occidental En mi ensayo Europa, una introducción  a su historia,  al enfocar la edad de decadencia europea después de la II Guerra Mundial, exponía: ” ¿Estaba superando Europa (occidental) su decadencia gracias al éxito económico? Mas bien no. Donde mejor se aprecia esa decadencia es en aquellos puntos en que descollaba desde varios siglos atrás: el pensamiento, la filosofía, el arte, la ciencia, la técnica. En todos estos campos, también en las modas populares y juveniles, la vanguardia y la iniciativa pasaron a Usa después de 1945, siguiendo Europa con más o menos matices y escasa originalidad. También el marxismo soviético siguió influyendo con fuerza por medio de partidos comunistas de masas como los de Italia y Francia, y asimismo en la universidad y medios intelectuales. La Escuela de Frankfurt, asentada en Usa después del triunfo nazi, intentó un nuevo materialismo combinando a Marx con Freud.  Luego se dijo que los ideólogos del movimiento eran las tres “m”: Marx, Mao y Marcuse,  que realmente tenían poco que ver unos con otros, siendo la popularidad de Marcuse en Europa posterior el “mayo”. Otro rasgo de la época fue la popularidad del existencialismo de Sartre, puro nihilismo voluntarista: el hombre está “condenado a ser libre” en un mundo sin sentido, por lo que puede construir su moral y su vida al margen de cualquier constricción externa o transcendente, aunque en definitiva se trata de una “pasión inútil”.  Sartre terminó defendiendo el comunismo extremo, algo no tan contradictorio como pudiera sonar. En general, el pensamiento europeo de posguerra tiene un aire de epigonismo un tanto gris. El contraste entre la boyante economía y la pobreza cultural significó algo.

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Pero creo que en la base de todo ese movimiento confuso estaba la mencionada insatisfacción con la ideología consumista y economicista que parecía llenarlo todo y colmar supuestamente las aspiraciones humanas: ahí se encuentra el sentido profundo de la rebeldía. En el mencionado ensayo sobre Europa señalé cómo la Ilustración fue el venero de las ideologías posteriores, muy contradictorias entre sí, pero todas basadas pretendidamente en la razón y en la capacidad técnica del ser humano. Las ideologías son “prometeicas” en el mismo sentido que advertía el mito griego de la creación del hombre, según explica Paul Diel. Prometeo simboliza al propio ser humano, nacido de la tierra y dotado de una poderosa capacidad técnica y previsora (de la razón). “Prometeo” significa precisamente el que “piensa antes”, el previsor.  Por todo ello se burla de los dioses, rechaza al espíritu y convierte la vida humana en algo trivial y falto de sentido. Prometeo, es decir, el hombre prometeico, se ve atado a la roca, es decir, a la tierra, a los deseos triviales insaciables, y el águila de Zeus (enviada del espíritu) le atormenta: el remordimiento por el rechazo prometeico de una vida superior a la mera satisfacción técnica de los deseos materiales. Por otra parte, la limitación de la razón humana, su corta capacidad de previsión y contradicciones, viene simbolizada por el hermano del titán, Epimeteo “el que piensa después”. La rebeldía juvenil expresaba, por tanto, el descontento con el estilo de vida que prevalecía en Occidente. Pero ¿por qué adoptaba aquellas expresiones concretadas en el “mayo francés” o en Woodstock, como hechos emblemáticos, y no otras? Creo que ello se debía a la crisis de los valores espirituales tradicionales. La raíz espiritual de Europa era el cristianismo, pero la crítica incansable a que lo había sometido la Ilustración lo había hecho retroceder y desde entonces no había conseguido encontrar un lenguaje capaz de dar respuesta a muchas inquietudes. Insistir en los dogmas y en una moral que no cumplía, según se le acusaba, daban a aquella religión y a la Iglesia un tono pesado y mortecino o milagrero y contrario a la razón, que encontraba una aceptación decreciente. Tampoco el liberalismo, visto como la ideología de la competencia comercial justificada en un consumismo insaciable e interminable, exponía un discurso y un lenguaje capaces de sugestionar a mucha gente, y desde luego a los jóvenes, que por una parte aspiraban vagamente “a más” y por otra ignoraban el gran esfuerzo y disciplina para alcanzar aquellos privilegios de que gozaban.  Por tanto, se buscaba el remedio en otras religiones sucedáneas como el marxismo, la revolución sexual, el yoga, el zen, la meditación… En realidad, por falta de fuerza espiritual, como decía Ortega de otra situación, el descontento empujaba a aquellas manifestaciones en el fondo nihilistas y autodestructivas.
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Nuevo manifiesto por la libertad, la democracia y la verdad histórica.

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Vie, 2018/02/09 - 07:26
Me dicen que el manifiesto antes propuesto sobre la mentira histórica por ley encontraría poco apoyo en mucha gente que no se atreve todavía a decir lo que realmente es el PSOE. Y rechazo en otros al provenir de mí.  Por mi parte no hay inconveniente en cambiar las palabras  y abreviar lo del PSOE siempre que el contenido esencial sea el mismo.  En cuanto al rechazo a mi persona, lo explicaré al final. Me proponen este texto. “No se puede imponer por ley un único relato de la historia. No se debe borrar por ley  la cultura e historia de un pueblo, por razones ideológicas. El “historicidio” viene perpetrándose en España, con total impunidad, desde 2007. Ninguna razón moral, ni derecho subyacente, puede primar sobre la analítica verdad de los hechos, en las circunstancias en que se produjeron. Ninguna ley variará los hechos de la historia. La verdad interpretada de unos hechos, cualquiera que sea, no puede ceder a ninguna interesada propaganda política. Resulta del más puro estilo totalitario legislar sobre la historia o contra la historia.    La nueva ley de memoria histórica propuesta por el PSOE, consecuencia y empeoramiento de la anterior, pretende ilegalizar cualquier  asociación o fundación que sostenga puntos de vista contrarios a los de ese y otros partidos sobre la historia reciente de España. Y amenaza con penas de cárcel y elevadas multas a quienes sostengan opiniones o estudios favorables a la figura de Franco y a su régimen. Intenta asimismo expropiar, destruir o transformar el patrimonio histórico y artístico procedente de aquel régimen.       Esta proposición ataca directamente los fundamentos de la Constitución y los valores superiores que su ordenamiento jurídico consagra: la libertad (de opinión, expresión, investigación y cátedra); la justicia (sólo atribuible a jueces y tribunales);  la igualdad (que impide la discriminación ideológica, de sexo, raza, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social);  el pluralismo político (ejercido como actividad libre dentro del respeto a la constitución).    El proyecto de ley viola  asimismo el artículo 19  del Pacto de Naciones Unidas sobre derechos cívicos y políticos, suscrito por España, que en su apartado 49 especifica: “Las leyes que penalizan la expresión de opiniones sobre hechos históricos son incompatibles con las obligaciones que el Pacto impone a los Estados partes en lo tocante al respeto de las libertades de opinión y expresión. El Pacto no autoriza las prohibiciones penales de la expresión de opiniones erróneas o interpretaciones incorrectas de acontecimientos pasados”.  Se trata por tanto de un proyecto radicalmente antidemocrático, por cuanto pretende decidir desde el poder la realidad de la historia. Esto solo ocurre en regímenes totalitarios tipo Cuba, Corea del Norte, Venezuela y similares, hacia los que no estamos dispuestos a transitar.    El proyecto vulnera asimismo la verdad documentada de la historia, como demuestra el mero hecho de que su versión quiera imponerse por la fuerza y la violencia del estado, al ser incapaz de sostenerse en un debate e investigación libres e  independientes. Sus argucias invocando la dignidad de las víctimas o equiparando el franquismo al nazismo y similares son solo el envoltorio sentimental y falso de una ofensiva contra la libertad de los españoles, contra la democracia y la verdad histórica. E incita además al odio contra cuantos no compartan la opinión del PSOE sobre estas cuestiones.      Es obvio que un proyecto de ley semejante no puede provenir de un partido democrático. La historia del PSOE no es democrática. Muchos esperaban que después de la transición ese partido hubiera cambiado su trayectoria anterior, pero comprobamos que  muchas tendencias  antiguas siguen en él peligrosamente arraigadas. Además es bien sabido que ese partido no hizo prácticamente oposición al régimen franquista, en el que medraron muchos de sus líderes posteriores, lo que hace especialmente grotesca su pretensión de derrotar a aquel régimen cuarenta años después de su desaparición.  Y que su virulento antifranquismo actual le exija atacar la libertad de los españoles y la democracia.      Esta propuesta debe ser rechazada radicalmente por toda la sociedad, pues España no puede permitirse una involución hacia regímenes del tipo implícito en ella.

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Dos palabras sobre el rechazo a mi persona. Se trata de un rechazo lógico en la izquierda y los separatismos, porque mis libros han demolido a conciencia la mayoría de las ideas que intentan imponer a la sociedad con gran acopio de dinero que no es suyo. Su método ha sido el ataque personal, el silenciamiento y en la medida de lo posible la muerte civil. Esto es lógico, como digo. Para esta gente la verdad de la historia simplemente  no tiene importancia. Lo importante para ellos es poder etiquetar los trabajos que les desagradan como “franquista”, “fascista” “reaccionario”, “tradicionalista” o cualquier otro termino parecido, y seguir disfrutando de impunidad en sus negocios.    Menos lógico, en cambio, es que otros muchos intelectuales, políticos  y periodistas que no comulgan con las tesis y actitudes mencionadas, compartan  abierta o solapadamente  ese intento de muerte civil contra mí.  ¿Por qué lo hacen? Por un factor común a lo que  convencionalmente  llamamos derechas en España: por una profunda cobardía y vileza moral. Cobardía ante el matonismo intelectual (y ahora político)  de  izquierda y  separatismos, en un intento de congraciarse con los matones. Y vileza porque la inmensa mayoría de ellos, antes de  publicarse mis obras, apenas osaban hablar con alguna claridad y disculpándose, pero han aprovechado los caminos que yo he abierto  para avanzar un poquito…  tratando al mismo tiempo de hacerme a un lado, de ningunearme evitando citarme, como si yo no existiese o no hubiera escrito nada.      Procuro ser realista y ver las cosas como son. Pero afortunadamente aun me queda energía para enfrentarme a toda esa farsa y no dejaré de ponerlos en su sitio. Porque la historia también demuestra que todo cambia, y esta situación también cambiará. 
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Can the metrics of the REACH Act be fixed?

(For an in-depth look at the problems with the Reach Every Mother and Child Act, also known as the REACH Act of 2017, see our policy brief here. I also...

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State Dept Report Finds Wide Acceptance of Expanded Mexico City Policy

The State Department released a report yesterday showing overwhelming acceptance by US grant awardees delivering healthcare to vulnerable populations. C-Fam Friday Fax will have further analysis today. The report can...

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De aquellos polvos (con perdón)…

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Jue, 2018/02/08 - 17:02
También había poca afición a la música anglosajona: los Beatles tuvieron muy poco éxito en España, y los Rolling Stones eran prácticamente desconocidos, aunque catorce años después, cuando vinieron a cantar a Madrid, ¡resulta que todo el mundo había sido fan suyo! Pasaba como con las carreras ante los grises, de las que no se había privado nadie… ¡Una memoria bien entrenada hace milagros! A la gente le chocaban las imágenes de televisión con las mozas chillando histéricamente y desmayándose  ante sus sonoros ídolos en Inglaterra y Usa. Se veía aquí el espectáculo como un exotismo algo grotesco, aunque me dicen que algo parecido había pasado en España en los años 40  con la visita del cantante mejicano Jorge Negrete. En fin.
   Las cifras del recital demuestran que la masa aplastante del estudiantado se desentendía de cualquier cosa parecida a la lucha antifranquista. Tampoco sería franquista esa masa, o lo sería solo tibiamente, pero su interés  por la política era muy escaso. La mayoría pensaba en su carrera y su profesión, en divertirse, en ligar o hacer deporte, y ante las asambleas, huelgas y suspensiones oficiales de clases componía un gesto de fastidiada resignación o se alegraba de hacer novillos sin culpa.  Los politizados censurábamos con acritud la indiferencia de los estudiantes, su “aburguesamiento” o “alienación” y “consumismo”.   Cabe suponer que las grandes mayorías, en todas las épocas, se asemejan mucho entre sí, y aunque sus comportamiento sugiera trivialidad e incluso ramplonería, son también, probablemente,  la sustancia de la continuidad y estabilidad social. Si la muchedumbre innumerable de los antifranquistas de hoy lo hubieran sido en vida de Franco, ni el franquismo  ni las libertades políticas posteriores habrían sido posibles.    Visto aquello, en el tiempo, al medio siglo, las diferencias son enormes. Hoy, por ejemplo, la presencia policial en las calles es mucho mayor que entonces, y hablo de Madrid,  donde era notablemente mayor que en cualquier otra ciudad. Hoy estamos permanentemente vigilados, en las calles y en los establecimientos, a través de cámaras de “seguridad” y por lo visto también por satélite. Todavía no hemos llegado al nivel de Londres, donde esta vigilancia es obsesiva, pero vamos en esa dirección. Entonces uno podía entrar en cualquier establecimiento público, local de periódico o banco o museo sin pasar los controles hoy obligados, y la seguridad y policías privadas, que hoy son una importante industria, no existían. Había cosa de seis veces menos presos que ahora. Señalo estas cosas porque según la mitología corriente, el franquismo era un régimen policial, cuando es hoy cuando vivimos en un régimen realmente policial y de vigilancia continua. La vida era mucho más tranquila y desde el punto de vista personal más libre.     Las libertades políticas estaban restringidas, pero existían, cualquiera puede comprobarlo en una hemeroteca.  Si no te metías directamente con Franco, podías expresar incluso simpatías por la Revolución cultural china o por la república.  No había partidos ni sindicatos “libres”,  pero la verdad es que pocos los echaban de menos, y había muchas asociaciones muy variadas. La  oposición real y actuante era comunista (con cierto número de “tontos útiles”) o terrorista o las dos cosas, y esto es de lo más significativo, aunque no guste hablar de ello. Entonces la gente opinaba y discutía libremente, hoy ya no es el caso. En muchos ambientes la gente procura no expresar opiniones políticas con los amigos o los familiares para evitar tensiones. Aparte de que ciertas opiniones pueden condenarte a muerte civil. Gran parte de estas cosas que ahora vivimos (droga, omnipresencia de la pornografía, homosexismo, alcoholismo, violencia doméstica, diversas formas de acoso sexual y no sexual, prostitución, agobiante presión  colonizadora del inglés, hispanofobia muy amplia…) vienen de aquella “revolución del 68”. No es que no existieran antes, claro está que han existido y probablemente existirán siempre: es que eran menos frecuentes, más bien marginales, mientras que ahora dominan el  espacio  público. Por eso vale la pena extenderse un poco más sobre el significado de aquel movimiento.

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Los manejos de Companys en París y Londres, traicionando a Azaña y a sus aliados del Frente Popular: https://www.youtube.com/watch?v=BXEMHPIlC7M

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Manifiesto por la libertad, la democracia y la verdad histórica

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Mié, 2018/02/07 - 14:12
Más abajo, el manifiesto. Se trata de saber qué hacer en concreto con él. Ante todo debemos entender que, en democracia, la política consiste en gran medida en crear opinión pública, y hay que impedir que sean los demagogos quienes la monopolicen, manipulen y moldeen. Es decir, lo primero que hay que hacer es difundir masivamente, ya, el manifiesto. Cada uno puede hacerlo a sus conocidos, da igual lo que piensen, importa que empiecen a oír algo nuevo aunque no les guste. Cada uno puede difundirlo en Facebook, en tuíter y en otras redes sociales, Esto es fundamental porque las redes son un arma decisiva frente a unos medios de manipulación de masas degradados y envilecidos. Cada difusor del manifiesto cuenta mucho,  porque uno solo puede llegar así a miles, y  si los miles de oyentes de este programa, o aunque solo fuera la décima parte de ellos, lo hacen, el mensaje llegaría a millones de personas, y eso es ya una forma útil y eficaz de contrarrestar la demagogia de los totalitarios. Dejémonos de lloriqueos y quejas tontas y actuemos cada uno con nuestras posibilidades: tenemos mucha más fuerza de la que imaginamos, pero hay que darle salida práctica y organizada.     Con una versión del manifiesto, algo reducida, recogeremos firmas de historiadores, periodistas y otros para presentarlo a la opinión pública, incluso a los medios de masas, por degenerados que estén, a fin de darle más fuerza. Estamos ante una campaña en defensa de la libertad, de la democracia y de la verdad histórica, y todos debemos sentirnos comprometidos.  La amenaza es gravísima y sobre ella no caben frivoleos. ********************  Hay que reconocer que la portada es nefasta. No sé cómo la dejé colar.

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La nueva ley de memoria histórica propuesta por el PSOE, consecuencia y empeoramiento de la anterior, establece la ilegalización de cualquier asociación o fundación que sostenga puntos de vista contrarios a los de ese partido con respecto a la historia reciente de España. Y amenaza con penas de cárcel y elevadas multas a quienes sostengan opiniones o estudios favorables a la figura de Franco y a su régimen. Pretende asimismo expropiar, destruir o transformar el patrimonio histórico y artístico  procedente de aquel régimen.    Este proyecto ataca directamente la más elemental libertad de opinión, expresión, investigación y cátedra, y ataca por ello directamente la Constitución, que en varios artículos empezando por el título preliminar establece “la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. Esa ley, de llevarse a la práctica,  anularía por completo la Constitución o lo que queda de ella.    Es asimismo un proyecto radicalmente antidemocrático, por cuanto en ninguna democracia decide ningún partido desde el poder cuál ha sido la realidad de la historia. Esto solo ocurre en regímenes totalitarios tipo Cuba, Corea del Norte, Venezuela y similares, hacia los que quieren llevarnos los autores de ese texto inicuo.    Y es un proyecto contra la verdad histórica como demuestra el mero hecho de que su versión quieran imponerla por la fuerza y la violencia del estado, siendo incapaces de sostenerse en un debate e investigación libre e  independiente. Sus argucias sobre la dignidad de las víctimas o igualando el franquismo al nazismo y similares son solo el envoltorio sentimental y falso de una ofensiva contra la democracia y la libertad de los españoles.    Nos hallamos, por tanto, ante un ataque en toda regla contra las más elementales normas de convivencia social en libertad, mediante una ley de tipo bolivariano o soviético. Y ello nos obliga a plantearnos el origen ideológico de quienes pretenden tales cosas.        Es muy preciso, por tanto, que la opinión pública conozca la ocultada historia de ese partido, hoy bastante bien estudiada, aunque todavía pocos la conozcan. Muy en breve,  en los años 30 el PSOE quiso, buscó y organizó la guerra civil, textualmente, para imponer en España un régimen de tipo soviético. La preparación de la guerra incluyó abundante uso del terrorismo. Fracasado el intento en octubre de 1934, volvió a la violencia tras  las elecciones de febrero de 1936, demostradamente fraudulentas, para destruir la legalidad republicana, con uso abundante de un terrorismo que culminó en el asesinato del líder de la oposición Calvo Sotelo; y ya durante la guerra fueron actos suyos el terror de las chekas, el envío de las reservas de oro a Moscú — haciendo de Stalin el jefe real del bando llamado republicano–  y el robo sistemático de bienes nacionales y particulares, que suscitaría luego peleas sórdidas entre sus líderes en el exilio.   Si hay alguien responsable de la guerra civil, es el partido que ahora intenta arruinar del todo la democracia mediante la violencia del estado combinada con  lo que definió Besteiro como un “Himalaya de falsedades”. Besteiro fue el socialista demócrata que denunció los proyectos del PSOE de empujar al país a un baño de sangre, y que por eso fue aislado y calumniado en su partido. Lo dicho aquí sobre el PSOE no es un panfleto del tipo de los de la memoria histórica, subvencionados con dinero que nos obligan a pagar a todos. Es un resumen de hechos abundantemente investigados y documentados.    Luego, durante el franquismo, el PSOE no hizo la menor oposición digna de reseña, al revés que los comunistas. Y es ahora, ochenta años después de la guerra y cuarenta de la transición a la democracia, cuando este partido intenta derrotar a aquel régimen a base de derrotar al mismo tiempo la libertad de los españoles e instalar en la sociedad los mismos odios que llevaron a la destrucción de la república.     El PSOE se ha venido presentando como partido democrático, cuando la verdad es que solo se ha resignado  a una democracia llegada históricamente desde el franquismo, “de la ley a la ley”. La democracia no debe nada al PSOE, sino que, al revés, ese partido debe todo a una democracia a la que en cambio  ha aportado grandes dosis de corrupción, “comprensión” hacia los separatismos y los crímenes de la ETA,  y leyes siniestras como las de  su fantástica memoria histórica.  Por falta de fuerza ha tenido que aceptar un régimen de libertades,  pero manteniendo su ideología contraria en espera de ocasión, que parece creer llegada ahora.     Estamos, por tanto, ante un proyecto de ley orientado directamente contra los derechos de los españoles, contra las libertades más elementales y contra la verdad mejor documentada sobre nuestro pasado. Un proyecto hecho, como no podía ser menos, por un partido de historial e ideología radicalmente antidemocráticos.    Y contra estas derivas nos toca movilizarnos muy en serio a cuantos amamos la libertad, la verdad y a España. Es preciso demostrar a los totalitarios que no somos un pueblo de borregos que se deje embaucar por su turbia charlatanería ni amedrentar por sus amenazas.

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Anglomanía, Leningrado y tal y tal…

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Mar, 2018/02/06 - 15:39
No hay duda de que  los anglosajones son los maestros de la propaganda. Uno de sus logros consiste en presentar el inglés como “el nuevo latín”, consigna que repiten como loros todos sus paletos oficiosos en España. El inglés sería el idioma de la ciencia, de los negocios, de la música, de casi cualquier aspecto cultural relevante. Y también de  los irrelevantes de la baja cultura, desde la moda o la publicidad hasta la pornografía.     La  consigna no puede ser más demostrativa. El latín fue el idioma de la alta cultura en Europa siglos después de que se hundiera el Imperio Romano. Y lo fue porque los nuevos idiomas nacientes resultaban por comparación  torpes y sin tradición cultural. Conforme los idiomas “vulgares” maduraron para convertirse a su vez en idiomas aptos para el pensamiento, la buena literatura, la ciencia, la política, el derecho, etc., el latín fue desplazado de modo natural. De lo que se trata ahora es, precisamente, de desplazar  a esos idiomas maduros y algunos de ellos con una enorme carga cultural detrás y reducirlos –el español en particular— a lenguas familiares, de culebrones, de folklore barato y de politiquería local. No es una superación de la barbarie, como fue el latín en su época: es precisamente lo contrario, un bárbaro arrasamiento.   ****Australia quiere eliminar las expresiones “antes” y “después de Cristo” Lo sustituirá por “antes y después del G” (del Gilipollas que ha tenido la idea). Posiblemente lo propongan como resultado de la afluencia de gran número de inmigrantes asiáticos. Y en su obsequio se quiere imponer la renuncia oficial a una de las raíces de nuestra cultura. La barbarie, nuevamente.   ——————————————  Viaje al frente de Leningrado (VII)   Señalaba Carlos Caballero el error habitual en muchos historiadores de la SGM al considerar el frente norte de Rusia como estacionario o de poca acción. La realidad es muy distinta: no fue menos activo y duro que  los otros. “Todo el mundo conoce las empeñadas luchas por la colina de Mamái en Stalingrado, pero la pugna por los altos de Siñávino, cerca del Ladoga, fueron mucho más duras y prolongadas”.  La diferencia estribó en que ni los alemanes ni los rusos consiguieron allí, durante varios años, avanzar más que unos pocos kilómetros, por mucho que lo intentaron, mientras que en los frentes del centro y del sur las victorias y las derrotas y las ganancias o pérdidas de terreno fueron espectaculares.  Una razón es que, como pudimos comprobar, el terreno en la zona de Leningrado y el Vóljof está cubierto de bosques y pantanos, con comunicaciones malas y estrechas. Al frente del Vóljof, en parte del cual lucharon los españoles durante muchos meses, le llamaban los alemanes “El culo del mundo” (Der Arsch der Welt) por sus características. Así, eran imposibles las  amplias maniobras y el empleo masivo de carros de combate, y la orientación de las ofensivas era fácilmente previsible para los defensores. Pero las batallas fueron allí muy cruentas y también decisivas. Las historias no suelen mencionar, por ejemplo, la batalla de Krasni Bor, en febrero de 1943, la más sangrienta de la División Azul. Pero si los soviéticos hubieran logrado romper la línea española, se habría producido una catástrofe para el frente alemán en la zona. Lo mismo ocurrió con otras ofensivas soviéticas en el Vóljof. Solo en 1944 conseguirían los rusos destruir el asedio a Leningrado.   ——————————————-  ****Dice nuestro buen Vilches en un artículo sobre el Holocausto que El negacionista y el polemista son dos figuras de seudohistoriador ya pasadas de moda. Ha ocurrido en Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia, hace un par de décadas, y aquí en España también. El debate sobre su obra se ha tornado irrelevante, y suscitan una gran indiferencia, por mucho que reiteren sus provocaciones.  Encuentro algo pesimista al señor Vilches. No es que su afán polémico y negacionista (niega muchas evidencias sobre el franquismo, por ejemplo) suscite demasiada atención, la verdad es que solo repite tópicos trillados o falsedades  fácilmente rebatibles;  pero algún interés sí tiene, al menos como muestra del nivel de cierta historiografía con pretensiones académicas. Porque como Vilches hay muchos, no tiene por qué sentirse solo. Y, a estas alturas, nos larga como novedad la enésima repetición de lo que ya se sabe desde hace  muchísimo tiempo sobre el Holocausto. No aporta ni un dato, ni un problema…  absolutamente nada. Sin embargo él parece convencido de habernos descubierto cosas importantes. Feliz él.    ****Con la habitual tontería anglómana decía hace años El País que Philby engañó a Franco. A quien engañó fue al gobierno inglés y a su servicio de espionaje. A Franco le hizo un buen servicio como agente de propaganda y mereció de sobra la condecoración que el propio Caudillo le entregó.  Se ha hablado mucho de que Philby planeaba matarlo por orden de Stalin, un asunto aún oscuro. En su artículo al respecto en LD, Emilio Campmany escribe: ¿Qué interés podía tener Stalin en tal asesinato, cuando Franco no era más que el principal militar sublevado, pero en absoluto el alma del llamado Movimiento Nacional? Su muerte no habría supuesto bajo ninguna circunstancia la rendición de los sublevados, y no cabía esperar que su ausencia produjera una disminución notable de la eficacia combativa de aquéllos (…) Como escribió Oleg Gordievsky, exagente del KGB, Stalin, en España, estaba más interesado en asesinar trotskistas que en matar a Franco.    Aquí Campmany no está tan fino como otras veces. Desde luego, eliminar al principal militar sublevado sería de lo más interesante para Stalin, un golpe realmente fuerte. Pero además Franco era, muy justamente, el alma del “llamado Movimiento Nacional”. Este fue precisamente creación suya y la orientación general, política y militar, la dio él. Claro está que los nacionales no se hubieran rendido, pero sus posibilidades de desintegrarse y de perder la guerra habrían aumentado notablemente. Y no sé si Stalin estaba más interesado en matar trotskistas que a Franco. Lo que puede decirse es que le era cien veces más fácil hacerlo con los primeros que con el segundo.   ****Blog. La anglomanía no perdona: La superioridad material (de los aliados) se debió a la aportación estadounidense. Evidentemente la industria americana tardó en llegar a su pleno rendimiento y además luego estaba el problema de trasladar esa superioridad material al campo de batalla. Para hacer eso había que vencer primero la Batalla del Atlántico, donde enigma no tenía influencia decisiva, y una vez acumulada esa superioridad material en Inglaterra, había que realizar la complejísima y dificilísima operación de desembarco en el Continente. Por otro lado el ejército alemán comenzó la guerra con una superioridad aplastante y sus victorias continuas terminaron en noviembre de 1942 en El Alamein, aparte de su fracaso ante Moscú en 1941.   ”Aparte de su fracaso en Moscú”. El frente del norte de África fue secundario, por decisión de Hitler, aunque pudo haber sido resolutivo para Alemania de haber empeñado desde el principio más fuerzas. El frente decisivo fue el ruso, también para los anglosajones, pues fue el que más “dividendos” les reportaba, en expresión de Churchill. En cuanto a la ventaja material, los Aliados la tuvieron siempre:  A) el ejército anglofrancés vencido en Francia era materialmente superior. Los alemanes vencieron a los ingleses reiteradamente en Grecia y Creta y en el norte de África en inferioridad material, a veces muy grande. B) A esa desventaja se unió la invasión de la URSS, llevada a cabo por los alemanes también en notable inferioridad material. C) La batalla decisiva de la guerra fue seguramente  la derrota alemana ante Moscú, que señaló el límite de sus posibilidades.  D) Las victorias soviéticas fueron logradas con menor superioridad de fuerzas que las de los anglouseños. E) Los soviéticos realizaron maniobras mucho más brillantes, y desde luego decisivas,  que las de los anglouseños. F) Pese a su superioridad material aplastante, y a su (importantísimo)  desciframiento de las comunicaciones alemanas (que en parte compartieron con la URSS) los anglouseños solo pudieron vencer porque se enfrentaban a una pequeña porción de la máquina de guerra alemana, que estaba absorbida por la URSS. G)  En la batalla del Atlántico fue muy importante el desciframiento de las claves particulares de los submarinos, lo que permitió localizar a muchos de ellos y destruirlos.   La anglomanía es sorprendente. Y tradicional: más papistas que el papa y más anglómanos que los anglos: ante estos no acaban de cerrar la boca, de maravillados que están.

(En LD, 9-9-2011)

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Homosexualidad y homosexismo

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Lun, 2018/02/05 - 21:01
Titula José María Marco Homófobos en libertad su artículo de réplica a uno mío. El título suena algo amenazador, supongo que sin intención. ¿Habría que privar de la libertad a quienes odian a los homosexuales? ¿Habría que cerrar Intereconomía por homófoba, como pide el sindicato homosexual? Me temo que el odio es libre y opinable, mientras no dé lugar a conductas delictivas, y no puede convertirse el mismo en un delito. La sociedad está llena de esas fobias, a la Iglesia, a España, al liberalismo, a la democracia, a la familia, a “los yanquis”, a Israel, a tantas otras. ¿Por qué habría que castigar unas expresiones de odio y otras no? Espero que mi contradictor, cuyos escritos me parecen por lo común admirables, no vaya por esa senda. El término homofobia significa literalmente temor, o más bien odio o aversión a lo igual, pero los movimientos homosexualistas lo han convertido en odio a los homosexuales y la RAE lo ha aceptado con corrección política. Pero la RAE debiera haber añadido a la definición: “según los movimientos homosexualistas”. Incluso podría haber señalado que el término busca amedrentar y prohibir la expresión de quienes son definidos como homófobos por dichos movimientos. A mi juicio, la homosexualidad es una desgracia y explicaré por qué, ya que Marco insiste. La sexualidad normal se establece entre hombres y mujeres, tiende a la reproducción y, quizá por ello, a una unión estable, se cumpla luego o no. Hay, claro, otras formas de sexualidad, entre ellas la homo, pero defectuosas a mi entender. En ellas el acto sexual se convierte fundamentalmente en una diversión y un placer particular, sin importar de modo especial con quién o con qué, ni implicar otros sentimientos que los derivados directamente de ese placer o diversión (por supuesto, hay parejas homosexuales muy estables y afectuosas, pero ello es bastante raro y difícil, por la propia naturaleza de la relación, el “amor estéril”). Y esta es una ideología típicamente homosexual, también feminista, impuesta desde los medios de comunicación, el poder político, la enseñanza, el cine… con efectos sociales bien visibles.

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La homosexualidad, en relación con la sexualidad normal, es una desgracia, como la cojera, la escasa inteligencia, la miopía etc. etc. Desgracias mayores o menores, nadie deja de padecer una o muchas, pero, por suerte, no son determinantes, salvo casos extremos. La vida humana se define, en gran medida, por el modo como se afrontan y superan las desgracias. Unos homosexuales superan la suya muy bien, y otros no. Para comprobar lo último basta ver la mala carnavalada del “orgullo gay”, tanto en el espectáculo innoble que dan de sí como en la pretensión de hacer de su defecto una virtud, un motivo de orgullo. Es el mundo de lo grotesco, pero que, además, intenta convertirse en norma social. En fin, una cosa es la homosexualidad y otra el homosexualismo. Pregunta Marco si en mi trato con homosexuales “obvio cualquier referencia a esta parte fundamental, afectiva y amorosa” de esos amigos o conocidos. Por supuesto, la obvio. Su sexualidad es asunto suyo y no me interesa más allá del dato general. Por lo mismo, suelo ser muy pudoroso con respecto a mi propia vida afectiva, y me desagradan las personas que exhiben la suya más de la cuenta. Aunque admito que ello es más bien cuestión de carácter. También, según Marco, resulta “condenable moralmente y sin remisión quien niega a alguien su condición de individuo por una condición general, en este caso una condición sexual de la que no es responsable”. En la última frase, así como en su exigencia de comprensión, revela Marco que él también considera la homosexualidad una desgracia; lo mismo con su ironía sobre “los agraciados y dichosos heterosexuales”, que, como todos sabemos, no son en principio más dichosos ni agraciados que los homosexuales. Todo el mundo tiene sus problemas, y no hace falta ironizar. Por mi parte, no niego a nadie tal condición de individuo por esto o por lo otro. Siento aversión por los manejos de las mafias rosas, por su victimismo enfermizo y exagerado, como si sus problemas fueran los más dignos de ser tomados en consideración y, peor aún, por su utilización de ese victimismo como pretexto para imponer a la sociedad su particular y en mi opinión disolvente y liberticida ideología. No por ello dejo de considerarlos personas, de otro modo no me molestaría en decir lo que pienso sobre ellos.
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Soy homófobo, naturalmente/ Asesinatos en masa

Dichos, actos y hechos — Pío Moa - Lun, 2018/02/05 - 16:14
Por supuesto, no odio a los homosexuales. Tengo conocidos que lo son y no se me ocurre juzgarlos a partir de su desgracia – pues sin duda lo es–, máxime teniendo en cuenta que a todos nos toca alguna o algunas desgracias en la vida. Se dirá que eso no pasa de opinión personal mía. Cierto, pero para empezar tengo tanto derecho a ella, y a exponerla, como otros a la contraria; y por otra parte es una opinión bastante fácil de argumentar, mucho más fácil que la hispanofobia o la eclesiofobia, por ejemplo, tan en boga en este degradado país y a pesar de que la segunda, el odio a la Iglesia, ha dado lugar a uno de los episodios más sangrientos y genocidas de nuestra historia no hace tantos años. A lo que me opongo, lo que detesto, es a que las mafias rosas traten de conseguir puestos de poder para modelar la sociedad según sus torcidos enredos teóricos y prácticos, empezando por la pretensión totalitaria de que ellas representan a los homosexuales. Los representan tanto como los comunistas a los obreros o los feministas a las mujeres, es decir, nada. Y tratan de imponer sus fraudes anulando la libertad de expresión propia de las democracias, demostrando así hasta qué punto son un peligro para ellas. Acabamos de tener un ejemplo con el ministro Sebastián, supongo que miembro de una de esas mafias rosas, que carga una enorme multa sobre un órgano de expresión y opinión porque no ha guardado el debido “respeto” a la repulsiva mamarrachada del día del orgullo gay, que además nos obligan a pagar a todos. ¡Menudo orgullo! Esa gente del “orgullo”, constantemente está injuriando, calumniando o burlándose de las opiniones y sentimientos de los cristianos, por ejemplo, pero no tolera que se la critique y ponga en su sitio, lo que se hace demasiado raramente. Tratan de meter miedo, y lo meten, a una sociedad sin rumbo moral ni idea clara de la democracia. Parece que aquí el que más grita y amenaza, “achanta” a los demás.

El término homofobia, torpe desde su propia construcción etimológica, no designa, pues, a quienes odian o temen a los homosexuales, sino a quienes odian las maquinaciones de esas mafias. Ocurre que las ideologías totalitarias inventan  vocablos-policía, con los que amedrentar a los discrepantes. Así los términos “antiobrero” o “fascista”, por parte de los comunistas, querían decir simplemente “opuestos al comunismo” –una oposición muy necesaria–, a quienes estigmatizaban como culpables y dignos de ser enviados al “basurero de la historia”. O el término “machista”, tan popularizado por los feministas, que vale para cualquier cosa y en realidad solo significa oposición a las manías feministas. Y así sucesivamente. Son maneras de sustituir el pensamiento y el argumento por el insulto conminatorio, a fin de paralizar la expresión de otras ideas que las que se pretende imponer. ––––––––––––––––– Asesinatos en masa. Cuando el NYT se dedicó a informar (es un decir) a los useños sobre el juez prevaricador Garzón y la historia reciente de España, varias personas le enviaron una carta que el intoxicador periódico no publicó, como es –pero no debiera ser– natural. La carta recordaba los asesinatos masivos de Paracuellos y la persecución más sangrienta a la Iglesia que se recuerda como los dos casos de genocidio que se dieron en nuestra guerra civil. Pero nada se pierde del todo, y en una entrevista de ese periódico, le preguntaron a Carrillo por Paracuellos. La respuesta del personaje  no podía ser más reveladora: él no tenía autoridad sobre lo que ocurría fuera de los límites de la ciudad de Madrid. Y como no tenía tal jurisdicción, claro, no le preocupó lo más mínimo la espeluznante masacre, la mayor matanza de prisioneros de la guerra, a pocos kilómetros de la ciudad. Pero da la casualidad de que la matanza fue planificada y organizada en la misma ciudad, bajo la autoridad y dirección de Carrillo, y no existía en el extrarradio ninguna otra autoridad que pudiera contrariar la suya. Carrillo miente mucho, pero con un poco de sentido común se le descubre enseguida. Ha habido muchos intentos de disimular la responsabilidad directísima de Carrillo, también por parte de la derecha, pero fracasan todos ante los hechos conocidos y la lógica más elemental. Carrillo fue sin duda el mayor asesino en masa de la Guerra Civil, y jamás ha manifestado el menos sentimiento por ello. No pese a ello, sino precisamente por ello, es un ídolo de la izquierda y hasta de bastantes derechistas.

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Y hablando de asesinatos en masa: el presidente de la Fundación Juan XXIII, ha recordado a la tal Trinidad Jiménez, muy suavemente, que el aborto no es un derecho. Tenía que haber dicho que la destrucción de vidas humanas en gestación es una forma de asesinato. La tal Jiménez se rió con desenvoltura. Me imagino a Heydrich si alguien le hubiera dicho que matar judíos no es un derecho. Se habría reído mucho, seguro. Y ahí tenemos al alcalde de Leganés tratando de asesino a Israel. Como toda esa patulea llamaba asesino a Aznar. Pero ¿quiénes son los asesinos?
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CANI

«Poiché nutrire i cani abbandonati e ricoverati nei canili comunali costa ogni anno la vita a ventimila polli, diecimila tacchini e mille agnelli per un totale di 150mila chili di cibo, le associazioni vegane di Los Angeles hanno chiesto al sindaco di imporre ai cani una dieta vegetariana» (Giorgio Dell’Arti -27.12.17- da «Repubblica»). Salutiamo l’avvento del carnivoro vegetariano.

►►► Le ultime novità in libreria di Rino Cammilleri.

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